¿¡El Señor está Contigo!?

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Todo Obra para Bien

¿¡El Señor está Contigo!?
Pregunta y/o afirmación
INTRODUCCIÓN
Jacob y su familia eran los herederos de la bendición de Dios una vez dada a Abraham (Génesis 37:2, Esta es la historia de Jacob y su familia). Recordemos que la bendición a Abraham era parte del gran propósito de Dios de rescatar, de volver a sus brazos, a la humanidad caída desde los días de Adán y Eva. Este plan de Dios llamado el Evangelio.
Desde la semana pasada hemos estado compartiendo una segunda bendición del Evangelio en una miniserie que hemos llamado Todo Obra para Bien: Dios usa toda circunstancia de nuestra vida, aún la adversidad, para cumplir su buen propósito.
Y vimos como a pesar y a través de los conflictos en la familia de Jacob, Dios va a cumplir su plan y su pacto porque Dios es un Dios fiel a pesar de nosotros mismos. Para cumplir SU plan y preservar la familia de Jacob, Dios escoge a José, lo hace por pura gracia. Por medio de sueños, Dios le muestra sus planes y José termina el capítulo 37 vendido como esclavo en la casa de un oficial Egipcio. Aquí retomamos nuestra historia hoy:
Genesis 39:1–23 NVI
1 Cuando José fue llevado a Egipto, los ismaelitas que lo habían trasladado allá lo vendieron a Potifar, un egipcio que era funcionario del faraón y capitán de su guardia. 2 Ahora bien, el Señor estaba con José y las cosas le salían muy bien. Mientras José vivía en la casa de su patrón egipcio, 3 éste se dio cuenta de que el Señor estaba con José y lo hacía prosperar en todo. 4 José se ganó la confianza de Potifar, y éste lo nombró mayordomo de toda su casa y le confió la administración de todos sus bienes. 5 Por causa de José, el Señor bendijo la casa del egipcio Potifar a partir del momento en que puso a José a cargo de su casa y de todos sus bienes. La bendición del Señor se extendió sobre todo lo que tenía el egipcio, tanto en la casa como en el campo. 6 Por esto Potifar dejó todo a cargo de José, y tan sólo se preocupaba por lo que tenía que comer. José tenía muy buen físico y era muy atractivo. 7 Después de algún tiempo, la esposa de su patrón empezó a echarle el ojo y le propuso: —Acuéstate conmigo. 8 Pero José no quiso saber nada, sino que le contestó: —Mire, señora: mi patrón ya no tiene que preocuparse de nada en la casa, porque todo me lo ha confiado a mí. 9 En esta casa no hay nadie más importante que yo. Mi patrón no me ha negado nada, excepto meterme con usted, que es su esposa. ¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios? 10 Y por más que ella lo acosaba día tras día para que se acostara con ella y le hiciera compañía, José se mantuvo firme en su rechazo. 11 Un día, en un momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente, José entró en la casa para cumplir con sus responsabilidades. 12 Entonces la mujer de Potifar lo agarró del manto y le rogó: «¡Acuéstate conmigo!» Pero José, dejando el manto en manos de ella, salió corriendo de la casa. 13 Al ver ella que él había dejado el manto en sus manos y había salido corriendo, 14 llamó a los siervos de la casa y les dijo: «¡Miren!, el hebreo que nos trajo mi esposo sólo ha venido a burlarse de nosotros. Entró a la casa con la intención de acostarse conmigo, pero yo grité con todas mis fuerzas. 15 En cuanto me oyó gritar, salió corriendo y dejó su manto a mi lado.» 16 La mujer guardó el manto de José hasta que su marido volvió a su casa. 17 Entonces le contó la misma historia: «El esclavo hebreo que nos trajiste quiso aprovecharse de mí. 18 Pero en cuanto grité con todas mis fuerzas, salió corriendo y dejó su manto a mi lado.» 19 Cuando el patrón de José escuchó de labios de su mujer cómo la había tratado el esclavo, se enfureció 20 y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey. Pero aun en la cárcel 21 el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor. Hizo que se ganara la confianza del guardia de la cárcel, 22 el cual puso a José a cargo de todos los prisioneros y de todo lo que allí se hacía. 23 Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos.
Génesis 39 nos muestra de inicio a José en una situación de aparente derrota, vendido como esclavo.
¿Dónde está Dios cuando pasamos por valles de derrota?
¿Dónde está Dios cuando, como José, nos encontramos en el pozo, en la esclavitud o en la prisión?
Génesis 39 nos responde: “Pero el Señor estaba con José” (v.2, v.21).
Ver. 2 “Ahora bien, el Señor estaba con José y las cosas le salían muy bien”
Ver. 21 “Pero aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor”
El autor nos enmarca la declaración para demostrárnosla en dos historias, José en casa de Potifar, José tentado por la esposa de Potifar. Génesis nos enmarca el capítulo 39 con esta declaración, que es la que guía el pasaje. Para mostrarnos que:
1. Dios está presente en medio del quebranto, la prueba y el dolor. (v.1-6)
José es vendido como esclavo. De favorito de su padre a propiedad de otro hombre. Pero algo inesperado ocurre:
“Pero el Señor estaba con José, y fue varón próspero…” (v.2)
Dios no lo libró del sufrimiento… pero sí lo acompañó en él.
Y donde estaba José, la bendición de Dios se manifestaba, tanto así que Potifar también fue bendecido.
a. Dios está presente porque se ha comprometido por amor. Pacto. José aún era en Egipto y en esclavitud era un heredero del pacto, de la promesa y de la bendición de Abraham. Dios iba a mostrarlo.
b. Dios está presente mostrando su bendición. La manera en que Dios muestra su gracia, su presencia, su aprobación y respaldo al heredero del pacto es a través de la bendición. Que no es otra cosa, que la manifestación visible de la gracia de Dios sobre una vida (consentimiento, aprobación, asentimiento, favor, gracia, congratulación). La presencia de Dios en José se manifiesta en el respaldo que Dios le da haciéndolo prosperar en todo.
c. Dios este presente en Cristo. Cada vez que tenemos un pasaje como este, dónde hay un héroe somos tentados a vernos como los héroes de la historia. (Ejemplo: David y Goliath, casi siempre somos David y no el pueblo asustado, o tal vez Goliath oponiéndose a Dios). Y es peligroso porque empezamos a buscar el respaldo y la bendición como resultado de nuestro rendimiento. En toda historia el héroe es Cristo. David venciendo a Goliath es Jesús peleando por nosotros. José viniendo a casa de Potifar es Cristo llegando a nuestra vida. Hoy, en toda la cristiandad, celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, lo llamamos el Domingo de Ramos. Fue el día en que la multitud aclamó a Jesús con palmas y vítores reconociéndolo como el mesías, el rey salvador, para que a mitad de semana estuvieran entre gritos pidiendo que lo crucificaran. Querían un rey a su manera. ¿Ha recibido a Jesús en tu vida?
Aplicación:
Hay momentos en los que no sentimos a Dios, pero eso no significa que no esté con nosotros. Como José, tal vez estamos lejos de casa, traicionados, incomprendidos… pero no solos.
La gracia, la aprobación, el respaldo y la bendición de Dios nos es asegurada a nosotros hoy cuando recibimos a Cristo por la fe, y en esa misma fe caminamos el resto de nuestra vida con él. Cristo es la presencia, el respaldo y la bendición de Dios para nosotros.
Y más aún: cuando Dios está contigo, otros reciben bendición solo por tu presencia. Tu familia, tu trabajo, tu comunidad. Así como Potifar fue bendecido, otros también lo serán.
2. La fidelidad en la prueba revela quién gobierna tu vida (v.7-18)
José es tentado, acusado falsamente y termina en prisión. Todo por hacer lo correcto. Pero su fidelidad no era solo a Potifar… era a Dios:
“¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (v.9)
José no sabía que esto formaba parte del plan de Dios, pero decidió confiar en la oscuridad.
Aplicación:
Hay momentos en que obedecer a Dios no trae recompensa inmediata, sino más dolor. Pero nuestra fidelidad no depende de los resultados visibles, sino de quién es nuestro Señor.
Y esto nos lleva a Jesús…
a. José apunta a un Salvador mayor
Jesús, como José, fue traicionado por sus hermanos, vendido por unas monedas, acusado injustamente, y descendió a lo más bajo.
En el Domingo de Ramos, lo reciben como rey…
Pero Jesús sabe que su trono no será dorado, sino una cruz.
Y aun así entra en Jerusalén, firme, decidido. ¿Por qué?
Porque Dios obra todo para bien.
Y en la cruz, lo que parecía derrota, fue el mayor acto de redención.
José en prisión es sombra de Cristo crucificado.
Dios estaba con José.
Dios estaba con Cristo en la cruz.
Y Dios está contigo también.
3. La presencia de Dios transforma la prisión en lugar de propósito (v.19-23)
En la cárcel, otra vez leemos:
“Pero el Señor estaba con José… y le extendió su misericordia…” (v.21)
Dios no lo olvidó. Estaba preparando algo mayor. La cárcel no era el fin, sino el camino al palacio.
Dios no desperdicia ningún sufrimiento.
Aplicación final:
¿Estás en una temporada difícil?
Tal vez te sientes como en una prisión emocional, financiera, espiritual…
Dios no solo está contigo: está obrando en ti y a través de ti.
Así como Potifar fue bendecido por tener a José en su casa, el mundo es bendecido cuando tú caminas lleno de Cristo.
CONCLUSIÓN:
El personaje de nuestra historia es José, quien nos da pinceladas de nuestro verdadero héroe: Cristo.
Hoy, en este Domingo de Ramos, recordamos que Jesús entró triunfal a Jerusalén pero no para ser aclamado, entró sino para sufrir por amor y darnos acceso a través de su cuerpo, acceso a la bendición más grande, llevarnos de regreso a los brazos de nuestro Padre.
Como José, fue a la oscuridad para traer luz.
Y por su sufrimiento, tú y yo somos bendecidos.
Dios está contigo en el valle.
Él transforma tus cadenas en propósito.
Y cuando Cristo vive en ti, otros también reciben bendición.
Quien está en Cristo, está en pacto, en bendición sea por donde sea que esté pasando.
Si deseas experimentar y conocer más sobre su bendición para ti y para mi, no te pierdas esta semana. Jueves y viernes 9 am.
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