Encuentro con Dios en la Desesperación
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· 43 viewsLa victoria de Elías lo dejó agotado física y mentalmente, de manera que la amenaza de Jezabel provoca un decaimiento en su ánimo que lo lleva a una depresión. Pero ahí El Señor lo restaura y lo llama de nuevo al ministerio.
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Encuentro con Dios en la Desesperación
Encuentro con Dios en la Desesperación
1º Reyes 19:1–3
“1Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. 2Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. 3Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.”
Introducción
Introducción
En este pasaje, el profeta Elías se encuentra abrumado por la persecución de la reina Jezabel tras su victoria en el monte Carmelo.
En su desesperación, huye, se siente completamente solo y derrotado. Sin embargo, Dios lo encuentra en su soledad, consuela su alma, y lo prepara para continuar su ministerio, recordándole que no está solo.
Debemos reconocer que la depresión y el desánimo son batallas reales que muchos enfrentan, incluso aquellos que sirvieron a Dios con fervor.
A través de la historia de Elías, podemos comprender que Dios está presente en nuestras luchas y que busca restaurarnos, brindándonos esperanza y propósito incluso en los momentos más oscuros.
Aprendamos que la depresión no es un signo de debilidad espiritual, sino una experiencia humana en la que podemos encontrar a Dios.
Así como Dios se encontró con Elías en su angustia, Cristo está presente con nosotros en nuestras tribulaciones y nos ofrece restauración y propósito a través de la cruz y la resurrección.
Dios se encuentra con nosotros en nuestra desesperación y nos da la fortaleza para seguir adelante.
1. Desánimo tras la Victoria
1. Desánimo tras la Victoria
1º Reyes 19:4 “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.”
Se refugió en el enebro, que es símbolo de la auto compasión.
Estos momentos obscuros son reales, momentos en los que nuestra mente se turba y no encontramos solución ni esperanza. Satanás aprovecha para poner en nuestra mente un panorama aun más angustiante de lo que realmente es.
Es ahí donde vienen pensamientos negativos de huir, abandonar, hundirnos más en el pecado e incluso pensamientos de suicidio.
La respuesta humana de temor de Elías y su huida nos recuerda que es natural sentirse angustiado, pero también nos invita a buscar a Dios en esos momentos.
A pesar de su situación Elías clama a Dios, no fue una oración que Dios quería escuchar pero lo escuchó. “…Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.”
Salmo 34:17 “Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias.”
Elías, al retirarse al desierto, representa nuestra inclinación de aislarnos, esto puede ser un arma de dos filos, pues nos permite reflexionar y recapacitar, o atormentarnos con pensamientos negativos que nos lleven a tomar malas desiciones.
Cuando enfrentes una situación como esta, procura que en esa soledad encuentres consuelo divino .
2. Descanso y Sustento Divino
2. Descanso y Sustento Divino
1 Kings 19:5–8 “Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.”
Tal vez este pasaje te inspire a aceptar que necesitamos cuidado físico y espiritual en momentos de desesperación.
Elías oró y Dios respondió:
Las personas que habían estado de su lado cuando hizo descender fuego del cielo, ahora le daban la espalda y dispuestos a delatarlo por temor a Jezabel.
Pero El Señor no lo abandonó, Mientras Elías descansa bajo un arbusto, un ángel del Señor le trae alimento y agua.
Este gesto de Dios subraya la importancia de cuidar nuestro bienestar físico como parte de nuestra recuperación. Isaías 41:10 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
A veces, lo más espiritual que podemos hacer es descansar y nutrirnos, reconociendo que somos humanos y que Dios cuida de nuestras necesidades básicas.
El alimento que Dios le proporcionó a Elías le dio la fuerza para emprender un viaje de 500 kilómetros hasta el monte Horeb. “…Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.”
Isaías 40:30–31 “Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”
Dios algunas veces permite estas situaciones para librarnos de una crisis más aguda. El cuerpo entra en depresión cuando ha experimentado una crisis intensa y somete al cuerpo a un estado de inactividad para evitar un colapso mayor.
Por tanto, aun ahí vemos la misericordia de Dios y debemos aprender a confiar en Él pues, aunque no podamos ver a una ángel físicamente, está ahí con nosotros.
Espera en Dios: Salmo 42:11 “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.”
3. Susurro en la Cueva
3. Susurro en la Cueva
1º Reyes 19:9–14 “9Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.”
Aunque Dios había restaurado las fuerzas físicas de Elías, aun faltaba restaurar su mente.
Quizás en esta sección te percates de que Dios muchas veces se nos revela de maneras inesperadas.
Elías, en la cueva, experimenta una serie de fenómenos naturales, pero no encuentra a Dios en ellos.
En cambio, Dios se revela a través de un susurro delicado. Dios le enseña a Elías que después de la tormenta viene la calma.
Dios no está en los sentimientos tormentosos que experimenta, pero si está en la paz que sobrepasa todo entendimiento.
Dios nos hablará de muchas maneras, tenemos que estar atentos a su voz. Job 33:14–16 “14Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; Pero el hombre no entiende. 15Por sueño, en visión nocturna, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Cuando se adormecen sobre el lecho, 16Entonces revela al oído de los hombres, Y les señala su consejo.”
Esta narración nos enseña que en el bullicio de nuestras tribulaciones, es en el silencio donde podemos escuchar la voz apacible de Dios, que nos trae claridad y suavidad en medio de la tempestad.
4. Dirección en la Misión
4. Dirección en la Misión
1º Reyes 19:15–17 “Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.”
Puedes considerar que Dios nos llama a seguir adelante y cumplir con nuestra misión, aun cuando creemos estar solos.
Elías recibe instrucciones claras sobre lo que debe hacer a continuación.
Una vez Elías entendió que Dios estaba con él. Dios no permitió que permaneciera en ese estado, rápidamente le recuerda su llamado y su misión.
Lo envía a ungir dos reyes y su sucesor como profeta.
En tus fracasos y caídas, recuerda que Dios no te desecha tienes la oportunidad de restaurarte y continuar la obra que Dios te ha encomendado.
No le creas al diablo que te dice que has sido desechado. Proverbios 24:16 “Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal.”
Conclusión
Conclusión
1º Reyes 19:18 “Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.”
La crisis hizo creer a Elías que había quedado solo como siervo de Dios, muchas veces sentimos esa soledad en la multitud, estamos rodeados de gente pero nos sentimos solos.
En su autocompasión Dios le revela a Elías que hay otros que también están sufriendo las amenazas de Jezabel, no está solo en esta lucha, estos siete mil también estaban clamando.
Esto refuerza la idea de que aunque nuestros sentimientos nos digan lo contrario, Dios siempre nos proporciona una comunidad de apoyo. Nos recuerda nuestra identidad y misión, asegurándonos que Él nunca nos abandona.
La adversidad, temor y depresión puedes convertirla en tu aliado, pues estos sentimientos te advierten que algo está mal y que debes corregir.
Si lo entendemos así, clamaremos a Dios por ayuda y esperaremos en Él para su oportuno socorro
Si estas atravesando una crisis, aférrate a Dios, en tu angustia clama a Dios, Él está dispuesto a escucharte: Salmo 18:6 “En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.”
Debes salir de esa crisis debes ser resiliente.
Resiliencia es la capacidad de adaptarse y superar situaciones adversas.
Salmo 40:1–2 “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
