Cuaresma, camino de conversión

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Introducción

El tiempo cuaresmal nos invita a pensar y resignificar nuestra vida de fe. Las lecturas del evangelio durante la Cuaresma nos desafían al encuentro con Dios mientras que nos preparan para recordar el relato que es central de nuestra fe: El sacrificio de Cristo para nuestra salvación y su victoria sobre la muerte.
La Cuaresma se desarrolla en lugares significativos. La montaña, el lugar de oración ha sido el escenario que nos preparó para iniciar la Cuaresma con la Transfiguración, posteriormente el Evangelio nos ubicó en el desierto con el relato de la tentación de Jesús y ahora el relato se presenta en el camino.
La connotación del camino es importante porque se trata del camino de Jesús a Jerusalén, es decir, el camino al Calvario. Jesús está anunciando la liberación del ser humano, el amor de Dios, su perdón y todo esto lo hace en camino, consciente de su misión tras descender de la montaña de la oración.
En ese camino, se da un dialogo interesante entre Jesús y algunas personas que llegaron y relataron un suceso desagradable: Pilato había hecho matar a unos galileos y su sangre se había mezclado con la de los sacrificios que él estaba realizando. Este no era un evento agradable, no obstante, de allí Jesús extrae una profunda enseñanza.
Para comprender este pasaje, es importante tener en cuenta el contexto. En Lucas 12:54-59 Jesús exhorta a sus discípulos a leer los tiempos y prepararse en «el camino» mediante el arrepentimiento para la experimentar la reconciliación.
Luke 12:54–59 NVI
Luego añadió Jesús, dirigiéndose a la multitud: —Cuando ustedes ven que se levanta una nube en el occidente, enseguida dicen: “Va a llover” y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, dicen: “Va a hacer calor” y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben interpretar la apariencia de la tierra y del cielo. ¿Cómo es que no saben interpretar el tiempo actual? »¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo? Si tienes que ir con un adversario al magistrado, procura reconciliarte con él en el camino, no sea que te lleve por la fuerza ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.
En ese contexto temático, se desarrolla el dialogo sobre el cruel suceso que vivieron los galileos, es decir, que quienes contaron la historia a Jesús estarían procurando hacer su lectura de los tiempos. Jesús orientó la visión de la lectura de los tiempos, aclarando algunos aspectos sobre el mal y sentando las bases para la comprensión del concepto de arrepentimiento como punto fundamental para vivir en el camino del discipulado, lo que reflexionaremos en tres ideas:

1. Sucesos malos no son resultado de acciones malas.

Cuando Jesús escucha el comentario de sus interlocutores, deja claro que no hay relación entre lo que le sucedió a ellos y su forma de vida. Trae a la discusión otra situación: dieciocho personas que fueron aplastados por una torre en Siloé y asegura que estas personas no eran necesariamente «más pecadores» que todos los demás.
Los judíos pensaban, como muchas personas hoy en día, que los sucesos malos eran castigo de Dios y consecuencia de la maldad del ser humano, es decir, de su pecado. Es justamente la desconexión que Jesús hace. Cuando hay tragedias, desastres naturales y actos violentos, sufren muchas personas inocentes.
Por ejemplo, el 27 de marzo del 2023, seis personas murieron en un tiroteo en una escuela de una iglesia presbiteriana en Nashville, de las seis personas, tres eran niños de nueve años y tres adultos que trabajaban para la escuela. Este es un evento desastroso que, como otros en nuestro país, costó la vida de personas inocentes.
Jesús rompe con ese vínculo de causa y efecto. La lectura de los tiempos no es una herramienta de juicio hacia el prójimo, sino de interiorización para la comprensión del llamado de Dios a una vida de constante arrepentimiento y crecimiento en la fe.

2. Arrepentimiento, eje central de la lectura de los tiempos.

Las palabras de Jesús apuntan ahora hacia la dirección correcta. La realidad es que la vida da giros repentinos, puede cambiar en cualquier momento. No sabemos cuando llegará la muerte o cuando va a ocurrir algún suceso desafortunado, y la unica manera de no perecer es mediante el arrepentimiento.
Ahora bien, la palabra griega que se usa para arrepentimiento es «μετανοέω» (metanoéo), que significa «pensar diferente o reconsiderar». El arrepentimiento consiste en reconsiderar nuestros pensamientos. La persona arrepentida piensa diferente porque se ha liberado de la culpa.
La persona arrepentida es aquella que ha mirado el camino de Jesús, ha comprendido su mensaje y cada día transforma su mente. Ese es el llamado que está haciendo Jesús. En otras palabras, la persona arrepentida es aquella que puede pensar desde el amor en un mundo donde se alimenta el odio, desde el perdón cuando se vive en el rencor, desde la esperanza cuando pareciera que es el fin de todo.
Los cristianos estamos llamado a vivir la experiencia del arrepentimiento y la conversión, no una vez, sino cada día. Debemos comprender que estamos a tiempo para amar, construir, hacer las cosas desde el corazón buscando el bien común, sirviendo al otro, siendo solidarios y hospitalarios. Todas estas cosas se logran entrando en la presencia de Dios, enamorándonos de Él y siguiendo su consejo.
Los sucesos desastrosos y crueles solamente sirven como punto de reflexión para hacernos entender que la muerte o la desgracia puede llegar a cualquier persona y en cualquier momento, y que la única forma de estar preparados para ello es mediante una relación con Dios que cambia nuestra forma de pensar y, en consecuencia, de actuar.
De otro lado, el arrepentimiento es la actitud que Dios espera de todos nosotros; una lectura de los tiempos implica reconocer la necesidad de aprovechar el tiempo que tenemos para ser transformados por Dios. Las lecturas sugieren que Dios da un tiempo extra al ser humano para que se arrepienta y dé frutos de ese arrepentimiento, en ese sentido, el arrepentimiento no es pura emoción, es transformación de vida, porque cuando cambia nuestra forma pensar, cambia la manera de ver las cosas y la forma como vivimos.
Jesús usa una parábola de un hombre que plantó una higuera en un viñedo, pero que no dio fruto. El dueño del viñedo decide cortarla, pero el viñador ruega por un plazo más de tiempo para que pueda ser tratada con la esperanza dé que de fruto. La lectura de Isaías hace el mismo llamado al arrepentimiento como un asunto urgente: Isaías 55:6–7 “Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano. Que abandone el malvado su camino y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar y de él recibirá compasión.”
Los dos textos tienen en común el tiempo: Dios, en su amor, prolonga el tiempo para que el ser humano se arrepienta, se reconcilie con Él y conozca Su generosidad, que se refleja en el perdón y la compasión. El tiempo que tenemos en esta tierra es valioso para acercarnos a Dios, para sostener una relación con Él, para cambiar nuestras formas de pensar y mirar, a la manera de Jesús, haciendo milagros, sirviendo al pobre, dignificando a la persona humana. El tiempo es el bien más preciado y por eso Jesús nos llama a arrepentirnos.

3. El fruto del arrepentimiento.

Como ya se ha mencionado, el arrepentimiento tiene que ver con la manera en que vemos las cosas, el encuentro con Dios abre nuestro entendimiento para que podamos comprender que la obra de Jesús, desde su ministerio público hasta la resurrección, es enseñanza de vida, amor y servicio.
La experiencia del arrepentimiento redunda en la conversión. Quienes hemos vuelto nuestra mirada a Dios podemos comprender que Su amor alcanza para todos, que hay una vida en abundancia y que desde el amor se puede construir la comunidad.
La lectura de Isaías nos deja ver dos asuntos importantes en el desarrollo de nuestra conversión. En primer lugar, la gratuidad del amor de Dios que garantiza una vida digna para todos los seres humanos. El Señor está invitando a las personas a beber agua, a comprar y comer aun sin dinero. Esto puede ser extraño para nosotros porque estamos inmersos en una sociedad de consumo en donde el ser humano vale por lo que tiene o por lo que gana. La iglesia misma clasifica a las personas por apariencia, posición, salario. Sin embargo, Dios mira a los que tienen menos posibilidades. A los pobres, los abandonados por el sistema, los que sufren la injusticia y hace su pacto con ellos y por ellos. Dios es el que engrandece a los pequeños y humildes, es decir, aquellas personas que se han despojado de lo que son y de lo que tienen y optan por la mejor parte: una vida consagrada a Dios.
De otro lado, la lectura sugiere la fe como un fruto de la conversión, comprar sin dinero y sin pago implica comprender que Dios hace por nosotros. Es Dios mismo el que tiene la capacidad de dotarnos de todo lo que necesitamos para seguir adelante en el camino de la fe y del amor porque Sus pensamientos no son como los nuestros. Nuestros pensamientos son limitados, mezquinos y egoístas, pero los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros, en nuestra finitud pensamos que no podemos hacer las cosas, que no somos dignos o simplemente que otros no lo merecen porque a nosotros no nos ha tocado, sin embargo, los pensamientos de Dios son puro amor y bondad, son compasivos y están libres de los prejuicios que los seres humanos nos armamos.
Vivir una vida de arrepentimiento implica pensar el bien porque Dios nos ha dado las herramientas para construirlo y porque Su propósito con nosotros es justamente la vida abundante. Necesitamos tomar conciencia de nuestro vida de fe para disfrutar con otros la bendición de ser hechos hijos de Dios.
Hoy tenemos la oportunidad de pensar qué estamos haciendo con nuestra vida de fe, con nuestra conversión y qué tanto estamos llevando una vida de arrepentimiento.

Conclusión

Arrepentimiento no es remordimiento, es un camino de vida en el que nuestro pensamiento es transformado por medio de la obra de Dios, del ejemplo de Cristo y de nuestra propia reflexión.
Las cosas malas no son un castigo divino, si bien muchas de las cosas que le pueden suceder al ser humano pueden ser consecuencia de sus malas decisiones, Jesús invita a desconectar la relación causa efecto de los suceso malos con acciones malas.
Vivir una vida de arrepentimiento implica mirarnos en nuestro proceso de transformación, aprovechar el tiempo y no descuidar nuestra relación con Dios, adicionalmente, comprender la gratuidad del amor de Dios; un amor que es desbordante y generoso que vale la pena seguir y aplicar en nuestras vidas.

Referencia

https://protestantedigital.com/internacional/66310/seis-muertos-en-un-ataque-a-una-escuela-presbiteriana-en-nashville
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