Domingo V - Tiempo ordinario - Ciclo B

Homilias dominicales  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción

Queridos hermanos:
Hoy la palabra de Dios que la liturgia de este domingo nos invita a mirar nuestra vida a la luz de un profundo misterio. Un misterio en la cual reflexionamos poco. Es el dolor, del sufrimiento.
En la primera lectura, se nos presenta a Job y una de las reflexiones más humanas y conmovedoras de las Escrituras. Job 7:1 “El hombre en la tierra cumple un servicio, vida de mercenario es su vida;” Job describe su existencia con la imagen de un soldado que cumple su servicio, de un trabajador que trabaja duramente bajo el sol, esperando apenas un poco de sombra, un pequeño respiro.
La vida —nos dice Job— a veces se parece a una lucha en la que el cansancio se acumula, donde incluso el descanso y el salario parecen pequeños consuelos frente al dolor.

¿No nos sentimos a veces así también nosotros?

Trabajando, sirviendo, luchando, y preguntándonos si todo esto tiene un sentido más profundo.
Sin embargo, la Palabra no se detiene en la queja. El Salmo 146:5
“Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob, quien tiene su esperanza en Yahvé, su Dios,”
nos da una clave esencial:
Salmo 146:9 “Yahvé protege al forastero, sostiene al huérfano y a la viuda.”
¡Qué hermosa promesa! No estamos solos en nuestra fatiga. Dios no es indiferente a nuestro dolor. Él, que creó las estrellas y las llama a cada una por su nombre, conoce también nuestras heridas y se acerca a curarlas.

Ejemplo de Jesús y la predicación de San Pablo

En el Evangelio según san Mateo, vemos a Jesús haciendo exactamente eso: sanando, liberando, restaurando. Jesús no se queda en un solo lugar; va de pueblo en pueblo porque su corazón arde de compasión. Sana a la suegra de Pedro, expulsa demonios, atiende a todos los que sufren.
Y cuando al amanecer se retira a orar, muestra que su fuerza para servir brota de su intimidad con el Padre.
San Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos enseña que anunciar el Evangelio es para él una necesidad, no una opción. Él también se ve como un servidor, un soldado de Cristo: "¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!" (1 Cor 9,16). No busca recompensa humana; no es la aptitud de Job 7:6 “Mis días ... se consumen sin nada de esperanza.” Su alegría está en cumplir su misión de amor, en hacerse "esclavo de todos para ganar a muchos".

Conclusión

Así pues, hermanos, la vida cristiana no es simplemente una sucesión de trabajos y fatigas sin sentido. Es un servicio que tiene su raíz en el amor de Dios y su culminación en la esperanza. Aunque a veces nos sintamos como Job, agotados y sin ver la luz al final del túnel, hoy se nos recuerda que nuestra vida está en las manos de un Dios que sana, que da sentido y que premia con la vida eterna.
No olvidemos nunca que servir —aunque duela— es reinar con Cristo. Que nuestro trabajo cotidiano, nuestras penas y alegrías, nuestras luchas grandes y pequeñas, no son en vano. En Cristo, hasta el sufrimiento se convierte en camino de vida.
Por eso, hoy podemos repetir en nuestra vida como el salmista:
Salmo 146:10 “Yahvé reina para siempre” y aprendamos como la Virgen María a repetir todos los eventos vividos meditandolos en el corazón.
Amen.
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