El hombre de la cruz de en medio

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Introducción

David lee estos pasajes y lo que se menciona después de ellos.
Matthew 27:38–44 NBLA
38 Entonces fueron crucificados* con Él dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39 Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza 40 y diciendo: «Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a Ti mismo. Si Tú eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz» 41 De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían: 42 «A otros salvó; a Él mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él. 43 »En Dios confía; que lo libre ahora si Él lo quiere; porque ha dicho: “Yo soy el Hijo de Dios”». 44 En la misma forma lo injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con Él.
Mark 15:27–32 NBLA
27 Crucificaron* con Él a dos ladrones; uno a Su derecha y otro a Su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: «Y con los transgresores fue contado» 29 Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Bah! Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, 30 ¡sálvate a Ti mismo descendiendo de la cruz!» 31 De igual manera, también los principales sacerdotes junto con los escribas, burlándose de Él entre ellos, decían: «A otros salvó, Él mismo no se puede salvar. 32 »Que este Cristo, el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos». Y los que estaban crucificados con Él también lo insultaban.
John 19:18 NBLA
18 donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.
John 19:31–32 NBLA
31 Los judíos entonces, como era el día de preparación para la Pascua, a fin de que los cuerpos no se quedaran en la cruz el día de reposo, porque ese día de reposo era muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y se los llevaran. 32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y también las del otro que había sido crucificado con Jesús.
Luke 23:32–43 NBLA
32 También llevaban a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos con Él. 33 Cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 Y Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados echaron suertes, repartiéndose entre sí Sus vestidos. 35 El pueblo estaba allí mirando; y aun los gobernantes se burlaban de Él, diciendo: «A otros salvó; que se salve Él mismo si Este es el Cristo de Dios, Su Escogido» 36 Los soldados también se burlaban de Jesús, y se acercaban a Él y le ofrecían vinagre, 37 diciendo: «Si Tú eres el Rey de los judíos, sálvate a Ti mismo» 38 Había también una inscripción sobre Él, que decía: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS» 39 Uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos, diciendo: «¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a Ti mismo y a nosotros!». 40 Pero el otro le contestó, y reprendiéndolo, dijo: «¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? 41 »Nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero este nada malo ha hecho» 42 Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en Tu reino» 43 «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Dos hombres.
Ambos eran considerados criminales.
Probablemente eran parte de los mismos movimientos rebeldes que Barrabás.
Uno de ellos tuvo un cambio de corazón durante las horas de la crucifixión.
No se menciona su nombre.
PERO JESÚS, le promete estar con Él ese mismo día en el paraíso.

Escena 1 - ¿Qué hago aquí?

(Lugar: el Paraíso. Tono: asombrado, silencioso, sin pretensión.)
(Gerardo entra en escena, como el malhechor)
Se que no debería estar aquí.
Si supieran quien soy… si hubieran visto lo que hice...
Y sin embargo… aquí estoy.
¿Vivo o muerto?, no sé muy bien como llamarle a este estado, quizás: ETERNO.
(Pausa. Mira alrededor, con reverencia.)
Este lugar es hermoso, pero lo más sorprendente no es la hermosura, sino LA PAZ.
No hay cadenas, no hay culpa, no hay sufrimiento, no hay dolor. Solo hay algo en mi mente: ÉL CUMPLIÓ SU PALABRA.
(Sonríe, como quien recuerda algo imposible.)
Al llegar me preguntaron: - ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
Yo no sabía que decir. No tengo nada bueno que decir, no tengo credenciales, no tengo una vida que valga la pena contar, soy un criminal.
Lo único que pude decir fue: “EL HOMBRE DE LA CRUZ DE EN MEDIO… ME DIJO QUE PODÍA VENIR”
(Pausa larga. Silencio reverente.)
Y eso… y eso fue suficiente.
(Pregunta a la audiencia.)
¿Quieren saber cómo pasó?
Déjenme contarles desde el principio, desde aquella noche… cuando arrestaron a ese hombre que murió a mi lado.

Escena 2 - “Una noche distinta”

(Ubicación: en la celda, esperando la crucifixión. Tono: sombrío, resignado, pero lentamente intrigado.)
Esa noche fue distinta. Normalmente uno no duerme bien en una prisión romana, pero esa noche fue aún peor.
Mi cuerpo todavía estaba adolorido por los golpes… pero lo que más dolía era saber que mañana sería mi último día.
(Pausa. Se oye casi un suspiro.)
Yo… iba a morir. Morir de la forma más humillante. Crucificado.
Como traidor. Como lo peor. Como lo merecía.
(Tono más sombrío, casi como murmullo.)
La celda siempre obscura, siempre húmeda.
A un lado, mi compañero. Él dormía, o eso parecía. Yo no podía ni cerrar los ojos.
Afuera… pasos, gritos, antorchas, demasiado ruido y movimiento para ser la noche previa a la celebración de la Pascua.
Entre los gritos y conversaciones, escuché algo que llamó mi atención: “Arrestaron al Galileo”.
Arrestaron a un tal Jesús, yo no lo conocía pero decían que hacía milagros, que enseñaba cosas raras, que decía ser Dios o Hijo de Dios y que muchos lo seguían.
Pero al parecer y por lo que se escuche afuera de mi celda, esa noche, lo traicionaron. Lo llevaron ante los suyos y sus seguidores lo abandonarón.
(Cambio de tono. Tenso.)
Uno de los guardias se reía mientras contaba: “Lo metieron a la casa del sumo sacerdote… ¡qué paliza le dieron!” “Ni siquiera respondió. Solo los miraba.”
Otro añadió: “¿Y sus discípulos? Todos huyeron. Dicen que uno hasta lo negó tres veces antes del amanecer.”
(Pausa. Se queda callado.)
Yo no entendía quién era ese hombre. No me importaba, en realidad. Ya tenía suficientes problemas con mi propia condena.
(Pausa larga. Reflexiva.)
Esa noche yo no lo sabía… pero Él ya había comenzado a mirarme.

Escena 3 - Un hombre en silencio

(Ubicación: aún en la prisión. Está amaneciendo. Tono: más tenso, mezcla de curiosidad y creciente impacto.)
A la mañana siguiente… los golpes comenzaron.
Solo podía escuchar voces de soldados burlándose como siempre, pero esta vez había algo diferente.
Yo he oído muchas golpizas, las he dado y también las he recibido.
Se como suena un puño al golpear la cara de alguien, se como suena una patada con una bota romana. Pero esta vez… había algo diferente.
Se estaban burlando: “¡Profetiza, Mesías! ¡Adivina quién te pegó! - gritaban entre risas.
Se reían, le cubrían el rostro y le daban más duro.
Yo no podía ver nada, pero lo escuchaba… lo que más me sorprendió fue lo que no escuché...
El hombre no gritaba, no maldecía, no pedía ayuda… solo soportaba… En silencio.
Cuando lo sacaron de la casa… por fin pude verlo.
Su rostro estaba destruido, hinchado, ensangrentado.
Pero sus ojos… esos ojos… no tenían miedo. Y yo no podía dejar de mirarlo.
(Cambio de tono. Vuelve a narrar con cierto ritmo de asombro.)
Lo llevaron ante Pilato. Lo querían muerto, y ellos no podían condenarlo.
Pilato lo mandó azotar y el juego cruel continuó.

Escena 4 - El intercambio

(Ubicación: probablemente en un patio común de prisioneros, encadenado. Tono: tensión, rabia contenida, y lentamente… incredulidad.)
Más tarde. Nos encadenaron y nos formaron. Sabíamos lo que venía.
Crucifixión.
Tres de nosotros. Yo… mi compañero… y Barrabás.
Barrabás era el más conocido. Líder entre los nuestros. No era ladrón cualquiera… era un rebelde. Un asesino.
Fue entonces cuando escuchamos que había una costumbre que Pilato tenía para ganarse el favor de los judíos: liberar a un preso antes de la Pascua.
Por un instante… me atreví a pensar que podía ser yo. Pero luego lo vi… a ese que apodaban el Nazareno.
(Pausa. Descripción emocional.)
Su cuerpo… destrozado.
Había sido azotado con látigos de hueso y de metal. Sangraba… pero permanecía firme.
Le habían puesto una túnica vieja, una corona de espinas…
¡Miren a su rey! - decían.
Se notaba que Pilato estaba incomodo. Pareciera que él quería liberar a Jesús.
Lo presentó al pueblo y dijo: ¿A quién quieren que suelte? ¿A Jesús… o a Barrabás?
(Silencio. La decisión se aproxima.)
Después de escuchar lo que el Nazareno había hecho y conociendo de primera mano a Barrabás, yo pensé que la respuesta era obvia.
Pero entonces… empezaron los murmullos y después los gritos.
¡Barrabás! ¡Suelta a Barrabás! ¡Crucifica a Jesús!
De pronto, Barrabás estaba libre, sonreía cínicamente.
A un lado… el Nazareno… condenado.
Detrás de ellos, Pilato se lavaba las manos. No sé si por cobardía… o por miedo. Pero al final, él no quería esa responsabilidad.
(Silencio. Duda incertidumbre.)
Sin embargo, algo no cuadra. Este hombre seguía en silencio. No gritaba. No suplicaba. Pero a la vez… no parecía estar derrotado. No buscaba escapar.
No sabía muy bien que pensar o sentir. Solo sabía que: Nunca había visto a alguien como Él.

Escena 5 - El camino a la cruz

(Ubicación: camino al Gólgota. Tono: pesado, físico, con creciente reverencia silenciosa. El cuerpo está agotado. El alma… empezando a despertar.)
El veredicto estaba dado. No se dijo nada más. Solo una orden: CRUCIFIXIÓN.
Nos sacaron, nos ataron las muñecas y nos pusieron un madero sobre los hombros.
Cada paso dolía. No pensaba nada, solo en el dolor.
A un lado de mí caminaba “este hombre”. No parecía humano. Su espalda… totalmente abierta. Aún llevaba la corona de espinas en la cabeza. Y cada paso que daba parecía que se hundía más y más en su frente.
Tropezaba, pero seguía adelante. Yo no sabía ¿Cómo podía seguir en pie?
En un momento cayó con fuerza. Ya no podía más. Y un soldado grito a un hombre: ¡Cárgala tú!
Simón creo que era su nombre. Lo obligaron a cargar la cruz de Jesús.
Seguimos adelante, había gente en el camino. Unas mujeres lloraban al verlo.
Y entonces, dijo: “No lloren por mí… lloren por ustedes y por sus hijos”.
¿Cómo podía...? ¿Cómo podía pensar en otros en este momento… con ese dolor?
Yo no sabía que pensar, lo único que sabía… es que ese nombre no era como nosotros.

Escena 6 - “Recuérdame”

(Ubicación: en la cruz. Tono: físico, desgarrador, y emocionalmente rendido. El cuerpo se quiebra. El alma se abre.)
Finalmente llegamos a un monte llamado Gólgota. “La Calavera
No sé muy bien cuanto tiempo duro la caminata, pero al llegar a la cima del monte nos desnudaron y nos tiraron sobre el madero lleno de astillas.
Intenté resistirme, grité, pateé, pero no sirvió de nada.
Un soldado me sujetaba los hombros. Otro me ató los tobillos. El tercero… tomo el clavo.
Sentí el hierro sobre la muñeca. Después el mazo. Un golpe. Luego otro. Y otro más.
El dolor fue intenso e inmediato. Pero no fue lo peor.
Lo peor fue cuando me alzaron. La cruz cayó en el hoyo, y todo mi cuerpo se estremeció de dolor.
Colgado por los brazos… cada respiración… una lucha.
Cada vez que inhalaba… tenía que empujarme hacia arriba con los pies. Una y otra vez. Y eso dolía.
Es interesante, sabes que vas a morir, pero sigues luchando y aferrándote a la vida.
Eso es morir en una cruz. No son las heridas. No es el derramamiento de sangre. Es la falta de aire lo que te mata.
(Pausa. Cambio de tono. Descripción emocional.)
Y al lado mío… ÉL.
También lo clavaron. También lo alzaron. Pero no gritó. No pateó. No maldijo. Solo escuchaba sus gemidos. Estaba colgado igual que yo, pero no era igual a mi. Su mirada… su mirada permanecía firme.
Al principio, no entendía. ¿Cómo podía seguir así?
Encima de su cabeza, pusieron un letrero. Una burla más:
Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”
Yo pensé… ¿Rey? ¿Eso era un rey?
Pero mientras lo observaba, cada minuto que pasaba, más me parecía que si lo era.
No por la fuerza, evidentemente tampoco por su poder, sino por la forma en que sufría.
Sufría en silencio, con dignidad y con compasión.
Nadie soporta tanto dolor sin romperse, nadie responde así a tanta burla y a tanta crueldad.
Solo un Rey verdadero podría hacerlo.
(Pausa. Cambio de tono. Sorpresa e incredulidad.)
De pronto lo vi empujar con sus pies, pensé que iba a tomar aire, pero solo levantó el rostro al cielo y dijo:
“Padre… perdónalos. Porque no saben lo que hacen”
Y fue en ese momento que mi corazón se quebró por dentro.
Solo pensé - “¿Qué acaba de de decir?” -
Yo… yo no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Quién pide perdón… por los que te están matando?
Usar el poco aire que te queda para pedir perdón por alguien más… por ti mismo… lo entiendo, pero ¿por alguien más?
No entendía, no sabía que sentir. Pero esa frase… se quedó dentro de mí.
Yo estaba clavado en una cruz, pero por primera vez en mi vida, pude ver con claridad.
Ese hombre era el “siervo sufriente”, el Cristo, el Hijo de Dios… el Rey.
No había otra explicación: su manera de mirar, su manera de callar… su manera de sufrir.
Y fue ahí, colgado junto a Él, que mí alma no pudo resistir más, lo mire otra vez… y lo creí.
Y entonces… los insultos comenzaron.
“¡A otros salvó; que se salve Él mismo! ¡Si Tú eres el Rey de los judíos, sálvate a Ti mismo! “¡Desciende de la cruz, si eres el Cristo!”
Incluso mi compañero lo insultaba y le dijo:
“¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a Ti mismo y a nosotros!”
Pero yo… yo ya no quería salvarme, yo ya no podía más, ya no quería escapar. Ya no tenía fuerza…
Mire a ese hombre otra vez. Y aunque estaba colgado como yo… no era como yo.
Me dirigí a mi compañero y le dije:
«¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? »Nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero este nada malo ha hecho»
En ese momento, me di cuenta de lo que acaba de hacer. Hice una confesión. La primera de toda mi vida. Era la primera vez que reconocía mi culpabilidad.
Lo miré otra vez. Vi Su Rostro lleno de tierra, sangre… pero había algo más: FE.
Solo pude decirle:
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en Tu reino»
No pedí bajar, solo pedí… que este hombre… se acordará de mí.
Y entonces lo escuché. Con esfuerzo… con dolor… volviendo a empujarse hacia arriba para poder hablar.
«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso»
(Pausa. Silencio.)
HOY. No después. No si hago cosas buenas. HOY. ¿Con Él?
Yo no entendía todo, pero esas palabras me dieron paz… me sentí “a salvo”.
(Cambio de tono. El tono baja, el ritmo se vuelve lento, quebrado, silencioso. La escena se oscurece...)
Mis piernas ya no respondían. Cada vez me costaba más empujarme para respirar. El aire entraba, pero ya no salía. El final estaba cerca.
Pero por primera vez… no tenía miedo.
Luego vi a los soldados acercarse al otro, escuche un golpe seco. Un grito y silencio.
Después… vinieron a mí. No dijeron nada, levantaron el mazo con el que me clavaron a la cruz y...
(Pausa. Se escucha el impacto. El malhechor cierra los ojos. La voz se vuelve tenue, casi un susurro.)
Sentí, como mis huesos se rompían. El dolor fue insoportable… pero duró poco.
Mi cuerpo ya no podía luchar. Mi respiración se hacía más lenta y ya no podía levantarme.
De pronto el cielo se oscureció. Fue como si todo se detuviera. Todo se volvió tinieblas. Y entonces, lo escuché… una última vez...
Con voz fuerte, con poder, con seguridad:
¡Padre… en tus manos encomiendo mi espíritu!
Y en ese momento… ese hombre… murió...
Y yo… yo recordé su voz diciendo:
“hoy estarás conmigo en el paraíso”
Y con esa frase en mi mente y en mi corazón… cerré los ojos.

Escena 7 - El hombre de la cruz de en medio

(Ubicación: el Paraíso. Tono: sereno, asombrado, profundamente agradecido. Silencio reverente. El alma descansa.)
De pronto abrí los ojos. El dolor había desaparecido.
El aire volvió a entrar en mis pulmones… sin esfuerzo.
El cuerpo ya no me pesaba. No había sangre, clavos, cruz.
Solo luz, paz, tranquilidad y sobre todo un gran gozo.
Y entonces lo supe:
EL CUMPLIÓ SU PALABRA
No sabía muy bien donde estaba, pero sabía que no debería estar ahí por mis méritos.
Alguien me pregunto:
“¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?”
Me quede callado, no supe que decir. Solo recordé lo que ese hombre me dijo mientras estaba colgado en la cruz y dije:
EL HOMBRE DE LA CRUZ DE EN MEDIO… ME DIJO QUE PODÍA VENIR”.
Alce la mirada y entonces lo vi. Estaba ahí mirándome y solo pude decir emocionado:
Él… fue Él quien me invitó”
No entiendo muchas cosas. Pero entiendo esto: No fui salvo por lo que hice. Fui salvo por lo que Él hizo. Soy salvo porque Jesús no se bajo de la cruz. Soy salvo porque Él eligió la cruz.

Conclusión

Familia, nunca había hecho esto, pero se que Dios lo puso en mi corazón. Y si estás escuchando esto aquí, en Youtube, Facebook o Spotify y te sientes como ese hombre.
Puedes tener la seguridad de que tú, al igual que él, no necesitas una historia perfecta… solo necesitas creer lo que hizo Jesús por ti.
Mirar a Jesús, reconocer quién eres, reconocer quién es Él y confiar en lo que hizo en esa cruz por ti.
El hombre que ahí fue colgado sigue diciendo hoy:
“En verdad estarás conmigo en el paraíso”.

Bendición y Oración

Iglesia Identidad, que el Señor te bendiga y te guarde, que el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia, que el Señor alce sobre ti Su rostro, y te de paz, en el nombre de Jesús, Amén.
PROPÓSITO DE IDENTIDAD
“Acercar a las personas a Jesús de una manera real y práctica, dándoles las herramientas para alcanzar la madurez en Cristo y ser miembros de Su familia; con el objetivo de prepararlas para servir a la Iglesia y a la comunidad, glorificando así el nombre de Dios.”
AÑO DE LA PLENITUD
Ephesians 3:19 NBLA
19 y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.
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