La Palabra que Transforma: El Evangelio como Poder de Dios para Salvación

El evangelio Segun Juan  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Descubrir el poder transformador de la Palabra de Dios como medio de regeneración y salvación, en el marco de las doctrinas de la gracia, tomando como ejemplo la predicación de Cristo.

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Handout
1.- Leamos Juan 3 1-21
2.- Oremos
INTRODUCCIÓN
Hoy iniciemos con una pregunta:
“¿Cómo llegó la Palabra de Dios a transformar tu vida?”
Antes de entrar en el tema de hoy, tomemonos todos un tiempo, un par de minutos y reflexiones sobre:
¿Qué notas en la manera o que caracteristcas hallas en la forma en que Jesús le predica a Nicodemo?
No es una charla informal. Tampoco es una discusión teológica, a pesar que Nicodemo era un conocedor las Escrituras, tampoco es un mensaje emocional ni motivacional . Es una conversación que tiene el peso de un verdadero sermón evangelistico, cuya finalidad no es convencer a Nicodemo sino mostrar el pecado y el error.
¿Notaste cómo Jesús habla con autoridad, sin rodeos, y a la vez con compasión?
¿Cómo centra su mensaje en una necesidad profunda y no superficial?
Y aún más, ¿cómo dirige todo hacia una verdad mayor, algo que transforma el alma?
A lo largo de esta noche, vamos a ir descubriendo algunas características claves de esta predicación que nos desafían y nos enseñan muchísimo.
Así que mientras avanzamos, te animo a que mantengas esa pregunta presente en tu mente:
¿Qué nos enseña Jesús aquí sobre cómo debe ser anunciada la verdad de Dios?

I. LA PALABRA COMO MEDIO DE REGENERACIÓN

Cristo mismo confirmó en esta conversacion la suficiencia de las escrituras. Al usar únicamente la Palabra de Dios para confrontar el corazón de Nicodemo.
Jesús confió en la Palabra porque ella es suficiente. No necesita nada más. Romanos 10:17 lo afirma con claridad: “La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.”
Recuerden que No hay regeneración sin la acción soberana del Espíritu Santo, y esta obra se lleva a cabo por medio de la proclamación del evangelio. Es decir, la Palabra, Su palabra, no la nuestra es el medio de gracia por el cual Dios da vida a los muertos.
Cuando leemos Efesios 2:1-5, Se nos recuerda que el no creyente esta muerto. En sus delitos y pecados, pero Dios, que es rico en misericordia, le da vida. ¿Y qué instrumento usa Dios para traer esa vida? Su Palabra viva y eficaz. 1 Tim 3 16-17
La semana pasada vimos cómo Jesús le dice a Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo.” Y lo más importante: no se trata de una decisión humana, sino de una obra espiritual, un milagro, operado por el Espíritu Santo a través del poder de la Palabra.
Nos preguntábamos: “¿Cómo puede un muerto tener fe? ¿Cómo puede un muerto oír?” ¡Es imposible! A menos que primero haya una resurrección espiritual. Y esa es precisamente la obra de la gracia soberana de Dios en la regeneración.
“¿Por qué creen que Nicodemo, siendo un gran maestro de Israel, no comprendía estas cosas?”
Nicodemo conocía las Escrituras, pero seguía muerto espiritualmente. A pesar de su conocimiento, necesitaba nacer de nuevo.
Leamos juntos Juan 3:14-16.
Jesús, siendo el Verbo encarnado, usa la misma Palabra de Dios para predicar el evangelio de salvación.
“¿Qué nos enseña esto Jesus sobre cómo debe proclamarse el evangelio?”

Reflexión

En este pasaje, vemos a Jesús evangelizando no con métodos de moda de su epoca, sino con fidelidad a la Palabra. No recurre a las estrategias de los fariseos, ni a los modelos populares del mundo grecorromano.
Jesús ni sus discípulos usaron practicas de moda en la epoca
Procesiones, espectáculos ni festivales con danzas, cantos y música como hacían los griegos en el culto a Artemisa para los griegos y Diana entre los romanos).
Tampoco usa el Interés económico, ni necesidades que tenia seguramente nicodemo, peor usa la manipulación emocional de masas,
Misticismo ni sensualidad. No apeló al “sentir” o al entretenimiento. Artemisa era diosa de la fertilidad y la luna; su culto incluía connotaciones místicas y emocionales, transes, desmayos, libertinaje.
Como vemos Cristo no usó métodos humanos ni mundanos. Él predicó con pureza, fidelidad y autoridad divina.
Jesús nos muestra que la Palabra de Dios es el medio suficiente, ordinario y poderoso de gracia para salvar. Como dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 2:4: “No con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder.”
Leamos Jeremías 23:28–29:
Dios distingue entre palabra humana (la paja) y Su Palabra (el trigo). Solo Su Palabra tiene poder.
Leamos: Colosenses 2:8
Vemos aquí que los cristianos debemos estar alertas y en una clara advertencia contra métodos humanos, ideas vacías y formas no bíblicas de persuasión.
No añadamos nada más que las Sagradas Escrituras cuando hablemos de Cristo, ya sea con otros o con nosotros mismos. La Palabra de Dios es suficiente y poderosa. No necesita ser adornada con métodos humanos ni reforzada con fórmulas emocionales.
Ahora bien, es comprensible que un nuevo creyente, con poco tiempo en la fe y escaso conocimiento bíblico, recurra espontáneamente a su testimonio de conversión al compartir el evangelio. Y eso es natural. El Señor puede usarlo. Pero a medida que ese creyente crece y comienza a conocer la Palabra, es necesario que su forma de evangelizar también madure.
Un creyente que lleva ya algunos meses caminando con el Señor debería estar alimentándose de la Palabra, meditando en ella, aprendiéndola, y reconociendo que este es el medio principal que Dios ha establecido para la salvación de las almas.
Por eso, cuando una persona que lleva años en el evangelio aún basa su predicación en su testimonio personal o en métodos meramente humanos, eso no es señal de madurez espiritual, sino más bien de inmadurez. Porque el creyente maduro es aquel que ha hecho de la Palabra su alimento diario, su guía constante y su herramienta principal al predicar.
Jesús mismo nos da ese ejemplo. Cuando tuvo frente a Él a un hombre importante como Nicodemo —un maestro en Israel, conocedor de la Ley— no lo impresionó con experiencias sobrenaturales ni apeló a su historia personal. Lo confrontó con la Palabra.

II. UNA PREDICACIÓN CENTRADA EN DIOS Y NO EN EL HOMBRE

En la conversación con Nicodemo, notamos que Jesús no solo expone la verdad, sino que lo hace con un enfoque teológico claro: todo lo que dice está centrado en la obra y la voluntad de Dios.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito…” (Juan 3:16)
El evangelio que predica Jesús no gira en torno al hombre, sus emociones o aspiraciones, sino en torno a quién es Dios, qué ha hecho Dios, y qué espera Dios del pecador.
Esto nos enseña que la predicación bíblica no es antropocéntrica (centrada en el hombre), sino teocéntrica. La meta no es que la gente se sienta bien, sino que vea su pecado, tema a Dios, y corra a Cristo por salvación.
Como dijo Martyn Lloyd-Jones: “La predicación no busca agradar al hombre, sino ponerlo de rodillas ante la majestad de Dios.”
Hoy más que nunca el mundo necesita una predicación centrada en Dios:
Que exalte Su santidad.
Que confronte el pecado.
Que anuncie Su juicio y Su misericordia en Cristo.
Que proclame el nuevo nacimiento como obra del Espíritu, no como decisión emocional.
Una predicación centrada en Dios produce convicción, humildad y verdadera conversión. Una centrada en el hombre solo genera oyentes satisfechos, pero no regenerados.
Usemos un poco la imaginación- Si fueras nicodemo y te creerías el mas religioso del mundo y que tienes el cielo ganado ¿Como te irias a tu casa toda vez que te han dicho que estas equivocado al respecto?

III. EL FRUTO DE ESTA PREDICACIÓN

Creo que todos aquí estamos plenamente seguros de que Dios podría convertir a los no creyentes sin necesidad del hombre, pero a Él le place que sea por medio de la predicación de Su Palabra y nos usa a nosotros.
¿Por qué cree usted que sea así?
Dios ha determinado soberanamente que el medio ordinario para traer a los pecadores a la vida es la predicación del evangelio (Romanos 10:14-17). No porque Él lo necesite, sino porque Él se glorifica al usar vasos de barro para mostrar el poder de Su gracia.
Cristo predicó a Nicodemo y, aunque en ese momento no vemos una conversión explícita, más adelante vemos frutos. En Juan 7:50, Nicodemo defiende a Jesús frente al Sanedrín, y en Juan 19:39, lo vemos trayendo mirra y áloe para el entierro de Jesús. ¡Eso no lo hace cualquiera! Ese acto indica fe, temor de Dios y una transformación interna. El fruto de la predicación fiel es la conversión real, la obediencia verdadera, y el amor a Cristo.
La predicación de la Palabra no siempre produce frutos inmediatos, pero sí eternos. La semilla puede germinar en el tiempo de Dios. Nuestra tarea no es manipular resultados, sino sembrar fielmente. No usamos estrategias humanas para producir decisiones emocionales, creo que mas bien eso no puede convertir en piedras de tropiezo- Usamos la verdad del evangelio para que Dios obre regeneración.
¿Y cuál es el fruto esperado? No solo una oración, no solo una emoción, sino una vida transformada, que ama a Cristo, que se aparta del pecado, y que se deleita en Su Palabra. Cuando estemos delante de su trono nos diga bien siervo y fiel, te di mi palabra y la compartiste fielmente, no que nos diga siervo inutil te di las herramientas sufientes y correctas pero preferiste otras cosas.
Recuerde La ley del Señor es perfecta, que convierte el alma…” (Salmo 19:7)
La predicación fiel del evangelio no produce consumidores de iglesias, sino discípulos de Jesús. No produce admiradores del predicador, ni dependencia de ellos, sino adoradores de Cristo.
Aplicación:
¿Consideras que solo unos cuantos estan llamados a compartir el evangelio?
Si enseñas la Palabra, ¿te animas sabiendo que aunque no veas fruto inmediato, Dios está obrando?

CONCLUSIÓN

Volvamos a la pregunta inicial: “¿Cómo llegó la Palabra de Dios a transformar tu vida?”
Hoy vimos que el evangelio es poder de Dios para salvación. No necesitamos métodos mundanos, ni experiencias personales impresionantes, ni estrategias humanas. Lo que necesitamos es la Palabra de Dios, predicada con fidelidad, como Cristo lo hizo.
Vimos tres grandes verdades:
La Palabra es el medio de regeneración.
Cristo es el modelo perfecto de predicación.
El fruto es conversión verdadera y vidas transformadas.
Querido hermano, hermana: que esta clase no solo nos llene de información, sino de pasión por la Palabra. Que recordemos que Dios sigue usando Su evangelio para salvar, transformar, y dar vida. Y que, como Cristo, aprovechemos cada oportunidad para hablar menos de nosotros y más de Él.
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…” (Romanos 1:16)
¿Estás listo para seguir compartiendo esa Palabra que transforma?
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