Un siervo que mengua, un Salvador que reina
El evangelio Segun Juan • Sermon • Submitted • Presented
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· 76 viewsEl objetivo de hoy e ver a tarves de la palabra de Dios que entendamos el significado y profundidad del testimonio final de Juan el Bautista en contraste con la supremacía de Cristo, aplicando esta verdad a nuestra vida de fe, humildad y testimonio cristiano.
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oración inicial
oración inicial
Señor Al comenzar este tiempo de estudio en tu Palabra, elevamos nuestras voces y corazones reconociendo lo que dice el salmista:
“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia y tu verdad.”
Hoy venimos con un deseo sincero de menguar, para que Cristo crezca en nosotros. Que en esta hora no busquemos ser oídos, sino oírte a Ti; no ser vistos, sino mirar al Hijo; no ser exaltados, sino exaltar tu santo nombre.
Gracias, Señor, por tu infinita misericordia al habernos enviado a tu Hijo. Y en este Jueves Santo, recordamos con profundo asombro, temor y gratitud el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz. Gracias por esa entrega voluntaria, por Su sangre derramada y por abrirnos el camino hacia la vida eterna.
Ayúdanos a vivir a la luz de esa cruz, con humildad, con obediencia y con corazones rendidos a Ti.
También oramos por nuestro país. El pasado domingo se eligieron nuevas autoridades y sabemos que ningún gobernante llega al poder sin que tú lo permitas. Te pedimos sabiduría para ellos, temor de Ti, y justicia en sus decisiones. Que tu iglesia sea luz y sal en medio de esta nación, intercediendo y viviendo conforme a tu Palabra.
Ahora, Señor, háblanos. Enséñanos como enseñaste a Nicodemo. Que esta reunion no sea solo un repaso de ideas, sino un encuentro contigo.
Que mengüemos nosotros... y que tú crezcas.
En el nombre glorioso de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Hoy veremos un pasaje precioso y profundamente instructivo: Juan 3:22–36. Un momento de transición en la historia redentora, donde Juan el Bautista reconoce que su tiempo está terminando, mientras Cristo comienza a ser exaltado.
Veremos cómo Juan el Bautista nos deja una lección viva de humildad, fidelidad y pasión por exaltar a Cristo.
Pero también veremos cómo este texto nos confronta con una decisión: creer en el Hijo, seguirlo verdaderamente, dejarlo todo atrás y poner nuestros ojos en El o permanecer bajo la ira de Dios.
I ANÁLISIS DEL TEXTO: EL TESTIMONIO FINAL DE JUAN EL BAUTISTA
I ANÁLISIS DEL TEXTO: EL TESTIMONIO FINAL DE JUAN EL BAUTISTA
Leamos Juan 3 22–24
Leamos Juan 3 22–24
Dos ministerios activos, un solo propósito
Dos ministerios activos, un solo propósito
Después del diálogo con Nicodemo en Jerusalén, Jesús se traslada a las zonas rurales de Judea, note que la conversacion con Nicodemo fue en Jerusalem Juan 2:23 que era parte de Judea, entonces esto nos indica que Jesús habia salido de las areas rurales.
Ahora vemos que sus discípulos comienzan a bautizar (aunque él no bautizaba directamente, Jn. 4:2). eran los discípulos encargados de esta labor.
Aunque en Juan 3:22 parece que Jesús bautizaba, el mismo evangelio aclara en Juan 4:2
Entonces no era Jesús quien bautizaba personalmente, sino sus discípulos. La explicacion de esto es que esto probablemente se debe a que el Señor, con sabiduría, quiso evitar que las personas crearan distinciones entre los creyentes, como si quienes fueran bautizados por Él fueran más importantes que los demás. Además, al delegar esta tarea, formaba a sus discípulos en el servicio y les enseñaba que el poder del bautismo no está en la persona que lo administra, sino en el nombre y la obra de Cristo.
Al mismo tiempo vemos que Juan el Bautista seguía ministrando en Enón, junto a Salim, un lugar con muchas aguas, ideal para el bautismo. Esto muestra que ambos ministerios estaban activos a la vez, y por un momento, coexistieron en paralelo.
Ahora hay algo que destaca en esta escena que aqui se marca el último testimonio público de Juan el bautista en el evangelio de Juan, y también el final de una era. Su propósito se estaba cumpliendo: preparar el camino para el Mesías.
Por lo tanto este pasaje que estamos estudiando vuelve a poner sobre la mesa un tema que ya hemos tratado anteriormente: el testimonio. Recordarán que semanas atrás mencionamos que la palabra “testimonio” en griego es martyria, de donde proviene nuestro término “mártir”. Esto nos enseña que testificar no es simplemente hablar de lo que creemos, o de lo que nos ha sucedido, no hay que rebajarlo a eso, sino vivir en coherencia con esa fe, especialmente testificar implica sacrificio.
En otras palabras, este pasaje nos revela entre otras cosas que tener fe no es solo aceptar algo con la mente, sino vivir de manera consecuente con lo que decimos creer. Juan el Bautista no solo dio testimonio con sus palabras, sino con su vida entera, al punto de disminuir para que Cristo creciera., no se aferro al su ministerio y su popularidad, solo dejo que Cristo tomara el lugar que le correspondía. Y ese también es el llamado para cada uno de nosotros.
a.- ¿Por qué crees que Dios permitió que Juan y Jesús ministraran al mismo tiempo por un breve período?
b.- Si alguien hiciera hoy lo que hacía Juan —preparar el camino para que otro reciba toda la atención— ¿cómo lo miraríamos?
c.- ¿Estamos dispuestos a ser "los de atrás del telón" si eso significa que Cristo brille?
Leamos Juan 3 25–26:
Leamos Juan 3 25–26:
Una discusión revela celos y confusión
Una discusión revela celos y confusión
Se nos dice que hubo una discusión entre los discípulos de Juan y un judío sobre la purificación. Esto conecta con lo que ya vimos en las bodas de Caná: los judíos daban mucha importancia a los ritos externos. ¿recuerdan las tinajas de piedra?
Pero el verdadero tema latente aqui era otro: los discípulos de Juan están molestos porque Jesús gana más seguidores. Lo ven como competencia. Le dicen: “Rabí, ¡todos vienen a él¨
Este sentimiento humano refleja lo fácil que es desviar la atención del propósito central en la vida del creyente, y cómo incluso quienes sirven pueden caer en comparaciones y celos.
Esto nos puede dejar ver al menos dos cosas importantes: primero, cierta inmadurez emocional; y segundo, una falta de centralidad en un Dios soberano.
Los discípulos de Juan eran personas con formación religiosa, experiencia en el ministerio —bautizaban y discutían temas doctrinales como la purificación—, pero aún así, podemos ver en ellos una reacción impulsada por los celos. Esto es una evidencia clara de que el conocimiento bíblico o la actividad religiosa no siempre van acompañados de madurez espiritual. Cuando el corazón no está centrado en la gloria de Dios, incluso el servicio puede convertirse en motivo de comparación y competencia.
según el texto ¿Los discípulos de Juan tenían su corazón en Dios o en su popularidad o ministerio ?
¿que consejos le daría si los tuvieras en frente suyo?
Leamos Juan3 27–30:
Leamos Juan3 27–30:
Una respuesta humilde, un corazón obediente
Una respuesta humilde, un corazón obediente
La respuesta de Juan el bautista es maravillosa. En lugar de defender su ministerio, dice:
“No puede el hombre recibir nada si no le fuere dado del cielo… Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”
Esta declaración resume y contrasta la madurez espiritual de Juan. Él se alegra, como el amigo del esposo, al oír la voz del novio. No busca protagonismo. Su gozo está en que Cristo sea exaltado.
Cuando Juan se describe como el amigo del esposo, está usando una imagen cultural muy conocida en su tiempo. Era el equivalente a lo que hoy llamaríamos el padrino de la boda: un amigo íntimo del novio, que tenía un papel importante en la preparación, pero que sabía perfectamente que él no era el centro del evento. Su alegría no estaba en ser visto, sino en ver a su amigo unirse con la novia. Juan dice: “Ese es mi gozo, y está completo.” No necesita protagonismo. Sabe cuál es su lugar, y se alegra de corazón porque Cristo, el verdadero Esposo, ha llegado.
Esta es la marca de todo siervo verdadero. Este es un fruto evidente de arrepentimiento genuino: el gozo de un creyente maduro está completo cuando Cristo es glorificado, no cuando él es aplaudido.
Esto se relaciona directamente con lo que reflexionábamos la semana pasada: cuando compartimos el evangelio o hablamos de nuestra fe, ¿quién ocupa el centro de nuestras palabras? Si constantemente usamos la primera persona —“yo hice”, “yo viví”, “yo sentí”—, puede ser señal de que aún no hemos menguado lo suficiente para que Cristo crezca en nosotros. Hoy en día, la tendencia es a contar experiencias personales más que a exponer la verdad de Cristo. Y aunque el testimonio puede tener valor, lo que transforma, lo que salva, lo que glorifica a Dios, es la exaltación de Su Hijo, no de nosotros Su palabra no las nuestras.
¿ Juan el bautista tenia claro quien era el y quien era Jesus?
En Lucas 1:15 leemos que Juan el Bautista fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre. Entonces, ¿podríamos decir que su actitud de humildad —al menguar para que Cristo creciera— fue fruto de la obra del Espíritu en él?
Leamos Juan 3 31–36:
Leamos Juan 3 31–36:
Cinco razones de la supremacía de Cristo
Cinco razones de la supremacía de Cristo
Ahora veamos algo muy importante en este texto, Juan el Bautista presenta cinco razones por las cuales Cristo es superior a él (y a cualquiera):
Cristo es del cielo, y está sobre todos (v. 31).
Habla lo que ha visto y oído del Padre (v. 32).
Su testimonio es perfecto y verdadero (v. 33).
Tiene el Espíritu sin medida (v. 34).
El Padre ha puesto todo en sus manos (v. 35).
Una vez mas claramente remarcado en este pasaje el tema del testimonio, y que evidentemente toda la atención debe de estar en Cristo y su palabra, su testimonio es veraz y El es quien da el Espíritu sin medida.
Lo que culmina con una advertencia decisiva:
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida…” (v. 36)
Este es precisamente el punto al que el apóstol Juan quiere llevarnos con este relato: la fe verdadera no es meramente intelectual, sino obediente y rendida.
Para entenderlo mejor, debemos observar la palabra usada en Juan 3:36 para “rehúsa creer”: ἀπειθέω (apeitheō).
apeitheō es una palabra compuesta donde peithō —que significa “persuadir” o “obedecer”
Donde se junta a la partícula negativa A osea apeitheō lo que seria una negativa activa a someterse, una desobediencia voluntaria.
Un ejemplo es moral y amoral
En contraste, el verbo πιστεύω (pisteuō), traducido como “creer”, de donde tenemos la palabra fe, implica mucho más que aceptar una verdad: es confiar, rendirse y obedecer desde el corazón.
Por eso, algunas traducciones lo señalan como “el que no obedece”
Ambas expresiones reflejan la misma realidad espiritual: no creer es, en esencia, desobedecer a Dios.
En otras palabras, creer es obedecer, y no creer es resistirse al Señorío de Cristo. Amar a Cristo es seguirlo, guardar su Palabra y menguar para que Él crezca. Y esa es la meta diaria de todo verdadero creyente: vivir en arrepentimiento, obediencia y gozo bajo Su autoridad gloriosa.
¿Cómo responderías si alguien te preguntara: cuál es la diferencia entre el tipo de ‘creer’ que muchas personas tienen sin conocer a Cristo, y el verdadero ‘creer’ en Cristo que salva?”
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Hoy vimos a un hombre que menguó con gozo y a un Salvador que creció en gloria.
Juan el bautista nos dejó un legado de humildad, verdad y obediencia.
Cristo nos deja una invitación clara: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna”.
Esta nos recuerda que:
Todo regalo en la vida y en el ministerio viene de Dios.
Todo creyente está llamado a menguar para que Cristo crezca.
Todo testimonio verdadero debe ser bíblico, fiel y cristocéntrico.
Todo el que rehúsa creer, permanece bajo la ira de Dios.
Oración final: Que el Señor nos dé corazones humildes, lenguas fieles y vidas que reflejen el testimonio del cielo.
