Consuelo en las oraciones de Jesús, Juan 17:17-19

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Pasaje: Juan 17:17-19
17Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Lección: Jesús ha preparado para que nosotros seamos apartados.
Esta noche continuaremos nuestro estudio devocional de las oraciones de Cristo. Como discípulos fieles de Jesús, estamos estudiando sus oraciones para aprender de su ejemplo y también para encontrar consuelo en su petición al Padre por nosotros. La oración de Cristo en Juan 17 sigue esta segundo propósito en traer ánimo y consuelo en nuestro ministerio terrenal.
La semana pasada, cuando comenzó nuestro estudio de Juan 17, vimos la primera petición de nuestro Señor en el versículo 11. En resumen, Cristo pide al Padre que nos proteja para que podamos seguir el ejemplo de Jesús de hacer discípulos. Sigame la lectura de la Palabra de Dios mientras leo los versículos 1-16:
1Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
6He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Jesús está muy interesado en el bienestar de su herencia. Su salida de este mundo hacia al cielo es segura y está a punto de suceder en la narración bíblica. El mundo es peligroso para sus ovejas. El mundo está buscando la destrucción del rebano. Por lo tanto, Cristo le pide al Padre que proteja a los discípulos (tú y yo, todos seguidores de Jesús) para su misión en un mundo hostil. No solo física y espiritualmente, sino sobre todo manteniéndolos en su tarea de hacer más discípulos (vs. 20). El versículo 17 continúa este sentir y Jesús hace su segunda petición de esta oración.
17 Apartadlos en la verdad, porque vuestra palabra es verdad. 18 Así como ustedes me enviaron al mundo, así también yo los envié al mundo. 19 Y yo me aparté por ellos, para que también ellos sean verdaderamente apartados.
Nuestra lección principal para la devocional de esta noche es la siguiente: Jesús ha preparado para que seamos apartados.
Jesús es aquel a quien el Padre ‘andcifico/apartó’ como suyo y lo envió al mundo. Es decir, el Padre reservó al Hijo para sus propios fines en esta misión en el mundo. Ahora Jesús ora para que su Santo Padre santifique/aparte a los discípulos para la misma misión. El medio que Jesús espera que su Padre use para santificar a sus seguidores es la verdad. El Padre sumergirá a los seguidores de Jesús en la revelación de sí mismo en su Hijo; los santificará enviando al Paráclito (el Espíritu Santo) para guiarlos a toda la verdad (15:13). En términos prácticos, nadie puede ser ‘santificado’ o ‘apartado’ para el uso del Señor sin aprender a pensar los pensamientos de Dios, sin aprender a vivir en conformidad con la ‘palabra/la verdad’ que él ha dado. Jesús está tan decidido a apartarse para el servicio exclusivo de su Padre, igual como el Padre lo está a apartar a él. Cristo se aparta voluntariamente para cumplir la voluntad de su Padre. Como sus discípulos, nosotros debemos hacer lo mismo.
El hijo de Dios ha orado por nosotros. Nuestro Santo Padre promete contestar la petición del Hijo. El Espíritu Santo es la prueba y el consuelo de la provisión del Padre. ¡Alabado sea Dios por este maravilloso privilegio de ser sus santos!
Esta petición prepara el camino para el próximo turno en la oración de Jesús, él pide por aquellos que creerán a través del mensaje de los discípulos.
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