La gloria de Dios
Según el Diccionario Teológico de Harrison, la palabra hebrea principal para expresar la gloria es kabod, la cual deriva de kabed, equivalente a tener peso, pesadez», con el sentido figurado de importancia, grandiosidad o dignidad. Como tal, el término puede indicar un cierto estatus honorable dentro de la jerarquía social (
Kābôd también se utiliza en un sentido teológico para referirse a la presencia radiante de Dios y está particularmente asociada con la presencia de Dios en las manifestaciones visibles o perceptibles (
La palabra griega doxa, fue seleccionada del léxico griego por los traductores de la Septuaginta para expresar lo más exacto posible la idea de kabod. Así el vocablo derivado de dokeo, que significa pensar o parecer, adquirió los matices de opinión (lo que uno piensa), y reputación (lo que otros piensan de uno); aplicándose como fama, honra y alabanza no solo de personas, sino supremamente de Dios y la presencia de Dios. Simboliza majestad, esplendor, magnificencia.
Se cree, sin embargo, que el término
Juan 1:14
Según el contexto en que ocurre el uso de la frase “gloria de Dios” tiene aplicaciones diversas:
a. Denota la dignidad intrínseca de Dios y su majestad inefable; la excelencia y perfección en sumo grado.
Sólo Dios es digno de gloria
Constituyen pues pecados contra la gloria de Dios tanto el adorar y rendir culto a las imágenes, como el glorificarse a uno mismo. En ambos casos se roba lo que le pertenece sólo al Señor y se atribuye a quien no es digno dado su carácter imperfecto y su influencia de corrupción para quienes practican estos males.
Lo que más importa sin duda, en el cielo y la tierra, en el orden de la gracia y el natural, en el premio definitivo y la lucha de la vida presente es la gloria de Dios. Juan Calvino, un gran teólogo, hizo de la gloria Dei el principio fundamental de toda su teología. Anhelaba que la gloria de Dios volviera a resplandecer en el rostro de la Iglesia,
No ha de desmayar quien espera la gloria de Dios. Ha de sobrellevar con paciencia las penas breves de este mundo. Con humildad ha de someterse al proceso de perfeccionamiento y madurez que constituyen las tribulaciones. Ha de luchar para que ninguna fuerza de prueba lo separe de la bienaventuranza de la gloria divina. No tiene porque esperar glorias aquí en la tierra (aunque no negamos que alguien las pueda experimentar). Pues cuando llegue victorioso a la meta, sus desdichas y miserias cesarán para siempre y hallará descanso y libertad el corazón.
Dondequiera que el hombre esté, cualquier cosa que haga, en la agricultura, en el comercio y en la industria, o la mente del hombre, en el mundo de las artes, en la ciencia, en cualquier cosa que sea, él está siempre ante la presencia de Dios, está empleado en el servicio de su Dios, tiene que obedecer estrictamente a su Dios, y sobre todo, su objetivo ha de ser procurar la gloria de su Dios.
ABRAHAM KUYPER - Pastor y fue Primer Ministro de Holanda
