Los Sirios retan a Dios
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· 111 viewsDios advierte a Israel sobre el castigo enviando a Siria, pero los defiende para mostrar su misericordia y oportunidad.
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Los Sirios retan a Dios
Los Sirios retan a Dios
1º Reyes 20:23–25 (RVR60)
23Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos. 24Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos. 25Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así.
1º Reyes 20:28 (RVR60)
28Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová.
Introducción
Introducción
Ben-adad rey de Siria acompañado del ejército de 32 reyes, un año atrás había subido contra Israel para conquistarlo.
Dios peleó por Israel y Acab y el ejército de Israel los vencieron. Sin embargo, el rey Ben-adad logró huir.
El profeta advierte a Acab prepararse porque vendrá su enemigo nuevamente al cabo de un año: 1º Reyes 20:22 “Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.”
Esta advertencia debía servir para que Acab abandonara sus caminos de pecado y se volviera al Señor, pues le estaba advirtiendo la desgracia que vendría.
dioses de las montañas
dioses de las montañas
1º Reyes 20:23 “Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.”
Los sirios no se explicaban como Israel los había derrotado si ellos tenían toda la ventaja militar, la única explicación era que los “dioses de Israel” dominaban sobre los montes.
Los paganos adoraban muchos dioses y les atribuían poderes específicos: la lluvia, del fuego, del desierto, de la montaña, etc., por eso no entendía que Jehová el Dios de Israel es uno solo y que tiene poder sobre todo. Deuteronomio 6:4 “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.”
Así como los Sirios, muchas personas quieren restringir a Dios únicamente con lo religioso, bodas, inauguraciones, presentaciones de niños, velorios, pero que no tiene que ver con otros aspectos de la vida., pero Él es Señor de todo. Efesios 1:22 “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”
Los consejeros sirios convencen al rey que vuelva atacar a Israel, pero esta vez en la llanura creyendo que ahí tendrán la ventaja contra Jehová.
Dios acepta el reto: 1º Reyes 20:28 “Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová.”
Dios le dice a Acab, esta batalla me pertenece, yo derrotaré a los Sirios y los entregaré en tu mano para manifestarme como El único Dios verdadero.
La batalla del Señor
La batalla del Señor
1º Reyes 20:27 “27Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios llenaban la tierra.”
Nuevamente nos sorprende la fe de Acab, acude a la batalla con un ejercito evidentemente más pequeño que el de los Sirios.
En esto consiste la fe: Hebreos 11:1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
La Biblia nos exhorta a actuar por fe: 2 Corintios 5:7 “(porque por fe andamos, no por vista)”
Acab nos enseña a actuar por vista y no por lo que enseñan las circunstancias.
1º Reyes 20:29–30 “29Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie. 30Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento.”
Era normal que tardaran varios días uno frente a otro sin iniciar la batalla, lo hacían para intimidarse mutuamente, (Israel y Filistea lo hicieron 40 días 1 Samuel 17)
Al séptimo día ambos ejércitos se enfrentan, con la sorpresa que el pequeño grupo de Israel derrota al enorme ejército de los Sirios, matando a cien mil hombres en un solo día.
Dios dotó de capacidad a los israelitas para pelear, así como lo hacía con los valientes de David que enfrentaban gigantes, con Sansón que poseía gran fuerza.
El mérito de esta victoria no era del rey Acab ni de los soldados israelitas, sino de Dios.
El resto del ejército y el rey Ben-adad huyó a refugiarse a una ciudad Siria llamada Afec, ahí Dios derrumbó la muralla sobre ellos matando a 27,000 soldados. En un solo día Dios derrotó al numeroso ejército Sirio.
Ben-adad y sus consejeros había retado a Dios y estas eran las consecuencias.
Esta victoria no la merecía Acab e Israel, no tenían ningún mérito pues habían rechazado a Dios.
Pero se muestra la misericordia y fidelidad de Dios para su pueblo: Deuteronomio 7:6–7 “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. 7No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos”
La soberbia de Acab
La soberbia de Acab
1º Reyes 20:31–34 “31Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida. 32Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es. 33Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro. 34Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.”
Dios dejó con vida al rey Sirio Ben-adad para probar a Acab.
Los mismos consejeros que dijeron que Jehová solo podía pelear en los montes, ahora aconsejan al rey humillarse ante Acab porque habían oido que es clemente.
Ben-adad y sus consejeros se visten de cilicio en señal de humillación, se colocan sogas en el cuello en señal de que son dignos de muerte, apelan a la misericordia.
Acab olvidó que esta batalla le pertenecía a Dios, de manera que no podía otorgar clemencia sin consultar a Dios primero. Dios había determinado a los Sirios como anatema, apartados para la destrucción.
Considerando una ventaja política perdonó la vida al rey de Siria, obteniendo un pacto de no agresión, la restitución de ciudades y un tratado de libre comercio entre Damasco y Samaria.
Acab podo haber obtenido esto de Dios.
Dios pide cuentas
Dios pide cuentas
1º Reyes 20:35–42 “35Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. 36El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. 37Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. 38Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. 39Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. 40Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado. 41Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas. 42Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.”
Dios envía profeta, como envió a David con una historia en la que el mismo rey daría su sentencia.
El profeta le dice: 1º Reyes 20:42 “…Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.” Dios había determinado que Ben-adad era anatema.
Pero Dios sabía que Acab fallaría al perdonar la vida a Ben-adad, por eso había ordenado a Elías a ungir a Hazael como próximo rey de Siria.
Con la muerte de Ben-adad todo pacto con Acab quedaría anulado.
Conclusión
Conclusión
1 Reyes 20:32 “Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.”
Después de esta amonestación de parte de Dios, Acab no se humilló delante de Dios ni clamó misericordia.
Volvió al palacio triste y enojado (berrinche), justificando sus acciones.
Acab no podía negar la misericordia de Dios, les estaba dando oportunidad para el arrepentimiento.
Acab estaban cegado en su orgullo y aferrado a sus razonamientos.
Dios en su misericordia nos invita a venir a Él y a razonar sobre nuestras justificaciones.
Isaías 1:18 “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”
Quiere abrir los ojos de nuestro entendimiento para que comprendamos la misericordia de Dios y la oportunidad que le da al hombre.
