Alégrense por un pecador convertido
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Cuarto domingo de Cuaresma
Leccionario de la Misa 30-3-2025: Cuarto domingo de Cuaresma
Lectura 1
Hoy es Domingo de Laetare, es un día para alegrarse. Si, dentro de la Cuaresma la Iglesia nos da un día para alegrarse un poco. ¿Y cuál es el motivo de esta alegría? Porque nos alegra recuperar algo o alguien que se había perdido, como nos recuerda las parábolas de Lucas hoy (tarea para casa: leer completo Lucas 15:1-32).
Los tres episodios mencionan la alegría en recuperar lo perdido. Pero vean que, las dos primeras parábolas son sobre un animal y sobre una moneda. Mientras que la tercera es sobre un ser humano perdido y encontrado y que era justo alegrarse.
Recuperar a un ser humano perdido es inmensamente mas grato a los ojos (de todos, espero) que recuperar un animal o una moneda. Llevado al extremo me canjearía el odio de los «perri-padres» o de aquel que perdió una «santarrosita» (los peruanos me entenderán).
Sin embargo, antes de la alegría del padre por recuperar al hijo ha ocurrido una conversión, la del hijo. Este se dió con la dura realidad de reconocerse como pecador. En otras ocasiones habrá de ser otras las persona que se encarguen de amonestarlos y llamarlos a la conversión, pero el resultado es el mismo: «convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado.»
¿Qué pensaría GK Chesterton sobre el hijo menor?:
El hijo pródigo, en su decisión de irse, representa esa libertad humana que Dios respeta, incluso cuando lleva al pecado. Pero lo que probablemente cautivaría a Chesterton es el momento de conversión del hijo: «Entraré en mí mismo» (Lucas 15:17, en algunas traducciones). Este acto de introspección, para Chesterton, es un triunfo de la razón y la humildad. En sus escritos, como en El hombre eterno, él celebra cómo el cristianismo honra la capacidad humana de reconocer el error y buscar la reconciliación, algo que ve encarnado en este hijo errante.
Así sea.
