Castigo Divino

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Intro:
Hace solo unos días, en Chalco, Estado de México, ocurrió un hecho que conmovió al país entero. Fue una escena trágica, desgarradora… y profundamente humana.
Una mujer de edad avanzada, llamada doña Carlota, llegó acompañada por dos personas—su hija Mariana y un joven llamado Eduardo—en un automóvil blanco, a una vivienda en la colonia Candelaria Tlapala. La casa estaba en disputa. Doña Carlota decía que era suya. Que le pertenecía. Que había luchado por recuperarla, sin éxito. Denuncias, documentos, abogados, juicios… pero nada parecía funcionar. El terreno, decía ella, se lo habían invadido.
Ese 1 de abril de 2025, doña Carlota decidió hacer algo irreversible.
Descendió del vehículo, caminó directamente hacia el portón de la casa, discutió brevemente con las personas que estaban ahí… y sin más, sacó un arma y comenzó a disparar.
El primero en caer fue Justin Márquez Torres, un joven de solo 19 años, que murió al instante. Luego, su padre, Esau Márquez, de 51 años, fue herido gravemente. Murió más tarde en el hospital. Un tercer familiar, un adolescente de apenas 14 años, recibió dos impactos de bala en las piernas. Sobrevivió, pero está en recuperación.
Todo quedó grabado en video. El país entero vio la escena con asombro: una mujer mayor, temblorosa, pero determinada, disparando sin titubeos.
Hoy doña Carlota está detenida, junto con sus acompañantes. Su caso ha desatado polémica: algunos la ven como víctima de un sistema legal ineficaz, otros como culpable de un crimen imperdonable. Lo cierto es que, en su desesperación, tomó en sus manos lo que solo le pertenece a Dios: la venganza..
El **Salmo 94** comienza diciendo:
**”Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate.”**
¿Lo ves? El clamor del salmista no es un grito de odio, sino de confianza: él no toma venganza, él clama al Dios justo.
Doña Carlota hizo lo que muchos sienten ganas de hacer: tomar justicia por su cuenta cuando las autoridades fallan, cuando el dolor aprieta, cuando la injusticia parece triunfar. Pero el salmo continúa:
**”¿Quién se levantará por mí contra los malignos? ¿Quién estará por mí contra los que hacen iniquidad?”** (v.16).
Y la respuesta no tarda: **”Si no me ayudara Jehová, pronto moraría mi alma en el silencio.”**
Hermanos, Dios no es indiferente al sufrimiento, ni a la opresión, ni a la injusticia. Pero **su justicia llega a su tiempo**, no al nuestro. Y cuando llega, es perfecta. La venganza humana es precipitada, parcial y pecadora. La venganza divina es justa, santa y definitiva.
Así que, cuando seas herido, cuando la maldad te rodee, cuando parezca que los impíos vencen, **no tomes la espada en tus manos**. Toma el salmo en tus labios. Ora como el salmista. Clama:
**”Mas Jehová me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza.”** (v.22)
El Salmo 94 aborda el tema del castigo y la justicia divina, recordando a los fieles que Dios es un juez justo que no dejará impunes las injusticias y el sufrimiento de su pueblo. El salmista clama a Dios pidiendo socorro y expresa su certeza de que Dios juzgará a los malvados y protegerá a los justos.
El castigo de Dios también apunta hacia la obra redentora de Cristo. En el Nuevo Testamento, vemos cómo Cristo cumplió la justicia divina al llevar sobre sí el castigo que nosotros merecíamos, permitiendo así que Dios sea justo y a la vez el justificador de los que creen en Él.
Dios es un juez justo que, aunque castiga el pecado, también ofrece la redención a través de Cristo, animándonos a confiar en Su justicia en medio de nuestras luchas.
Comenzar el sermón con la ilustración de la señora que tomo venganza contra las personas que le robaron su terreno.
El salmista comienza haciendo un clamor desesperado para que Dios lo ayude, se encuentra en algún problema que no describe de manera especifica, pero que lo llevan a una rápida reacción hacía Dios pidiendo auxilio quiere que Dios se:
muestre
se engrandezca
El salmista se queja que Dios pase por alto las iniquidades de los impíos que hagan y deshagan y que nada les pase, atacan a los hombres buenos los afligen y los quebrantan y andan por la vida muy tranquilamente.

I. Clamor del Pueblo Doliente

Salmo 94:1-7
Podrías comenzar considerando cómo estos versículos nos recuerdan que Dios observa la injusticia y escucha el clamor de los oprimidos. Aquí, se establece la certeza de que Dios interviene en defensa de los que sufren. Quizás, en tus luchas, encuentres consuelo al recordar que Dios no ignora el dolor, sino que está determinando el momento justo para actuar de acuerdo a Su sabiduría.

II. Conocimiento del Juez Supremo

Salmo 94:8-11
Podrías reflexionar sobre cómo el salmista desafía a los malvados a reconocer a Dios como el juez que examina los pensamientos y corazones. Tal vez, esto nos llame a recordar la soberanía de Dios sobre el conocimiento y enjuiciamiento del corazón humano. A pesar de la aparente invulnerabilidad de los impíos, Dios es consciente de cada injusticia cometida.

III. Corrección como Bendición Divina

Salmo 94:12-15
Podrías considerar cómo el disciplinar del Señor hacia los justos es una expresión de Su amor paternal. En estos versículos, la corrección divina se presenta como una bendición que guía a Sus hijos hacia la justicia. Quizás, esto nos impulse a ver las dificultades no como castigo, sino como una forma de ser perfeccionados en Su verdad.
Luego el versículo 12 nos dice que al justo Dios lo castiga, lo disciplina esto pareciera no tener sentido, como que Dios deja al malo hacer su pecaminosa voluntad, pero al justo al que trata de hacer las cosas bien a ese si le carga la mano. ¿Por qué? Vamos a hebreos 12.6-11 para notar el carácter de Dios.
Hebreos 12:6–11 RVR60
6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

IV. Confianza en el Refugio Divino

Salmo 94:16-23
Tal vez, podrías ver cómo estos versículos culminan en la proclamación de Dios como nuestro refugio y defensor contra la injusticia. Aquí, Dios como juez también es nuestro protector, garantizando no solo el juicio sobre los impíos, sino también el cuidado de los justos. Esto puede animarte a confiar en Su refugio ante las pruebas, confiando en Su definitiva victoria.
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