Introducción a los Evangelios

Evangelios Una introducción   •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 75 views

Una clase de la Academia Biblica Raah

Notes
Transcript
1. El Origen del Pecado: La Caída en el Edén
La Escritura nos enseña claramente que Dios creó al hombre bueno, justo y santo, en perfecta comunión con Él. Génesis 1:31 afirma explícitamente:
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”
Sin embargo, la Biblia revela que esta condición original no se mantuvo intacta. La narrativa de Génesis 3 nos presenta la trágica historia de la caída, el momento en el que Adán, cabeza federal y representante de toda la humanidad, pecó al desobedecer directamente el mandato de Dios:
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).
Adán no actuaba solamente por sí mismo, sino como representante de toda la humanidad. Este concepto es crucial para entender por qué su pecado tuvo consecuencias tan devastadoras para toda la raza humana.
Implicaciones Teológicas y Pastorales:
Adán como cabeza federal: La idea del pacto de obras en la teología reformada subraya que Adán representaba a toda la humanidad delante de Dios. Su desobediencia no solo afectó su propia vida, sino la de toda su descendencia. El apóstol Pablo lo enseña claramente en Romanos 5:12:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”
Corrupción heredada: La caída de Adán transmitió a todos sus descendientes no solamente la culpa del primer pecado, sino una naturaleza corrupta y pecaminosa (Salmo 51:5). Todos nacemos ahora en una condición de pecado y alejamiento de Dios.
Consecuencias del pecado: El pecado afectó todas las áreas de la vida humana: espiritual, física, emocional, relacional y cósmica. La caída es la razón detrás de todo dolor, sufrimiento y muerte en el mundo.
2. La Naturaleza del Pecado: Rechazo y Rebelión Contra Dios
El pecado no es simplemente “equivocarse” o “cometer errores”. Bíblicamente, el pecado es definido como una transgresión activa de la ley divina (1 Juan 3:4), una rebelión contra la autoridad y santidad de Dios. Cada pecado es fundamentalmente un acto de desafío, una declaración de autonomía y autosuficiencia, rechazando a Dios como Rey legítimo de nuestras vidas.
Características del Pecado según la Escritura:
Desobediencia activa (Romanos 3:10-12): No existe un ser humano que busque a Dios naturalmente o que desee obedecerle plenamente por su propia cuenta.
Rebelión consciente (Romanos 1:21-23): La humanidad, habiendo conocido a Dios, decidió no glorificarlo ni darle gracias, cambiando su gloria por cosas creadas.
Corrupción profunda (Jeremías 17:9): El corazón humano es descrito como engañoso y perverso en extremo. Sin la intervención de la gracia divina, no existe posibilidad de reforma espiritual genuina.
Consecuencias de esta condición:
La separación absoluta de Dios (Isaías 59:2)
La imposibilidad humana para salvarse a sí misma (Romanos 8:7-8)
El justo juicio y la ira santa de Dios sobre el pecado (Romanos 1:18)
3. La Depravación Total: La Condición Espiritual del Hombre Caído
Una doctrina esencial que debe ser comprendida para apreciar plenamente la salvación es la depravación total. Este término no implica que todo ser humano sea tan malo como podría ser, sino que todas las facultades humanas han sido contaminadas y afectadas por el pecado. No existe un área de nuestra existencia que no esté afectada por esta condición.
La Confesión de Fe de Westminster (VI, 2) lo afirma claramente:
“Por este pecado [original], ellos [Adán y Eva] cayeron de su justicia original y de su comunión con Dios, y así quedaron muertos en pecado, y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo.”
Evidencia Bíblica de la Depravación Total:
Intelecto oscurecido: Efesios 4:18 describe al hombre natural como “entenebrecido en su entendimiento”, incapaz de comprender espiritualmente la verdad de Dios (1 Corintios 2:14).
Voluntad esclavizada: Jesús mismo afirma: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34).
Afectos desviados: En lugar de amar a Dios, el hombre caído es descrito como amador de sí mismo, amador del pecado y enemigo de Dios (Romanos 5:10).
4. La Incapacidad del Hombre para Salvarse a Sí Mismo
La consecuencia lógica de la depravación total es la incapacidad absoluta del hombre para cambiar su propia condición espiritual. Esta doctrina es fundamental porque nos humilla, mostrando la necesidad absoluta de un salvador externo, divino y poderoso.
Jeremías 13:23 expone esta realidad claramente:
“¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer el mal?”
Y Jesucristo reafirma esto al declarar:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).
Aplicación Pastoral:
Nos muestra nuestra necesidad absoluta de la gracia divina.
Nos mueve hacia una profunda humildad y dependencia del Salvador.
Nos enseña a confiar completamente en la obra soberana de Dios para nuestra salvación.
5. La Necesidad Absoluta de la Gracia Divina
El cuadro sombrío de nuestra condición caída nos lleva directamente a comprender la absoluta necesidad de la gracia. La gracia no es una ayuda adicional, sino el único remedio posible para el pecado. Esta gracia, lejos de ser algo que merecemos o que podemos alcanzar, es un regalo soberano e inmerecido de Dios.
Efesios 2:8-9 declara:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”
Conclusión parcial
Hasta este punto, hemos considerado la condición caída del ser humano como el trasfondo indispensable para apreciar el glorioso evangelio de la gracia. La Escritura es clara: nuestro problema no es superficial ni menor, sino radical y profundo. Nuestra situación es desesperada en nosotros mismos, y cualquier intento humano de autosalvación está destinado al fracaso.
Esta verdad no debe llevarnos a la desesperación, sino a una humilde expectación. Pues, precisamente ante este oscuro panorama, brilla con mayor fuerza y claridad la gloriosa luz de la gracia salvadora que Dios ha provisto en Jesucristo.
Ahora que hemos entendido el problema, estaremos mejor preparados para contemplar la solución maravillosa que Dios nos ha dado en Cristo.
6. La Gravedad de Nuestra Condición: Un Panorama Bíblico
Para profundizar en nuestro entendimiento de la necesidad urgente de la salvación, es esencial considerar cómo la Escritura presenta con contundencia la gravedad y las consecuencias universales del pecado humano. La Biblia no minimiza esta condición, ni la presenta de manera superficial. Al contrario, la Palabra de Dios nos confronta con realismo sobre lo que somos por naturaleza, apartados de Cristo.
A continuación, analizaremos en detalle algunos textos clave que ofrecen un diagnóstico amplio y claro de nuestra condición:
A. Muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1-3)
La Escritura define nuestra condición natural en términos drásticos y definitivos:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire… entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira.”
Aquí encontramos varias verdades fundamentales:
El ser humano está espiritualmente muerto; no simplemente enfermo o necesitado de ayuda, sino incapaz espiritualmente de reaccionar o de acercarse a Dios por sí mismo.
Nuestra vida antes de Cristo estaba dominada por influencias malignas, por la sociedad caída, y por nuestra carne corrupta.
Nuestra condición natural nos hacía merecedores justos de la ira de Dios.
Aplicación Pastoral:
Esta verdad humilla todo orgullo humano, mostrando que la salvación es enteramente una obra divina.
Nos impulsa a reconocer que sin la intervención directa y soberana de Dios no existe esperanza alguna.
Nos motiva a valorar profundamente la gracia divina que nos da vida espiritual.
B. Esclavos del pecado (Romanos 6:16-23)
La esclavitud espiritual es otra imagen fuerte que utiliza la Escritura para describir nuestra condición caída:
“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16).
Esta esclavitud significa:
Incapacidad para liberarse del pecado por medios humanos.
Un sometimiento constante al pecado que domina nuestro corazón y nuestra voluntad.
Una vida caracterizada por la obediencia natural a deseos y hábitos pecaminosos.
Aplicación Pastoral:
Nos ayuda a entender la necesidad absoluta del poder liberador de Cristo, quien rompe nuestras cadenas espirituales.
Nos llama a una dependencia diaria del poder del Espíritu Santo para vivir en libertad espiritual.
Nos impulsa hacia la santidad como evidencia clara de la verdadera liberación.
C. Enemistad con Dios (Romanos 8:7-8)
La Biblia también nos enseña que nuestra condición natural implica enemistad hacia Dios:
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.”
Aquí se resalta claramente:
Nuestra condición natural no es de indiferencia o neutralidad espiritual, sino abierta hostilidad hacia Dios y su autoridad.
Esta enemistad impide cualquier esfuerzo genuino de obediencia y sumisión a Dios fuera de su gracia.
La reconciliación, por lo tanto, no puede venir de nosotros, sino que debe ser una obra divina.
Aplicación Pastoral:
Nos revela la belleza de la reconciliación lograda por Cristo, ya que solo Él pudo transformar enemigos en hijos amados.
Nos recuerda la profundidad del amor de Dios, quien toma la iniciativa para reconciliarnos consigo mismo.
Nos llama a vivir vidas reconciliadas, reflejando la gracia que hemos recibido de Dios hacia otros.
7. La Justicia de Dios y la Condenación del Pecado
Para comprender plenamente la necesidad de la salvación, debemos entender la justicia y santidad de Dios frente al pecado humano. Dios es infinitamente justo, santo y perfecto, y por lo tanto, no puede pasar por alto la maldad y la rebelión humana sin comprometer su carácter.
Justicia divina: implicaciones bíblicas y teológicas
La ira justa de Dios (Romanos 1:18)
La Biblia nos presenta a Dios revelando activamente su ira contra toda injusticia y pecado humano:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres.”
La ira de Dios no es caprichosa ni irracional, sino justa, santa, y consecuente con su naturaleza perfecta.
La necesidad de expiación (Hebreos 9:22)
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.”
El pecado humano exige una respuesta adecuada: muerte, expiación, y reconciliación. Dios no puede simplemente olvidar el pecado; debe juzgarlo o expiarlo.
Aplicación Pastoral:
Nos lleva a apreciar profundamente la cruz de Cristo como el lugar donde la justicia y la misericordia de Dios se encuentran perfectamente.
Nos motiva a la evangelización, ya que comprendemos la urgencia de advertir a otros sobre el juicio venidero y la necesidad de reconciliación en Cristo.
Nos enseña que la justicia divina no compromete el amor de Dios, sino que lo manifiesta plenamente en Cristo.
8. La Gracia Redentora: La Única Esperanza del Hombre Caído
Habiendo comprendido la gravedad absoluta de nuestra condición caída, la Escritura también anuncia la esperanza maravillosa y exclusiva del evangelio: la gracia redentora que Dios ha provisto en Jesucristo. Esta gracia no es merecida ni alcanzable por esfuerzos humanos; es exclusivamente obra de Dios, otorgada gratuitamente a quienes Él salva.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:4-5).
Características de la Gracia Redentora:
Soberana: Dios es quien toma la iniciativa y decide salvarnos (Juan 1:13).
Inmerecida: No existe mérito humano que pueda provocar o justificar esta gracia (Tito 3:5).
Eficaz: La gracia de Dios no solo ofrece la salvación; la garantiza efectivamente para quienes son llamados (Romanos 8:30).
Transformadora: No solo nos perdona, sino que cambia radicalmente nuestra naturaleza, llevándonos del estado de muerte espiritual a vida eterna (2 Corintios 5:17).
Aplicación Pastoral:
Nos mueve hacia una profunda gratitud y adoración, reconociendo que la salvación es enteramente de Dios.
Nos asegura que nuestra salvación no depende de nosotros mismos, sino del poder y la fidelidad divina.
Nos llama a anunciar con fidelidad el mensaje del evangelio, proclamando esta gracia maravillosa al mundo.
Conclusión Final de la Sesión 1
En esta primera sesión hemos abordado en profundidad la doctrina del pecado y la gravedad de la condición caída del hombre, revelando claramente nuestra necesidad absoluta y desesperada de salvación divina. Comprendiendo esto, podemos verdaderamente apreciar la riqueza y la profundidad de la gracia redentora que Dios nos ofrece en Cristo.
Que esta realidad nos conduzca a la humildad, dependencia absoluta del Salvador, gratitud sincera y una pasión ferviente por proclamar la maravillosa salvación ofrecida en el evangelio.
En las siguientes sesiones, estudiaremos en detalle cómo esta gracia soberana actúa poderosamente en la salvación, redimiendo a pecadores y trayendo gloria eterna al nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Sesión 2: Elección y Predestinación: La Gracia Soberana de Dios

Luego de comprender la gravedad de nuestra condición espiritual, ahora dirigimos nuestra atención a una de las doctrinas más maravillosas, aunque también frecuentemente malentendidas y controversiales, de la Escritura: la doctrina bíblica de la elección incondicional. Esta doctrina no solo revela la grandeza soberana y la gracia infinita de Dios, sino que establece firmemente nuestra seguridad eterna en Cristo.
1. Definición y Alcance de la Elección
Comencemos estableciendo una definición clara de lo que entendemos por elección incondicional. La elección divina es aquella decisión eterna de Dios por la cual Él soberanamente escogió a un grupo específico de personas para ser objeto de su misericordia especial, salvarlos de sus pecados y llevarlos a la gloria eterna en Cristo Jesús. Este acto divino no depende de previsión alguna de fe o méritos humanos, sino exclusivamente de su propósito soberano, su amor eterno y su misericordia gratuita.
Romanos 8:29-30
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo… y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó.”
Algunos suelen interpretar la frase “a los que antes conoció” (proginosko en griego) como un simple pre-conocimiento o anticipación por parte de Dios de quiénes creerían en Cristo. Es decir, según ellos:
Dios mira hacia el futuro y ve quiénes responderán positivamente al evangelio.
Basado en ese conocimiento anticipado de la fe humana, entonces Dios predestina a esas personas a la salvación.
Sin embargo, el término bíblico “conocer” implica una elección amorosa, personal, y soberana.
Por ejemplo, la Biblia usa “conocer” en el sentido de elección soberana varias veces:
Amós 3:2:
“A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.”
Claramente Dios conoce (elige) a Israel de manera especial, íntima, y única.
Jeremías 1:5:
“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué…”
Este “conocer” implica una elección activa y soberana, no una simple previsión pasiva del futuro.
Mateo 7:23:
“Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí…”
Aquí, conocer implica una relación íntima y personal, no simplemente información o anticipación.
Ademas este verbo griego traducido como “conocer previamente” o “antes conoció” es προγινώσκω (proginosko). Este verbo tiene un uso bíblico especial cuando se refiere a Dios:
Conocer en términos relacionales y electivos:
Este verbo va más allá de la simple información previa; implica una relación establecida y determinada soberanamente por Dios.
Por ejemplo, 1 Pedro 1:20 dice sobre Cristo:
“ya destinado desde antes de la fundación del mundo…”
(La misma raíz “proginosko” está implícita: Cristo fue conocido previamente en sentido de ser destinado soberanamente).
En resumen, “proginosko” en contextos bíblicos relacionados con Dios, tiene una fuerte connotación electiva, relacional y soberana
Pero veamos ademas el contexto inmediato y general de Romanos 8:
Cadena inquebrantable de la salvación (v. 30):
“Predestinó → Llamó → Justificó → Glorificó.”
Esta cadena muestra claramente que Dios realiza cada etapa de manera soberana y sin fallo posible. No hay mención de condición o respuesta humana. Todo está centrado en la obra soberana de Dios.
El Propósito de Dios (v. 28):
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
El llamado eficaz fluye del propósito soberano de Dios, no de una previsión condicional.
Seguridad eterna del creyente (v. 31-39):
Pablo enfatiza que nuestra seguridad depende enteramente de Dios, no de nuestras decisiones o respuestas humanas:
“Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (v. 31)
“…ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios…” (v. 39)
Esta seguridad absoluta solo tiene sentido si la elección es incondicional y no depende de factores humanos cambiantes.
La Confesión de Westminster también afirma esta interpretación claramente:
“Por el decreto de Dios, para manifestación de su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados para vida eterna, y otros preordenados para muerte eterna… esta elección y predestinación es particular, gratuita e inmutable, siendo únicamente por el consejo de la libre voluntad de Dios.”
Según esta confesión histórica, la elección no está condicionada por el conocimiento anticipado de fe, sino por el decreto soberano e incondicional de Dios.
El carácter histórico-redentivo de la elección
La elección divina no es solo una doctrina abstracta o eterna desconectada de la realidad histórica. Al contrario, es parte central de la historia redentora del pueblo de Dios. Desde el comienzo hasta la consumación, la historia bíblica revela cómo Dios ejecuta su plan soberano de elección y salvación.
La elección en la historia del pacto
En cada etapa de la revelación redentora (Abraham, Moisés, David, el Nuevo Pacto), la elección divina es evidente:
Abraham: Llamado soberanamente para ser padre de un pueblo escogido (Génesis 12:1-3).
Moisés e Israel: Israel fue elegido por Dios no debido a méritos propios, sino únicamente por el amor soberano de Dios. El libro de Deuteronomio afirma con claridad esta realidad: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó…” (Deuteronomio 7:6-8).
David: Escogido soberanamente de entre sus hermanos para representar el reino eterno (1 Samuel 16:7-13).
La iglesia en el Nuevo Testamento: Escogida en Cristo desde la eternidad para manifestar la gloria de Dios (1 Pedro 2:9-10).
Cada uno de estos momentos históricos confirma la elección eterna de Dios y cómo esta se ejecuta infaliblemente en la historia.
El Nuevo Testamento afirma y aclara con aún más detalle la naturaleza incondicional de la elección divina.
Romanos 9:11-16: La elección no depende del mérito humano
“(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama)… De manera que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”
Aquí se establece claramente que:
La elección es anterior al nacimiento y a cualquier obra o acción humana.
El propósito divino es soberano y no depende del esfuerzo humano ni de la voluntad humana, sino únicamente de la misericordia divina.
Hechos 13:48: La fe como consecuencia de la elección
“Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.”
Este texto indica claramente que la fe no es la causa sino el resultado directo de la elección divina.
2 Tesalonicenses 2:13-14: La elección conduce a la salvación y a la santificación
“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros… de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.”
Este pasaje muestra el propósito transformador de la elección: la salvación incluye necesariamente la santificación y la fe que Dios mismo concede como fruto de esta elección eterna.
Implicaciones Teológicas
Dios es completamente soberano: Nada puede frustrar Su plan eterno de salvación.
La salvación es por gracia solamente: No hay lugar para orgullo humano ni mérito personal en nuestra redención.
La seguridad eterna del creyente: Nuestra salvación depende únicamente del poder y la fidelidad de Dios, no de nuestras obras.
3. Objeciones Comunes y Respuestas Bíblicas
La doctrina de la elección y predestinación es frecuentemente malentendida o resistida debido a su aparente conflicto con la responsabilidad humana o la justicia divina. Analizaremos las objeciones más comunes y ofreceremos respuestas bíblicas sólidas.
Objeción 1: “La elección hace injusto a Dios”
Respuesta Bíblica:
Romanos 9:14-16
“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera… Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”
La elección enfatiza la misericordia inmerecida de Dios, no la injusticia. La justicia demandaría condenar a todos; la misericordia salva a algunos, aunque ninguno lo merezca.
Dios es justo al mostrar misericordia a quien quiere (Romanos 9:14-15). La justicia divina no exige que Dios salve a todos, ya que todos justamente merecen condenación (Romanos 3:23).
Objeción 2: “La elección elimina la responsabilidad humana”
Respuesta Bíblica:
Hechos 2:23
“A éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.”
La Escritura enseña que Dios determina soberanamente todos los eventos, pero simultáneamente afirma la responsabilidad plena del ser humano. Ambas verdades coexisten en la revelación bíblica sin contradicción.
Aplicación Pastoral:
Nos recuerda que debemos proclamar con fidelidad la soberanía de Dios junto con el llamado al arrepentimiento y fe.
Nos lleva a humildad, reconociendo que nuestra salvación depende enteramente de Dios.
Objeción 3 : “La elección desmotiva la evangelización”
Al contrario, la elección garantiza el éxito de la evangelización. Dios ha decretado no solo quién será salvo, sino también cómo serán salvos: por medio de la predicación del evangelio. Por ello, el apóstol Pablo, consciente de esta elección, evangelizaba con pasión (2 Timoteo 2:10).
4. Propósito de la Elección: Para Alabanza de Su Gloria
La elección incondicional tiene un propósito supremo y eterno: la gloria de Dios. Dios ha escogido salvar de esta manera precisamente porque exalta su gracia soberana y su misericordia infinita. La elección elimina toda gloria humana y pone todo énfasis en la grandeza divina:
“para que nadie se jacte en su presencia… el que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:29-31).
La doctrina de la elección afirma claramente que la salvación es “del Señor” (Jonás 2:9) y solo a Él corresponde toda la gloria.
Efesios 1:11-12
“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria.”
La elección no es para satisfacer deseos humanos, sino para revelar la gloria suprema de Dios en Su misericordia y gracia redentora.
Cristo como Centro de la Elección
Cuando profundizamos en la doctrina bíblica de la elección incondicional, descubrimos que no es una doctrina fría o abstracta. Al contrario, es profundamente personal, cristocéntrica y pactal. Dios no simplemente eligió individuos aislados; eligió a su pueblo específicamente en y a través de Cristo, quien es el verdadero fundamento y garantía de toda la salvación.
Efesios 1:4 nuevamente: “en Cristo”
El énfasis bíblico es contundente: la elección divina se realiza en Cristo. Pablo declara:
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo…” (Efesios 1:4).
La elección es siempre en Cristo, nunca separada de Él. Esto significa que la gracia de la elección se manifiesta únicamente a través de la obra mediadora del Señor Jesucristo. Él es el medio soberano e inmutable mediante el cual Dios lleva a cabo su propósito eterno de gracia.
Cristo como Mediador del Pacto de Gracia
En nuestro módulo anterior (Cristología), estudiamos cómo Cristo fue designado Fiador del pacto eterno de redención. Ahora entendemos con más claridad que la elección divina y el pacto de gracia están inseparablemente ligados. Dios Padre otorgó al Hijo un pueblo específico para que lo redimiera:
“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” (Juan 6:37)
Esta entrega previa es evidencia clara de que la elección precede y asegura la salvación personal, no basada en la voluntad humana, sino en la obra soberana de Dios.
Cristo como garantía eterna de la elección
Cristo no solo es el canal por medio del cual Dios manifiesta su gracia electiva, sino también el Fiador que garantiza que esta elección llegue a cumplimiento total y definitivo. Su sangre derramada y su justicia perfecta no pueden fracasar ni dejar incompleta la obra que Dios decretó desde la eternidad.
“Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:28)
Esta garantía absoluta de Cristo como mediador es la base más firme sobre la cual descansa la doctrina de la elección incondicional.
La elección y el llamado eficaz
Otra realidad esencial para comprender la doctrina de la elección es cómo ésta se conecta con el llamado eficaz. Dios no solo escoge quién será salvo; también establece el medio por el cual los elegidos vendrán a Cristo: la obra soberana y eficaz del Espíritu Santo en el llamado interno e irresistible del evangelio.
Romanos 8:30: La conexión entre elección y llamado
“Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.”
Aquí vemos claramente:
Dios garantiza que todos los elegidos serán llamados eficazmente.
Este llamado divino es irresistible, llevando a los escogidos a Cristo infaliblemente.
Este llamado eficaz produce fe genuina y arrepentimiento verdadero, obrando una respuesta inmediata y positiva al evangelio (Hechos 16:14).
La elección eterna garantiza y asegura este llamado divino. Es por ello que la doctrina de la elección es inseparable del llamado eficaz.
La Elección y la Humildad del Creyente
Comprender correctamente la elección produce una humildad profunda y auténtica en los creyentes. La elección descarta toda forma de orgullo o mérito personal, llevándonos a depender completamente de Dios.
1 Corintios 1:27-29
“Sino que lo necio del mundo escogió Dios… para que ninguna carne se jacte en su presencia.”
Esta doctrina enfatiza la gracia pura, soberana e inmerecida, recordándonos nuestra incapacidad absoluta y la dependencia de Dios para nuestra salvación.
Aplicación Pastoral:
Debemos vivir diariamente con gratitud y humildad, sabiendo que nuestra salvación no proviene de nosotros, sino del Dios que nos escogió.
Nos motiva a tratar a otros con gracia y compasión, conscientes de que somos receptores inmerecidos del favor divino.
Conclusión de la Sesión 2
En esta sesión hemos considerado en profundidad la doctrina bíblica de la elección y predestinación, reconociendo que nuestra salvación es totalmente dependiente del propósito soberano de Dios. Esta verdad debe llevarnos a la adoración humilde y gozosa, al servicio generoso a otros y a vivir vidas centradas en la gloria de Dios.
Al contemplar esta gracia incomparable, nuestros corazones deberían responder con la misma exclamación que Pablo al considerar estos misterios profundos de Dios:
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:33-36)
En las siguientes sesiones, veremos cómo este propósito eterno de Dios se lleva a cabo en la historia, a través del llamamiento eficaz, la regeneración, la justificación, la adopción, la santificación y, finalmente, la glorificación. Que el Señor siga obrando en nosotros y nos permita vivir plenamente esta maravillosa doctrina para Su gloria.
—-\

Sesión 3: La Justificación por la Fe y la Imputación de la Justicia de Cristo

La doctrina de la justificación por la fe sola es el corazón del evangelio y el fundamento sobre el cual descansa la seguridad del creyente. No es una doctrina secundaria ni meramente una distinción académica entre sistemas teológicos; es la verdad sobre la cual se edifica la salvación del pueblo de Dios. Sin embargo, esta doctrina ha sido atacada a lo largo de la historia de la iglesia, desde la controversia con Roma hasta las tendencias modernas que intentan redefinir la justificación bajo la influencia de la “Nueva Perspectiva sobre Pablo”. En esta sesión, exploraremos la naturaleza de la justificación, su relación con la imputación de la justicia de Cristo y su fundamento en el pacto de Dios revelado desde el Antiguo Testamento.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.