Salmos 119:17-24
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Versículos
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17 Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. 18 Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley. 19 Peregrino soy en la tierra, no escondas de mí tus mandamientos. 20 Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo. 21 Tú reprendes a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos. 22 Quita de mí el oprobio y el desprecio, porque yo guardo tus testimonios. 23 Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, tu siervo medita en tus estatutos. 24 También tus testimonios son mi deleite; ellos son mis consejeros.
Salmo 119:17 “17 Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra.”
v17. En primer lugar, entendemos que sin el favor de Dios, sin su beneplácito, bendiciones tanto espirituales o materiales, sin su cuidado, afecto, simplemente no podemos vivir. La referencia cruzada de la primera sentencia del versículo está relacionada con el Salmos 13:6 y Salmos 116:7, las cuales se refieren a cantar al Señor porque hemos sido colmado de bienes, asi como también volver al reposo (descanso) en el Señor por la misma razón. En la segunda sentencia observamos un para qué, en algunas biblias como la LBLA, Critica textual aparece como el por qué te pido esto. “Señor bendíceme, porque sino, no puedo vivir y guardar tu palabra”. En otra traducción como la RVR1960 no lo realiza necesariamente con un propósito, sino que suma peticiones a Dios, “Señor Bendícime, permíteme vivir y guardar tu palabra”. Creo particularmente que la traducción más fiel respecto al versículo se encuentra en la LBLA y Biblia textual.
El texto recalca que sin las bendiciones, gracia y bondades de Dios, es complejo vivir y aún más guardar su Palabra, los favores del Señor permiten un mejor cumplimiento a su Ley, Mandatos y Testimonios.
Salmo 119:18 “18 Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.”
v18. El salmista recalca la necesidad de que la revelación (galá) de Dios pueda ser entregada a él. “Abre mis ojos”, el autor reconoce el poder soberano de Dios para abrir los ojos de las personas, Dios es quien permite que podamos observar y entender las cosas espirituales. En particular, en este salmo, la solicitud es con el propósito de poder maravillarse (palá) de la ley (torah). Para poder maravillarnos de la ley de Dios, de su rectitud, de su poder, de la santidad, es menester pedir a Dios su revelación, sin ella quedamos ciegos e ignoramos la pureza de sus mandatos.
Salmo 119:19 “19 Peregrino soy en la tierra, no escondas de mí tus mandamientos.”
v19. La palabra peregrino significa extranjero, persona que mora en tierra ajena, el salmista comprende y entiende que su morada es temporal, el sabe que la vida humana es como el viento o la niebla, que pronto se desvanecera. Entiendo el limite de la vida humana, uno debe pedir a Dios que no esconda de nosotros sus mandamientos, su ley, sus estatus o su Palabra, ciertamente Dios puede limitar la entrega de su palabra y/o revelación al hombre, por eso es importante pedir que Dios no la encubra (esconda de nosotros).
Salmo 119:20 “20 Quebrantada está mi alma anhelando tus ordenanzas en todo tiempo.”
v20. Cuando dice quebrantada se refiere a estar triturado o algo disuelto, se entiende que el deseo del salmista por anhelar las ordenanzas de Dios trituran su ser interno, su alma, su vitalidad. La emoción comparativa de desear es abominar, es decir aborrecer de todo corazón, por ende, el deseo habla de una inclinación profunda, esta emoción es la que termina quebrantando el alma de la persona que desea las ordenanzas de DIOS. Ahora podríamos plantear la pregunta. ¿Es quebrantada por que cumplimos las ordenanzas? ¿Es quebrantada por que no cumplimos las ordenanzas?.
Salmo 119:21 “21 Tú reprendes a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.”
v21 Es importante entender que Dios reprende a su creación, también a sus enemigos. Salmos 68:30. Es curioso como agrega un concepto más fuerte para los soberbios declarando el verdedero estado de aquellas personas que tienen esta condición.
La soberbia o arrogancia, habla también de una persona presuntuosa, que dice cosas sobre sí que no son, que se gloría de si mismo. Por otra parte refuerza esta idea de soberbia con una persona maldíta, una persona aborrecida por Dios. Evidentemente este tipo de personas se desvían o directamente no cumplen la ley de Dios.
Salmo 119:22 “22 Quita de mí el oprobio y el desprecio, porque yo guardo tus testimonios.”
