frente al rey 2

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no puedo vencer mi pecado?

Génesis 20:1–18 “De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar. Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara. Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido. Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente? ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto. Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos. Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras…”
En la famosa historia de Pedro negando a Jesús, podemos ver cómo incluso los más cercanos a Él fueron capaces de desmoronarse bajo presión. Esto me recuerda a una anécdota personal en la que, tras salir a cenar, me olvidé de mencionar que mi esposa había preparado un delicioso postre. Cuando la vi enojada, me acordé de Pedro y su negación, y entendí que a veces, simplemente debemos ser honestos con nuestros seres queridos, ¡y no olvidar reconocer sus esfuerzos!
Un famoso escritor una vez dijo que olvidar a tu esposa es como olvidar el nombre de tu mejor amigo. Recuerda, a veces el mayor error es simplemente no mencionar lo que ellos hacen por nosotros. Al igual que Pedro, que pasó de ser el líder de los apóstoles a uno que negó conocer a Jesús, muchas veces, en las pequeñas cosas cotidianas, podemos caer en el mismo error. Valoremos siempre a nuestras esposas, ¡no va a ser fácil estar en DEUDA con ellas!
Días atrás, escuché a un padre en un evento familiar decir que cuando él olvidaba el cumpleaños de su esposa, sufría más que cuando olvidaba su propio cumpleaños. Esto me recordó a Pedro, quien negó a Jesús en un momento crucial de su vida. Así como él, a veces caemos en el error de descuidar lo que más importa. Aprendamos a celebrar y valorar a nuestras esposas, porque su amor y apoyo son invaluables, ¡y quizás un poco de chocolate ayuda!
Cuando lees sobre las enseñanzas de Jesús, te das cuenta de que él nunca negó a aquellos que amaban. En una ocasión, una esposa le preguntó a su marido si él la seguiría amando sin importar lo que ocurriera. Respondiendo con una sonrisa: 'Te amaré, ¡incluso si me olvidas el aniversario!' Eso hizo que todos rieran, pero a la vez, nos recordó cuán importante es no olvidar la relación y apoyarse mutuamente como lo hicieron Pablo y Silas que, a pesar de sus desafíos, nunca se negaron uno al otro.
En muchas culturas, el olvido de la esposa es considerado una grave ofensa. ¡Imagínate a Pedro, un hombre que era conocido por su audacia, negando a Jesús! A veces, nos encontramos en situaciones similares donde olvidamos lo que es verdaderamente importante. Una anécdota divertida que escuché es sobre un hombre que olvidó el nombre de su esposa durante una cena. Todos se rieron, pero eso le enseñó a recordar que la relación debe ser siempre una prioridad, al igual que nuestra fe en Cristo.

Abraham se fue de Mamré. No se nos dice cuál fue el motivo de su traslado. Su pecado en negar a su esposa tuvo aquí dos agravantes: 1. Era reincidente en el mismo pecado, del cual ya había sido reprendido. Nótese que los buenos tienen la posibilidad, no sólo de caer en el pecado, sino de recaer en el mismo pecado, a causa del ataque imprevisto y de la fuerza con que la tentación puede asaltarnos, así como a causa de la debilidad de nuestra carne. 2. Sara estaba ahora encinta de Isaac, el hijo de la promesa. Por eso, debió haber tenido ahora un cuidado especial de ella (v.

Así comenzó todo (Génesis) Abraham y Abimelec 20:1–18

El capítulo veinte de Génesis es otro relato de la tendencia de Abraham a caer en la maldad debido a la presión. Salió de Mamre para plantar su tienda en Gerar, cuyo rey era Abimelec. Una vez más mintió acerca de Sara, diciendo que era su hermana. Aquí hay evidencia de que ambos participaron en la mentira (20:1–5).

Por eso, Abimelec la tomó por mujer, pero Dios vino al rey en sueños y le informó que había tomado la esposa de otro (20:3–5). Además le advirtió que si no la devolvía, moriría junto con todos los suyos. En 20:9–10 se narra el triste caso de un siervo de Dios siendo reprendido por un rey pagano. Abraham alega en su defensa algo que no es más que una simple excusa y finalmente ora por el monarca y Dios “sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos”

. Dios hace saber en sueños a Abimelec el peligro que corre (v. 3)—peligro de pecado—advirtiéndole que aquella mujer que ha tomado está casada. Con el pecado, va de la mano el peligro de muerte: Muerto eres. Si eres malo, de cierto que eres muerto.

II. Abimelec alega ignorancia de que fuesen otra cosa que hermanos (v. 6). Su corazón no le acusa (

La Fe en Tiempos de Temor

Gn 20:1-18

Este pasaje describe un episodio en la vida de Abraham, donde, temiendo por su vida debido a la belleza de su esposa Sara, la presenta como su hermana ante el rey Abimélec. Esto lleva a una serie de eventos que culminan en la intervención de Dios, protegiendo a Sara y confrontando a Abimélec.
En nuestra vida cotidiana, a menudo enfrentamos situaciones que generan temor e incertidumbre. Este pasaje nos recuerda que, a pesar de nuestras debilidades y decisiones cuestionables, Dios sigue siendo fiel y protege a aquellos que ama. Como cristianos, podemos confiar en que Dios tiene control, incluso cuando actuamos con temor.
El sermón enseña que la fe no es la ausencia de miedo, sino la decisión de confiar en Dios a pesar de él. Abraham, un hombre de fe, también cometió errores, lo que nos ilustra que la perfección no es un requisito para la fidelidad de Dios en nuestras vidas.
Este pasaje prefigura el amor y la fidelidad de Dios al proteger a Su pueblo y corregir sus caminos, un tema que culmina en Cristo, quien es nuestro salvador y protector, llevando a cabo la obra redentora para la humanidad a pesar de nuestras imperfecciones.
A pesar de nuestras debilidades y temores, la fidelidad de Dios nunca se disminuye, y podemos confiar en Su protección y guía en cada paso de nuestra vida.
Te sugiero que consultes Logos para profundizar en el contexto cultural y histórico de Génesis 20. Examina las implicaciones del concepto de 'hermana' en la antigüedad, así como las prácticas del rey Abimélec. También podría ser útil investigar la crítica textual relacionada con este pasaje, enfocando en cómo estas interacciones reflejan la naturaleza del miedo y la fe en la narrativa de Abraham.

1. Miedo y Decisiones Precipitadas

Gn 20:1-2
Podrías considerar cómo el miedo llevó a Abraham a tomar decisiones cuestionables, poniendo en riesgo a Sara. Sin embargo, este es un recordatorio de que incluso las personas de fe pueden luchar con temor y falta de confianza. Dios nos recuerda que Su fidelidad no depende de nuestras acciones perfectas, sino de Su amor por nosotros.

2. Intervención Divina Garantizada

Gn 20:3-7
Quizás, al leer sobre la intervención de Dios con Abimélec, puedas reflexionar sobre la promesa de protección divina. Dios actúa incluso en medio de nuestra incertidumbre, mostrando Su control sobre las situaciones más difíciles. Esto nos anima a confiar en Su plan y a no dejarnos dominar por el miedo.

3. Restauración a Través de la Fe

Gn 20:8-18
Tal vez, al ver la manera en que Abimélec y su casa son restaurados, se te recuerde que las acciones justas y el arrepentimiento traen reparación y bendición. Dios permanece fiel para restaurar lo que el miedo pudo haber destruido, enseñándonos que nuestra fe fortalecerá nuestro caminar diario.

Oró a Dios por él (vv. 17–18). Dios curó a María, cuando Moisés, al que ella había afrentado, oró por ella (

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