Arrancando lo malo, para no caer
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Lectura Bíblica
Lectura Bíblica
Mateo 18:7–9 “¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.”
https://bible.knowing-jesus.com/Espa%C3%B1al/topics/Excusas
1. El pecado está “aquí adentro”
1. El pecado está “aquí adentro”
Sí, también está “allá afuera”, pero nota que Jesús no permite que lo externo se convierta en excusas. Nadie puede decir que la tentación me “hizo” caer. No eres responsable por el pecado elegido deliberadamente por las personas de este mundo, pero tampoco ellos son responsables del tuyo. No es la tentación la que te hace pecar, es tu «pie”. No es la visión pecaminosa la que te hace pecar, es tu “ojo”.
No te librarás de tus pecados culpando a otro ni poniendo excusas.
En resumen: asúmelo. Toma responsabilidad. Pueden haber todo tipo de factores que contribuyen a tu susceptibilidad a cometer ciertos tipos de pecado, pero no te librarás de ellos culpando a otro ni poniendo excusas. Es culpa tuya y de nadie más. Mientras más pronto lo admitas, más pronto podrás salir de eso.
Génesis 3:12–13 “Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.”
1º Samuel 13:11–12 “Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto.”
2. Los riesgos son más altos de lo que piensas
2. Los riesgos son más altos de lo que piensas
1 Corintios 10:13–17 “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.”
Versión TLA
13 Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir.
14 Por eso, queridos hermanos, no adoren a los ídolos. 15 Ustedes son personas inteligentes, y estoy seguro de que me entienden. 16 En la Cena del Señor Jesucristo, cuando tomamos la copa y pedimos que Dios la bendiga, todos nosotros estamos participando de la sangre de Cristo. Y cuando partimos el pan, también participamos todos del cuerpo de Cristo. 17 Aunque somos muchos, somos un solo cuerpo, porque comemos de un solo pan.
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Este versículo es parte de un discurso sobre la comida sacrificada a los ídolos, que comenzó en el capítulo 8. Más adelante, Pablo ofrece palabras de advertencia para sus lectores sobre el pecado y la tentación. Cita los fracasos de los israelitas en el Antiguo Testamento como una advertencia contra la complacencia en el mal. La idolatría, la inmoralidad sexual e incluso el quejarse contra Dios son acciones que un cristiano debe evitar. Esto se aplica tanto a los fuertes como a los débiles. Los fuertes deben tener cuidado de no caer (1 Corintios 10:12), y los débiles no deben dejarse llevar por la libertad de los fuertes.
Sabemos que debemos evitar el pecado, pero, para nuestra desgracia, todavía enfrentamos tentaciones. Esto es consecuencia del mundo pecaminoso en el que vivimos y de la naturaleza pecaminosa dentro de nosotros que desea lo que es contrario a la voluntad de Dios (ver Gálatas 5:17). Llegará un momento en el que seremos glorificados y completamente libres de pecado (Romanos 8:30; 1 Juan 3:2). Por ahora, mientras atravesamos el proceso de santificación, los cristianos anhelamos la eternidad (2 Corintios 5:1–5; 1 Tesalonicenses 4:1–2).
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Creo que esta es la razón por la cual la mayoría de las personas inmersas en el pecado no se liberan a través de la fuerza de voluntad contra la culpa. Tienen que llegar a ver el costo aproximado que la vicio, las pasiones, los deleites está tomando en sus vidas. Por lo general, no es hasta que lo han perdido todo (o casi todo), que llegan a un sincero arrepentimiento. Mientras la esposa siga “perdonando” sin consecuencias reales, mientras se mantenga solo dentro de los círculos privados de aquellos que fruncen el ceño con simpatía y dicen que orarán, el pecado puede ser manejado, y luego el ciclo vuelve a repetirse.
Pero cuando la esposa dice: “Hasta aquí. Se acabó”, de repente ven el costo. Lo que sus lágrimas quizás no hicieron, su ausencia lo logra. Cuando la ausencia de arrepentimiento va más allá de tus “conocidos” y llega hacia los pastores o empleadores donde habrá una pérdida real de reputación, ingresos, y demás, de repente sientes la bancarrota en la que has estado involucrado todo el tiempo. ¿Por qué esperar esos momentos?
Tu pecado te costará más de lo que en verdad quieres dar.
En resumen: Tienes que ver hacia dónde te diriges antes de que llegues ahí. Jesús no usaría la expresión de cortarte una mano o sacarte un ojo si la indulgencia habitual del pecado fuera una cosa pequeñita que puedes manejar. La pecado (grauitamente) te costará más de lo que en verdad quieres dar. El resultado final de una vida dedicada al pecado es el infierno. Por lo tanto:
3. El arrepentimiento debe ser radical
3. El arrepentimiento debe ser radical
Si piensas que cortarte un brazo o arrancarte un ojo suena duro, considera lo que Cristo dice acerca de seguirlo diariamente: “Debes tomar tu cruz”. Está hablando nada menos que de la muerte. Para experimentar la vida en Cristo, debemos morir a nosotros mismos.
Esto significa, como mínimo, que la ofensa de la cruz debe ser aplicada a la ofensa de tu pecado, porque murió allí con Él. Saca el martillo y los clavos. Encuentra una lanza. Instalar filtros y tener grupos donde rindes cuentas están bien, pero tal vez no necesitas un teléfono inteligente. Quizás no necesitas un televisor en tu casa. O un tiempo a solas, o un cuarto privado con una computadora o laptop.
Tal vez debas contarle a tu esposa. A tu pastor. A tus padres. A alguien que te “de miedo”. ¿Por qué? Porque los riesgos son altos, y el arrepentimiento debe ser radical.
Y debido a que el evangelio es verdad, sin importar las consecuencias terrenales, puedes estar seguro de las espirituales. Cualquier dolor vale la pena si nos pone en el camino de la rectitud. Cualquier dolor. Cualquier dolor es preferible al dolor del pecado en privado que desencadena un resultado infernal. Si no puedes manejarlo, mátalo. No temas a la vergüenza o pérdida más que a la ira de Dios. Y huye hacia sus brazos amorosos. Él verdaderamente es mejor. Su gracia es verdaderamente suficiente. Su gloria es verdaderamente más cautivante, más satisfactoria, más deliciosa que cualquier manjar podrido en pixeles.
Puedes hacer lo que sea necesario, sabiendo que Él no tomará de ti lo que más necesitas.
Así que no tengas miedo de arrancar tu ojo de su cavidad. El Señor te dará uno nuevo.
