CONTRA EL AFÁN DE LAS RIQUEZAS

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Riquezas que no llenan: La verdadera satisfacción en Cristo

1 Timoteo 6:6–10

OBJETIVO:
Enseñar a la Iglesia que la verdadera satisfacción no se encuentra en las riquezas materiales, sino en una vida de piedad y contentamiento en Cristo, protegiéndonos de la codicia y encontrando paz en Dios y no en lo material.
INTRODUCCIÓN:
En 1 Timoteo 6:6–10, Pablo nos enseña que la verdadera ganancia es la piedad acompañada de contentamiento. También nos advierte sobre los peligros del amor al dinero, expresando que esta avaricia nos puede llevar a muchas tentaciones y dolores. Sin embargo, nos recuerda que al final, todo lo que poseemos es efímero y debemos enfocarnos en nuestra relación con Dios.
El día de hoy vamos a comprender que el contentamiento no proviene de las posesiones materiales, sino de una vida de piedad y dependencia de Dios. Seremos llamados a considerar la diferencia entre el deseo de cosas materiales y la satisfacción que encontramos al seguir a Cristo.
La verdad es que en nuestra sociedad, muchos buscan la felicidad en las riquezas, creyendo que el dinero puede proporcionar satisfacción duradera. Sin embargo, la Biblia nos advierte sobre el peligro de amar el dinero y nos enseña que la verdadera riqueza se encuentra en una relación con Cristo.
En este sermón, exploraremos la insatisfacción de las riquezas y dónde encontrar la verdadera satisfacción.

I. LA PIEDAD ES NUESTRO VERDADERO TESORO

1 Timothy 6:6, dice: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento.”
Las riquezas materiales pueden traer placer momentáneo, pero solo una vida de piedad nos da un tesoro eterno y verdadero.
1. La piedad produce contentamiento
Filipenses 4:11-12: "He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación."
Salmo 37:16: "Mejor es lo poco del justo, que las muchas riquezas de muchos pecadores."
El contentamiento nos permite disfrutar lo que Dios nos da sin la ansiedad de desear más.
2. Las riquezas espirituales son más valiosas que las materiales
Mateo 6:19-21: "No os hagáis tesoros en la tierra... sino haceos tesoros en el cielo."
Proverbios 8:10-11: "Recibid mi enseñanza, y no plata; y ciencia antes que el oro escogido."
La verdadera riqueza se encuentra en una vida de comunión con Dios.
ILUSTRACIÓN:
Pensemos en el árbol plantado junto a aguas corrientes, descrito en Salmo 1. Este árbol no solo crece fuerte y firme, sino que también da frutos en su tiempo. De igual manera, una vida piadosa florece en la presencia de Dios, produciendo frutos de bondad, paciencia y amor, impactando a toda su comunidad.
APLICACIÓN:
Si te sientes atrapado en la rutina de trabajar solo por dinero, reflexiona durante el servicio sobre tus verdaderas prioridades. Escribe un plan personal acerca de cómo puedes invertir más en tus relaciones familiares y en tu iglesia, creando espacios donde la piedad pueda florecer, en lugar de perseguir solo el éxito financiero y material.

II. PROTECCIÓN: CONTRA LA INSATISFACCIÓN

1 Timoteo 6:9–10, dice: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.”
El amor al dinero es peligroso y puede alejarnos de Dios. Debemos protegernos contra la insatisfacción materialista.
El amor al dinero lleva a la ruina espiritual
Eclesiastés 5:10: "El que ama el dinero no se saciará de dinero."
Lucas 12:15: "La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee."
La codicia nunca se satisface; cuanto más tenemos, más queremos.
2. La fe protege contra la codicia
Hebreos 13:5: "Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis."
Proverbios 30:8-9: "No me des pobreza ni riquezas..."
Depender de Dios y confiar en su provisión nos libra del afán por lo material.
ILUSTRACIÓN:
El antiguo rey Midas, quien deseaba que todo lo que tocara se convirtiera en oro, se encontró solo y triste al darse cuenta de que había convertido incluso a su hija en metal precioso. Este mito nos enseña que el amor por el dinero puede causar pérdidas irreparables, incluso en las relaciones más cercanas. El verdadero amor se encuentra en las personas, no en las posesiones materiales.

III. PAZ: EN CRISTO, NO EN LO MATERIAL

1 Timoteo 6:7, dice: “porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.”
Las riquezas no pueden darnos paz verdadera; solo en Cristo hallamos descanso para nuestras almas.
1. Jesús nos ofrece la paz verdadera
Juan 14:27: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da."
Isaías 26:3: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera."
Solo Cristo puede darnos una paz que trasciende las circunstancias materiales.
2. Las riquezas son temporales, pero la paz de Dios es eterna
Mateo 16:26: "Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"
1 Pedro 1:3-4: "Nos hizo renacer para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible."
La verdadera satisfacción viene de conocer y seguir a Cristo, no de acumular bienes.
ILUSTRACIÓN:
Imagina un niño a quien le dan un gran globo de helio. Al principio, parece feliz, pero a medida que el globo se desprende y se va volando, su alegría se transforma en tristeza. Este globo representa lo que el mundo ofrece: placeres y posesiones que son temporales. La verdadera paz, al igual que el amor de Cristo, es algo que nunca se puede desvanecer, independientemente de las circunstancias de la vida.
CONCLUSIÓN:
El dinero y las riquezas nunca podrán llenar el vacío del corazón humano. Solo Cristo ofrece verdadera satisfacción, paz y gozo duradero. Como cristianos, debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33), confiando en que él proveerá todo lo necesario. Que nuestra confianza no esté en lo material, sino en Aquel que nos da vida eterna.
Aplicación final:Reflexionemos sobre nuestra actitud hacia las riquezas. ¿Estamos buscando satisfacción en lo material o en Cristo? Tomemos la decisión de depender completamente de Dios y hallar en él nuestro tesoro verdadero.
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