Tema: El Corazon del Cristiano Integro
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Tema: El Corazon del Cristiano Integro Texto: Mat 6:19-24 Introducción: Vivimos en una sociedad obsesionada con el éxito, las
riquezas y las apariencias. El mundo nos dice que acumular bienes y poder nos dará felicidad, pero la realidad es otra. ¿Cuántas personas exitosas, a los ojos del mundo, viven con corazones vacíos y sin propósito?
En los versículos que estaremos explorando hoy el Señor nos
enseña tres verdades esenciales que revelan la integridad de nuestro corazón:
Dónde están nuestros tesoros.
Cómo está nuestra visión espiritual
A quién le estamos rindiendo nuestra lealtad.
Estas palabras del Señor no son solo consejos morales; son
una advertencia amorosa y una invitación a vivir para lo eterno.
I. Nuestros tesoros revelan nuestro corazón ( Mat 6:
19-21) “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y
el orín corrompen… sino haceos tesoros en el cielo… Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
a. La naturaleza temporal de los tesoros terrenales
El Señor nos advierte que las riquezas materiales se deterioran y desaparecen: la polilla destruye, el orín corrompe, y los ladrones roban.
Todo lo que acumulamos en esta vida es vulnerable y temporal (1 Timoteo 6:7).
b. El valor eterno de los tesoros celestiales
Los tesoros celestiales son acciones y frutos espirituales que honran a Dios: amor, servicio, generosidad, y fidelidad (Mateo 6:21)
Estos tesoros son incorruptibles y eternos (1 Pedro 1:4).
Reflexión personal:
¿En qué estamos invirtiendo nuestro tiempo, recursos y energía?
Si miramos nuestros hábitos y prioridades, ¿encontraremos que nuestro corazón está enfocado en la eternidad o atrapado en lo temporal?
II. Nuestra visión espiritual determina nuestro camino (
Mat. 6:22-23)
“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo
es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo
tu cuerpo estará en tinieblas.”
a. La visión espiritual clara
El Señor utiliza la imagen del ojo para hablar de nuestra perspectiva espiritual. Un ojo sano representa una visión enfocada en Dios y en Su reino.
Una visión clara nos llena de luz, es decir, nos guía en el camino correcto y nos da propósito (Salmos 119:105).
b. La ceguera espiritual
Un ojo maligno representa una visión nublada por la codicia, el egoísmo y las distracciones del mundo
Cuando nuestra perspectiva está centrada en lo terrenal, terminamos en tinieblas espirituales: confusión, ansiedad y pecado.
Ejemplo práctico:
Un marinero necesita una brújula clara para navegar. Si pierde su dirección, estará a la deriva. Así también, sin una visión enfocada en Dios, nuestra vida pierde rumbo.
Reflexión personal:
¿Cómo estamos viendo nuestra vida? ¿Con una visión clara
hacia Dios o con ojos nublados por lo temporal?
III. No podemos servir a dos señores ( Mat 6:24)
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro… No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
a. La imposibilidad de la doble lealtad
EL Señor deja en claro que no podemos servir a Dios y al mundo
simultáneamente. El corazón dividido no agrada a Dios (Santiago 1:8).
La riquezas no son malas en sí mismas, pero cuando toman el lugar de Dios, se convierten en un ídolo que esclaviza (1 Timoteo 6:10).
b. La elección entre dos señores
Servir a Dios significa rendirle nuestra lealtad completa: amarle con todo
nuestro corazón, mente y fuerzas (Marcos 12:30).
Servir a las riquezas significa vivir en función del materialismo y el egoísmo.
Ejemplo bíblico:
El joven rico (Mateo 19:16-22) fue incapaz de seguir a Jesús
porque su corazón estaba atado a sus riquezas. Prefirió lo temporal en lugar de lo eterno.
Reflexión personal:
¿A quién le estamos sirviendo realmente? Nuestras
decisiones, prioridades y actitudes revelan a quién pertenece nuestra lealtad.
Conclusión
En los versículos que hemos explorado hoy Jesús nos
confronta con una decisión:
¿Dónde estamos acumulando nuestros tesoros?
¿Cómo está nuestra visión espiritual?
¿ quién le estamos sirviendo?
Un cristiano íntegro no vive dividido. Su corazón, su visión
y su lealtad están completamente entregados a Dios. Jesús nos llama a buscar lo eterno, fijando nuestra mirada en las promesas de Su reino y confiando en Él como nuestro único Señor.
