¿Por qué el miedo?
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Introducción
Introducción
El evangelio de Lucas nos ha mostrado a Jesús como liberador y sanador. Nuestro servicio de hoy ha estado basado en el salmo 27, lo hemos usado en el llamamiento a la adoración, la declaración del perdón y ha sido la lectura de base para nuestra proclamación de la Palabra.
Este es un salmo de confianza que se escribe en un momento de angustia y que deja las dos caras de la moneda en la realidad del ser humano; por un lado, la confianza que tenemos en Dios y por el otro los temores propios a los que nos enfrentamos dada la realidad de nuestro contexto.
Para lograr una mejor comprensión de la propuesta de liberación que Lucas presenta en su evangelio es preciso identificar el sentido de confianza que nos ofrece el Salmo 27 porque no puede haber liberación sino es a través de la confianza. Por esa razón, deberíamos preguntarnos ¿En dónde está puesta nuestra confianza?
Estamos viviendo momentos difíciles en el país. Las decisiones que la administración está tomando afectarán a todos los ciudadanos y residentes, somos testigos de persecución y el miedo se percibe en el ambiente norteamericano. Pero también podemos estar viviendo momentos de angustia en la vida personal, laboral o familiar. Angustias que pueden estar o no relacionadas con lo que pasa con el país, es decir, con el macrocosmos.
Sin embargo, estos momentos deben llevarnos a reflexionar la importancia de la presencia de Dios en nuestra vida para mirar el futuro con esperanza. Para eso, el Salmo 27 se convierte en una promesa de amor y fe para nuestras vidas.
Este salmo esta compuesto por dos partes que forman el contraste mencionado; en la primera parte encontramos un espíritu de confianza en Dios (Salmo 27:1-6) y la segunda parte es una oración de protección y liberación (Salmo 27:7-14).
Hoy veremos los dos contrastes con la intención de reconocer la importancia de poner nuestra confianza en Dios.
1. Himno de acción de gracias (Salmo 27:1-6)
1. Himno de acción de gracias (Salmo 27:1-6)
1 El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién me asustará? 2 Cuando los malvados avanzan contra mí para devorar mis carnes, cuando mis enemigos y adversarios me atacan, son ellos los que tropiezan y caen. 3 Aun cuando un ejército me asedie, no temerá mi corazón; aun cuando una guerra estalle contra mí, yo mantendré la confianza. 4 Una sola cosa pido al Señor y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y buscar orientación en su Templo. 5 Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su santuario me protegerá y me pondrá en alto sobre una roca. 6 Me hará prevalecer frente a los enemigos que me rodean; en su santuario ofreceré sacrificios de alabanza y cantaré y entonaré salmos al Señor.
¿A qué le teme usted? ¿qué es lo que más le asusta?
Es posible que la situación que estamos viviendo en el país hagan parte de sus temores, es posible que la vida le haya marcado y tenga otros tantos temores que a veces le impiden iniciar un proyecto o caminar en la fe. Situaciones de índole personal, familiar o laboral pueden llevar a experimentar el miedo y desestabilizar la vida.
¿A quién temeré? y ¿Quién me asustará? son las preguntas que el salmista responde al inicio del salmo (Salmo 27:1). La respuesta del salmista está en la confianza que tiene puesta en el Señor que es luz y refugio. Solamente en Dios el ser humano puede estar totalmente seguro y confiado de la plena salvación, si el Señor es guía y defensa.
La confianza existe por el vinculo o la relación con algo o con alguien. De la misma manera el salmista pone su confianza en Dios quien le da la habilidad para vencer a sus enemigos testificándolo en el versículo 2 y lo asegura en el versículo 3. El salmista se siente seguro ante la posibilidad de la guerra; él no temerá y mantendrá la confianza.
Ahora bien, para el salmista esta confianza se sustenta en la relación con Dios (v. 4-6). Habitar en la casa de Dios tiene dos implicaciones en el salmo, por un lado, sostener una relación de intimidad con Dios, esto es enamorarse de Dios. El anhelo por estar en la casa de Dios responde al deseo de compartir tiempos valiosos con Él.
Después de un día de trabajo o de un viaje queremos estar cerca de los nuestros. En la relación de pareja; el enamoramiento invita a contemplar a la otra persona y admirarla más y verla más bella. Es el mismo deseo del salmista, contemplar a Dios, enamorarse de Él, amarlo y vivir para él. Eso lo logrará en esa relación que se construye en Su casa.
De otro lado, esa relación brinda al ser humano algo más: orientación, dirección y consejo. El vínculo del salmista con Dios le brinda dirección para acertar en el camino correcto, la relación con Dios es una relación ética en tanto que es luz para en el camino de la vida y la luz es un acercamiento a lo verdadero.
En nuestra reflexión hoy podríamos preguntarnos que tan enamorados estamos de Dios, cuanto le estamos buscando para hacer su voluntad. Lo uno y lo otro se reflejan en el sentido de confianza que tenemos frente a la vida, la fe, las otras personas y el contexto en general. Cuando nos enamoramos de Dios podemos decir con el salmista:
14 Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!
2. Plegaria de protección y liberación (Salmo 27:7-14)
2. Plegaria de protección y liberación (Salmo 27:7-14)
7 Oye, Señor, mi voz cuando a ti clamo; compadécete de mí y respóndeme. 8 El corazón me dice: «¡Busca su rostro!». Y yo, Señor, tu rostro busco. 9 No escondas de mí tu rostro; no rechaces, en tu enojo, a este siervo tuyo, porque tú has sido mi ayuda. No me desampares ni me abandones, Dios de mi salvación. 10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me acogerá. 11 Guíame, Señor, por tu camino; dirígeme por la senda de rectitud, por causa de mis enemigos. 12 No me entregues al capricho de mis adversarios, pues contra mí se levantan testigos falsos que respiran violencia. 13 Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes. 14 Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!
La segunda parte de este salmo hace contraste con la primera mostrando otra realidad del salmista. En los versículos 7-12 se lee a una persona con muy pocos vestigios de esperanza. ¿En dónde quedó la persona que escribió los primeros versículos?
Al igual que la oración que aprendimos de Jesús en la Transfiguración, el Salmo 27 no idealiza un mundo perfecto. Enfrenta al ser humano a la realidad, al comienzo de está predicación nosotros hablamos acerca de la realidad que estamos viviendo. Cuando las cosas se ponen difíciles nuestras emociones cambian, incluso, podemos llegar a creer que Dios se ha apartado de nosotros.
La angustia del salmista es evidente, busca al Dios que es compasivo pero de quien siente que ha escondido su rostro. No obstante, la angustia del salmista le lleva a otra reflexión a lo largo de su oración: Solamente en Dios tenemos salvación y ayuda.
La angustia del salmista no se fundamenta en la perdida de las batallas. La lógica de su angustia está en el riesgo de no lograr enfrentar a los sistemas corruptos con la rectitud que debe marcar a los hijos de Dios. El Salmista ha manifestado el deseo de estar en la casa de Dios para enamorarse de Él y recibir Su orientación. Ahora, se enfrenta a adversarios que levantan falsos testigos y que actúan con violencia (v.12).
Estamos leyendo a una persona cuyo temor es defraudar al Dios del que se ha enamorando estando en su casa y de no seguir su consejo a causa de la presión de la injusticia. la angustia del salmista está basada en un fuerte fundamento ético:
11 Guíame, Señor, por tu camino; dirígeme por la senda de rectitud, por causa de mis enemigos.
Nosotros también vivimos bajo la presión de la injusticia, no solo por el momento actual, nos hemos visto enfrentados a decisiones religiosas, culturales, políticas en las que debemos mirar desde el consejo de amor de Dios y corremos el riesgo de desvanecer la ética del amor de Cristo a causa de nuestras propias pasiones e intereses. No obstante, en tiempos de angustia podemos animarnos unos a otros con las palabras del salmista:
14 Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!
Conclusiones
Conclusiones
El Salmo 27 deja ver un contraste entre la confianza y la angustia, sin embargo, deja ver que la angustia del Salmista está fundamentada en el riesgo de no seguir el consejo de Dios.
Nuestra vida depende de Dios y en Él debemos poner nuestra confianza. Para lograrlo debemos buscar tiempos en la presencia de Dios y enamorarnos de Él cada día.
En tiempos difíciles y de tribulación debemos volver a Dios para garantizar que nuestra mente este clara, que tengamos la luz de Dios para caminar en rectitud.
Finalmente, las palabras del último versículo debe alentar nuestra vida en todo tiempo para que podamos seguir adelante:
14 Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!
