Una salvación maravillosa

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¿Cuándo fue la última vez que vio hacia atrás para recordar de dónde el Señor los sacó y cómo le alcanzó? ¿Qué hay en su corazón cuando piensa en la manera en que Dios obró en su vida para que ahora pueda estar acá? Muchas veces olvidamos lo maravilloso de la salvación.
Ya hemos confesado a Cristo como nuestro Señor, pero antes de eso tuvimos que creer en Él. Antes de creer tuvimos que escuchar, y quien nos predicó el Evangelio tuvo que ser enviado. Hoy veremos la importancia de todo ese proceso.
Panorama del capítulo 10 de Romanos
En el versículo 1 Pablo dice claramente que el anhelo de su corazón, y su oración, es que Israel se salve.
Del versículo 2 al 5 se menciona que Israel había estado dependiendo de su propia justicia, utilizando la obediencia a la Ley para alcanzarla.
Del versículo 6 al 10 se menciona que la salvación es por la fe, y que no requiere méritos humanos (como la búsqueda de una justicia propia), pues Cristo la ha hecho accesible por medio de Su muerte y Su resurrección.
Del versículo 11 al 13 se menciona que ya no hay una diferencia entre judíos y gentiles (griegos), pues son salvos todos aquellos que invocan el nombre del Señor.
Nuestra atención ahora estará en las preguntas que se encuentran en los versículos 14 y 15.

14¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

¿Cómo invocarán?
El término “invocar” en griego significa “llamar o clamar a alguien con urgencia”. Era una búsqueda de ayuda.
Preguntémonos: 1) ¿Las personas necesitan la ayuda de Dios? 2) ¿Quieren esa ayuda?
1) En Romanos 3:10 dice que no hay justo, ni aún uno. Y en Romanos 3:23 dice que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Sin Dios, el ser humano está condenado a la muerte eterna debido a su pecado, pues así lo señala Romanos 6:23.
2) El pecado es la manifestación de la rebelión contra Dios. El ser humano rechaza y desobedece la autoridad de Dios. De manera consciente, el ser humano rechaza lo que Dios ha revelado acerca de sí mismo (Romanos 1:18-21). Por eso con toda certeza, Pablo afirma que no hay quien entienda, y no hay quien busque a Dios.
Para que las personas puedan “invocar” el nombre del Señor, debe ocurrir un milagro en sus corazones. Debe haber un nuevo nacimiento. Su naturaleza rebelde y que constantemente rechaza a Dios debe ser cambiada por una nueva naturaleza que anhela buscarle. Y esto, únicamente puede hacerlo el Espíritu Santo.
¿Cómo lo invocarán? Antes deben creer que Él está dispuesto a ayudarles y otorgarles la salvación. Deben creer en lo bueno que es Dios y lo pecadores que ellos son.
¿Cómo creerán?
En Juan 16:8 se menciona que el Espíritu Santo es quien convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
Para que las personas puedan creer es necesario que hayan escuchado las malas y las buenas noticias. Pero podrán entender su propia condición de pecado y se arrepentirán solamente si el Espíritu Santo hace la obra en sus corazones. Esta maravillosa obra del Espíritu fue anunciada en Ezequiel 36:26-27.
El nuevo nacimiento es el cambio de corazón en el ser humano. Esto hace posible que la persona pueda creer y se pueda arrepentir. De manera hermosa nos es explicado esto por el apóstol Pablo en Efesios 2:1-5:

1Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)

Después que la persona cree, puede invocar el nombre del Señor y ser salvo. Pero ¿cómo sabrá lo que debe creer?
Las personas llegan a creer por obra del Espíritu Santo, pero Él utiliza el Evangelio para llamarlos al arrepentimiento y a la fe. Nunca podrán conocer el Evangelio si no hay alguien que lo proclame y les explique.
¿Cómo oirán?
Hoy en día existen muchos medios de comunicación y el Evangelio está llegando a muchos lugares por medio de ellos. Pero debemos admitir que nada se compara con el contacto personal que una persona puede tener con otra, cara a cara.
Jesús es el mejor ejemplo de esto, pues Él dejó sus privilegios divinos y se hizo como uno de nosotros. En Filipenses 2:5-8 se encuentra descrito esto:

5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Debemos hacernos la pregunta: ¿Qué tanto estamos dispuestos a sacrificarnos para que otras personas puedan conocer el Evangelio?
No todos estamos llamados a ir a los pueblos no alcanzados, pero todos estamos llamados a participar en ese esfuerzo, para que ellos puedan escuchar y ver en acción el poder del Evangelio.
¿Cómo predicarán?
La predicación no es una labor sencilla, pues conlleva una gran responsabilidad delante de Dios.
Dentro de la iglesia local es un deber de los pastores alimentar al rebaño (2 Timoteo 4:2; 1 Pedro 5:1-2) y se exhorta a no tomar con ligereza este llamado (Santiago 3:1)
Todos los dones dados por Dios dentro de Su pueblo tienen como propósito la edificación de la iglesia y la capacitación para que ella cumpla con la misión que le ha sido dada (Efesios 4:12-16). Todo cristiano es un embajador de Dios (2 Corintios 5:18-20) y ha sido enviado por el Señor para que haga más discípulos y les enseñe lo que Cristo ha mandado (Mateo 28:19-20).
La iglesia local tiene la misión de impactar su entorno más cercano, pero conforme crece y madura en la fe, es necesario que vaya ampliando su alcance (Hechos 1:8). No debe descuidar su ministerio local, pero debe aprender a ver más allá de sus fronteras, hacia la mies que es mucha pero donde los obreros son pocos (Mateo 9:35-38).
Por supuesto que no todos los miembros de la iglesia podrán ir hasta donde se encuentran las personas que nunca han escuchado el Evangelio. Por ello, Dios ha llamado y dotado de manera específica a algunos para que puedan hacer esta labor. Pero ellos necesitan ser enviados por su iglesia local.
¿Cómo serán enviados?
La iglesia local es el lugar donde los discípulos son formados para luego hacer más discípulos (2 Timoteo 2:2; Colosenses 1:28). Si la iglesia no prepara obreros fieles para el campo pueden ocurrir dos cosas: 1) Nadie irá, pues pensarán que no es su llamado salir. 2) Algunos irán, pero no podrán dar fruto o se enfrentarán a más adversidades de las necesarias. Por eso es necesario que la iglesia sea quien envíe a los discípulos que harán otros discípulos.
El apóstol Pablo vivió el proceso de ser enviado por su iglesia local. Él no inicio sus viajes misioneros de manera aislada. El Espíritu Santo estuvo desde el inicio del proceso y lo respaldó en todo el camino.
En Hechos 13:2-3 se puede leer cómo el Espíritu lo escogió, junto a Bernabé, y la iglesia de Antioquía los envió.
En Hechos 14:26-27 se menciona que regresó de su primer viaje misionero a entregar cuentas con la iglesia que lo había enviado.
La iglesia sostiene a sus obreros enviados, tanto por medio de sus oraciones, como por medio de recursos financieros y capacitaciones. Aunque no toda la iglesia puede ir hasta los no alcanzados, toda la iglesia está llamada a participar en el envío de aquellos que sí están llamados para cumplir esa tarea.
Aplicación y reflexión final
¿Cuan agradecidos estamos por nuestra salvación? Busquemos recordar más constantemente lo maravilloso que es el hecho de que Dios nos haya salvado. Toda la gloria es para Él, pues Él guió todas las cosas.
Hoy pudimos ver que:
El Espíritu Santo escoge a quien enviará y usa a la iglesia local para hacerlo.
El enviado predica el Evangelio, cumpliendo así su misión.
Las personas oyen el Evangelio y pueden responder a él con arrepentimiento y fe por la obra del Espíritu Santo.
Los que han sido llamados por Dios creen en Él y le invocan pidiendo que les salve.
Y para reflexionarlo: ¿Nos interesa que otros se salven? ¿Deseamos que Cristo sea conocido por más personas?
La segunda parte del versículo 15 dice: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
Hay muchas personas que no conocen el Evangelio, que no han recibido las Buenas Noticias acerca de Jesús. Hay muchos que no han escuchado esos pasos de los valientes que anuncian la paz. Quizás usted no vaya a dar esos pasos, pero puede colaborar de diferentes maneras para que otros puedan ir, y que nuestro Señor sea conocido hasta lo último de la tierra. Amén.
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