RAÍCES PARA UNA VIDA FRUCTÍFERA - NUESTRAS RELACIONES

Campamento de Jóvenes 2025  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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INTRODUCCIÓN

Texto: Juan 15:16-19.
Oración
Adorno: Bueno quiero comenzar diciéndoles que esta ha sido una experiencia maravillosa para mi y mi familia. Mi esposa y yo estamos encantados de haber podido estar aquí con vosotros.
Me encantó el tiempo que tuvimos ayer en la velada, en el que tuvimos este tiempo de preguntas y respuestas. Hubo muchas preguntas interesantes, muchas preguntas buenas, todas fueron muy buenas preguntas y doy gloria a Dios porque se estén haciendo estas preguntas porque eso quiere decir que están reflexionando sobre su propia vida espiritual. Y esto es importante.
Oro para que el Señor siga obrando en sus corazones y que permanezcan unidos a la vid verdadera que es Jesús.
Ahora, quiero usar unas de las cosas hicieron ayer después de la velada para introducir el tema de hoy. Seguimos hablando de cuáles son áreas de nuestra vida que debemos cultivar para tener una vida fructífera.
Ayer después que terminamos este tiempo de preguntas y respuestas algunos de ustedes buscaron unos troncos para encender la chimenea o fogata. Una de las cosas interesantes de las fogatas, es que cada tronco ayuda a mantener vivo el fuego. De hecho, cuando se está apagando el fuego se busca más leña para avivarlo. Mientras más leña, más vivo estará el fuego.
Ahora, ¿Qué pasaría si coges uno de estos troncos encendidos y lo apartas de los demás? ¿Qué pasaría con este tronco?
Ardería por un poco de tiempo más, pero poco a poco, sin que nadie más haga nada, se irá apagando. Ahora, solo basta con volver a echarlo al fuego y unirlo con los demás para que el tronco, no solo vuelva a arder sino que ayude a mantener el fuego encendido.
El punto es este, de la misma manera que los troncos unidos ayudan a mantener el fuego encendido, así nosotros como cristianos unidos unos con otros nos ayudamos a tener vidas fructíferas.
La tercera raíz que debemos cultivar en nuestra vida para dar fruto son nuestras relaciones.
Hemos hablado de nuestra lealtad, o nuestra devoción al Señor. Hemos hablado del nuestro servicio, que no es para nosotros mismos sino para el Señor y para los demás. Y hoy hablaremos de nuestras relaciones.
Amados jóvenes, si quieren mostrar por medio de su carácter, decisiones y obras que Jesús verdaderamente vive en ustedes, entonces deben cultivar buenas relaciones que los animen a seguir a Cristo.
Quiero que leas conmigo Juan 15, el texto que leímos en nuestro primer estudio, pero esta vez que leamos desde el versículo 16-19. Juan 15:16-19.

EL FURTO DEL AMOR

Si te acuerdas de la primera prédica, recordarás que Jesús está hablando de que Él es la vid verdadera, es decir, Él es de quien sale la verdadera vida. No lo que el mundo llama vida, sino lo que en verdad es una vida que verdaderamente llena y satisface el corazón humano. Esta vida solo se encuentra en Jesús, y Él dice que si permanecemos en Él, entonces tendremos vidas fructíferas.
Y en los versículos 16-19, Jesús le dice a sus discípulos el fruto que espera ver en ellos. Escucha lo que dice nuevamente:
Juan 15:16–17»Ustedes no me escogieron a Mí, sino que Yo los escogí a ustedes, y los designé para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en Mi nombre se lo conceda. »Esto les mando: que se amen los unos a los otros.
La vida cristiana es una vida que no puede vivirse aislado ni solitario. Hemos sido creados para vivir en comunión los unos con los otros. En Génesis 2, cuando Dios crea al hombre y lo pone en el Edén para que trabajara en él, rápidamente nos dice la Biblia que no es bueno que el hombre esté solo. Ahora, piensa en esto:
Adán tenía una relación perfecta con Dios porque aún no había pecado.
Adán tenía todo lo que Dios le había provisto en el Edén.
Aún así, Dios es quien dice que no es bueno que Adán esté solo, pero Adán no estaba solo, estaba con Dios. Lo que la Biblia nos quiere decir es que Adán necesitaba alguien igual a él con quien relacionarse, con quien estar en comunión. Y, aunque, este es el contexto para el primer matrimonio, el principio que esto nos muestra es que el ser humano fue creado para vivir en comunidad y no para vivir aislado. Aún cuando nuestra relación con Dios es personal, es imposible vivir la vida cristiana de manera individual. Nos necesitamos los unos a los otros.
Por esta razón, Jesús enseña a sus discípulos que éste es el tipo de fruto que debe haber en la vida de sus discípulos. Este fruto solo es posible cuando cultivamos buenas relaciones en las que podemos vivir el amor cristiano.

QUÉ ES EL AMOR CRISTIANO

Ahora, es posible que te estés preguntando, ¿qué es el amor? Amar es procurar el bienestar de la otra persona de una forma genuina y desinteresada. Déjame darte un ejemplo, los padres amamos a nuestros hijos y queremos que ellos estén bien tanto física como espiritualmente, por lo tanto, hacemos muchas cosas para que ellos estén bien. La verdad es que no recibimos nada a cambio, si nuestros hijos están bien, eso es suficiente.
Así pasa también con las amistades, cuando amas a un amigo, le ayudas y lo animas porque simplemente porque tu deseo es que tu amigo esté bien, no esperas recibir nada a cambio.
El mayor ejemplo de esto es Jesús. Verás tú y yo estábamos en una situación bastante mala, estábamos llenos de pecado y de suciedad. La Biblia dice que estábamos nuestros pecados nos habían causado la muerte. Y Jesús, quien no tenía porqué hacerlo, se hizo hombre y vino a este mundo a hacer todo lo posible para que tú y yo estemos bien. Y por eso fue a la cruz a morir por nuestros pecados. Él, de una forma completamente desinteresada, dio su vida para que tú y yo estemos bien. Eso es amor.
Juan 15:12–15»Este es Mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, así como Yo los he amado. »Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos. »Ustedes son Mis amigos si hacen lo que Yo les mando. »Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de Mi Padre.
Este mismo amor es el que Jesús quiere que nosotros tengamos.
Jesús quiere que del mismo amor que hemos recibido de Él demos a los demás. Por eso el mandamiento que Él nos da es que nos amemos unos a otros cómo Él nos ha amado.

NUESTRAS RELACIONES

Ahora, ¿qué significa esto? Significa que si quieres tener una vida fructífera debes cultivar relaciones en las que puedas recibir y dar el amor de Jesús. Esta es la tercera raíz. Nuestras relaciones.
Hay relaciones que nos benefician y otras que no, hay relaciones que nos ayudan a crecer y hay otras que no. Si quieres tener una vida fructífera debes cultivar relaciones con hermanos en la iglesia que te animen a crecer.
Ayer durante el tiempo de preguntas y respuestas, algunos de ustedes compartieron cómo algunas de las relaciones que han tenido los alejaban de Dios. O al menos, ejercían una mala influencia sobre ustedes. Muchos de ustedes ya conocen el riesgo que esto representa.
Unas malas influencias en nuestras vidas nos alejarán del Señor, ¿sabes quién experimentó esto? El pueblo de Israel. Dios cuando llevó a su pueblo a la tierra prometida les advirtió que no se casarán ni se dejarán influenciar por las naciones que no seguían a Dios, pero ellos no escucharon la advertencia y se dejaron influenciar por esos países que no seguían al Dios de la Biblia.
¿Y cuál fue el resultado? Israel se apartó de Dios y adoró a dioses falsos.
De esta misma manera, si queremos tener una vida llena de fruto, es decir una vida que manifieste de forma visible por medio de nuestro carácter, decisiones y obras que Jesús verdaderamente vive en nosotros, debemos cultivar una raíz de buenas relaciones de amor cristiano.

CULTIVANDO BUENAS RELACIONES

¿Cómo puedes hacer esto?
La primera relación que debes tener es con la vid.
El mejor lugar es tu iglesia local.
Busca amistades maduras, no solo de tu edad, sino también de personas mayores que te amen y quieran ayudarte en tu caminar con Jesús.
Advertencia a las presiones de afuera y la necesidad de tener raíces profundas, y animo a que pueden dar fruto a pesar de su edad.
Amen,
Oramos
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