El Hombre De Doble Animo

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El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”
Silva Kittim
No siempre entendemos los propósitos de Dios y a menudo Satanás nos tienta a preguntar: «¿Se preocupa realmente Dios?» Aquí es donde viene la oración; podemos pedirle a nuestro Padre sabiduría y Él nos la dará. Pero no debemos ser de doble ánimo. La palabra sugiere vacilación, duda; literalmente significa «tener dos almas». Los creyentes de doble ánimo no son estables durante las pruebas. Sus emociones y decisiones fluctúan. En un minuto confían en Dios; al siguiente minuto dudan de Él. La fe en Dios durante las pruebas siempre guía a la estabilidad; véase 1 Pedro 5.10.
Warren Wiersbe
La falta de enfoque, visión y concentración a menudo son el resultado del doble ánimo e inestabilidad.
Wayde I. Goodall
El hombre de doble ánimo es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entra la fe y la incredulidad, pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Tal persona es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser.
Jack Williams Hayford, Jr.
La marcescencia es la retención de los órganos muertos de las plantas que normalmente se desprenden. Es la retención de las hojas muertas durante los meses de invierno. La vemos hoy en nuestros robles rojos shumard. Una hoja "marcescente" es aquella que se ha marchitado pero no caído (del latín marcescere, marchitarse, languidecer). Aún unida a una rama, una hoja marcescente parece estar viva, pero por dentro no se diferencia de otras hojas en el suelo.
En sentido figurado, una persona marcescente es alguien que se marchita; alguien que tiene apariencia de vida, pero no crece. Vivimos en un mundo de personas que languidecen, desanimadas, espiritualmente muertas. Y no hay nada que puedan hacer para cambiarlo por sí mismas. Como una hoja marcescente, lo único que cambiará su situación es la nueva vida del árbol.
A medida que el clima se calienta con la llegada de la primavera, las hojas marchitas que aún se adhieren a sus ramas pronto serán desplazadas por hojas nuevas que comienzan a crecer. Las hojas muertas y marchitas serán reemplazadas por las vivas y florecientes.
De la misma manera, sólo la vida de Jesucristo puede regenerar nueva vida dentro de nosotros.
“Si alguno está en Cristo, es una nueva creación; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)
Un viejo árbol en un campo comenzó a perder hojas debido a una severa sequía. Sin embargo, en lugar de rendirse, echó raíces más profundas en busca de agua. Con el tiempo, floreció nuevamente. Este árbol representa a aquellos que, cuando enfrentan dificultades, eligen profundizar su fe y sus fundamentos, tal como menciona Efesios 3:17, donde se nos invita a arraigarnos y cimentarnos en el amor de Cristo. La motivación nos renueva y nos hace más fuertes en tiempos difíciles.
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