Homilías Semana Santa 2025

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Domingo de Ramos

El texto de Lucas, proclamado en la procesión de hoy habla de la elección de un burrito que ninguno ha montado. Dice que cuando lo fueron a traer les preguntaron: ¿Por qué lo desatan? y los enviados responden: “porque el Señor lo necesita”.
Luego dice que echaron los mantos sobre el burrito e hicieron montar a Jesús.
Jesús entra en medio de aclamaciones. El pueblo alaba a Dios por las maravillas que él ha obrado, diciendo: !Bendito el rey que viene en nombre del Señor!
!La maravillosa obra de Dios! Su presencia tiene el poder de transformar todas las cosas. Incluso un simple burrito puede ser instrumento para que se dé gloria a Dios.
La obra de Jesús es justamente transmitir ese deseo del Padre: “Él también nos necesita”. Nos necesita para hacer presente su obra. Él ha buscado como padre misericordioso, nuestro corazón “atado” muchas veces por el pecado. Nos desata y luego nos dispone con los mejores mantos de su gracia, para que a través de nosotros Jesús pueda ser reconocido como rey.
Es esta obra del Padre en nosotros, la que se está realizando en este tiempo de gracia que iniciamos. Porque en el período cuaresmal nos ha buscado para desatarnos, invitándonos a la conversión. Y ya dispuestos para él, nos hace parte de su plan salvífico, permitiendo a Jesús entrar en nuestra historia para reinar en nosotros.
Hoy iniciamos este camino con Jesús. Necesitamos entender que, del mismo modo que él nos llama, porque “nos necesita” (como al burrito), como respuesta, espera nuestra disponibilidad. Disponibilidad para caminar con él, para vivir este misterio compenetrados con él, para dejarlo reinar también en nuestra vida, para dejarnos restaurar por la obra que él ha venido a cumplir en medio de la humanidad, es decir, la salvación.
Hoy también nosotros, llenos de esperanza, queremos reconocer la obra de Dios en nosotros, también aclamamos: !bendito el rey que viene en nombre del Señor!
Lo hacemos hoy y lo haremos durante esta semana santa, participando con alegría y devoción de la conmemoración de estos misterios de nuestra fe. Nuestra comunidad se llenará de esplendor y belleza por los ritos y procesiones. Pero estos serán aún más bellos y monumentales, cuando estarán nutridos y acompañados por la nuestra fe, que a su vez se fortalecerá en cada momento y en cada celebración.—-
Al final del texto del evangelio se dice que los fariseos cuando vieron la acogida de Jesús se llenaron de envidia y pretendían su silencio. Y frente a esto Jesús declara: “les digo que si éstos se callan, gritarán las piedras”.
Es otro signo que habla de la grandeza de Dios. La obra de Dios no puede ser silenciada. Dios siempre encontrará el modo de hacer sentir su presencia.
Nosotros, los discípulos de este siglo, debemos encontrar fuerza en estas palabras. Somos conscientes de lo difícil que puede resultar creer en medio de las circunstancias del mundo en que vivimos. Hoy también tenemos a nuestro alrededor o incluso muy cerca o quizá dentro de nosotros mismos, algunas voces “fariseas” que quisieran impedirnos dar gloria a Dios o manifestar nuestra fe.
Pero somos invitados a encontrar el sentido de nuestra fe en quien nos la concede. Como la fe es siempre un don de Dios, no son los límites o las fortalezas humanas las que le dan sentido. Es Él quien nos invita a creer. Por eso Jesús afirma que incluso las piedras pueden proclamar la grandeza de Dios.
Puede resultar extraña esta expresión, pero digo que se convierte en un motivo de esperanza, porque se puede entender como la posibilidad de creer, incluso para el que se siente duro como la piedra, incluso para quien tiene el corazón endurecido, incluso para quien las diversas circunstancias de la historia le han hecho dura la vida. Hasta las piedras, pueden proclamar la grandeza de Dios, porque Él tiene el poder de transformar todo, incluso los momentos y situaciones duros y difíciles.
A esto también nos debe ayudar la celebración de estos misterios santos que hoy iniciamos. A permitirle al Señor que nos desate (como al burrito) de todo lo que nos tiene prisioneros, y que nos use para manifestar su obra de salvación. Y que si acaso encuentra en nosotros un corazón duro, que lo transforme con su presencia, para que también proclame la grandeza del Señor.
Esta semana en nuestra comunidad, no será necesario que el Señor haga hablar las piedras, porque nuestras celebraciones, nuestras procesiones y todas nuestras expresiones de fe y piedad, serán un motivo para proclamar la obra de Dios en nosotros. Todo será expresión de nuestra conciencia como cristianos que viven con alegría su fe.
Pidamos a Dios la gracia de vivir este tiempo santo con este deseo de dar gloria a él y de reconocer el don de su salvación en la persona de Jesús, nuestro Salvador.
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pensar a la imagen de Jesús que se refleja en la palabra: ¿cuál es la imagen con la cual yo vengo dispuesto a vivir estos misterios de la semana santa?
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