Séptima Palabra de Cristo en la Cruz
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¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! (Lucas 23:46)
¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! (Lucas 23:46)
Hemos escuchado seis de la expresiones de Jesús en la cruz del Calvario. ¿Quién podría pensar que ese momento, ese lugar y ese ambiente serían un faro de esperanza para la humanidad? ¿Cómo entender el propósito de Dios en los momentos más difíciles de la vida, cuándo morimos lentamente y podemos perder la fe y la esperanza?
¿Cómo entender el amor de Dios cuando las circunstancias nos incomodan y nos sacan de la zona de confort?
Tres horas de oscuridad, desde el medio día hasta las tres de la tarde, anunciaban la muerte de Jesús, solo después de su muerte el centurión alabó a Dios y se dio cuenta que frente suyo había un verdadero justo. Quizás, el evento del velo rasgado en la mitad, rasgo también su corazón y pudo ver a Dios. También nosotros necesitamos rasgarnos en la presencia de Dios para verle.
Las séptima palabra de Jesús en la cruz es un grito de confianza. evocando al Salmo 31:5 “5 En tus manos encomiendo mi espíritu; líbrame, Señor, Dios de la verdad.” Jesús da sentido a su entrega. No hay otro lugar en dónde nosotros podamos despojarnos que no sea en las manos de Dios. En el tiempo del sufrimiento, de la oscuridad y de la incertidumbre no hay otro lugar de reposo y de confianza que no sean las manos de Dios.
¿Cómo estar tristes, decepcionados o atribulados cuando hemos hecho el bien? Las manos de Dios están abiertas para recogernos, acariciarnos, sanar nuestras heridas y consolarnos.
Era necesaria esa entrega para que el centurión pudiera ver a Jesús, para que María y Juan pudieran encontrar un sentido de familia en la comunidad, para que el ladrón tuviera una oportunidad de vida. Es necesaria nuestra entrega para que la comunidad vibre en el amor.
Hoy somos nosotros quienes debemos entregar nuestras vidas en las manos de Dios, llevar nuestro ser, esto es nuestro propio yo, a la cruz del calvario, para que quienes caminan a nuestro lado tengan la oportunidad de encontrarse con el Jesús que se ha identificado con nosotros en una plena humanidad.
