TEMA: Oración #57 Tema: Jeremías se queja amargamente a Dios (Jeremías 20:7-8)
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Jeremiah 20:7-8
Jeremiah 20:7-8
Interpretación: Versículos 7–13
Aquí tenemos ahora a Jeremías, a causa de la debilidad de la carne extrañamente agitado en su interior. En estos versículos se manifiesta que, con ocasión del grave castigo que le había infligido Pasur, Jeremías sentía en su pecho una lucha entre sus gracias y sus debilidades.
I. El mal trato que Jeremías ha recibido. Se queja:
1. De que era objeto de ridículo y escarnio; hacían burla de todo lo que decía y hacía (Je 20: 7, 8)
Por dos cosas se reían de él:
(A) Por su manera de predicar: «Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito». Siempre había sido un predicador afectuoso, vivo; y desde que había comenzado a hablar en nombre de Dios, hablaba como quien tiene un enorme interés. Los predicadores apasionados son el escarnio/burla de oyentes negligentes e incrédulos.
(B) Por la materia de su predicación: «… grito: Violencia y destrucción». Este mensaje se puede entender de dos maneras:
(1) «La carga de su mensaje presagia desastre»
(2) Jeremías gritaba contra la violencia y la opresión que se hacían unos a otros los judíos «Él les reprendía por la violencia y el abuso de unos hacia otros, y profetizaba la violencia que había de sobrevenirles como castigo.
II. En fin, su ferviente dependencia de Dios a pesar de todo.
1. Halló la gracia de Dios al obrar poderosamente en él para tenerle fijo en su oficio (Je 20:9):
Pronto me encuentro con que hay en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos;
No hay cosa que les duela tanto a los fieles ministros de Dios como el que se les impida predicar el Evangelio.
2. Le fue asegurada la presencia de Dios con él, lo cual bastaba para reducir a la impotencia todos los ataques de sus enemigos Je 20:11
Para ayudarme a llevar la carga;
Hacer que la palabra que predico responda al propósito que Él le destinó;
Jeremías habla ahora con toda seguridad: «Puesto que Jehová está conmigo
3. Dios quiere que pongamos nuestras quejas/peticiones delante de El.
No es que Dios no la conociese perfectamente, pero nosotros hemos de exponerla ante Su presencia, pues quiere conocerla de nuestros labios con todos sus detalles, no para impresionarle a Él, sino para que nos impresione y afecte a nosotros mismos.
4. Se regocija grandemente y alaba a Dios, con plena confianza de que Dios se manifestará para librarle (Je 20: 13).
En un transporte de gozo, se siente ya libertado y se anima a sí mismo
y a otros a cantar y alabar a Jehová, dándole la gloria que le pertenece por ello.
Vemos aquí un cambio muy grande desde que comenzó esta conversación con Dios: las nubes se han desvanecido y sus quejas se han acallado y se han convertido en alabanzas.
Lo que ha efectuado este dichoso cambio ha sido una fe viva puesta en ejercicio, hasta cambiar las quejas en cánticos, y los temblores en triunfos.
