Entrada Triunfal
Entrada Triunfal • Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 12 viewsNotes
Transcript
¿Quién es el que viene?
¿Quién es el que viene?
El día de hoy recordamos lo que se conoce como domingo de ramos y da inicio a la semana de la pasión. Los últimos días del ministerio del Señor Jesús en esta tierra; está por culminar el propósito de Su llegada.
Lucas el escritor que estudiaremos, hace notar que el tiempo ha llegado. Todo lo que veremos a partir de hoy fue diseñado para llamar la atención al hecho que ÉL es el Mesías esperado por Israel.
El evento de hoy es narrado por los 4 evangelios, las 4 narraciones históricas que tenemos de la vida de Jesús.
Veremos 2 tipos de reacciones: la del pueblo que lo aclama y la de los líderes religiosos que lo rechazan. El Señor también tiene 2 reacciones por una parte su alegría por llegar a la ciudad de Jerusalén y por otra tristeza por una oportunidad más desperdiciada por ellos, para reconocerlo como Príncipe de Paz.
Desde que inició su ministerio, sabía que terminaría en Jerusalén para presentarse ante los líderes religiosos como Mesías.
“… Y hablaban sobre la partida de Jesús de este mundo, lo cual estaba a punto de cumplirse en Jerusalén.” (Lucas 9:31, NTV)
Se conoce como la Entrada Triunfal, domingo de Ramos. Ésta es la historia
“Después de contar esa historia, Jesús siguió rumbo a Jerusalén, caminando delante de sus discípulos.” (Lucas 19:28, NTV)
Jesús va delante, parecía como si tiene prisa por llegar aunque sabe lo mucho que sufrirá. Entrará a Jerusalén como triunfante, pero cuánto más triunfante parezca es más cruel, porque empezaría el fin de su vida en tan sólo 5 días más.
Vemos el cumplimiento de su deseo dicho desde antes:
“Cuando se acercaba el tiempo de ascender al cielo, Jesús salió con determinación hacia Jerusalén.” (Lucas 9:51, NTV)
Se acerca a Jerusalén y pasa por Monte de los Olivos. Betania está a un lado del monte a unos 5 km de Jerusalén, ahí es dónde viven sus amigos: María, Marta y Lázaro. Es el domingo antes de la Pascua. Muchos visitantes están llegando a Jerusalén.
Es un día alegre, principios de primavera del año 29 d. C. La comitiva sale de Betania, es la última semana de su vida terrenal y podemos imaginar lo mucho que meditó sobre lo que se acerca.
Entrará a Jerusalén donde recibirá algunos honores, pero también donde será traicionado, entregado en manos de hombres crueles que lo llevarán a una muerte vergonzosa. Pero ÉL ¡va delante! como el pastor delante de las ovejas, como el capitán va delante de los soldados.
Y vale más dejarlo ir delante, porque en el momento que queramos adelantarnos al Maestro, estaremos fuera de lugar. Pero si va al frente podemos seguirlo tranquilos, cualquiera que sea el camino de sufrimiento que camines por ser Su hijo, debes saber que Jesús ha caminado ese camino antes que nosotros.
Los fariseos habían puesto precio a su cabeza, lo querían matar, pero no sabían cómo.
“Mientras tanto, los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes públicamente de que cualquiera que viera a Jesús avisara enseguida, para que ellos pudieran arrestarlo.” (Juan 11:57, NTV)
Entenderíamos que quisiera entrar en secreto, pero lo hace llamando toda la atención posible de la cuidad.
“Al llegar a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos, mandó a dos discípulos que se adelantaran.” (Lucas 19:29, NTV)
El Señor se detiene en Monte de los Olivos para los preparativos necesarios, de modo que la gente lo pueda identificar claramente como el Mesías. Quizá envía a Pedro y Juan, como lo haría más adelante.
“Jesús mandó que Pedro y Juan se adelantaran y les dijo: —Vayan y preparen la cena de Pascua, para que podamos comerla juntos.” (Lucas 22:8, NTV)
La orden es clara.
“«Vayan a la aldea que está allí —les dijo—. Al entrar, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí.” (Lucas 19:30, NTV)
Cuando pide el burrito, se cumplirá lo dicho por el profeta Zacarías:
“¡Alégrate, oh pueblo de Sión! ¡Grita de triunfo, oh pueblo de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti. Él es justo y victorioso, pero es humilde, montado en un burro: montado en la cría de una burra.” (Zacarías 9:9, NTV)
El Mesías esperado entraría en un burrito, esto lo sabían los líderes religiosos, lo sabe todo el pueblo que espera al Mesías. Lo saben los dueños del burrito. El hecho que no hubiera sido montado antes, era que podía ser usado para fines sagrados. En el AT los reyes con mucha pompa entraban en caballos. Pero en el tiempo de las tribus de Israel los caudillos entraban para liberar al pueblo montado en burros.
En la guerra van a caballo pero en burro para hacer la paz. Jesús comunica humildad, mansedumbre. No entra con triunfalismo humano, sino decido a mostrarse como un rey pacífico. Ese era el mensaje de los profetas, pero por alguna razón no era lo que esperaba el pueblo.
“Si alguien les pregunta: “¿Por qué desatan al burrito?”, simplemente digan: “El Señor lo necesita”». Así que ellos fueron y encontraron el burrito tal como lo había dicho el Señor. Y, efectivamente, mientras lo desataban, los dueños les preguntaron: —¿Por qué desatan ese burrito?” (Lucas 19:31–33, NTV)
Cristo es dueño y Señor de todo, puede ordenar y pedir lo que sea, pero esta frase está llena de implicaciones que pueden escaparse si no leemos con cuidado. Si Jesús tuvo necesidad de un burrito ¿habrá alguien que crea que no está capacitado para cumplir SU llamado?
“»Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.” (Juan 15:5, NTV)
El fruto se da en las ramas ¡no en el tronco de la vid! Nosotros somos esas ramas dónde se dará el fruto. El Señor hará lo que desea hacer, pero es a través de nosotros. Hablará por medio de nuestros labios, sanará con nuestras manos. Él consumó toda redención, pero somos Sus instrumentos para que quienes no lo conocen, sepan de esa redención.
Quienes están dispuestos a cumplir y hacer SU voluntad, verán que todo sale conforma e lo que ha dicho y prometido. Si Dios te ha dicho que eres Su Instrumento ¡eso eres!
Claro que el Señor tiene en su mano los corazones de los hombres y pudo influir sin violencia en los dueños del burrito, tan pronto ven que desatan su burro, preguntan y los discípulos responden:
“Y los discípulos simplemente contestaron: —El Señor lo necesita.” (Lucas 19:34, NTV)
Cristo es dueño y Señor de todo, puede ordenar, pedir lo que sea. Pero pudo ser otra la razón, los ciudadanos judíos estaban acostumbrados a que los romanos les arrebataran sus bienes. Pero al mismo tiempo se cumple un requerimiento Mesiánico.
Los discípulos dicen: El Señor lo necesita, la palabra para Señor es “Kyrios”, cuando los dueños oyen esto, pueden entenderlo como el Emperador de Roma, porque es el mismo título. O que se trataba de Jesús, porque quizá conocen a los discípulos y reconocen la Soberanía de Jesús.
Había gente piadosa como Simón, Ana, Bartimeo que esperaban la redención de Israel y vivían con la expectativa de no morir sin antes ver la manifestación del Hijo del Hombre.
Lo que sí sabemos con seguridad es que todo fue planeado por nuestro Dios. Podemos saber que en los planes de Dios todo está debidamente planificado al detalle.
Los líderes religiosos sabían que la profecía dice que el Mesías entraría montado en un burrito, la gente lo sabe.
“Entonces le llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima para que él lo montara.” (Lucas 19:35, NTV)
Los buenos discípulos no se contentan con sólo obedecer lo que les mandan, lo hacen de buena gana pero hacen algo más. Ellos ponen sus prendas sobre el burrito para que lo monte, ÉL no se los pidió, pero lo hicieron de todo corazón con tal de servir a su Maestro.
Finalmente se encuentran con Jesús y la demás gente que viene con ÉL. Son muchos seguidores, recuerda que es la semana previa a la Pascua, la ciudad estaba llena de peregrinos que no encontraron hotel dentro de las murallas de Jerusalén.
Nosotros lo leemos y tenemos cierto contexto, pero los discípulos ¡no! Ellos entendieron todo esto hasta después que Jesús se fue al Padre:
“Sus discípulos no entendieron en ese momento que se trataba del cumplimiento de la profecía. Sólo después de que Jesús entró en su gloria, se acordaron de lo sucedido… ” (Juan 12:16, NTV)
En ese grupo que viene con Jesús y los que salen de Jerusalén para recibirlo, hay quienes preguntan a los que vienen de Betania lo que han oído de Lázaro.
“Al día siguiente, la noticia de que Jesús iba camino a Jerusalén corrió por toda la ciudad. Una gran multitud de visitantes que habían venido para la Pascua tomaron ramas de palmera y salieron al camino para recibirlo… ” (Juan 12:12–13, NTV)
Al confirmar la historia de Lázaro, imagina la emoción, sorpresa, al ver a Jesús, se unen a Él y se preguntan si es el Mesías, el prometido.
“A medida que Jesús avanzaba, la multitud tendía sus prendas sobre el camino delante de él.” (Lucas 19:36, NTV)
Tender prendas era señal de honra, respeto. Están alegres por todas las cosas maravillosas que han visto. Tal parece que éste Jesús se está auto identificando como el Mesías. ¿Será cierto?
“Cuando llegó a donde comienza la bajada del monte de los Olivos, todos sus seguidores empezaron a gritar y a cantar mientras alababan a Dios por todos los milagros maravillosos que habían visto.” (Lucas 19:37, NTV)
Alaban a Dios por todos los milagros, el más reciente la resurrección de Lázaro después de 4 días de estar muerto.
A muchos les gusta Jesús porque confronta a los líderes religiosos, pero de eso a creer ciegamente que es el Mesías hay un trecho. Hasta ahora reconocen que hace milagros. Muchos son seguidores, pocos discípulos. Muchos creen, pocos creen de verdad.
Actualmente muchos buscan a Jesús, o creen que “ser salvos” son cosas externas. Se acercan a Dios para su beneficio, para su bien, pero se niegan a ver que el mayor problema es espiritual. La razón de muchos de los problemas ¡es el pecado!
Muchos de los que no son de Jerusalén, son también seguidores “ciegos” de los líderes religiosos y no aceptan a Jesús.
“En ese mismo momento, los principales sacerdotes y los ancianos estaban reunidos en la residencia de Caifás, el sumo sacerdote, tramando cómo capturar a Jesús en secreto y matarlo. «Pero no durante la celebración de la Pascua —acordaron—, no sea que la gente cause disturbios».” (Mateo 26:3–5, NTV)
Muchos que lo seguían lo hacían sólo por los milagros.
“«¡Bendiciones al Rey que viene en el nombre del SEÑOR! ¡Paz en el cielo y gloria en el cielo más alto!».” (Lucas 19:38, NTV)
Paz en el cielo, porque ahora se va a consumar la redención, Dios va a reconciliar al mundo consigo
“Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación.” (2 Corintios 5:19, NTV)
Gloria en el Cielo porque Dios será glorificado de un modo especial en la obra del Calvario.
Cuando los ángeles anunciaron a Jesús dijeron: “Paz en la tierra”, porque ese nacimiento traía a la tierra las bendiciones, pero ahora dicen: Paz en el cielo, por la paz que conseguiría con Dios por medio de el sacrificio:
“Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.” (Romanos 5:1, NTV
Parece una recepción triunfal, pero la gente dice con sus labios lo que no entienden o peor, no aceptan en su corazón. Los fariseos lo comprenden aún más, pero de la misma forma no lo quisieron aceptar.
Los profetas apuntaban a este día, todo se está cumpliendo, pero no es cómo ellos quieren. No es lo que ellos esperan.
Esto sigue siendo en la actualidad, porque a veces, Dios se muestra de formas tan claras ¡pero no lo quieres aceptar! No porque no lo entiendas, sino porque va a sacudir tu vida, tus intereses y prefieres un Dios que se amolde a lo que tú quieres en lugar de aceptar lo que Él es.
Muchos de ellos esperaban un salvador político, que los libre de Roma y si ÉL puede resucitar a un muerto, también tendrá el poder de quitarles el yugo romano.
Le dicen Rey pero por razones equivocadas. ÉL lo sabe. Hacía un año en Galilea frustró sus planes de hacer un movimiento revolucionario para hacerlo rey.
“Cuando Jesús vio que estaban dispuestos a hacerlo rey a la fuerza, se escabulló hacia las colinas él solo.” (Juan 6:15, NTV)
Pensaron que expulsaría al opresor y establecería SU Reino. Pero Jesús sabe que al hacer este despliegue forzará a los líderes judíos a actuar. Habían pensado hacerlo después de la Pascua, pero Dios había establecido que fuera sacrificado en la Pascua, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Cuando lo aclaman como Mesías, la gente tiene razón y los fariseos están equivocados; pero esperan un Mesías que se revele como líder político y terrenal, entonces los que gritan están tan equivocados como los fariseos. Los que rechazan por completo a Jesús están cometiendo un delito, pero quienes lo aceptan por fuera, también, porque no lo aceptan por lo que realmente es. Por eso más adelante Jesús llorará, en medio de una multitud que le aclama sabe que días después cuando vean que no es el Mesías que quieren, a petición de sus líderes gritarán ¡crucifícale!
“Algunos de los fariseos que estaban entre la multitud decían: —¡Maestro, reprende a tus seguidores por decir cosas como ésas!” (Lucas 19:39, NTV)
Ellos creen que es blasfemia y también porque la principal guarnición romana: la Torre Antonia está a unos pasos y tienen miedo que esa multitud despierte sospechas y represalias.
También es verdad que se reprochaban su fracaso y el triunfo de Jesús.
“Entonces los fariseos se dijeron unos a otros: «Ya no hay nada que podamos hacer. ¡Miren, todo el mundo se va tras él!».” (Juan 12:19, NTV)
Pensaban que no debía aceptar esas aclamaciones, pero Jesús acepta la alabanza de los humildes.
“Jesús les respondió: —Si ellos se callaran, las piedras a lo largo del camino se pondrían a aclamar.” (Lucas 19:40, NTV)
Llegará el momento que la gente callará y las piedras darán un mensaje. El mismo Señor Jesús predijo que no quedaría piedra sobre piedra de Jerusalén y serían esas piedras la voz de la condenación por rechazar al Rey y Mesías.
En otras palabras Jesús les dice: si no aceptan el testimonio de estas piedras vivientes:
“Y ustedes son las piedras vivas con las cuales Dios edifica su templo espiritual… ” (1 Pedro 2:5, NTV)
Si no la aceptan, tendrán que aceptar el testimonio de otras piedras muertas dentro de 40 años, en la desolación profetizada por el Señor Jesús, quién es la Piedra Angular desechada.
“Ahora ustedes se acercan a Cristo, quien es la piedra viva principal del templo de Dios. La gente lo rechazó, pero Dios lo eligió para darle gran honra.” (1 Pedro 2:4, NTV)
Todas las profecías apuntaban a este momento ¡Debieron reconocerlo como Mesías! No era momento para callar sino de gritar que al fin Dios redimiría a SU pueblo.
“Al acercarse a Jerusalén, Jesús vio la ciudad delante de él y comenzó a llorar, diciendo:” (Lucas 19:41, NTV)
Jesús muestra compasión, pero sabe lo que vendrá para esa ciudad. Lloró porque sus habitantes no comprendieron la importancia de lo que ocurría ese día. Si lo aceptan, traería paz, pero como no lo hicieron, vendrían las consecuencias.
La gente está gritando, pero Jesús llora. Llega a un punto donde ve toda la ciudad, pero no ve las casas, muros, el imponente templo de Herodes o su casa, ve más allá. Ve a las personas sufriendo las consecuencias de su duro corazón. Sabe que ya es demasiado tarde, pero se expresa con ternura deseando que la nación se arrepienta:
“«¡Cómo quisiera que hoy tú, entre todos los pueblos, entendieras el camino de la paz! Pero ahora es demasiado tarde, y la paz está oculta a tus ojos.” (Lucas 19:42, NTV)
El médico Lucas ya dijo anteriormente la tristeza de Jesús por esa ciudad que lo rechaza.
“»¡Oh, Jerusalén, Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros de Dios! Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina protege a sus pollitos debajo de sus alas, pero no me dejaste. Y ahora, mira, tu casa está abandonada. Y no volverás a verme hasta que digas: “Bendiciones al que viene en el nombre del SEÑOR”.” (Lucas 13:34–35, NTV)
Se registran 3 ocasiones que Jesús llora. La primera antes de resucitar a Lázaro. Vio la tristeza de las hermanas y el fruto del pecado: la muerte y corrupción del cuerpo. Jesús lloró.
La tercera en el Getsemaní cuando está en agonía:
“Oró con más fervor, y estaba en tal agonía de espíritu que su sudor caía a tierra como grandes gotas de sangre.” (Lucas 22:44, NTV)
La segunda ocasión es esta, al ver su cuidad amada, pero rebelde. Sufrió una angustia que expresó en un llanto amargo, fuerte, no callado como cuando resucitó a Lázaro.
El Soberano, llora al ir cabalgando en medio de sus seguidores. Jesús conocía lo vacío de sus alabanzas, sabe que gritan bendiciones al Rey, pero en 5 días gritarán ¡crucifícale! Sabía que hoy entraba como una procesión alegre, en unos días habría una procesión de luto.
En todas esas lágrimas no hubo ni una sola por Su propia muerte, todas las lágrimas fueron por el juicio de Jerusalén, igual a como lo haría días después:
“Entonces Jesús se dio la vuelta y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.” (Lucas 23:28, NTV)
En el año 70 d. C. los romanos entran a la ciudad después de 143 días de asedio. Matan a 600 mil judíos, se llevan cautivos a miles y destruyen al ciudad, el templo y todo, porque a quienes se les reveló lo rechazaron:
“Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron;” (Juan 1:11, NTV)
“… “pero sus súbditos lo odiaban y enviaron una delegación tras él a decir: “No queremos que él sea nuestro rey”.” (Lucas 19:14, NTV)
Después de llorar ¡sigue su camino! La gente pregunta ¿quién es el que viene? No lo reconocen como Jesús el Rey y Mesías, lo reciben como el profeta, el maestro. ÉL sigue subiendo hacia el templo.
Va en silencio y la multitud gritando. El rastro de las lágrimas sigue húmedo en sus mejillas. No dice nada, sólo observa alrededor, como reconociendo el campo donde va a sufrir y morir.
Las sombras de la tarde se extienden. Triste, Jesús regresa una vez más a Betania con sus 12 discípulos para descansar.
FINAL
Al principio vimos que Jesús va delante, como con prisa por llegar, sabiendo que va a sufrir. Nuestro Señor Jesús estuvo dispuesto a morir ¿qué tan ingratos seremos que no queremos servirle?
Antes de Su sacrificio llama la atención de toda la nación. El Cordero de Dios será sacrificado, se iba a matar la gran ofrenda Pascual, por el pecado de la humanidad, por eso todos los ojos deben estar fijos en ÉL. Lo hace en lo público no en lo oculto.
Dios ordenó todo de manera que nadie pudiera negar estos eventos históricos. No se puede negar el hecho que Cristo fue puesto en una cruz, fue visto y oído en toda la ciudad, hasta el día que fue llevado a los sumos sacerdotes y Pilato, ser condenado públicamente, llevado al Calvario, clavado en la cruz. De todos los acontecimientos públicos de Su ministerio, el más público fue SU muerte y esa muerte fue la vida del mundo.
“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Todo el que coma de este pan vivirá para siempre; y este pan, que ofreceré para que el mundo viva, es mi carne».” (Juan 6:51, NTV)
Muchos siguen reconociendo que Dios es Poderoso, pero lo quieren usar para su beneficio, quieren milagros, prosperidad, trabajo, pero de eso a hacerlo Rey Soberano sobre toda su vida, hay un trecho. Al igual que esa gente y los fariseos, deciden no hacerlo REY, sólo un buen Maestro.
Si lo reconoces como Dios, Rey, Salvador, Soberano, la alegría de sus discípulos al entrar en Jerusalén no será nada comparado con el gozo que tendrás cuando vuelva para reinar. Ese gozo acabó pronto y dio paso a lágrimas y tristeza, el segundo gozo será para siempre. Ese gozo fue interrumpido por las burlas de los enemigos. El segundo gozo no tendrá interrupciones, será para siempre.
“Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:9–11, NTV)
Si no lo has hecho tu Señor y Salvador, hoy es el día. Acepta el perdón por tus pecados y ten la seguridad que cuando vuelva por segunda vez, ahí estaremos para recibirlo y gozarnos para siempre con ÉL. ¿Quién es el que viene? ¡Es Jesús, Mi Rey, mi Señor y Salvador!
Palabra de Dios
Oremos
