Una Santidad imperfecta
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Introducción
Introducción
En nuestras iglesias, muchas veces hablamos de
santidad. Sobre este tema hay mucha división en la iglesia ya que muchas veces
ven textos como nuestra lectura bíblica (1 Pe. 1:14-16) y desarrollan una forma
de pensar sobre la santidad que se enfoca en obras. Como sabemos, no somos
salvos por obras, sino somos salvos por gracia. Las obras provienen de parte de
Dios, pero la santidad basada en obras quita el enfoque sobre lo que Jesús hizo
por nosotros en la cruz y pone el enfoque en nosotros. Para poder entender
mejor que es la santidad, veremos como el Espíritu de Profecía por medio de EGW
define la santidad:
No es una evidencia concluyente de que un hombre sea
cristiano el que manifieste éxtasis espiritual en circunstancias
extraordinarias. La santidad no es arrobamiento: es una entrega completa de la
voluntad a Dios; es vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios; es hacer
la voluntad de nuestro Padre celestial; es confiar en Dios en las pruebas y en
la obscuridad tanto como en la luz; es caminar por fe y no por vista; confiar
en Dios sin vacilación y descansar en su amor. (HAp. 42.2)
Cuerpo
Cuerpo
Dios nos ha llamado hacia la santidad (1 Thes. 4:7),
pero no podemos tomar parte de este proceso si no entendemos que es la
santidad. Teniendo esto en mente, veremos de qué conlleva la santidad:
1. La santidad es relación (Psalms 1:2-3)
1. La santidad es relación (Psalms 1:2-3)
Este salmo nos habla de la importancia de mantenernos conectados con la Palabra de
Dios. Además de conocer a Dios por medio de su Palabra, la relación con Dios no
funciona sin la oración. Debemos mantenernos en comunicación con Dios por medio
de la Palabra y la oración. La relación con Dios es lo que te va a mover, la
que será su motor en el proceso de la santificación. Sin esto, todo es en vano.
Tu relación con Dios te llevará a la obediencia. En nosotros no hay nada bueno,
así que el deseo de hacer el bien no puede salir del ser humano, sino que sale
de Dios (Fil. 2:13). Es por su buena voluntad que hacemos el bien, así que el
que busca de Dios de todo corazón recibe el deseo de hacer el bien. Aun el que
no conoce a Dios hace buenos actos, pero a diferencia del cristiano, no sabe de
donde provienen esos buenos actos. Es por medio de esto que el carácter será
perfeccionado: relación con Dios.
2. La santidad es vivir en amor (Eph. 4:32)
2. La santidad es vivir en amor (Eph. 4:32)
Pablo le dice a los efesios que se amen, que sean bondadosos, perdonen, entre otras
cosas. Para tener unidad en la iglesia esto es bien importante, pero esto no
solo aplica al contexto eclesiástico. Hablar sobre Jesús a las personas es nada
si no vivimos como Jesús manda que vivamos. Si no reflejamos el amor de Jesús
donde sea que vayamos, en vano es nuestro culto. Cristo va santificándonos,
perfeccionando nuestro carácter a la medida que lo vamos conociendo por medio
de la Palabra y la oración. Por naturaleza, este proceso es evidente
exteriormente también para los otros creyentes y a los que no creen aún. Esto
solo se ve si de verdad permitimos que Jesús trabaje en nuestro carácter. Este
carácter en proceso de refinación hará posible el vivir en amor.
3. La santidad es vencer el pecado (1 Pe. 1:14-16)
3. La santidad es vencer el pecado (1 Pe. 1:14-16)
Este punto es uno que causa mucha controversia y se debe tener mucho cuidado al
discutirlo. ¿Por qué? Con este punto, muchos lo ven a que debemos ser perfectos
para ser salvos. Aunque sí, debemos estar sin mancha ante un Dios perfecto,
muchos basan esto en que tengo que hacer (obras) para obtener el favor de Dios
y hasta piensan que si llegan a un “nivel de santidad” pueden pararse ante Dios
sin la ayuda de Cristo. Esta idea es peligrosa e invalida el sacrificio de
Cristo. La Biblia habla en contra de esto (1 Cor. 10:12).
Sí debemos ser libres del pecado, pero la realidad es que no se trata de lo que
podemos hacer para poder llegar, sino que se trata de Cristo y su sacrificio en
la cruz. Gracias a la sangre de Cristo, podemos pararnos ante Dios detrás del
sacrificio de Jesús hecho en la cruz. Es esto que va a hacer que podamos ser
salvo, no nuestros propios méritos. Los méritos de Cristo, al ser aceptados por
nosotros, hará que entremos en relación con Dios y automáticamente pasemos por
el proceso de santificación. Al aceptar este regalo y si nos mantenemos
conectados a Jesús, todo viene por añadidura. No seremos completamente perfectos
aquí en la tierra, pero sí debemos hacer la perfección la meta.
Un buen ejemplo es el apóstol Pablo. Esta figura biblio-histórica es un gran ejemplo de
lo que es estar conectados a Jesús y en santificación por medio de los méritos
de Cristo (1 Tim. 1:15). Pablo reconoce que su salvación no es ganada gracias a
lo que él halla hecho, sino por medio de lo que Cristo ha hecho. Al entender
esto, él entró en el proceso de santificación y se aferró más y más a Cristo y
este lo fue santificando poco a poco. Pablo se dio cuenta que mientras más
cerca de Jesús estaba, más pecador se sentía y más se daba cuenta de cuanto
necesitaba de Jesús. También, Pablo habla de proseguir a la meta de la perfección,
aunque no se llegue completamente en la tierra (Phil. 3:12-14). Este debe ser
nuestra actitud, no una que se enfoque en nosotros, sino que en Cristo. Debemos
darnos cuenta de cuanto necesitamos de Jesús para poder ser libres del pecado;
no por nuestras fuerzas ni méritos, sino que por los de Cristo.
Conclusión
Conclusión
En conclusión, podemos ver que la santidad es algo
mucho más complejo de lo que pensamos. No es algo que se adquiere por nuestros
méritos, sino por los méritos de Cristo en la cruz. Además de eso, no es una
información adquirida al tragarse la Biblia, sino que son características de
Dios puestas en práctica; siempre tomando en cuenta que la santidad es
relación, es vivir en amor y es vencer el pecado. En Dios somos más que
vencedores.
¿quieren ustedes ser salvo de toda maldad gracias a
los méritos de Cristo?
