Dar Testimonio

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Introducción

Marcos 8:38 RVR60
Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Así como creer y bautizarnos nos trae salvación de esta generación mala y perversa, según Marcos 16:16, así también dar testimonio trae un efecto de salvación (Hechos 2:38-40) de esta perversa generación.
Hechos 5:40 Nos muestra el poder que ejerce el mundo sobre aquellos que anuncian las Buenas Nuevas. Sin embargo, los apóstoles se sintieron privilegiados de padecer por causa del Nombre Hechos 5:41-42.
En Romanos 1:16 vemos como Pablo aseveró: “No me avegüenzo del Evangelio…” No debe haber vergüenza por creer en Jesús. (Gálatas 6:14) Al contrario, la cruz debe ser nuestra Gloria; y el mundo debe ser algo a lo que estemos crucificados.
En 2 Timoteo 1:8 Pablo insta a Timoteo a que no se avergüence de dar testimonio de Jesús.
Dar testimonio de Jesús, no avergonzarnos de Él nos dará un pase al Reino. Dice 2 Timoteo 2:12 “Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará.”
LA CONFESIÓN NO ES SOLAMENTE DECIR: “YO ACEPTO”, sino confirmarlo, decirlo, anunciarlo a los nuestros
Romanos 10:8-15 ; Cuando confesamos nos salvamos. Claramente el pasaje está hablando de anunciar las Buenas Nuevas de Salvación (v:15)
De igual modo que para bautizarnos, debe ser inmediatamente después de haber creído. Tan pronto como una persona cree en el Señor, también debe confesar al Señor delante de los hombres.
Si usted ha creído sinceramente, usted ha sido justificado ante Dios, pero si sólo cree en su corazón y no lo confiesa con su boca, nadie sabrá que usted ha sido salvo, y la gente seguirá considerándole un incrédulo, pues no ven ninguna diferencia entre usted y ellos. Por esta razón, la Biblia recalca que, además de creer con el corazón, es menester también confesar con la boca. Debemos confesar con nuestra boca.
EL TEMOR ES LAZO
Prov. 29:25; Muchos han sido cristianos por diez o veinte años y todavía siguen mudos. Esto se debe a que no abrieron sus bocas en la primera o segunda semana de su vida cristiana. Ellos continuarán siendo mudos hasta que mueran. La pena, la timidez, el temor son lazo.
Si usted no confiesa con su boca, es decir, si sigue siendo un cristiano en secreto, tendrá más dificultades que los que son cristianos abiertamente, ya que las tentaciones que experimentará serán mucho más fuertes que las que experimentan los otros cristianos que confiesan al Señor. Estará atado por los afectos humanos, y las relaciones antiguas le afectarán mucho más, ya que no siempre podrá excusarse diciendo que tiene dolor de cabeza, o que está ocupado. Como no puede usar las mismas excusas una y otra vez, es mejor declarar desde el primer día: “He creído en el Señor Jesús y lo he recibido en mi corazón”.
Juan 12:42 Muchos creyeron en el Señor secretamente pero no lo confesaban por miedo. Juan 3:1; 7:47-52 vemos a Nicodemo que se le acercó al Señor de noche. Juan 19:38 Dice también que José de Arimatea era discípulo de la secreta. ¿Puede pensar en el incómodo momento que vivió Pedro cuando lo confrontaron y él negó al Señor? Cuántos estamos como Pedro, tenemos gran temor de confesarlo.
Acaso no hay algo en usted que desea proclamar: “¡Este hombre es mi Salvador y yo creo en Él!”, o “¡Este hombre me puede librar de mis pecados y aunque usted no crea en Él, yo sí creo en Él!”. ¿No hay acaso algo dentro de usted que desea proclamar esto a los cuatro vientos?
Supongamos que usted oye una calumnia contra sus padres y escucha callado sin hacer nada, o peor aún, pretende estar de acuerdo con ello. Si usted hace tal cosa, ¿qué clase de persona es usted? Nuestro Señor dio Su vida para salvarnos. Si no decimos nada del Señor a quien nosotros adoramos y servimos ¿a qué grado de cobardía hemos llegado? Debemos ser osados y proclamar: “¡Yo pertenezco al Señor!”
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