El casi 13 apóstol

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Notes
Transcript

Introducción

Estaba estudiando esta conversación de Jesús y vino una frase a mi mente
¿Te suena la frase: “Voy a hacerle una oferta que no podrá rechazar”?
Es de El Padrino, una de las películas más icónicas del cine.
Y mientras pensaba en eso, me hice una pregunta muy personal…
¿Por qué soy cristiano? ¿Por qué soy pastor?
¿Es que no me quedó otra opción?
¿No hay algo “mejor” o más rentable que podría estar haciendo con mi vida?
La verdad es que, justo dos meses antes de entrar al ministerio, una amiga muy cercana me hizo una oferta que, humanamente hablando, podía cambiarme la vida.
Una oportunidad profesional que parecía irresistible.
Y la rechacé.
Hoy estoy aquí, hablándoles.
Pero a veces me pregunto: ¿Y si la hubiera aceptado?
Quizá tendría muchas de las cosas que hoy me faltan…
Pero también me faltarían todas las cosas que hoy tengo, y que relamente valen la pena.
Y es que así es la vida: está llena de decisiones que se sienten como ofertas irrechazables.
Momentos en que tenemos que elegir.
Poner en la balanza lo que ganaríamos… y lo que perderíamos.
Lo seguro… y lo eterno.
Porque en esta vida, casi nunca hay ganancia total.
Siempre que eliges algo, estás dejando otra cosa atrás.
Pero… ¿y si la decisión que tienes que tomar no solo afecta esta vida?
¿Y si lo que está en juego es algo más grande… eterno… definitivo?
En Mateo 19:16-30; Marcos 10:17-31 y Lucas 18:18-30 , Jesús le hizo una oferta a un joven rico.
Una oferta que nadie en su sano juicio debería haber rechazado.
Y sin embargo… lo hizo.
“Una oferta tan grande… que pudo haber convertido a un joven rico en el ‘casi décimo tercer apóstol’. Pero eligió sus riquezas… y se fue triste.”
Hoy vamos a hablar de una historia real, una invitación divina
Una oferta que todavía está vigente
Y la gran pregunta es:
¿Qué harías tú si Jesús te hiciera esa misma oferta… hoy?

Contextualización

Hasta antes de este evento, Jesús ya está en camino a cumplir el propósito de su vida: morir en Jerusalén. Su mirada está puesta en la cruz, y en el camino enseña, confronta y forma a sus discípulos con verdades profundas del Reino.
Hay un par de eventos muy importantes que ocurren justo antes del encuentro con el joven rico.
Primero, la enseñanza sobre el divorcio. Jesús responde a quienes intentaban hacerlo caer en error, afirmando que el divorcio existe por la dureza del corazón humano, pero que el diseño de Dios para el matrimonio es perfecto y eterno.
Después viene la escena donde Jesús bendice a los niños, enseñando que el Reino de Dios se recibe como un niño: con humildad, gozo y fe sencilla. Jesús no solo los abraza, sino que los pone como ejemplo de cómo debe recibirse el evangelio.
Y justo después aparece el joven rico… alguien muy interesado en el evangelio, en la vida eterna, y en recibir el Reino de Dios. El momento no es casual: es una continuación del mismo tema, pero desde otro ángulo —el de alguien que no se comporta como un niño, sino como alguien atrapado en sus bienes.
Debo confesar que me costó elegir qué pasaje usar, porque esta historia aparece en los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas).
(Por cierto, se les llama “sinópticos” porque presentan las historias de Jesús de manera paralela o con una misma mirada. El evangelio de Juan, en cambio, tiene un estilo y enfoque completamente diferente.)
Por eso, me tomé el atrevimiento de unir los tres relatos en una sola narración con el deseo de ser fiel a todos los detalles individuales y colectivos que aparecen en cada versión. Así podemos tener una visión más completa del corazón de este joven… y del corazón de Jesús.

Narración Mateo 19:16–30, Marcos 10:17–31 y Lucas 18:18–30

Entonces vino uno, un joven principal, y le dijo a Jesús:
—Maestro bueno, ¿qué bien haré para heredar la vida eterna?
Jesús le respondió:
—¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino uno: Dios.
Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
Él preguntó:
—¿Cuáles?
Jesús respondió:
—No matarás, no cometerás adulterio, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El joven le dijo:
—Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
Jesús, mirándole, lo amó y le dijo:
—Una cosa te falta: si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; luego ven, sígueme, tomando tu cruz.
Al oír esto, el joven se fue muy triste y afligido, porque era muy rico y tenía muchas posesiones.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
—¡Cuán difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!
—¡Hijos! —repitió— ¡Cuán difícil es para los que confían en las riquezas entrar en el Reino de Dios!
Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el Reino de Dios.
Ellos, asombrados aún más, se decían entre sí:
—¿Quién, pues, podrá ser salvo?
Jesús, mirándolos, les dijo:
—Para los hombres es imposible, pero para Dios, todo es posible.
Entonces Pedro le dijo:
—He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué, pues, tendremos?
Jesús les dijo:
—De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y cualquiera que haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos o tierras por causa de mí y del evangelio, recibirá cien veces más ahora, en este tiempo (con persecuciones), y en el siglo venidero, la vida eterna.
Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.

Desarrollo

1. Una Pregunta Religiosa que Revela una Gran Necesidad

“Maestro bueno, ¿qué bien haré para heredar la vida eterna?” (Mateo 19:16)
Este hombre lo tenía todo: juventud (Mateo 19:20, 22), posición social (Lucas 18:18) como hombre principal, riqueza e influencia.
Y sin embargo, sabía que no tenía lo más importante: la vida eterna.
Sabía que nada de lo que poseía podía seguirlo después de la muerte.
Se acercó con reverencia, llamando a Jesús “Maestro bueno”.
Su pregunta revela su mentalidad religiosa: “¿Qué haré…?” —como si la vida eterna fuera un premio a ganar por mérito.
Jesús lo confronta con suavidad:
“¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios.” (Marcos 10:18)
Esto no es una negación de su divinidad, sino una prueba al corazón del joven:
“¿Sabes realmente quién soy, o solo usas palabras bonitas?”

2. Jesús Apunta al Corazón Usando la Ley

Jesús le recuerda los mandamientos del segundo bloque del Decálogo (relaciones humanas)
“Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.” (Marcos 10:19)
¿Por qué Jesús le menciona los mandamientos?
No porque cumpliéndolos se alcance la salvación, sino para conducirlo al reconocimiento de su pecado y necesidad.
Jesús le responde desde su propia lógica legalista: “¿Quieres heredar la vida eterna por tus méritos? Entonces mide tu vida con la vara de la Ley.”
Y el joven responde con seguridad:
“Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.” (Marcos 10:20)
El joven responde con seguridad: “Todo lo he guardado…”.
¡Eso es mucho decir! Pararse frente al Hijo de Dios y declarar que ha cumplido todos los mandamientos...
Es como decirle al que ve los corazones: “No tengo fallas”.
Humanamente eso suena digno de aplauso... o de manicomio.
Al ser confrontado con la Ley, en lugar de verse pecador, el joven se ve justo… y eso revela que ni siquiera entiende la profundidad de los mandamientos.
Por eso Jesús apunta al centro de su problema: su corazón amante de las riquezas, que le impide amar de verdad a Dios y al prójimo.

3. Un Llamado Radical al Discipulado

“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” (Marcos 10:21)
Pero Jesús no se burla de él ni lo reprende. Lo mira, lo ama... y lo confronta con lo que realmente falta.
En Mateo 19:21 usa la expresión “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes…
Le pide todo, mucho más que sus posesiones, porque su corazón está entregado a sus bienes.
Jesús le está diciendo: ‘Pierde todo lo terrenal que tienes entregándolo a los pobres, y conmigo ganarás todo lo espiritual que estás buscando’.
Escoge qué te satisface más lo que tienes o yo. Esta fue la manera de decirle: ‘Niégate a ti mismo, muere a lo tuyo… y sígueme’.
Esta fue una invitación real al discipulado: ¡una oportunidad única de seguir a Cristo!
¡Una oferta que no podía rechazar!
“¡Sígueme!” el mismo llamado que hizo a los demás apóstoles…
Pudo ser parte del círculo íntimo... ¡Pudo haber sido el  décimo tercer apóstol! pero eligió lo que tenía y se fue triste.
“Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” (Marcos 10:22)

4. Una Lección Difícil Sobre la Salvación y la Riqueza

Jesús, mirando alrededor, aprovechó la lección para enseñar a sus discípulos:
“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (Marcos 10:23) “Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Marcos 10:24) “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Marcos 10:25)
El problema no es ser rico, sino confiar en las riquezas.
En ese tiempo se creía que la riqueza era señal del favor de Dios.
Así que cuando Jesús dice que es difícil que un rico entre, los discípulos se escandalizan:
“¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (Marcos 10:26)
La lógica era clara: si ni los ricos —los bendecidos, los buenos, los generosos— pueden ser salvos… entonces nadie puede.
Y Jesús responde con la verdad más poderosa del texto:
“Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.” (Marcos 10:27)
Esta es la lección: “Nadie puede salvarse por sí mismo”.

5. Una Recompensa Prometida a los que Lo Dejan Todo

Pedro entonces dice, movido por sinceridad y fe:
“He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.” (Marcos 10:28)
Pedro habla por los discípulos: ellos renunciaron a todo.
Y Jesús le responde con una promesa doble que nos alcanza hoy: recompensa ahora (con persecuciones), y en la eternidad.
“De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.” (Marcos 10:29–30)
Jesús promete: Cien veces más ahora (en comunidad, cuidado, provisión), aunque con persecuciones
Sí, hay sacrificio. Sí, hay renuncia. Pero nunca hay pérdida cuando se trata de seguir a Cristo.
“Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” (Marcos 10:31)

Conclusiones Aplicativas

Para los Incrédulos (Identificación con el Joven Rico)

1. Puedes tenerlo todo… y aún así estar vacío.
La vida eterna no se compra ni se gana por méritos
Efesios 2:8–9 RVR60
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.
El joven rico representa a quienes creen que su moralidad o logros bastan para agradar a Dios.
Jesús te llama a rendirlo todo, porque solo en Él hay verdadera vida
Juan 14:6 RVR60
6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
2. Jesús no quiere una parte de tu vida… la quiere toda.
“Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”
Lucas 9:23 RVR60
23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
No sigas como el joven rico: no te vayas triste. Hoy puedes responder con fe.
3. Hoy es el día de la salvación.
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”
Hebreos 3:15 RVR60
15 entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

Para los Creyentes (Identificación con los Apóstoles)

1. Seguir a Cristo cuesta… pero vale la pena.
Jesús no promete comodidad, pero sí una recompensa mayor.
2 Corintios 4:17 RVR60
17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
“Cien veces más… con persecuciones”
Marcos 10:30 RVR60
30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
2. No midas tu fidelidad por lo que has dejado, sino por lo que estás ganando.
El llamado a seguir a Cristo sigue siendo radical. No te aferres a nada más.
3. Nunca olvides que la salvación es por gracia.
Aunque hayas dejado todo, eso no te hace más salvo. “Para Dios todo es posible”.
Marcos 10:27 RVR60
27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.
Vive en humildad, adoración y gratitud.

Ambos

Mateo 6:24 RVR60
24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Lucas 16:13 RVR60
13 Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Lucas 12:15 RVR60
15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Mateo 6:19–20 RVR60
19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

Preguntas Finales para Reflexión

¿Qué estás reteniendo que te impide seguir a Jesús con todo?
¿Te identificas más con el joven rico o con los discípulos?
¿Qué valoras más: lo que tienes… o a quién tienes?
“Hoy Jesús también te hace una oferta: una que no puedes rechazar.”
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