1 Tim. 1:8-11 El uso legítimo de la Ley
Gabriel Ureta
1 Timoteo • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción
Introducción
Como hemos visto en las enseñanzas anteriores, Pablo encarga a Timoteo una misión. El propósito de Timoteo en Efeso es corregir problemas doctrinales. De esta forma, la carta es una instrucción a Timoteo para que sepa cómo debe realizar su tarea, además de ser una muestra de que es Pablo, el Apóstol de Cristo, quien respalda a Timoteo.
El problema de la falsa enseñanza es algo común en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento y en nuestro tiempos. Pues el pecado de las personas inevitablemente los lleva a caminos lejos de Dios y continuamente el enemigo intenta atacar a los hijos y siervos de Dios.
Las enseñanzas erradas que se movían por la iglesia de Efeso, aunque no se nos da nombres para identificar grupos, entendemos que era una mezcla del judaísmo con helenismo. Las ideas judías que ponían el énfasis en el hombre y la ley, quitando a Cristo y la obra redentora del protagonismo, y las múltiples ideas de los griegos y romanos que cuestionaban la existencia y la espiritualidad.
Entendemos que para se conocedores de la palabra, eruditos y sabios, doctores de la ley; es necesario aproximarse a las escrituras con amor real y profundo, primeramente a Dios, Señor nuestro, y también a los demás, buscando la edificación y beneficio de la iglesia.
También con buena conciencia, sin intención oculta, vana o egoísta, manteniendo en todo una fe real y firme en el Señor y sus palabras.
De otra forma, son vanas palabrerías dichas sin entendimiento y sin valor.
8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.
“Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente”
“Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente”
V. 8
V. 8
Pero sabemos que la ley es buena (...)
Pero sabemos que la ley es buena (...)
Los judaizantes buscaban dar a la Ley un carácter superior, ponerla en el lugar de Cristo. Pero esa ley, no se aplica a los gentiles ni tampoco a la iglesia, al menos no de la forma en que ellos lo entendían.
Por ello, en busca de defenderse de estos falsos maestros, es fácil caer en pensar que la ley es mala, así como nos pasa muchas veces que, porque en el catolicismo se exalta erróneamente a María, tendemos a menoscabarla cuando la palabra nos dice que es “muy favorecida” “bendita seas tú entre las mujeres” y “me dirán bienaventurada todas las generaciones”.
Entonces, acá Pablo recuerda: la ley es buena, como algo que debería ser obvio (“sabemos que la ley es buena”).
El problema es que la ley se estaba entendiendo incorrectamente y usando incorrectamente.
Entonces, la ley de Dios es buena.
Porque de otra forma, no tendría sentido un Salmo 19 (7-14), no tendría sentido un Salmo 119 y sus 176 versículos, ni tampoco Jesús en Mateo 5:17 y 18, ni en todo su magno sermón del capítulo 5 y 6.
Acá “Ley” se refiere a la Torá. -> Conocida por nosotros como el pentateuco. Los primeros 5 libros de la Biblia, escritos por Moisés, donde se establece el inicio del mundo, de Israel y su funcionamiento como pueblo de Dios.
“(...), si uno la usa legítimamente.”
“(...), si uno la usa legítimamente.”
Legítimamente: Legalmente correcto
*¿Cuál es el uso legítimo de ley?
*¿Cuál es el uso legítimo de ley?
*¿Cómo se usa correctamente la Ley?
*¿Cómo se usa correctamente la Ley?
Para responder esto, primero debemos entender el propósito de la ley.
(“Las Leyes de Santidad”) (Lectura General)
(“Las Leyes de Santidad”) (Lectura General)
1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. 3 Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios. 4 No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios.
5 Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz a Jehová, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos. 6 Será comido el día que lo ofreciereis, y el día siguiente; y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego. 7 Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto, 8 y el que lo comiere llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de su pueblo.
9 Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. 10 Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios.
11 No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. 12 Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.
13 No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana. 14 No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová.
15 No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. 16 No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.
17 No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado. 18 No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.
19 Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos.
20 Si un hombre yaciere con una mujer que fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados; no morirán, por cuanto ella no es libre. 21 Y él traerá a Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión, un carnero en expiación por su culpa. 22 Y con el carnero de la expiación lo reconciliará el sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió; y se le perdonará su pecado que ha cometido.
23 Y cuando entréis en la tierra, y plantéis toda clase de árboles frutales, consideraréis como incircunciso lo primero de su fruto; tres años os será incircunciso; su fruto no se comerá. 24 Y el cuarto año todo su fruto será consagrado en alabanzas a Jehová. 25 Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga crecer su fruto. Yo Jehová vuestro Dios.
26 No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinos. 27 No haréis tonsura en vuestras cabezas, ni dañaréis la punta de vuestra barba. 28 Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová.
29 No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad. 30 Mis días de reposo guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Jehová.
31 No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios.
32 Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.
33 Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. 34 Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.
35 No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. 36 Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. 37 Guardad, pues, todos mis estatutos y todas mis ordenanzas, y ponedlos por obra. Yo Jehová.
“Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.” (v. 2)
15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
Santidad. El propósito de la Ley es la santidad.
Dios da la Ley a Su pueblo, constituido por creyentes e incrédulos. Entonces,
*¿Cómo la ley se aplica a un pueblo dividido?
*¿Cómo la ley se aplica a un pueblo dividido?
La ley cumple objetivos específicos similares pero distintos para cada grupo, con un objetivo general común.
Revelar la culpa de las personas y su ineptitud para justificarse, al enfrentarlos con su pecado.
Romanos 7:7 “7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.”
Romanos 7:12 “12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.”
V. 9
V. 9
Si leemos el versículo 9:
“no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores (...)”.
*¿A quién no aplica la ley entonces?
*¿A quién no aplica la ley entonces?
Solo hay uno, a Jesús. El redentor y Salvador, el único verdaderamente Santo, por el cual recibimos bendición de redención en la reconciliación por su sangre.
La palabra “justo” en el versículo 9, se entiende como: “Persona que se caracteriza por acciones justas y morales.” -> Íntegro.
Cristo es la definición misma de integridad, el ejemplo perfecto.
En todo fue tentado y no pecó (Hebreos 4:15)
Cristo es el estándar, el modelo a seguir.
V. 11
V. 11
“sino (...) para cuanto se oponga a la sana doctrina , según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado”. V. 10b -11
“sino (...) para cuanto se oponga a la sana doctrina , según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado”. V. 10b -11
La ley fue dada para que el pueblo viviera de forma correcta, conociendo a Dios y viviendo de acuerdo a él, esto porque son pecadores y requieren una guía. Pero la Ley que es para vida, termina siendo para muerte, porque la ley revela el pecado y lo condena, de esta forma todo humano es condenado por la ley.
El hombre pecador, sumido en su pecado, vive buscando y haciendo el pecado continuamente, indolente de su maldad. Pero la ley se presenta para revelarle su injusticia e impiedad, para que conozca la bondad y rectitud y deje su maldad.
De esta misma forma, la ley condena al que sigue en su pecado.
Así la ley es buena, porque expone el pecado, pero es para muerte porque en todos hay pecado.
De esta forma, la vida eterna no es alcanzable, naturalmente, sino solamente a través de una vida perfecta.
Así, el hombre podría vivir (eternamente) por la ley, solo si vive cada momento de su vida de forma intachable y perfecta delante de la ley, Santo.
Por ello es Cristo el único camino, porque él es el ejemplo de integridad y santidad, que tomó nuestro lugar, pagando el precio de nuestra transgresión. Es por Cristo y su sacrificio perfecto que somos libres del peso jurídico de la ley.
Vivimos libres a través y por aquel que vive eternamente Santo en la gloria divina.
+Como resumen de todo lo que hemos visto hasta ahora:
+Como resumen de todo lo que hemos visto hasta ahora:
La ley, espiritualmente tiene el propósito de mostrar el pecado y la ineptitud humana para alcanzar redención, al presentar el estándar divino. Pero humanamente, la ley tiene el propósito de ordenar y proteger la ética, la moral, por ende, el buen vivir de una sociedad. De esta forma, la ley es para todos los pecadores, que a través de la palabra de Dios y del glorioso evangelio de Cristo se revela el pecado a los hombres y presenta un camino de redención que solo el divino Cristo, Salvador y Conciliador puede abrir.
Así, el propósito último de la Ley, es llevarnos a Cristo, ya sea inicialmente en la fe para redención, o finalmente en la continua conformación para santificación. Gálatas 3:24 “24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”
Nuestra nueva vida en libertad dada por Cristo se sostiene solamente en y por Dios, una obra de la trinidad completa donde el Espíritu nos sella eternamente para Cristo y nos guía y usa para la obra divina, de manera que seamos siervos útiles al Salvador y Señor Jesucristo, que intercede por nosotros, su cuerpo y novia, ante el Padre, quien juzga y nos concede la posición de hijos en santidad.
Ya no estamos sujetos a la ley. La ley ya no puede juzgarnos y condenarnos.
1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 2 He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. 3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. 5 Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; 6 porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.
Pero no pensemos que por esta libertad del juicio legal, tenemos libertad para con libertinaje actuar despreocupadamente del pecado.
13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. 14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Tal como veíamos en el versículo 5 de 1 Timoteo 1, el amor es clave en todo esto.
El propósito de la Ley es la Santidad para Dios, pero la pregunta que surge entonces es ¿Cómo cumplimos ese propósito?
Con el amor. El cumplimiento de toda la ley es el amor y el gran mandamiento es el amor (Mateo 22:37-40)
37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
Conclusión
Conclusión
Así, la ley para el incrédulo es para condenación, revelando que es pecador y su ineptitud para salvarse de su condenación, y así solo pueda volcarse a Cristo.
Para el creyente redimido, la ley nos muestra el estándar divino, una guía para vivir de manera que Dios se agrade, según el evangelio de Dios, nuestro Señor.
Evangelio que confronta el pecador y perfectamente presenta a aquel que efectivamente mantiene el estándar divino, pues él es el que establece, hace y cumple efectiva y cabalmente el estándar, la divinidad misma. Este evangelio glorioso, el cual fue encomendado a Pablo para que lo llevara por el mundo conocido, la misión de esparcir la semilla de la redención a todos lados para que todo el mundo sea enfrentado al pecado y presentado con la verdad y posibilidad de reconciliación con Dios.
Entonces:
16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.
Tareas/preguntas
Tareas/preguntas
Según lo que hemos estudiado y lo que dice la palabra, examina tu vida, responde y aplica:
¿Cómo he usado la palabra de Dios?
¿La he usado para cumplir su propósito?
Lee y medita en Levíticos 19 y Gálatas 5, en comparación con 1 Timoteo 1:8-11.
