Oracion Lucas 18:27

Edilerman A Molina
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Oración
Lucas 18:27 Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios
Aquí Lucas nos relata la historia, del Joven Rico que a la verdad quería impresionar a Jesucristo. V18diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios. 20Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.
21Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 22Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico Dijeron los que estaban allí 24¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! ¿Quién, pues, podrá ser salvo? allí les contesta Jesús 27: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
Debido a que el dinero representa poder, autoridad y éxito, a beses es difícil para la gente adinerada concientizarse de su necesidad y de su incapacidad para salvarse. El que tiene billet piensa que no necesita depender de nadie. Los ricos en talento o inteligencia sufren la misma dificultad. A menos que Dios penetre en sus vidas en sus corazones, estos por sí solas no irán a Él. Jesús sorprendió a algunos de sus oyentes al ofrecer salvación al pobre. Hoy en día quizás sorprenda a algunos ofrecérsela a los ricos. Es difícil para una persona autosuficiente aceptar su necesidad e ir a Jesús, pero «lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios».
Pedro y los otros discípulos tuvieron que pagar un alto precio al dejar sus hogares y trabajos para seguir al Señor. No obstante, Jesús le recordó a Pedro que seguirle tiene sus beneficios y también sacrificios. Cualquier creyente que haya tenido que dejar algo para seguir a Cristo tendrá recompensa en esta vida y en la venidera. Por ejemplo, si usted debe dejar un trabajo seguro, descubrirá que Dios le ofrece una relación más segura con Él ahora y siempre. Si sufre el rechazo de su familia, ganará el amor de la familia de Dios. Los discípulos comenzaron a pagar el precio de seguir a Cristo y Él les dijo que serían recompensados. No se fije en lo que ya dejó; piense en lo que ganó y dé gracias por ello. Nunca daremos más que Dios puede ofrecernos a nosotros.
Cuando usted combina lo que registran Mateo, Marcos y Lucas, descubre que este hombre era rico, joven y un dirigente, tal vez de alguna sinagoga. Era inusual que un joven tuviera tal posición, de modo que debe haber sido uno de los más ejemplares. Sin embargo, quería la salvación bajo sus términos, no en los del Señor; y Jesús no podía aceptarlo. Nadie se salva por guardar la ley (Gl 2.21; 3.21–24; Ro 3.20) o por convertirse en pobre y generoso. De esta manera el Señor quiso enfrentarlo a su pecado de codicia. Era cierto que externamente el joven había obedecido las leyes que Jesús mencionó en el versículo 20, pero se olvidó de «no codiciarás» (Éx 20.17; véanse Col 3.5; Ro 7.7, 8). Si codiciamos, ¡acabaremos quebrantando todos los demás mandamientos! Las palabras de nuestro Señor respecto a las riquezas asombraron a los doce, porque, como la mayoría de los judíos, también pensaban que las riquezas eran evidencia del favor de Dios. No es la posesión de riquezas lo que condena al alma, sino la confianza en las riquezas. Abraham fue un hombre muy rico, pero se salvó por su fe en la Palabra de Dios, no por la fe en su dinero (Gn 15.6). Un deseo de adquirir y confiar en las riquezas puede estorbar el crecimiento de la Palabra de Dios en el corazón (Mt 13.22), hacer que nos olvidemos de Dios (Dt 8.13, 14) y llevarnos a muchas clases de tentaciones y pecados (1 Ti 6.9, 10).
Edilerman A Molina 3/19/25
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