No Hay Condenación

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Introducción

Después de terminar mi primer año en la universidad, en ese mismo día, me reuní con un amigo del colegio. Nos sentamos en su casa, nos gozamos, y bebimos una botella de vodka entre los dos en menos de una hora. Terminamos y me fui a casa. En camino, manejando mi camioneta, de repente, me pegaron los efectos del alcohol. Estaba completamente borracho. Tanto que choqué contra otro carro, y poco después me desmayé. Me acuerdo muy poco del proceso pero me desperté en la cárcel. Me arrestaron y colocaron en una celda. Me dijeron que podía llamar a alguien. Empecé por un conocido. No me contestó. Otro. Lo mismo. Otro. Nadie me contestaba. Por fin, llamé a mis padres. Ellos tampoco me contestaron. Pensé, parece que me quedo aquí. Mirando a los a mi alrededor, eran borrachos, indigentes, y viciosos entre otros condenados. Con una última llamada, alguien me contestó, y en pocas horas vinieron a ayudarme y fui liberado.
Aunque eso fue una experiencia mala por una estupidez que hice, me enseñó una lección importante. Cuando uno esta condenado esta indefenso. No puede hacer nada. Y los condenados están encarcelados porque quebrantaban la ley. No merecen ninguna misericordia. Lo que merecen es la justicia. Pero si alguien, solo uno, podría venir a ayudarle en su desesperación, ese podría hacer toda la diferencia. Ese podría darle la liberación.
Y, así es uno como ser humano, perdido en su pecado, delante de Dios. Es condenado, estancado, y sin esperanza.
Si un pensamiento maligno, una palabra perversa, una mala acción, merecen la condenación eterna, ¡cuántos infiernos, amigos míos, merecemos cada uno de nosotros, que a lo largo de toda nuestra vida nos hemos rebelado continuamente contra Dios!
George Whitefield (Evangelista metodista)
Pero, gracias a Dios. Si ese pecador clama a él en medio de su enredo espiritual creyendo en Jesús, será liberado de una manera que nunca supo que fuera posible.
Lucas 11:9 RVG
9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Hechos de los Apóstoles 2:21 RVG
21 Y sucederá que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
Romanos 10:13 RVG
13 Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Desarrollo

Después de que Pablo ha pasado los primeros capítulos de la carta explicando el problema de la humanidad con el pecado, la insuficiencia de la ley para salvar, y la solución proporcionada a través del sacrificio de Jesucristo. En Romanos 7, Pablo se debate en la lucha interna entre el deseo de hacer el bien y la realidad de la atracción del pecado. Y, ahora tenemos Romanos 8:1.

1 - Todo es Por Él

Romanos 8:1 RVG
1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Ahora, pues - No hay condenación porque el Hijo de Dios, Jesucristo, tomó nuestra condenación en la cruz del Calvario
La ley es el estándar de Dios, nos muestra nuestra incapacidad de vivir bien delante de Dios en nuestra fuerza propia y nuestra tendencia constante de pecar.
El pecado es nuestro enemigo que nos recuerda de nuestra debilidad y las consecuencias de ella que terminan en la muerte física.
La muerte es el destino de todo ser humano, sea perdido o salvo. Nos asusta. Nos intimida. Y muchas veces nos guarda de hacer lo que correcto por temor.
Pero, Jesús enfrentó a los tres por nosotros. En toda su divinidad y poder, y los derrotó. Él lo hizo. Todo es por él.
1 Corintios 15:55–57 RVG
55 ¿Dónde está , oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

2 - Ninguna Condenación

Romanos 8:1 RVG
1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
ninguna condenación - “Condenación” se refiere aquí al veredicto de culpabilidad y al castigo que merece el pecado: la separación eterna de Dios.
Por la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo el creyente ya no esta bajo el juicio por sus pecados. Ya no enfrenta la penalidad por sus pecados.
Aunque nuestro pecado merece la justicia. Nuestra persona pecaminosa merece el castigo. Las llamas del infierno, la oscuridad y terror de aquel lugar, el aislamiento y desesperación que habrán allá, nos gritan, “¡No hay solución!”“¡No hay esperanza!” “¡No hay escapatoria!”
Pero, Dios les contesta, “No hay condenación.” El creyente es absuelto, justificado y liberado de las consecuencias del pecado.
Juan 5:24 RVG
24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

3 - Estamos en Él

Romanos 8:1 RVG
1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
en Cristo - Es un concepto fundamental en el cristianismo. La frase aparece 240 veces en la Biblia queriendo decirnos como creyentes que estamos bien, somos diferentes, estamos seguros.
Cuando creímos en Cristo, Dios por medio de una obra divina nos colocó “en [en su cuerpo] Cristo” (1 Cor 12:13). Antes estábamos perdidos, estábamos solos, estábamos destituidos. Ahora, estamos bien.
Por estar “en Cristo” somos hechos nuevos (2 Cor 5:17). El pasado se ha ido. El presente ha venido. Hay dos tipos de nuevo en la Biblia. Algo que apenas se hizo pero no es único. Y, algo que apenas se hizo y no hay nada parecido en el universo.
“En Cristo” somos hecho nuevos, originales y únicos. Y algo tan único tiene mucho valor. No hay nada igual. De hecho podríamos decir que no tiene precio. Y seguramente Dios no va a guardar seguro en sus manos por siempre.
Romanos 8:39 RVG
39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Conclusión

Mi experiencia personal de condenación tras un error necio me mostró la desesperación de estar atrapado, indefenso y sin merecer misericordia, por quebrantar la ley. Sin embargo, así como una sola persona respondió a mi última llamada y me liberó, la Escritura revela una verdad mayor: todos somos pecadores, justamente condenados ante Dios, pero en una sola persona llamada Cristo Jesús, encontramos la liberación de la condenación.
Como dice George Whitefield, merecemos innumerables infiernos por nuestra rebelión, pero gracias a Dios, al clamar a Jesús, somos liberados de una condenación inimaginable, pasando de la muerte a la vida eterna. Todo es por Él, y en Él estamos seguros para siempre.
Orar.
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