MIEDO A LA SOMBRA

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Adán y Eva creyeron en su propia opinión que después de su desobediencia podían esconderse de la presencia de Dios. Lo único que lograron fue el rompimiento de su relación con Dios; dando así, origen al temor.

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MIEDO A LA SOMBRA

Génesis 3:8–10 NTV
Cuando soplaba la brisa fresca de la tarde, el hombre y su esposa oyeron al Señor Dios caminando por el huerto. Así que se escondieron del Señor Dios entre los árboles. Entonces el Señor Dios llamó al hombre: —¿Dónde estás? 10 El hombre contestó: —Te oí caminando por el huerto, así que me escondí. Tuve miedo porque estaba desnudo.
Propósito
Concientizar a la iglesia que sus pecados y rebeliones jamás podrán ocultarse ante la presencia de Dios, y lo único que logramos al intentar escondernos es retrasar los propósitos de Dios en nuestras vidas.
Introducción
Todos en algún momento hemos sentido miedo en esta vida: miedo al fracaso, hablar en público, miedo al futuro, a lo desconocido y miedo a la muerte.
Existe el miedo normal y el miedo patológico. El miedo normal es una emoción adaptativa que se presenta ante un estímulo dañino: miedo a las serpientes, a los gusanos, a las alturas, etc. Mientras que el miedo patológico es un trastorno de ansiedad que se activa incluso sin peligro: miedo a los espacios cerrados o pequeños (Claustrofobia), miedo a los espacios abiertos o a los lugares públicos (Agorafobia).
I. Oían la voz de Dios.
a. No quedaron sordos. Adán y Eva podían oír la voz de Dios aún después de haber pecado. Su desobediencia no anuló la comunicación con Dios pero sí la comunión. Dios los buscó y los llamó, pero ellos no querían responderle.
b. No quedaron incomunicados. El pecado en el ser humano no impide la comunicación con el Espíritu Santo. Dios sigue hablando pero el hombre no quiere escucharle. A Dios no le estorba el pecado, el pecado nos estorba a nosotros. La línea telefónica sigue funcionando entre el ser humano y Dios, pero el hombre no quiere levantar el auricular y llamarle a Dios.
II. Se escondieron entre los árboles.
a. Solución equivocada. La intención de Adán y Eva era ocultar su pecado. El sentimiento de culpa no los dejaba en paz. No sabían cómo liberarse de esa carga, entonces pensaron en esconderse entre los árboles del huerto.
Job dijo: ¿Acaso he cubierto mis transgresiones como Adán, ocultando en mi seno mi iniquidad? Job 31:33 LBLA
b. Los árboles modernos. El problema del ser humano es creer que puede encubrir sus pecados. Hoy en día muchas personas siguen escondiéndose en medio de excusas y pretextos que sólo ellos creen: filosofía y psicología humanistas, creencias falsas acerca de Dios, el materialismo, el ocultismo, el ateísmo, etc.
El ser humano entierra su cabeza entre el lodo de su maldad y cree que así nadie lo ve; pero ellos sí lo ven, saben que están mal pero no lo reconocen. Lo que posiblemente no dimensionan son las terribles consecuencias de sus rebeliones, caen en las trampas del diablo, del vicio y las adicciones: alcoholismo, drogadicción, prostitución, pornografía, narcotráfico, trata de personas, pandillerismo, delincuencia organizada, etc.
III. Tuvieron miedo porque estaban desnudos.
a. El miedo. Una de las consecuencias de la desobediencia de Adán y Eva fue tener miedo. Era la primera vez que ellos tenían ese sentimiento de horror. Realmente no estaban desnudos, ellos se habían cubierto con hojas de higuera. El problema no era la cubierta externa sino la interna, era el frío de la desnudez del alma y del espíritu. Ellos rompieron la cobertura celestial con su desobediencia y quedaron a la deriva. Gn. 3:7
b. La sombra. Adán y Eva creyeron solucionar sus problemas ocultándose entre la sombra de los árboles. El pecado es como una sombra que te persigue, a donde quiera que vas, va contigo. Mientras estás entre la sombra de los árboles no ves tu sombra, pero en cuanto sales a la luz, la sombra de tu pasado vuelve a estar presente.
No puedes pasarte toda la vida escondiéndote para no ver la sombra de tu pecado, mejor ven a la luz de Jesús y no sentirás nunca jamás el miedo y la inseguridad que esa sombra te provoca. Prov. 19:23; 1 Jn. 1:7
IV. La intervención de Dios.
a. Dios los buscó. Mientras que Adán y Eva pensaron en esconderse, Dios prefirió buscarlos para restaurarlos y cubrirlos con una vestimenta más resistente que las simples hojas secas que ellos se cocieron. Gn. 3:21 .
El ser humano prefiere continuar su camino sin Dios; se esconde entre los árboles de su propio jardín, ahí cree estar seguro porque no ve su sombra contaminada de falsedad, le tiene miedo a su propia sombra. Se oculta en la vanidad de la vida y en sus propios razonamientos.
b. Dios los llamó. La voz de Dios empezó a escucharse en el huerto del Edén: ¿dónde están?¿en dónde están? Dios sabía perfectamente en dónde estaban, pero quería que ellos tuvieran el valor de reconocer que no estaban bien, que ya no estaban en el lugar de privilegio que él les había dado. El huerto había dejado de ser un lugar de paz y felicidad y se había convertido en un campo de terror.
Dios te llama como lo hizo con Adán y Eva. Dios te pregunta: ¿Dónde estás? ¿Qué haces? Aunque él sabe qué haces y en dónde estás, quiere que seas sincero contigo mismo y con él. Reconocer tus errores y reconocer que te encuentras en el lugar equivocado, es el primer paso a tu libertad.
Conclusión
Adán y Eva querían evitar a toda costa ver la sombra de su pecado de desobediencia, cubrirse con hojas de higuera y esconderse entre los árboles no fue la solución. Sal. 139:7-8
Si tú has hecho lo mismo, déjame decirte que lo único que has logrado es prolongar tu agonía, tu desesperación, tu angustia y tus temores. Sólo estás logrando prolongar tu muerte, porque aunque no ves tu sombra, esa sombra de la maldición te persigue. Tu destrucción está a las puertas, y para evitarlo, sólo debes usar la línea que te conecta con Dios: “Jesús”. Jer. 33:3; Jn. 14:6
No le tengas miedo a la sombra, ya no te escondas entre los árboles de tu propio bosque; mejor ven a la luz, ven a Jesús y él perdonará tus pecados. El Espíritu Santo te librará del temor, del pecado y de la muerte. 1 Jn. 4:18; 1:9 .
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