Un Salvador para los hombres

Edgar Ismael Barajas Alvarez
Predicando Hebreos  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Dios nos ha hablado por el Hijo quien es heredero y Rey para siempre y nos ha salvado. Es Superior a los ángeles pues es honrado por Dios como heredero y tiene un mensaje superior al de ellos, por lo mismo una advertencia más severa a descuidar esta Salvación tan grande.

Notes
Transcript

Lectura Bíblica

Juan 1:14–18 NBLA
14 El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio* testimonio de Él y clamó: «Este era del que yo decía: “El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo”». 16 Pues de Su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. 17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer.

Un Salvador para los hombres

Hebreos 2:10–16 NBLA
10 Porque convenía que Aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos. 11 Porque tanto el que santifica como los que son santificados, son todos de un Padre; por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12 cuando dice: «Anunciaré Tu nombre a Mis hermanos, En medio de la congregación Te cantaré himnos». 13 Otra vez: «Yo en Él confiaré». Y otra vez: “Aquí estoy, Yo y los hijos que Dios Me ha dado». 14 Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, 15 y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. 16 Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham.

Introducción

En este capítulo 2 vemos que se habla de una advertencia a no descuidar “Una Salvación tan grande” con la advertencia de que no podremos escapar, porque nuestra condenación es grande y nuestro Salvador es aún más grande.
Este mismo Salvador tan grande, se humilló y se hizo carne (se hizo hombre) y como hombre (siendo inferior a los ángeles en poder y gloria) padeció la muerte por todos y con ello fue coronado de gloria y honor.

I. Un Salvador que se hizo hombre

Hebreos 2:10 NBLA
10 Porque convenía que Aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos.
Le convenía al Señor que Cristo padeciera para pagar con la muerte por los pecados de los hombres.
Cristo mismo lo dijo en Lucas 24.26
Lucas 24:26 NBLA
26 »¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en Su gloria?».
Esta profecía estaba desde los orígenes mismos de la humanidad (Gn 3.15)
Génesis 3:15 NBLA
15 »Pondré enemistad Entre tú y la mujer, Y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, Y tú lo herirás en el talón».
Este simiente de la mujer (semilla) es Cristo, nacido de mujer, nacido conforme a la Ley (Gal 4.4)
Gálatas 4:4 NBLA
4 Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,
Convenía al Señor someter a padecimientos a Su Siervo, Dios el Hijo, Salvador para consumar Su obra.
“Hacer perfecto” significa, en este sentido, capacitar a alguien para presentarse ante Dios, como los Sacerdotes que necesitaban purificación y completar ciertos requisitos.
en el caso de Cristo, no aplica la calificación, porque Él nunca ha dejado de ser perfecto, sino más bien, como clamó desde la cruz: “Consumado es”
Completo está; en referencia a la obra que se le encomendó en la tierra y en todo sentido vivió en carne propia lo que merecían sus hermanos por quienes murió y se convirtió en el Capitán de Su Salvación.
Simon Kistemaker - Comentario de Hebreos 3. Jesús y sus hermanos (2:10–13)

Jesús quitó los pecados de su pueblo que estaban ante la presencia de Dios y así, por medio del sacrificio de su muerte en al cruz consagró a los “muchos hijos”.

La perfección de Jesús apunta, por ende, a la obra de salvación que él efectuó a favor de su pueblo.

Isaías 53:10–12 NBLA
10 Pero quiso el Señor Quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento. Cuando Él se entregue a Sí mismo como ofrenda de expiación, Verá a Su descendencia, Prolongará Sus días, Y la voluntad del Señor en Su mano prosperará. 11 Debido a la angustia de Su alma, Él lo verá y quedará satisfecho. Por Su conocimiento, el Justo, Mi Siervo, justificará a muchos, Y cargará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, Yo le daré parte con los grandes Y con los fuertes repartirá despojos, Porque derramó Su alma hasta la muerte Y con los transgresores fue contado; Llevó el pecado de muchos, E intercedió por los transgresores.
Jesús mismo le rinde cuentas a Su Padre sobre la obra que le encomendó hacer.
Juan 17:4 NBLA
4 »Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera.
John MacArthur comenta:
Hebreos y Santiago EL ALCANCE DE SU HUMILLACIÓN

Cristo fue superior a los ángeles en todo sentido, pero se puso tan por debajo de los ángeles que hizo algo que ellos nunca podrían hacer. “morir” Su muerte no fue fácil ni gratuita. Fue con gran sufrimiento.

La muerte que gustó fue la maldición del pecado. Lo que Jesús sintió mientras moría en la cruz fue la agonía total de todas las almas juntas en el infierno por toda la eternidad, sufrida en unas pocas horas. Todo el castigo por todo el pecado de todos los tiempos;

II. Un Salvador que se hizo nuestro hermano

Hebreos 2:11 NBLA
11 Porque tanto el que santifica como los que son santificados, son todos de un Padre; por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos,
El Salvador, Cristo Jesús, les dio el derecho de que sean hechos “hijos de un mismo Padre” - Dios.
Él mismo no se avergüenza de llamarlos hermanos.
Lucas 8:20–21 NBLA
20 «Tu madre y Tus hermanos están afuera y te quieren ver», le avisaron. 21 Pero Él les respondió: «Mi madre y Mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacen».
Mateo 25:40 NBLA
40 »El Rey les responderá: “En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”.
Jesús cuando estuvo en la tierra guardó a sus discípulos, (Juan 17.12-15)
Juan 17:12–15 NBLA
12 »Cuando Yo estaba con ellos, los guardaba en Tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. 13 »Pero ahora voy a Ti; y hablo esto en el mundo para que tengan Mi gozo completo en sí mismos. 14 »Yo les he dado Tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. 15 »No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno.
Jesús los consideró hermanos, hijos de Su propio Padre, y coherederos con Él.
Él también les va a preparar una casa a a donde pueda llevarlos en Su Reino (Juan 14.3)
Juan 14:3 NBLA
3 »Y si me voy y les preparo un lugar, vendré otra vez y los tomaré adonde Yo voy; para que donde Yo esté, allí estén ustedes también.
Él es Santo, los santifica y sus hermanos son hechos participantes de Su santidad para ser aceptados por el Padre, en Su Santa Presencia.
Jesús no se avergüenza de presentarse ante el Señor en nombre de sus hermanos, para limpiarlos de sus pecados y llevar a cabo el proceso de la santificación que dura toda la vida del creyente.
Sigue diciendo el pasaje:
Hebreos 2:12–13 NBLA
12 cuando dice: «Anunciaré Tu nombre a Mis hermanos, En medio de la congregación Te cantaré himnos». 13 Otra vez: «Yo en Él confiaré». Y otra vez: “Aquí estoy, Yo y los hijos que Dios Me ha dado».
Basado en textos de los salmos de David y de Isaías, el autor de Hebreos coloca estos pasajes para apoyar su sermón en la Palabra de Dios.

III. Un Salvador que nos libra de la muerte

Hebreos 2:14–16 NBLA
14 Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, 15 y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida. 16 Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham.
Nuestro Salvador, tenía que ser como los hijos que Él salvó, si ellos son de carne y sangre, Él se hizo de esa misma naturaleza, para que como representante de los hombres (siendo Hombre) pudiera anular el poder que el Príncipe de las tinieblas tenía por causa de la muerte y la condenación de todos los hombres.
Simon Kistemaker - Comentario de Hebreos 4. Jesús y sus hermanos (2:14–18)

El resultado de la muerte de Cristo es doble: él triunfó sobre Satanás y liberó a su pueblo del temor a la muerte.

Satanás deseaba la destrucción de la creación de Dios en general, y la del hombre en particular. Después de la caída, Satanás tuvo el poder de la muerte sobre Adán y sus descendientes, y utilizó la muerte como arma contra ellos. Tenía el privilegio de venir ante Dios en el cielo para acusar a los creyentes (véase

Zacarías 3:1–2 NBLA
1 Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del Señor; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo. 2 Y el ángel del Señor dijo a Satanás: «El Señor te reprenda, Satanás. Repréndate el Señor que ha escogido a Jerusalén. ¿No es este un tizón arrebatado del fuego?».
Simon Kistemaker - Comentario de Hebreos 4. Jesús y sus hermanos (2:14–18)

El había sido asesino desde el principio (

Lo vemos también con Job, acusándolo y buscando su vida con tal de destruirlo en todos los sentidos, incluso buscaba que Job maldijera a Dios.
Jesús, una vez y para siempre derrota a Satanás pisando su cabeza (como estaba profetizado) lo aplasta y aunque Satanás lanzó su mordida en el calcañar hacia Jesús, quien murió por causa de los pecados que estaba cargando, derrotó a Satanás y a la muerte misma, pues se levantó al tercer día.
Cristo es un Salvador para los hombres.
Él no salvó a los ángeles que pecaron, entre ellos Satanás, para Él no es la ayuda.
Solo es de beneficio los hombres, aunque son menores a los ángeles.
Es un misterio lo que tenemos aquí, no se nos ha revelado por qué Dios no salvó a los ángeles que pecaron, pero lo que sí vemos es que a los hombres sí los ha querido salvar.
¿Lo merecemos? No
¿Dios es injusto? Tampoco
La misericordia no se merece, Dios la otorga a quien Él quiere, por Su gracia.
En este caso vemos que los hombres son objetos de la misericordia de Dios, por lo que rogamos:
¡Vengan a Cristo!
¡Vengan a la cruz!
Pues allí está el Salvador para los hombres, quien se hizo hombre, y quien derrotó a la muerte y a Satanás para librar a los hombres a quienes llama hermanos.
Bendiciones.
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