Cosmovisión Bíblica 2

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Hermanos, estamos avanzando juntos en una serie crucial sobre cosmovisión bíblica. En la sesión anterior, profundizamos en la importancia fundamental de renovar nuestra mente según la Palabra de Dios, reconociendo que Cristo debe gobernar no solo nuestro corazón, sino también nuestros pensamientos, ideas y percepciones sobre la realidad.
Hoy damos un paso más en este viaje al corazón mismo de nuestra fe, abordando un tema crucial para entender el mundo desde la perspectiva de Dios: nuestra identidad.
¿Por qué es tan importante este tema? Porque vivimos en un tiempo de profunda crisis y confusión sobre quiénes somos. Nuestra cultura, influenciada profundamente por el humanismo secular, nos dice que podemos y debemos construir nuestra propia identidad basándonos en nuestros deseos, sentimientos, logros o incluso en la aprobación de otros.
Pero hermanos, esta supuesta libertad de definirnos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa que solo nos lleva a la ansiedad, inseguridad y confusión. Herman Bavinck advierte claramente en su libro Christian Worldview:
«Cada intento humano de definir su identidad fuera de Dios lleva inevitablemente a la fragmentación, al vacío y a la desesperanza.»
Francis Schaeffer refuerza esta misma advertencia en A Christian Manifesto, diciendo:
«El hombre, al intentar establecerse como el centro de la realidad, asume una carga imposible que jamás podrá llevar. Su identidad solo se entiende correctamente en relación con el Dios personal que lo creó.»
Aquí está la verdad clave que exploraremos hoy en detalle: nuestra verdadera identidad no puede construirse; debe recibirse como un regalo divino. Dios, en su gracia, no nos dejó en tinieblas respecto a quiénes somos realmente. Desde la primera página de la Biblia, Dios nos dice claramente:
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» (Génesis 1:27)
Esta verdad es la base de nuestra dignidad, propósito y estabilidad emocional. Fuimos creados con un propósito eterno: reflejar claramente la gloria y el carácter del Dios que nos hizo.
Al abordar hoy nuestra identidad, no estamos estudiando un tema más, sino el núcleo mismo de nuestra cosmovisión cristiana. ¿Por qué? Porque:
• Cómo nos vemos a nosotros mismos afectará la manera en que pensamos y vivimos.
• Nuestra identidad determinará nuestra relación con Dios, con otros y con el mundo.
• Una identidad clara en Cristo nos dará firmeza y seguridad frente a las presiones cambiantes de la cultura.
Hoy Dios quiere confrontarnos amorosamente para que abandonemos toda definición falsa y vacía que hayamos aceptado sobre quiénes somos, y nos invita a abrazar plenamente la identidad gloriosa, eterna y estable que solo Cristo puede darnos.
Prepárate para profundizar en esta verdad poderosa y permitir que transforme radicalmente tu manera de pensar y vivir.
¡Comencemos!

I. ¿Qué Define Realmente Nuestra Identidad?

Vivimos en una época marcada por una confusión profunda sobre quiénes somos realmente. Nuestra cultura, influenciada por una visión humanista y secular, ha reducido la identidad a algo subjetivo, fluctuante y autónomo. Esto significa que cada persona supuestamente tiene el poder de definir su propia identidad según sentimientos, deseos o la aprobación de los demás. Pero esta idea, aunque parece liberadora, en realidad solo genera caos, ansiedad y desesperación.
1. Las Fuentes Falsas de Nuestra Identidad
Francis Schaeffer nos recuerda que la cosmovisión moderna parte de un error fundamental: poner al ser humano como el centro absoluto de la realidad. Él lo explica claramente:
«En el humanismo secular, el hombre es la medida de todas las cosas, y por lo tanto, la fuente final de su identidad. Pero esta visión no puede sostenerse por mucho tiempo, porque coloca sobre el ser humano una carga que jamás podrá llevar» .
En nuestra sociedad, estas falsas fuentes de identidad son fáciles de reconocer:
Los sentimientos y deseos personales:
«Si lo sientes, entonces eso eres.» Pero Jeremías advierte claramente:
«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9).
El éxito personal y la realización profesional:
«Eres lo que logras.» Pero, ¿qué ocurre cuando fracasamos o perdemos nuestros logros? Nuestra identidad se derrumba fácilmente.
La opinión y aprobación social:
«Eres lo que otros piensan de ti.» Esta dependencia en las opiniones ajenas conduce a la esclavitud emocional y a la ansiedad constante.
La historia o experiencias pasadas:
«Eres tu pasado.» Pero esta perspectiva ignora la gracia y el poder transformador de Dios.
Ninguna de estas fuentes puede proporcionar estabilidad duradera, pues están ancladas en realidades temporales y frágiles.
2. ¿Por qué Estas Fuentes Fallan?
La razón fundamental del fracaso de estas fuentes es explicada con claridad por Herman Bavinck en su libro Christian Worldview. Él afirma que toda identidad basada en la criatura misma es inherentemente inestable, ya que las criaturas humanas no poseen existencia autónoma ni independiente. Él declara poderosamente:
«El hombre, separado de Dios, nunca podrá alcanzar la unidad de su propio ser. La única manera de entender realmente quién es, depende enteramente de la relación que tenga con su Creador. Fuera de esa relación, siempre se encontrará fragmentado y confundido» .
La Escritura confirma esta verdad profundamente. Cuando el ser humano busca su identidad lejos de Dios, termina en una existencia vacía, incapaz de encontrar verdadero significado. Pablo describe claramente esta condición en Efesios 4:18:
«Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.»
Esta oscuridad espiritual es la causa raíz de la confusión actual sobre la identidad humana.
3. Nuestra Verdadera Identidad Proviene de Dios
Contrario a la cosmovisión secular, la Palabra de Dios afirma desde el principio que nuestra identidad no es una construcción humana, sino un don divino. Dios mismo define claramente quiénes somos desde la creación:
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» (Génesis 1:27).
Esta realidad significa algo radicalmente profundo:
Nuestra dignidad no depende de sentimientos o logros: depende únicamente del hecho eterno de que fuimos creados por Dios.
Nuestro propósito no lo determina la cultura: Dios mismo nos lo ha dado: reflejar Su carácter y Su gloria.
Nuestra estabilidad emocional y espiritual proviene únicamente de nuestra relación correcta con Dios, no de circunstancias externas ni opiniones pasajeras.
Herman Bavinck enfatiza esta verdad fundamental:
«La identidad humana solo puede ser entendida correctamente a la luz de la relación del hombre con Dios. Cualquier identidad que ignore esta realidad absoluta está destinada a fracasar» .
4. Implicaciones Prácticas para Nosotros Hoy
Frente a esta realidad bíblica y teológica, debemos preguntarnos claramente y con humildad:
¿En qué falsas fuentes he estado buscando mi identidad últimamente?
¿Estoy permitiendo que mi identidad sea definida por mis emociones, circunstancias o la opinión de los demás, en lugar de la verdad eterna de Dios?
¿Qué pasos concretos puedo tomar hoy mismo para rechazar estas mentiras sobre mi identidad y abrazar la verdad revelada en Cristo?
Dios hoy nos confronta amorosamente a abandonar toda fuente falsa de identidad y a volver a Él, quien es la única fuente verdadera y estable de quienes somos.
Conclusión del Punto I:
El mundo moderno no tiene respuestas reales para nuestra crisis de identidad. La única respuesta sólida se encuentra en la cosmovisión cristiana bíblica: Dios mismo es quien define nuestra verdadera identidad. En Cristo, podemos vivir en unidad, coherencia y propósito eternos.

II. Nuestra Verdadera Identidad en Cristo: Una Restauración Radical

Si el mundo ha fracasado rotundamente al definir nuestra identidad, la gran pregunta que ahora debemos plantearnos es: ¿Quiénes somos verdaderamente según Dios? La Escritura no solo diagnostica el problema; también nos revela la solución definitiva. Como afirma Francis Schaeffer:
«La identidad verdadera del ser humano se encuentra únicamente en la restauración de su relación con el Dios personal que lo creó. Sin esta restauración, el hombre permanece vacío y sin propósito» .
La Biblia nos presenta claramente esta restauración en tres etapas fundamentales: creación, caída y redención. Vamos a explorar cada una desde una perspectiva profundamente bíblica y reformada, para descubrir quiénes somos verdaderamente en Cristo.
1. Creados a Imagen de Dios
La Escritura afirma desde sus primeras páginas que fuimos creados con un propósito eterno, que es reflejar la gloria de Dios. Génesis 1:26-27 dice:
«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó.»
Este pasaje es fundamental, porque establece que nuestra identidad no es algo construido por nosotros mismos, sino algo dado por Dios desde la creación misma. Herman Bavinck comenta al respecto:
«Ser creado a la imagen de Dios significa que el hombre no es autónomo. Su verdadera identidad y propósito solo se revelan en dependencia y relación con su Creador. Dios, no el hombre, es la medida absoluta de la verdadera humanidad» .
Implicación pastoral práctica:
Tu valor no se basa en logros, sentimientos o circunstancias, sino en el hecho absoluto de que fuiste creado por Dios mismo.
Cada ser humano merece respeto y dignidad por llevar en sí mismo la imagen de Dios.
2. Caída: La Distorsión Radical de Nuestra Identidad
La tragedia humana es que esta imagen divina fue terriblemente distorsionada por el pecado. Romanos 3:23 explica con precisión:
«Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.»
El pecado no solo nos separó de Dios, también nos separó de nosotros mismos. Nos dejó buscando nuestra identidad en cosas que jamás podrán satisfacer nuestro vacío interno. Francis Schaeffer lo describe poderosamente cuando afirma:
«Desde la caída, el ser humano busca desesperadamente significado y propósito, pero fuera de Dios solo encuentra vacío, fragmentación y desesperanza. El hombre pecador no puede encontrarse a sí mismo porque está desconectado de la realidad última, que es Dios mismo» .
Efesios 4:18 profundiza aún más esta tragedia espiritual:
«Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.»
Implicación pastoral práctica:
Si buscas identidad fuera de Cristo, inevitablemente te encontrarás perdido, vacío y frustrado.
El pecado te ofrece falsas promesas sobre quién eres; solo Cristo restaura plenamente tu verdadera identidad.
3. Redención: Nuestra Nueva Identidad en Cristo
La gran noticia del evangelio es que Cristo vino precisamente a restaurar lo que el pecado distorsionó. 2 Corintios 5:17 proclama claramente esta verdad maravillosa
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»
Cristo no solo nos da perdón; Él nos da una identidad completamente renovada. Bavinck enfatiza esta nueva identidad con claridad reformada:
«En Cristo, Dios no solo restaura al hombre, sino que lo eleva a una posición aún más gloriosa que la que tenía en la creación original. El creyente es ahora adoptado, redimido y santificado en Cristo. Esto significa que nuestra identidad no se basa en nuestros actos, sino en el acto perfecto y consumado de Cristo en la cruz» .
En Cristo, nuestra identidad ahora incluye estas realidades gloriosas:
Somos hijos adoptados y amadosJuan 1:12
Somos escogidos y santificados por Dios1 Pedro 2:9
Somos ciudadanos del Reino eternoFilipenses 3:20
Somos coherederos con Cristo mismoRomanos 8:17
Estas verdades no son simples doctrinas abstractas; son realidades que transforman completamente nuestra manera de vivir. Francis Schaeffer concluye poderosamente:
«El creyente, al estar unido con Cristo, ya no vive en un vacío existencial. Su vida tiene dirección y propósito claros, porque ahora refleja la realidad última del Dios personal y amoroso que le ha dado una identidad eterna y gloriosa en Cristo» .
Implicación pastoral práctica:
Tu identidad no depende ya de circunstancias cambiantes. En Cristo, tienes estabilidad eterna.
Tu valor y dignidad están seguros porque dependen del amor eterno y perfecto de Dios en Cristo.
Vivir según tu identidad en Cristo significa rechazar activamente cualquier definición que no se alinee con la verdad bíblica sobre quién eres ahora en Él.
Conclusión del Punto II:
La Biblia y la tradición reformada son claras: nuestra verdadera identidad no está en nuestros sentimientos ni en las opiniones cambiantes del mundo. Está firmemente establecida en lo que Cristo ha logrado para nosotros en la cruz. Como Bavinck afirma:
«Solo en Cristo la humanidad encuentra verdadera unidad, propósito y paz. Fuera de Él, toda búsqueda de identidad es inútil y vacía» .

III. Viviendo Nuestra Identidad en Cristo: De la Teoría a la Vida Real

Hasta ahora hemos visto claramente cuál es nuestra verdadera identidad según Dios. Hemos entendido que nuestra identidad no depende de emociones, circunstancias o logros personales, sino que está firmemente arraigada en Cristo mismo. Pero esto debe ser más que una teoría doctrinal; esta verdad gloriosa debe transformar radicalmente cómo vivimos día a día. Como Herman Bavinck lo afirma claramente:
«La cosmovisión cristiana no es un simple conjunto de doctrinas abstractas, sino una realidad vital que afecta cada aspecto de la existencia humana. La identidad que Cristo nos da debe manifestarse visiblemente en la manera en que vivimos y en la forma en que nos relacionamos con Dios, con los demás y con la creación misma» .
Ahora profundizaremos en cómo vivir concretamente esta identidad.
1. Rechazando Activa y Conscientemente las Mentiras del Mundo
Romanos 12:2 nos desafía claramente:
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.»
Francis Schaeffer enfatiza que vivimos en una tensión constante entre las mentiras del mundo y la verdad bíblica:
«Cada generación de creyentes tiene que enfrentar la presión cultural para redefinir su identidad según los estándares del mundo. La única forma de resistir esta presión es renovar continuamente nuestra mente con la Palabra de Dios, permitiendo que la verdad eterna prevalezca sobre las mentiras pasajeras de la cultura» .
¿Cuáles son esas mentiras prácticas que debemos rechazar?
“Eres lo que sientes” – Recházala recordando Jeremías 17:9.
“Tu valor depende de tu éxito” – Recházala afirmando Efesios 2:8-9, que dice que somos salvos por gracia, no por obras.
“Eres lo que los demás piensan de ti” – Recházala afirmando Gálatas 1:10, que nos llama a vivir para agradar a Dios y no a los hombres.
Implicación pastoral práctica:
Examina tus pensamientos esta semana: ¿Estás creyendo mentiras sobre tu valor o propósito?
Identifica esas mentiras y reemplázalas activamente con las verdades bíblicas que hemos visto.
2. Viviendo como Hijos Amados de Dios
Juan 1:12 afirma nuestra identidad claramente:
«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.»
Ser hijos de Dios es mucho más que una posición doctrinal; es una realidad transformadora. Bavinck declara poderosamente:
«La adopción divina no solo cambia nuestra posición delante de Dios; también cambia radicalmente nuestra percepción de nosotros mismos. Ya no vivimos como esclavos del temor ni buscando aprobación en fuentes temporales. Ahora vivimos con la seguridad y la libertad que provienen de ser hijos amados del Padre celestial» .
Esta identidad como hijos amados tiene implicaciones prácticas inmediatas:
Tenemos libertad frente al miedo y la ansiedad (Romanos 8:15).
No necesitamos buscar validación en cosas temporales porque Dios mismo nos ha validado en Cristo.
Podemos acercarnos a Dios confiadamente, sabiendo que somos plenamente aceptados.
Implicación pastoral práctica:
Esta semana, vive conscientemente como hijo amado, rechazando el temor al rechazo o fracaso.
Enfrenta cada situación difícil recordando tu identidad como hijo amado por Dios.
3. Reflejando Activa y Visiblemente la Imagen de Cristo
Nuestra identidad no es algo estático o teórico; debe expresarse activamente en nuestro diario vivir. Efesios 5:1 nos desafía claramente:
«Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.»
Mateo 5:16 complementa esto perfectamente:
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.»
Francis Schaeffer enfatiza la importancia vital de este testimonio activo:
«La identidad cristiana nunca debe quedarse en lo privado. Debe impactar visiblemente nuestro entorno inmediato, mostrando al mundo que existe una manera diferente y mejor de vivir, una manera centrada en Dios y no en el hombre» .
¿Cómo se ve esto en la práctica diaria?
Nuestra manera de hablar debe reflejar nuestra identidad en Cristo (Efesios 4:29).
Nuestras acciones deben reflejar el carácter amoroso y justo de Dios (Efesios 4:32).
Nuestra vida cotidiana debe proclamar al mundo que Cristo vive en nosotros (Gálatas 2:20).
Implicación pastoral práctica:
Evalúa tus palabras y acciones esta semana: ¿Reflejan claramente tu identidad como hijo de Dios?
Toma decisiones conscientes que muestren claramente la imagen de Cristo a quienes te rodean.
Conclusión del Punto III
La verdadera identidad cristiana no es una doctrina abstracta; es una realidad radical que debe manifestarse diariamente. Bavinck concluye maravillosamente:
«El creyente, al vivir consistentemente con su identidad en Cristo, testifica al mundo que existe una verdad absoluta y eterna que transforma toda la vida humana. Esta es nuestra vocación: mostrar con nuestras vidas quién es Dios y quiénes somos en Él» .
Hermanos, no basta con conocer nuestra identidad; debemos vivir conforme a ella cada día.
Implicaciones Pastorales Concretas para la Iglesia y la Familia
Antes de pasar a nuestra reflexión práctica, detengámonos un momento para considerar cómo una cosmovisión bíblica sobre nuestra identidad impacta directamente la vida cotidiana de nuestra iglesia y familias:
Para nuestros hijos: Una identidad arraigada en Cristo les permite crecer sabiendo claramente que su valor no depende del éxito académico, deportivo o social, sino del amor eterno e inmutable de Dios hacia ellos. Esto les protege de la ansiedad y confusión que caracteriza al mundo actual.
Para nuestros matrimonios: Cuando marido y mujer encuentran juntos su identidad y propósito en Cristo, dejan de depender emocionalmente de la aprobación del otro o de circunstancias cambiantes. Esto fortalece la relación matrimonial, haciéndola estable y centrada en Dios.
Para enfrentar las crisis: Una identidad clara y firme en Cristo proporciona estabilidad emocional y espiritual frente a cualquier crisis, sabiendo que ninguna circunstancia difícil puede alterar la verdad sobre quiénes somos eternamente en Él.
Ahora, con estas implicaciones prácticas claramente en mente, pasemos al siguiente punto, donde vamos a reflexionar y aplicar en grupo estas verdades que hemos aprendido.
——-

IV. Discusión y Reflexión en Grupo: Viviendo Nuestra Identidad en Cristo

La Biblia nos llama no solo a escuchar la Palabra, sino a vivirla activamente. Santiago 1:22 nos advierte claramente:
«Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.»
Ahora que hemos comprendido claramente cuál es nuestra verdadera identidad en Cristo, es esencial que llevemos esta verdad a nuestra vida diaria. No es suficiente la teoría; Dios nos llama a transformar cada aspecto de nuestra vida por medio de Su Palabra y del poder del Espíritu Santo.
Vamos a hacer esto mediante una dinámica práctica y reflexiva.
1. Preguntas para Reflexión Personal y Grupal
Dividan la clase en grupos pequeños y discutan honestamente estas preguntas:
Pregunta 1: ¿En qué áreas específicas de tu vida todavía buscas identidad o validación según los estándares del mundo (éxito, emociones, opiniones externas)?
Ejemplo para reflexión: «Quizás busco mi identidad en la aprobación de mi familia, y esto me lleva a actuar de formas que no reflejan la verdad bíblica sobre quién soy.»
Pregunta 2: ¿Qué verdades específicas sobre tu identidad en Cristo necesitas creer profundamente en este momento? ¿Cómo cambiaría esto la manera en que vives actualmente?
Ejemplo para reflexión: «Necesito creer profundamente que soy amado incondicionalmente como hijo de Dios. Esto me daría seguridad para enfrentar mis temores.»
Pregunta 3: ¿Qué hábitos o pensamientos específicos necesitas cambiar ahora mismo para comenzar a reflejar más claramente tu identidad en Cristo?
Ejemplo para reflexión: «Necesito dejar de pensar constantemente en mis fracasos y comenzar a enfocarme en la obra redentora de Cristo.»
Pregunta 4: ¿Cómo impacta tu identidad en Cristo la manera en que tratas a tu familia, compañeros de trabajo o personas difíciles en tu vida?
Ejemplo para reflexión: «Al entender que soy perdonado y amado por Dios, puedo ofrecer perdón y gracia a quienes me rodean, aun cuando no lo merezcan.»
2. Actividad Práctica en Grupos: “Contrarrestando las Mentiras con la Verdad”
Cada grupo recibirá una de estas frases falsas que el mundo enseña sobre la identidad, y luego deberán contrarrestarla claramente con una verdad bíblica:
Grupo 1: «Tu identidad está en tus sentimientos.»
Verdad Bíblica: Jeremías 17:9 y Proverbios 3:5-6 (La verdad de Dios es más confiable que nuestros sentimientos).
Grupo 2: «Tu valor depende de tus logros personales.»
Verdad Bíblica: Efesios 2:8-9 (Nuestro valor es un regalo inmerecido por gracia, no por obras).
Grupo 3: «Tu identidad depende de lo que otros piensan o dicen de ti.»
Verdad Bíblica: Gálatas 1:10 (Nuestro propósito es agradar a Dios, no al hombre).
Cada grupo debe discutir y compartir cómo la verdad bíblica transforma radicalmente nuestra manera de vivir frente a estas mentiras culturales.
3. Compromiso Personal y Aplicación Concreta
Cada participante escribirá tres compromisos específicos para aplicar inmediatamente esta semana la enseñanza sobre la identidad en Cristo. Aquí tienes ejemplos concretos:
Memorizar y meditar diariamente en un versículo clave sobre mi identidad en Cristo (Ej. 1 Pedro 2:9, Gálatas 2:20).
Reemplazar diariamente pensamientos negativos sobre mí mismo por afirmaciones claras de mi identidad en Cristo.
Tomar la iniciativa para mostrar gracia o perdón esta semana, como reflejo de la gracia que he recibido en Cristo.
Estos compromisos deben ser concretos, medibles y realizables durante la semana, para asegurar que la enseñanza pase de teoría a realidad vivida.
Conclusión Pastoral y Oración Grupal:
Finalicen este tiempo de reflexión con una oración sincera y profunda, comprometiéndose juntos como grupo o familia a vivir según la identidad gloriosa y eterna que Cristo ha comprado para ustedes con Su propia sangre. Oren específicamente para que Dios les ayude a vivir activamente la verdad que han aprendido hoy, transformando cada aspecto de sus vidas.
Un ejemplo de oración final podría ser:
«Señor Jesús, te pedimos perdón por buscar identidad en cosas pasajeras y vacías. Gracias por recordarnos hoy quiénes somos en Ti. Ayúdanos a vivir valientemente como Tus hijos amados, rechazando las mentiras del mundo y reflejando claramente Tu imagen en todo lo que hacemos. Haz que esta verdad gloriosa transforme nuestras familias, nuestro trabajo y nuestras comunidades para Tu gloria. En Tu nombre poderoso oramos, amén.»
Aquí tienes el último punto de tu clase-taller, diseñado para llevar a los participantes a una aplicación profunda, reflexiva y práctica durante la semana. Sigue tu estilo pastoral, confrontador, edificante y enfocado en vivir la Palabra de manera concreta.

V. Tarea para la Próxima Sesión: Profundizando Nuestra Identidad en Cristo

La enseñanza que hemos recibido no puede quedarse solamente aquí, en este salón. Debemos seguir profundizando durante la semana para que esta verdad de nuestra identidad en Cristo transforme radicalmente nuestras vidas.
Santiago 1:25 nos exhorta claramente:
«Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.»
Hagamos ahora compromisos concretos para aplicar lo que hemos aprendido, usando los siguientes pasos prácticos durante esta semana:
1. Lectura Bíblica y Memorización
Durante la semana, lee atentamente estos pasajes claves sobre tu identidad en Cristo:
Efesios 1:3-14 (Escogidos, adoptados, redimidos en Cristo)
Gálatas 2:20 (Cristo vive en mí, ya no vivo yo)
1 Pedro 2:9-10 (Somos pueblo escogido, nación santa)
Memoriza al menos uno de estos versículos clave para fortalecer tu identidad diariamente.
2. Reflexión Personal Escrita
En tu tiempo de oración personal, responde honestamente en un breve párrafo a la siguiente pregunta:
¿Qué verdad bíblica sobre mi identidad en Cristo necesito creer más profundamente en este momento? ¿Cómo impactaría mi vida si la creyera y la viviera activamente?
Ejemplo práctico:
«Necesito creer profundamente que soy totalmente perdonado y amado por Dios en Cristo (Efesios 1:7). Esto me liberaría de la culpa y la vergüenza, permitiéndome vivir con mayor paz y gozo, y reflejaría claramente Su gracia a quienes me rodean.»
3. Evaluación Personal en Áreas Específicas
Durante esta semana, evalúa cómo está tu identidad en Cristo en estas tres áreas claves de tu vida:
Pensamientos:
¿Estoy creyendo y viviendo conforme a lo que Cristo dice que soy, o sigo creyendo mentiras sobre mí mismo?
Relaciones:
¿Busco aceptación en otros o descanso seguro en mi aceptación completa en Cristo?
Propósito y Vocación:
¿Estoy viviendo activamente según la identidad y propósito eterno que Cristo me ha dado, o busco propósito en cosas temporales y vacías?
Escribe cómo puedes realinear cada área con la verdad bíblica.
Conclusión Pastoral y Desafío:
No permitas que esta enseñanza quede solo en tu mente. Permite que transforme radicalmente tu corazón y tu vida diaria. Vive esta semana en la gloriosa realidad de que Cristo ya definió tu identidad:
• No eres lo que el mundo dice.
• No eres lo que sientes.
• No eres lo que logras o fracasas.
• Eres lo que Dios dice que eres: un hijo amado, redimido, restaurado y con propósito eterno en Cristo.
¡Que Dios te conceda la gracia y el poder de Su Espíritu para vivir cada día conforme a tu verdadera identidad en Cristo!
📌 Próxima sesión: Ven preparado para compartir tus reflexiones personales, lo que aprendiste de tu lectura, y cómo viviste esta semana según tu identidad en Cristo.
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