Sanidad Divina

Edilerman A Molina
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Sanidad Divina (enseñanza)
Santiago 5:14¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados
Mateo 8:16Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; 17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.
2Reyes 13:14Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!
SANIDAD DIVINA Nuestro tema es la sanidad divina. Comencemos con tres pasajes de la Escritura que servirán como base. Mucho se dice a favor y en contra de este tema. El terreno está lleno de religiosos que sacan ventaja para engañar y robarle a la gente. Pero lo mejor en este asunto es ¿que indica la Biblia y qué enseña? Muchos enseñan varias cosas erróneas sobre la sanidad divina (y así ocurre) la mejor forma de enfrentar la situación no es callarse sino ir directamente a la Escrituras y ver qué dice (y todo lo que tiene para decir, no solo una parte). La Biblia tiene mucho para enseñar sobre la cuestión y lo que tiene para expresar es muy directo. Lo creo porque Dios lo dice y también lo creo porque lo he comprobado mediante la experiencia personal, verificándolo en mi propia vida.
I. Santiago 5:14–15Primero observemos Santiago 5:14–15. Vemos este pasaje en primer lugar no solo porque es el texto que suele citarse con más frecuencia sino también porque es uno de los pasajes más claros, directos, completos y explícitos de la Biblia sobre este tema. Su significado es tan claro que resulta difícil confundirse si uno presta atención especial a lo que allí se enseña.Comencemos por citar los versículos: «¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados».
1. En primer lugar aquí tenemos directivas muy explícitas sobre lo que el creyente debe hacer al enfermarse (no cada vez que tenga un dolor de cabeza o una dolencia menor, sino cuando esté realmente enfermo). La palabra griega que se traduce como enfermo significa literalmente «sin fuerzas», se utiliza como enfermedad en el Nuevo Testamento. Principalmente para hablar de enfermedades graves que reducen las fuerzas de una persona. Aquí, la implicación del contexto es alguien tan enfermo que no puede salir de su situación y por ello debe solicitar el apoyo de los ancianos. ¿Qué debe hacer? «Llame [literalmente, convocarlos] a los ancianos de la iglesia». No dice que aquellos oradores busquen a los enfermos sin que sean invitados. En cambio, indica que la persona enferma debe tomar la iniciativa, que la convocatoria empieza en ella. Notemos también a quiénes ha de convocar: los ancianos de la iglesia. No dice que llame al hermano autodesignado y entrometido, que se acerque con una botella de aceite para usarse en su ruidosamente “ministerio de sanidad”. No ha de solicitar la presencia de una mujer que sea peculiarmente que sea “buena” en la oración (o considere que ella es así) ni que tenga una personalidad psicológica, magnética o hipnótica (bruja). No ha de pedir la asistencia de ningún hombre, mujer o grupo conformado por tales personas. ¡No! Por el contrario, ha de llamar “a los ancianos”. No ha de “asistir a reuniones de tres días” (o tres horas, o tres minutos) para caer bajo el hechizo de influencias psicológicas que son similares a las influencias terapéuticas auto sugestivas. No se valla a un lugar donde todo está detalladamente planificado, con música  de motivo, con balanceos del cuerpo y toques de manos y gritos de «aleluya» que encienden la imaginación y hacen vibrar el cuerpo. En cambio, dice que «llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él» en la calma y la quietud del hogar; y “la oración de fe” (dada por el Espíritu Santo) “salvará al enfermo”, no aquel intenso entusiasmo y no en la carne que podría temporalmente galvanizarlo y dejarlo peor que antes.
2. En segundo lugar, ¿qué han de hacer los ancianos? V14 Dice: … oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. La unción con aceite viene primero y luego la oración; la unción precede a la oración.
a) ¿Cuál es el sentido y el propósito del ungimiento con aceite? Muchos señalan que la unción con aceite era una práctica médica común y tal vez la única conocida por aquel entonces, y que esta consistía en frotar a una persona con aceite sanador. En otras palabras, como si se indicara que los ancianos debían usar la mejor habilidad médica que tuvieran y luego orar. Pero lo que estos expositores de la Palabra enseñan surge completamente de su imaginación. En realidad, había un sistema muy extendido de medicina conocida y practicada en aquel tiempo y, más aún, la palabra griega que se traduce como “unción” (o en la traducción más precisa,habiendo ungido”) está empleada sobre la unción con aceite que Jacob realizó sobre la piedra, la cual realizó al derramar aceite por encima (Ver Gn. 31:13; comparar Gn. 28:18). ¿Qué significa, entonces, el ungimiento? Vayamos a Levítico 8:10–12 para ver la respuesta de Dios ante dicha pregunta. 10 Y tomó Moisés el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y las santificó. esto es, las apartó para Dios. La unción era un acto de dedicación o consagración. 11 Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus utensilios, y la fuente y su base, para santificarlos. 12 Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo. En estos versículos podemos ver que el ungimiento “con aceite en el nombre del Señor” era un acto de dedicación y consagración, apartarlo completamente para Dios, de sus manos para trabajar para él y solo para él, de sus pies para caminar para él y solo para él, de sus ojos para ver, sus labios para hablar, sus oídos para escuchar para él y solo para él, y su cuerpo entero como templo del Espíritu Santo. Y el aceite era símbolo del Espíritu Santo en su poder sanador. (Comparar Hechos 10:38). El Espíritu Santo es la persona que opera la sanidad, si en verdad se trata de sanidad divina. En Romanos 8:11 leemos: 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Esto se refiere, como el texto y el contexto (vv. 20–23) confirman claramente, a la futura resurrección de nuestro cuerpo por el Espíritu Santo y no solo a nuestra sanidad actual. También muestra la vivificación, esto es, la infusión de vida, el poder del Espíritu Santo en nuestro cuerpo físico.
b) Al haber ungido al enfermo con aceite, los ancianos debían realizar el segundo paso, “orar por él”, orar por su sanidad física. Algunos dicen que la epístola de Santiago fue escrita para creyentes judíos, y por lo tanto no se aplicaría también para creyentes gentiles. Pero Dios en su Palabra expresa de forma clara que lo que se aplica para los creyentes judíos también se aplica para los creyentes gentiles, porque “en Cristo Jesús ya no hay judío ni griego” (Gá. 3:28). Esa disección, ese asignar una parte a los cristianos gentiles y otra parte a los cristianos judíos no tiene cabida en la Palabra de Dios. Además, va en contra de su enseñanza. Algunos preferirían dar una gran parte del Nuevo Testamento excepto las epístolas de Pablo (a los gentiles), pero al hacerlo siguen sus propios intereses para el que no hay respaldo en la Biblia. Esta gente no usa bien la palabra de verdad, tuerce la Palabra y roba la porción que pertenece realmente a los hijos de Dios.
3. En tercer lugar, ¿cuál será el resultado de la oración, después de ser ungido verdaderamente y la persona que recibió oración haya hecho una verdadera rendición de sí misma ante Dios? V15Y la oración de fe salvará al enfermo”. ¿aquí enseña que todos los que reciban unción y por quienes los ancianos oren recuperarán la salud? Simplemente dice lo que expresa: “Y la oración de fe salvará al enfermo”. En algunos casos puede que los ancianos no tengan la fe suficiente. ¿Son culpables por no tener fe? No necesariamente. ¿La persona enferma ha de ser culpada por no tener fe? Tampoco. No siempre es la voluntad de Dios sanar a sus hijos cuando estén enfermos.
Hay un fanatismo, que indica que la enfermedad en un hijo de Dios es una prueba conclusiva de que ha cometido pecado o que Dios no está con él, no tiene nada que ver con la Escritura. ¿Porque enfermo Job? De hecho, se trata de algo antibíblico. En 2 Reyes 13:14 leemos: Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. ¿Estaba Eliseo, entonces, fuera de la comunión con Dios en ese momento? Lee la historia Eliseo estaba en una comunión íntima con Dios y en aquel lecho de muerte manifestó una de las profecías más remarcables de su vida, hablando como un elegido de Dios, aunque enfermo de la enfermedad de que murió. Pablo dejó a Trófimo enfermo en Mileto (2 Ti. 4:20). Al parecer Pablo necesitaba de su compañerismo. El apóstol era un poderoso hombre de oración, pero sus plegarias aún no habían podido levantar a Trófimo. En Filipenses 2:27leemos que Epafrodito 27Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir. ¿Había pecado Epafrodito o estaba fuera de la comunión con Dios? ¿Y era debido a su pecado que estaba tan enfermo? No, leamos es contexto (Fil. 2:30) 30porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí. En su momento Epafrodito fue sanado en respuesta a la oración de Pablo, pero su enfermedad no se debía al pecado ni a que estaba fuera de la comunión con Dios. Y no fue sanado de inmediato, como ocurrió con todos los que se acercaron a Jesús cuando caminó sobre esta tierra. Vemos, entonces, que a abecés la falta de fe no se debe a ningún pecado de los ancianos ni de la persona enferma sino a la voluntad de Dios en ese asunto. (por alguna buena razón conocida por Dios y que no considera revelarnos) por la que no debe ser sanada. En muchos casos, sin embargo, la poca fe implica una falta cometida por los ancianos que oran por el enfermo. También puede que haya algún pecado sin juzgar o alguna lección que la persona enferma debe aprender. En todo caso, la salud es la voluntad de Dios para su pueblo. Pero alguien puede necesitar un “aguijón en la carne”, “un mensajero de Satanás”, como paso con el apóstol Pablo para que se mantuviera humilde. En tales situaciones no hay cantidad de oración ni de ungimiento que logre la sanidad. Allí la enfermedad física, el “aguijón en la carne”, sirve efectivamente como “mensajero de Satanás” (la enfermedad pertenece a la esfera de Satanás); sin embargo, es permitida por Dios, es su don, con el propósito compasivo de mantener al enfermo humilde en medio de muchas revelaciones. (pasaje completo (2 Co. 12:7–9). Pero la sanidad debe ser algo que uno espera. Pablo mismo anheló recibir sanidad en su propia situación hasta que Dios definitivamente le reveló que esa no era su voluntad en él dicho asunto. (illus.), Santiago 5:14–15. Al orar, después de orar Dios me da la fe de saber que ha escuchado mi oración.
4. ¿La fe de quién es la que prevalece y trae la sanidad? ¿Es la fe de la persona enferma o la fe de “los ancianos” que oran? Lee el versículo de nuevo: v14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo. Pues es la oración de fela que salva al enfermo, y son los ancianos quienes realizan la oración, se trata de la fe de los ancianos, no la fe de la persona enferma, la que intercede por la sanidad. PERO CUANDO HAIGA INCREDULIDAD HAY DIOS NO VA OBRAR. En ciertas oraciones (illust.)
Han habido muchas sanidades después de oraciones, y muchas de tales sanidades no perduran; buscan a echar de culpa a la persona enferma, diciendo que es por falta de fe. Pero eso no es algo escritural, como muestra claramente este versículo. Es la fe de la persona que ora (no la fe de quien recibe la oración) la que conlleva la sanidad, de acuerdo a esta promesa. La clase de sanidad que es temporal y dependiente de la fe continua de quien es sanado no es sanidad divina, no es sanidad de Dios, sino que es sanidad de fe en la fe, una cuestión totalmente distinta, un proceso puramente psicológico estrechamente relacionado con lo que se denomina la «cura mental», y también con la Ciencia Cristiana: falsamente llamada de ese modo. Aquí radica uno de los errores más tristes y peligrosos del momento en toda esta cuestión de la sanidad divina, sustituyendo el poder de Dios por la fe del hombre, sustituyendo la obra del Espíritu Santo en el cuerpo por un mero proceso mental. Las sanidades en estas multitudes atiborradas, excitadas y alocadas, debidas a la psicología de gente y los placebos mentales y melodramáticos, y la Ciencia Cristiana y otros sistemas de creencias más o menos similares, diseñados por mujeres físicamente atractivas, poseedoras de talentos elocuentes, dramáticos, magnéticos e hipnóticos inusuales, no tienen nada que ver con las sanidades de nuestro Señor Jesús y sus apóstoles. Con frecuencia aquellos que abogan por esta clase de sanidad insisten ante quienes recibieron la oración que afirmen que se encuentran bien, aunque todavía evidencien los síntomas de la enfermedad. Esto no es muy distinto al método de la Ciencia Cristiana, que niega la realidad de la enfermedad diciendo que solo es un error, haciendo que la gente se declare a sí misma en buen estado cuando ellos en realidad saben que están enfermos, así «demuestran su ciencia» mediante sus mentiras. Por supuesto, existe cierto tipo de poder sanador cuando uno afirma que está bien, o que «día a día en cada aspecto uno se está poniendo cada vez mejor», pero ciertamente no se trata de sanidad divina sino de auto sanidad. En esa clase de sanidad suele haber una mezcla de aspectos hipnóticos con ciertos elementos demoníacos. La gente con un temperamento psíquico o hipnótico, semejante al temperamento de los médiums espiritistas, suele ser quien emplea mayormente ese tipo de sanidad; y por lo general, si no se los despierta de su error, tarde o temprano terminan cayendo en errores espirituales terribles. (Saul) Estos errores terribles deshonran a Dios, en los que cae la gente que sobre enfatiza la sanidad divina y quienes no estudian cuidadosamente el texto completo de la Biblia sino en forma de pasajes aislados, y a pesar de los numerosos desvíos a los que muchos son arrastrados, en vez de atenerse a la línea principal de predicar la salvación de la culpa del pecado por la muerte expiatoria de Jesucristo y la victoria sobre el poder del pecado por el Cristo resucitado, no debemos abandonar la preciosa verdad de los textos con los que comenzamos  (y de otros tantos versículos más); Santiago 5:14
Digámoslo claramente: El evangelio de Cristo ofrece salvación para el cuerpo y para el alma. Es el olvido de la iglesia con respecto a esta verdad y también la falta de enseñanza lo que deja una puerta abierta para una hueste de engañadores. Un Maestro y un Salvador del alma. Su obra, en ocasiones, fue grandemente obstaculizada porque quienes habían recibido sanidad desobedecieron su mandato de no decir nada nadie y la gente lo seguía por las sanidades en lugar de acercarse por la salvación para la cual había venido al mundo Lc. 19:10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Las multitudes que lo seguían para obtener sanidad física se volvieron un estorbo para su obra, por lo que él solía retirarse a solas en lugares desiertos. (Lee con atención Marcos 1:42–45). Hay muchos casos notables de sanidad verdadera (como debe esperarse naturalmente, porque algunas almas humildes realmente han estado en contacto con el Cristo viviente), El texto simplemente da instrucciones generales sobre lo que debería hacerse ante distintas emergencias de la vida cristiana. En el versículo 13 leemos: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. Esas son las directrices generales sobre lo que debe realizar el creyente que sufre, hacer oración. En el mismo versículo leemos: ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. Son las directivas generales sobre lo que el creyente cuyo corazón está lleno de alegría debe hacer. No se sugiere que estas sean las únicas cosas, que el creyente debe hacer. Luego vienen las indicaciones sobre lo que los enfermos deben hacer, sin sugerir tampoco que esto sea lo único que un enfermo debería hacer a fin de obtener ayuda del Señor. Esto resulta aún más claro cuando leemos los versículos que prosiguen en nuestro pasaje: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”, etc. Aquí tenemos instrucción explícita para la persona enferma, buscar la ayuda de hermanos creyentes. Luego Santiago prosigue de forma inmediata a decir cuán grande es el poder de la oración, por supuesto, con respecto a la aplicación del poder de la oración considerando principalmente el caso de la persona enferma. Los creyentes individuales, sean ancianos o no, tienen el privilegio, y el deber, de orar unos por otros Stg. 5:16 16Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho . Desde luego, en este caso no hay ungimiento con aceite ni nada de ese tipo, sino sencillamente confesión de pecado (ofensas) (si hubiera pecado que confesar) y oración. Más aún, es el privilegio del creyente individual orar por sí mismo en sus enfermedades físicas, así como en sus demás tribulaciones. Ezequías, en su enfermedad, oró por sí mismo y Dios escuchó, respondiendo su oración y añadiendo quince años a su vida (Is. 38:1–5), Los creyentes nunca deben estar «afanosos» por nada, aun en las tribulaciones o enfermedades más graves. ¿Qué han de hacer en cambio?
Fil. 4:6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Pablo, en sus enfermedades físicas, no pidió que los ancianos de la iglesia fueran y lo ungieran con aceite, sino que oró por sí mismo (2 Co. 12:7–9), y aunque no obtuvo la sanidad, porque no era la voluntad de Dios en ese caso particular porque Pablo necesitaba el «aguijón en la carne» para mantenerse humilde, no obstante, su oración trajo una bendición mayor que la sanidad. Cuando un hijo o una hija de Dios se enferma, debería, antes de cualquier otra cosa, llevar el asunto en oración ante Dios. Si la enfermedad persiste, enfermando gravemente, hará bien en solicitar la ayuda de los representantes elegidos (no autonombrados) de la iglesia, «los ancianos», y pedirles que hagan exactamente lo que se prescribe realizar en un caso así (Stg. 5:14–15).
II. Mateo 8:16–17 Ahora observemos otro pasaje muy citado en nuestros días y también en el pasado: Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; 17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Suele decirse que este versículo enseña que la muerte expiatoria de Jesucristo se aplica tanto a nuestras enfermedades, así como a nuestros pecados o, en otras palabras, que “en la expiación está la sanidad física”. Considero que hay una inferencia favorable cuando uno lo ve en su contexto. Muchos expresan “cada creyente tiene el derecho de reclamar sanidad física para todas sus enfermedades y dolencias físicas, así como tiene el derecho de pedir el perdón de todos sus pecados, sobre la base de la El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Pero, es una lógica muy pobre… ¿Por qué si el Señor nos libra de toda enfermedad y problema donde queda lo que bien?
 La respuesta de la Biblia muy directa, y la respuesta es: Cuando Jesucristo regrese. Hoy en día obtenemos las primicias de la obra expiatoria de Cristo, las primicias de la salvación en la vida actual, pero solo cuando Jesucristo vuelva otra vez obtendremos el fruto completo. Romanos 8:18–23 (leer) 18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
¿tenemos el derecho de reclamar eso ahora debido a que fue asegurado por la expiación, así como ahora recibimos el perdón de todos nuestros pecados? Pablo afirma en 2 Timoteo 2:16–18 16Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. 17Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 18que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.19Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
¿Cuándo sanaremos por completo? Será en la venida de nuestro Señor que nuestro «ser, espíritu, alma y cuerpo» ha de ser «guardado irreprensible» (1 Ts. 5:23) 23Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Cuando él regrese: Judas 124 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, Efesios 527 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
En ese día veremos un cuerpo glorificado y perfeccionado, asegurado para nosotros cuando Cristo cargó con nuestras enfermedades, así como nuestros pecados en la cruz del Calvario. Aunque en el tiempo presente no obtengamos los beneficios completos para el cuerpo, asegurados para nosotros por la muerte expiatoria de Cristo, sino hasta que él regrese, pero obtenemos las primicias de su salvación espiritual y físicas en.
III. ¿Es incorrecto el uso de medios? Ahora surge una pregunta de gran importancia práctica. ¿Es incorrecto el uso de los medios médicos o terapéuticos para quien cree en la sanidad divina? En ocasiones sí, en ocasiones no.
A veces si te presentas a Dios en oración por la sanidad propia o de otras personas y luego echas mano de los recursos humanos, El doctor o la enfermera recibirán toda la gloria y Dios nada. (illus.) Una mujer que tenía un niño que estaba muy enfermo de una y otra enfermedad. El médico le llama y le dijo: Señora, su hijo no vivirá. Hice todo lo posible. La mujer, entonces, pidió que fuera un predicador a orar por el niño.  Esa noche, le llamó por teléfono y expresó: Hermano, si alguna vez he tenido una respuesta a mi oración en mi vida la tuve como hoy al orar por mi hijo. El niño ha mejorado. A la mañana siguiente el médico exclamó ante la madre: ¡notable el niño a mejorado! ¿Qué ha hecho usted? La mujer le dijo un hermano oro. Que bueno, respondió el doctor, le daré medicina suplementaria. ¡No!, interrumpió la madre, no lo hará. Usted me dijo que había hecho todo lo posible por mi hijo. Nosotros lo presentamos ante Dios en oración y él lo sanó, y usted no ha de obtener el crédito por esta sanidad.
Ahora bien, en un caso como ese, y en muchos otros, el uso de la medicina hubiera sido incorrecto. Pero ¿esto significa que aquello es siempre erróneo?Ciertamente no. Las sanidades registradas en la Biblia ocurrieron sin ningún otro medio que la oración, pero no siempre fue el caso. Dios le dijo a Isaías que se presentara ante Ezequías en medio de su enfermedad y le dijera: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años (Is. 38:4–5). Pero en el versículo veintiuno del mismo capítulo leemos que Isaías dijo: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanara. Miremos lo que dice pablo
1 Timoteo 5: 23 Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades. Pero me intriga lo que dice el 22 No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. 24 Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después.
Nuestro Señor Jesús ocasionalmente usaba medios en conexión con sus sanaciones. Utilizó lodo y saliva en ojos que no podían ver. El único gran problema sobre el tema de la sanidad divina, y con tantos otros temas, es que la gente solo considera algunos de los pasajes, pero la biblia es amplia de la Palabra de Dios.
Hay gente que se vuelve morbosa (enferma). Más de una persona se llena de temor por pensar que ha cometido el pecado imperdonable porque empleó, además de tomar a Jesucristo como su sanador, otros medios para procurar su sanidad. Pero tal actitud no es bíblica. Y muchos cristianos han muerto (y algunos de sus hijos también), hermanos en Cristo que ahora tendrían que estar vivos si hubieran entendido bien lo que está escrito en el Libro de Dios. Con respecto al uso de medios. Su descuido ha dado como consecuencia que ellos o sus hijos mueran en lugar de haber echado mano de los medios que podrían haber salvado sus vidas. Además, han sucedido varias tragedias desagradables en tal sentido que han servido para que la verdad bíblica sobre la sanidad divina caiga en mala reputación. En lo personal no toda medicina es para sanidad. Muchos que ahora están en el cementerio y muchos que aún viven como inválidos y crónicos mientras hablan constantemente de la sanidad divina y de la maldad del uso de la medicina. Ciertamente no honra a Dios rechazar todos los remedios y empeorar en la salud y al mismo tiempo decir que uno confía en Dios para obtener la sanidad. Y muchos fallecen en tal empeño y traen gran reproche contra Dios y el cristianismo y también sobre la gran verdad de la sanidad divina. Pero estas son cuestiones completamente secundarias. Lo principal es: ¿Sana Dios hoy en día en respuesta a mi oración? ¿Sana él realmente a la gente que está más allá de la habilidad médica y de toda ayuda profesional? ¿Obra Dios milagros hoy? A todas estas preguntas respondo sin ninguna duda: Sí, lo hace. No es solamente que la Biblia enseñe eso sino también que lo confirma la experiencia. Hay una gran dosis de charlatanería religiosa en conexión con los muy publicitados sanadores divinos, hombres y mujeres de milagros. Aquí está la enseñanza clara de la Palabra de Dios.
Conclusión: ¿Por qué no aquellos que Dios da el don de sanidad salen a sanar todos los enfermos entonces?
Dos razones: primero, no es bíblico y este motivo es determinante de por sí.
segundo, hay asuntos más importantes que atender. Preferible ser utilizado para salvar un alma perdida que sanar miles de cuerpos enfermos. Ha beses llega pesado cuando le piden que ore por un enfermo, si es Dios que lo tiene castigado. Cuando empiezo a orar, le pregunto al Espíritu Santo que pasa aquí? La naturaleza humana es la misma hoy que cuando nuestro Señor estuvo en la tierra. Multitudes, incontables multitudes, atiborradas junto a él, viajando muchos, muchas millas para verlo en la esperanza de obtener sanidad para sus cuerpos, pero pocos, muy pocos hambrientos de la salvación para sus almas. Que en esta cuestión no seamos arrastrados por la masa no espiritual y realmente inmoral. Que rehusemos desviarnos. Que mantengamos como línea central de la predicación a Cristo Jesús, el Salvador de nuestros pecados. Esa fue la promesa que Dios expresó con respecto a Jesús: «… y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21), no de sus enfermedades sino «de sus pecados». Que podamos, entonces, como hemos dicho, mantener como línea central de nuestra predicación al Cristo crucificado y, por ello, lograr una total expiación del pecado, tener presente al Cristo resucitado Heb. 7:25«por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios» (), hablar del Cristo que un día volverá otra vez como el Salvador de nuestro cuerpo, (Fil. 3:20–21).20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
Edilerman A Molina 3/8/2025
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