El bautismo es un paso esencial en la vida cristiana que demuestra la sumisión a la voluntad divina a través del poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. La obediencia en este contexto no es simplemente cumplir con una tradición, sino abrazar una nueva identidad en Cristo y comprometerse a vivir una vida transformada por su amor y gracia.
Es un acto que reafirma la fe del creyente y fortalece su relación con Dios, marcando el comienzo de una jornada espiritual llena de propósito y dirección.
La obediencia en el bautismo es, por lo tanto, una bendición que trae consigo demandas y deleite espiritual de nuestra imitación de Jesucristo.