La Pesca Milagrosa

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Texto: Luke 5: 4-7.

Resumen : Lucas presenta el ministerio de Jesus como el cumplimiento de la historia de la salvacion.
A traves de la historia de la redención Dios ha estado preparando al mundo para recibir la encarnación de Su Hijo, Jesucristo.
Desde Genesis a Apocalipsis Dios ha estado prometiendo cumplir Su pacto de redención.
Como doctor, Lucas tuvo un interes particular en el ministerio de sanidad de Jesus.
Jesus se preocupaba por sanar a los ciegos y liberar a aquellos que estaban en aflicción (Luke 4:18)
Jesus sana a los enfermos, echa fuera demonios, cura diversas enfermedades e incluso resucitaba a los muertos.
1. Luke 5:4 Cuando Cristo terminó de predicar, «le dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar».
Les ordenó ponerse a trabajar en el oficio honesto que ejercían. ¡Con qué alegría deberíamos dedicarnos a nuestros quehaceres normales, después de haber tenido íntima comunión con el Señor en el monte! Es prueba de sabiduría y de amor al deber organizar nuestras devociones y organizar el cumplimiento de nuestras ocupaciones seculares de forma que no sean impedimento a nuestras devociones espirituales.
2. Después de haber acompañado al Señor en su predicación Pedro tuvo al Señor acompañándole en su pesca.
Había estado con Jesús junto a la orilla, pero ahora Cristo le había ordenado bogar mar adentro.
No tenemos por qué temer entre los peligros de alta mar.
3. Cristo ordenó a Pedro y a los que iban con él que echasen las redes para pescar,
lo cual hicieron ellos en obediencia al Maestro, aun cuando habían estado batallando a lo largo de toda la noche y no habían pescado nada (Luke 5:5 ). Aquí podemos observar:
(A) Con qué tristeza le dijo Pedro lo inútiles que habían sido sus esfuerzos: «Maestro, después de bregar a lo largo de toda la noche, no hemos pescado nada».
Algunos llamamientos son más difíciles de seguir, pero la providencia de Dios ha ordenado para el bien común que ningún llamamiento útil desanime a quienes han sido dotados por Dios del temple necesario para responder en obediencia.
¡Y qué estupendo es ver personas diligentes en su trabajo, por muy laborioso que sea su llamamiento!
Cristo escogió a estos pescadores que eran buenos trabajadores.
Es cierto que también los que son muy diligentes en sus ocupaciones, se encuentran muchas veces con decepciones; a veces, «no pescan nada después de tanto bregar». Pero lo nuestro es cumplir con nuestro deber, y dejar a Dios el resultado que, a larga, ha de ser a nuestro favor.
En todo caso, cuando nos sintamos cansados de trabajar, sin fruto aparente, acudamos a Cristo y expongámosle el caso, pues de seguro nos ha de recibir bien.
(B) Cuán pronta fue su obediencia al mandato de Jesucristo: «Pero, puesto que tú lo pides, echaré la red» (v. 5b).
Aunque habían estado bregando durante toda la noche, reemprenderían su trabajo ante el mandato de Jesús.
Para cada nuevo servicio Dios nos tiene dispuesta una nueva provisión de gracia siempre suficiente.
Aunque no habían pescado nada, si Jesús se lo pide, echarán la red con la esperanza de recoger, al menos, algo.
No debemos abandonar nuestros esfuerzos por el hecho de que no hayamos conseguido los buenos resultados que esperábamos.
Los ministros del Evangelio han de continuar una y otra vez echando la red, aun cuando al parecer, no recojan nada, y deben agradecer a Dios el hecho mismo de sentirse con fuerzas suficientes para seguir echando la red.
No es el éxito, sino el fruto lo que importa, y del fruto se encargará el amo de la labranza, si el que planta y el que riega cumplen con fidelidad su ministerio (v. 1 Co. 3:6–9; 4:1–2).
Como Pedro, hemos de decir al Señor: «Sobre tu palabra, echaré la red». Cuando echamos la red tras la Palabra de Dios, estamos asegurando la rapidez y la abundancia de la captura ( Is. 55:10–11).
4. La captura de peces fue tan copiosa que superó todas las expectativas hasta el punto de constituir un gran milagro: «Así lo hicieron, y encerraron una gran cantidad de peces, y la red se les rompía» (v. 6).
Fue tan grande la cantidad de peces, que les faltaban manos para manejarlos y, además, necesitaron el auxilio de otra barca; y aun así, «llenaron ambas barcas, tanto que comenzaban a hundirse» (v. 7).
Con esta pesca milagrosa, Jesús mostraba ser dueño del mar, no sólo de su ferocidad/estado salvaje sino también de su riqueza, lo mismo que lo era de la tierra seca.
Con ello confirmaba la doctrina que había predicado desde la barca de Pedro a las multitudes agolpadas a la orilla del lago.
También dio a los que habían de ser sus embajadores en el mundo (v. 2 Co. 5:20) un ejemplo del éxito de su embajada, pues, aunque por algún tiempo y en determinadas circunstancias, parezcan recoger poco a pesar de trabajar mucho, han de ser instrumentos en las manos del Señor para llevar a muchos el Evangelio de la salvación y encerrarlos en la red de la comunión eclesial.
CONCLUSION:
Aunque no existia contraste mayor que entre la naturaleza de un Dios santo y la de un impío pecador, a traves de Cristo el Dios santo y el pecador impío pueden reconciliarse, magnificando asi la gloria de Dios.
Jesus tiene el derecho de perdonar pecados.
?Has sido llevado a una condición de humillacion ante Jesus a causa de Su santidad?
?Has sentido paz en tu alma por el mensaje de gracia de Jesus?
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