Obradores de Dios - Juan 5:25-45
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Transcript
La semana pasada Manny nos presentó la historia de Jesús y la mujer samaritana en el poso. Y esta semana vamos a continuar con esta historia. Pero primero vamos a repasa un poco de lo que ha pasado.
Comenzaremos con repasar un poco de historia.
Después del rey David, el reino de Israel se dividió en dos reinos. El Norte, Israel. El sur, Judea. El norte fue invadido por Asiria. Y Asiria trajo a Israel gente de las otras naciones que habían conquistado. Cuando esto sucedió, la gente se mezcló. Se casaron. Sus culturas se mezclaron y también sus creencias. Y esta gente fue llamada Samaritanos. Los samaritanos mezclaron las creencias paganas de los Asirios con las creencias de los judíos y corrompieron su fe.
Y a causa de esta corrupción de la fe, los samaritanos y los judíos no tenían una buena relación. Los judíos los veían como una gente impura y con una creencia, una fe retorcida. ¡Y los samaritanos veían a los judíos como personas arrogantes y que ellos eran los que tenían una fe equivocada! Los judíos empeoraron aún más su relación cuando quemaron el Templo de Samaria en el Monte Gerizim.
Entonces cuando llego Jesus al mundo, la relación entre los dos grupos era fracturada y hostil. No había amor entre ellos.
Ahora hablemos de la mujer samaritana. Lo primero es que ella era samaritana. Segundo, era una mujer, y una mujer en esta cultura no tenia gran valor. No tenia autoridad. Eran consideradas como segunda clase.
Pero aparte de esto, esta mujer tenia un pasado manchado. Esta mujer era una rechazada en su comunidad. Se había casado 5 veces y el hombre con el que estaba ahora no era su marido.
Y a pesar de todo esto, Jesús vino a Samaria, Jesús vino a este pozo, y Jesús vino a hablar con esta mujer rechazada.
Orar
Amor
Tu Palabra
Dirígenos
Prepáranos
Abran sus biblias y acompáñenme a leer la escritura de hoy Juan 4:25-42
La mujer le dijo*: «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo»
Jesús le dijo*: «Yo soy, el que habla contigo».
En esto llegaron Sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: «¿Qué tratas de averiguar?» o: «¿Por qué hablas con ella?»
Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo* a los hombres:
«Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será este el Cristo?»
Y salieron de la ciudad y fueron adonde Él estaba.
Mientras tanto, los discípulos le rogaban: «Rabí, come»
Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben».
Entonces los discípulos se decían entre sí: «¿Le habrá traído alguien de comer?»
Jesús les dijo*: «Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra.
»¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega”? Pero Yo les digo: alcen sus ojos y vean los campos que ya están blancos para la siega.
»Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije junto con el que siega.
»Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siega”.
»Yo los envié a ustedes a segar lo que no han trabajado; otros han trabajado y ustedes han entrado en su labor».
Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: «Él me dijo todo lo que yo he hecho»
De modo que cuando los samaritanos vinieron, rogaban a Jesús que se quedara con ellos; y Él se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron por Su palabra,
y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que Este es en verdad el Salvador del mundo»
Jesús, con dulzura y verdad, había compartido mucho con esta mujer. Compartió con ella acerca del agua viva. Que el que beba de esta agua que ofrece Jesús no volverá a tener sed. Él compartió con ella Su conocimiento íntimo de su pasado. Él le habló de la adoración verdadera. Que la adoración no se trata de dónde adoras, sino de cómo adoras. Adorar en espíritu. Tener una relación personal con Dios, no con el templo.
Tenemos dos lecciones que podemos aplicar a nuestras vidas. La primera lección es que nunca estaremos satisfechos con lo que el mundo nos ofrece. De hecho, si usamos el ejemplo de la mujer samaritana, vemos que cuanto más tratas de satisfacerte con las cosas del mundo, menos te sientes satisfecho y pierdes mas la esperanza de ser satisfecho. Esta mujer se había casado 5 veces tratando de encontrar satisfacción y este último hombre con el que estaba, ni siquiera se molestó en casarse con el. Ella había llegado a un punto que ya había perdido esperanza.
Quien de aquí a pasado por eso? Queremos ser satisfechos por las cosa del mundo y no trabaja. Tal vez alguien de aquí esta pasando por esto. No pierdan la esperanza! El problema no es que estemos buscado satisfacción. El problema es donde estamos buscando esta satisfacción. No busquemos en el mundo sino en el cielo! Esta satisfacción tiene nombre. ¡Jesús es el único que nos satisface!
La segunda lección es sobre la adoración. El propósito de la adoración es para arrimarnos mas a Dios. Adoración a Dios es honrar a Dios con gozo y obediencia en todo lo que hacemos. Estemos donde estemos y en cualquier situación en la que nos encontremos.
La mujer samaritana le pregunto a Jesus que donde se adora a Dios. En el monte de Gerezim o en el templo en Jerusalem? Y Jesus le explico que el lugar no es lo importante sino adorar en espiritu y verdad. Adorar a Dios con un entendimiento y conocimiento de quien es Dios y quien somos nosotros y que hizo Dios por nosotros. Es adorar con amor, humildad y sinceridad. Y eso es algo que tenemos que hacer nosotros. Adorar a Dios de esta manera.
Bueno regresemos la mujer samaritana.
¿Qué estaba haciendo Jesús aquí con esta mujer? Él estaba preparando el corazón de esta mujer para la próxima revelación. Vemos que la mujer está atenta con lo que Jesús le está diciendo y lo que sabe. Esta conversación comenzó con el agua y progreso ahora al Mesías. Esta mujer se dio cuenta de que Jesús era diferente a cualquier persona que había conocido. Y ahora que su corazón estaba listo, Jesús se reveló a ella como el Mesías. Jesús se reveló a sí mismo a esta mujer pecadora y samaritana.
Lo que sucede después de esto es para mi, algo increíble. Es un ejemplo perfecto de el plan de Dios en acción.
Cuando se revelo Jesus a la mujer como el Mesías, llegaron los discípulos de Jesus. La mujer, dejando su cántaro fue al pueblo hablar con la gente del pueblo. Y Jesus se quedo con los discípulos y tomo este tiempo para darles una lección. Lo que quiero entiendan aquí es que estas dos cosas; la mujer regresando al pueble y hablando con la gente y Jesus dandole una lección a los discípulos están pasando al mismo tiempo. No son eventos separados sino eventos que se complementan uno al otro.
Hablemos de la mujer primero.
La mujer dejo su cántaro en el poso. Jesus tuvo un impacto tan grande en esta mujer que le cambio las prioridades! Ya no le importaba la agua del poso sino compartir la notica del Mesías con su pueblo; ella no regreso al pueblo con agua del poso sino con agua viva!
Llego al pueblo y le dijo a los hombres “ Vengan, vean a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. No será este el Cristo?” Esta mujer dio su testimonio! Lo que le sucedió cuando se encontró con Jesús. Y no para llamar la atención hacia ella, sino para apuntar a la gente del pueblo a Jesus.
Que ejemplo tan bonito tenemos aquí del poder de un testimonio! Del impacto que tiene Jesus en nuestras vidas! Y la gente salió de la ciudad a buscar a Cristo. Notaron algo en esta mujer que les hizo aceptar lo que estaba diciendo como verdad. Miren que nos dice Pablo la importancia de compartir la buenas noticias de Jesus.
porque: «Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo».
¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: «¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!».
Es importante predicar las buenas noticias de Jesus!
No se nos da un número exacto de cuántas personas salieron a buscar a Jesús, pero imagínense si todo el pueblo de Lordsburg dejara de hacer lo que están haciendo y comenzara a caminar hacia los tanques de agua al sur del pueblo. Sería algo asombroso! Y Lordsburg no es tan grande.
Ahora les pido algo, guarden esa imagen de todas esas personas marchando hacia el poso de agua para encontrarse con Jesús. Y hablemos de lo que Jesús estaba enseñando a sus discípulos.
Cuando llegaron los discípulos con Jesus, ellos miraron que estaba hablando con una mujer samaritana, pero no dijeron nada, a pesar de que era algo extraño. Cuando la mujer se fue, los discípulos le rogaban a Jesus que comiera. Recuerden que Jesus es totalmente Dios pero tambien totalmente humano. El siente la hambre, el necesita comer tambien. Pero Jesus les dice a ellos que “el tiene una comida de que ellos no saben!” Y los dejo que patinaran un poco!.. Quien le trajo algo de comer? y luego les explico.
Jesús les dijo*: «Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra.
La comida satisface la hambre que sentimos. La comida nos da fuerza y nos sostiene. La comida es necesaria para la vida. Jesús aquí está diciendo que lo que lo satisface, lo que le da fuerza y lo sostiene es hacer la voluntad de Dios y llevar a cabo Su obra.
Una pregunta para reflexionar. ¿Cómo impactaría esta forma de pensar en la forma en que vivimos nuestra vida? Que cada uno de nosotros tengamos hambre para hacer la voluntad de Dios! Y que veamos, como Jesus nos dice aquí, que la comida para este tipo de hambre es hacer la voluntad de Dios.
Nos se les ha olvidado que la gente viene marchando hacia ellos verdad? Miren lo que les dice a los discípulos ahora.
»¿No dicen ustedes: “Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega (cosecha) ”? Pero Yo les digo: alcen sus ojos y vean los campos que ya están blancos para la siega (cosecha).
»Ya el segador (cosechador) recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije junto con el que siega (cosecha).
»Porque en este caso el dicho es verdadero: “Uno es el que siembra y otro el que siega (cosecha)”.
»Yo los envié a ustedes a segar (cosechar) lo que no han trabajado; otros han trabajado y ustedes han entrado en su labor».
Este pasaje, cuando habla de la cosecha, me recuerda mi juventud. Siempre esperábamos con ansias la cosecha. La pisca de chile, el tapeo de cebolla y hasta la calabaza. Porque sabíamos que si había cosecha, había trabajo. Y donde hay trabajo, hay dollares o biyuyos como les decimos en Palomas! Y gracias a estos biyuyos, podíamos comprar las cosas que deseábamos. Recuerdo que el primer día de regreso a clases, siempre tenía un par de zapatos nuevos que no eran de Payless. ¡Y pantalones que no eran de K-Mart! ¡La cosecha era buena! Pero teníamos que esperarla temporada todos los años.
Era muy similar en estos tiempos de Jesus. La gente esperaba la cosecha con anticipación porque iba ver trabajo y paga. Aquí Jesús les estaba diciendo a los discípulos que aunque piensen que tienen que esperar la cosecha, ¡les digo que miren hacia arriba y vean los campos listos para la cosecha! ¿A qué se refería Jesús?
Recuerdan la gente que venia marchando hacia El? Esta es la cosecha! Una cosecha muy valiosa! Las almas de le gente! Y la paga que se recibe por esta cosecha no es dinero sino una recompensa de Dios, vida eterna al lado de Jesus!
Y esto es algo que se hace en conjunto. No puede haber cosecha si no hay siembra. Los que siembran y los que cosechan están trabajando juntos para Dios. El que siembra y el que cosecha regocijaran juntos y recibirán la recompensa de Dios.
Si somos de Cristo Jesus, somos obradores de Dios! Aveces sembramos y aveces cosechamos pero somos obradores de Dios.
Los discípulos iban a cosechar lo que alguien más había sembrado. Pero ambos iban a recibir la recompensa de Dios.
Pero, ¿quién sembró? La mujer samaritana! Una mujer pecadora, rechazada por el pueblo.
Veamos lo que paso
Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en Él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: «Él me dijo todo lo que yo he hecho»
De modo que cuando los samaritanos vinieron, rogaban a Jesús que se quedara con ellos; y Él se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron por Su palabra,
y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que Este es en verdad el Salvador del mundo»
El testimonio de esta mujer dirigió a la gente hacia Jesús. Y luego, cuando se encontraron con Jesús personalmente, ¡creyeron!
Antes de que naciera mi hija Sofía, muchas personas me decían que el amor que sentiría por ella no se parecería a nada de lo que había sentido. Ellos mismos eran padres. Y pude ver este amor en ellos. Eran sinceros. Y yo les creí. Pero cuando la tuve en mis brazos por primera vez, en ese momento supe cómo se sentía este amor. Yo mismo lo viví. Y algo mas bonito paso, mis amigos que me habían platicado de este amor, estaban felices por mí porque había experimentado esto.
Y esto es lo que pasa cuando les contamos a personas del amor de Dios. Muchos creerán por lo que decimos. porque ven ese amor de Dios en nosotros. Pero solo cuando Jesús entre en sus vidas entenderán verdaderamente ese amor. Es algo tan bonito. Y nos da tanta felicidad porque ellos an experimentado el amor de Dios.
Para concluir porque se que tienen hambre.
Dios es bueno y quiere que todos vengamos a El. Los samaritanos estaban equivocados en su fe pero Jesús fue a ellos por el amor que les tenía. Empezó con la mujer del pozo. Una mujer que era una pecadora y había perdido la esperanza. Que era vista como menos por la gente, pero tan amado por Jesús. Pero Jesus la amo y la uso para cambiar los corazones de tanta gente.
Ahora nosotros podemos cambiar la palabra samaritana con la palabra Católico, Testigo de Jehová, Mormon, Ateo y no cambia el mensaje. Jesus los quiere a ellos. Y nos usa a nosotros que ya hemos sido cambiados por el amor de Dios como sembradores y cosechadores porque somos bendecidos por ser obradores de Dios.
Orar.
