¡No Podemos Callar!

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TEXTO BÍBLICO
Hechos de los Apóstoles 4:20 RVR60
porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
PROPÓSITO
Motivar profundamente a los miembros de iglesia a compartir con valentía el evangelio de Jesucristo, entendiendo la urgencia del tiempo profético y el privilegio espiritual de ser portadores del mensaje eterno, a través del poder del Espíritu Santo.
INTRODUCCIÓN
Vivimos en un tiempo donde el silencio puede ser más peligroso que el pecado. En una época donde millones caminan hacia la eternidad sin esperanza, una iglesia muda es una tragedia cósmica. Y sin embargo, muchos que han sido redimidos por la sangre del Cordero, guardan esa redención como un secreto vergonzoso. Nos hemos sentado cómodamente en bancos suaves, mientras el mundo arde en la desesperación.​
Pero hoy, algo debe cambiar. Hoy, el cielo busca voluntarios. No para morir, sino para hablar. No para pelear con armas, sino para conquistar con la Palabra. No para debatir religiones, sino para levantar al Cristo resucitado. Hoy Dios está buscando bocas que Él pueda usar. Y tú estás en esa lista.​
ILUSTRACIÓN:
En 1956, un grupo de cinco jóvenes misioneros estadounidenses, incluyendo a Jim Elliot y Nate Saint, volaron a la selva del Ecuador con un sueño: alcanzar a la tribu Waorani, considerada una de las más peligrosas del mundo. No llevaban armas, sino Biblias. No llevaban odio, sino amor. Después de varios intentos de contacto pacífico, el 8 de enero, los cinco fueron brutalmente asesinados.​
La noticia dio la vuelta al mundo. Algunos dijeron: “Qué desperdicio.” Pero no fue el final. Poco después, la esposa de uno de los mártires, Elisabeth Elliot, y la hermana de otro, Rachel Saint, fueron a vivir entre los asesinos. Les enseñaron a leer, les tradujeron la Biblia, y uno por uno, los asesinos aceptaron a Cristo. Uno de ellos, Minkaye, se convirtió en un predicador del evangelio y viajó a Estados Unidos con el hijo de Nate Saint… ¡el hijo del hombre que él había matado! ¿Por qué? Porque alguien se atrevió a hablar. Alguien creyó que el evangelio era más poderoso que el temor.
FRASE INTRODUCTORIA
Cuando el evangelio te quema por dentro, no puedes callar. ¡No puedes!​
MENSAJE
I. El fuego en los huesos: La experiencia de los que han visto a Cristo: Cuando Pedro y Juan fueron arrestados en Hechos 4, no fue por hacer ruido, sino por hablar de Jesús. El Sanedrín les ordenó callar. Pero ellos respondieron con una declaración poderosa: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”​
Aquí para “dejar de decir” la palabra griega usada es lalein (λαλεῖν), que implica hablar con urgencia, como quien no puede contener lo que tiene dentro. Ellos no daban un estudio bíblico por obligación, lo hacían porque estaban ardiendo. Como dijo Jeremías: “Había en mi corazón como fuego ardiente metido en mis huesos… y no lo pude soportar” (Jeremías 20:9).​
¿Dónde está ese fuego hoy? ¿Por qué muchos pueden hablar horas de fútbol, política, enfermedades... pero minutos sobre Jesús? Tal vez el problema no es que no sabemos hablar, sino que no hemos “visto ni oído” lo suficiente. Porque el que verdaderamente ha tenido un encuentro con Cristo, no puede quedarse callado. ¡El fuego te empuja!​
Y es aquí donde la palabra hebrea dabar (דָּבָר) nos ayuda. En hebreo, dabar significa “palabra”, pero también “acción”. Es decir, la Palabra de Dios nunca es pasiva; es dinámica. Cuando Dios te habla, es para moverte. Cuando Cristo te encuentra, es para enviarte.
II. La urgencia profética del testimonio: Vivimos en tiempo de juicio. Apocalipsis 14:6-7 nos muestra al primer ángel proclamando el evangelio eterno “a toda nación, tribu, lengua y pueblo”. Esta no es una opción, es una orden divina. La palabra clave aquí es “proclamar”, del griego κηρύσσω (kērússō), que significa “anunciar como un heraldo del rey”. ¡No estamos opinando! ¡Estamos anunciando un decreto real!​
¿Y qué estamos anunciando? ¡Que el juicio ha comenzado! Que Cristo intercede ahora. Que pronto se cerrará la puerta. Que aún hay tiempo, pero no mucho.​
La sierva del Señor escribió:​
“Estamos viviendo en medio de las escenas finales de la historia de esta tierra. Las profecías se están cumpliendo rápidamente. Están transcurriendo velozmente las horas del tiempo de gracia. No tenemos tiempo que perder, ni un momento. No seamos hallados durmiendo en la guardia.” ​CPI pág. 647
¿Por qué? Porque el impulso ya vino: ¡en la cruz! ¡en Pentecostés! ¡en el clamor de Apocalipsis! No hay más excusas. El momento es ahora.
III. El poder del testimonio personal: Uno de los argumentos más poderosos en favor de la verdad es un cristiano transformado. No necesitas un doctorado en teología para hablar de Cristo; necesitas una vida que lo refleje. En Marcos 5:19, Jesús le dijo al endemoniado gadareno: “Vete a tu casa... y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo.”
La palabra griega para “cuenta” es apaggéllō (ἀπαγγέλλω), que significa “declarar con autoridad algo que se ha experimentado personalmente”. Tú no estás compartiendo ideas: estás compartiendo vivencias sagradas.
Ellen G. White dijo:
“El Señor requiere de todos aquellos que reciben su luz, que hagan lo posible para que otros también la reciban... Cada uno debe ser un misionero” (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 124).
Tu historia es un púlpito. Tus cicatrices, tus luchas, tus lágrimas… son la evidencia viviente de que Dios salva. ¿Quién puede refutar lo que Dios ha hecho contigo? Nadie. Y por eso tu voz es única e irremplazable.
IV. Una iglesia encendida: El sueño de Dios para este tiempo: Apocalipsis 3:16 presenta una de las declaraciones más tristes del cielo hacia su iglesia: “Por cuanto eres tibio… te vomitaré de mi boca.” El problema no era el pecado. Era la indiferencia. La pasividad. El silencio.
Dios no necesita expertos; necesita encendidos. No busca pulcros, busca dispuestos. El Espíritu Santo no fue dado a los intelectuales de Jerusalén, sino a pescadores del norte que estaban en oración.
La palabra hebrea shaliach (שָׁלִיחַ) se refiere a un enviado con autoridad delegada. En el contexto del Nuevo Testamento, tú eres un enviado del Rey de Reyes. No eres cualquier creyente: eres embajador de Cristo (2 Corintios 5:20).
Ellen G. White escribió con fuego:
“Dios requiere de su pueblo que se levante y brille, porque su gloria ha amanecido sobre él. El mundo entero está envuelto en las tinieblas del error; y si los hijos de Dios no dejan resplandecer su luz, ¿quién lo hará?” (Testimonios para la Iglesia, t. 5, p. 454).
¡Oh hermanos! La tibieza espiritual es la anestesia del infierno. El diablo no necesita destruir una iglesia activa, le basta con dormirla. Pero hoy, Cristo viene a despertar a los dormidos. A encender a los apagados. A levantar a los caídos. A enviar a los callados.
¡Basta de silencio! ¡Basta de miedo! ¡Basta de excusas! Es hora de hablar, enseñar, predicar, amar, y ganar almas para el reino eterno.
CONCLUSIÓN
Hemos sido llamados a ser luz. A no escondernos bajo una mesa. A no contentarnos con "asistir", sino a vivir como testigos de poder. En los días finales, cuando la historia humana llegue a su clímax, los libros del cielo no registrarán solamente lo que supimos, sino a quiénes tocamos, con quiénes compartimos, a quiénes rescatamos.
Ellen G. White escribió:
“Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. Aquel que bebe del agua de vida, llega a ser una fuente de vida. El que recibe, debe dar.” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 141).
Hoy el cielo mira esta iglesia. Tus ángeles esperan tu decisión. La gloria de Dios no vendrá sobre espectadores, sino sobre guerreros. ¡Y tú has sido escogido!
LLAMADO
Hermanos amados, si alguna vez ha habido un tiempo para hablar de Cristo, es ahora. Si alguna vez hubo una urgencia por predicar, es hoy. Si alguna vez el Espíritu buscó bocas dispuestas, es en este mismo instante.
¿Dónde están los que se atrevan a dar estudios bíblicos? ¿Dónde están los que dirán “Envíame a mí”? ¿Dónde están los que ya no pueden callar lo que han visto y oído?
Hoy quiero invitar a los valientes. A los sinceros. A los tímidos que claman por valor. A los jóvenes que sienten que Dios los está llamando. A las madres que quieren levantar una generación de misioneros. A los padres que quieren predicar con el ejemplo. A los ancianos que aún tienen fuego en el alma.
Levántate de tu asiento y ven al frente. Hoy el cielo te está reclutando. No para calentar bancas, sino para calentar corazones con la Palabra viva.
¿Te atreves a decirle a Dios: "Aquí estoy, úsame"? Entonces ven. Porque hoy comienza tu misión. Y recuerda:
Hechos de los Apóstoles 4:20 RVR60
porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
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