DE LA INCREDULIDAD A LA FE: TOMÁS Y EL CRISTO RESUCITADO
Lecciones prácticas sobre la transición de Tomás de incrédulo a creyente.
INTRODUCCIÓN
LECCIONES DEL INCRÉDULO TOMÁS (VER V. 24-25)
No estar donde se debe estar (ver v. 24)
“Por un lado, estos versículos nos muestran todo lo que pueden perderse los cristianos al no asistir con regularidad a las reuniones del pueblo de Dios. Tomás estaba ausente la primera vez que Jesús se apareció a los discípulos tras su resurrección, y por consiguiente se perdió una bendición. Por supuesto, no podemos demostrar con certeza que la ausencia del Apóstol fuera injustificada. Sin embargo, si tenemos en cuenta el momento crítico en que se encontraban las vidas de los Once, parece muy improbable que tuviera algún buen motivo para no estar con sus hermanos, y la balanza se inclina hacia alguna clase de culpa por su parte. Comoquiera que sea, hay algo claro y manifiesto. Por haber estado ausente, se mantuvo en la incertidumbre y la incredulidad durante una semana entera, mientras que todos los que le rodeaban se regocijaban en la idea de un Señor resucitado.”
Creer bajo mis propias condiciones (ver v. 25)
LECCIONES DE LA CORRECCIÓN A TOMÁS POR EL CRISTO RESUCITADO (VER V. 26-31)
¿Cómo lidia Jesús con la incredulidad de Tomás?
En primer lugar, Jesús se toma su tiempo (v. 26a).
En segundo lugar, Jesús se revela y ministra su paz (v. 26c)
En tercer lugar, Jesús trata con las exigencias de Tomás (v. 27-29)
La forma condescendiente en que Jesús trató a Tomás indica ciertamente que sigue siendo el mismo Jesús. Su amor no ha disminuido. Pudo haber reprochado duramente a Tomás, pero lo trata con mucha dulzura.
CONCLUCIÓN
Jamás tachemos a las personas de incrédulas e impías simplemente porque su fe sea débil y su amor tibio. Recordemos el caso de Tomás y seamos compasivos y misericordiosos. Nuestro Señor tiene muchos hijos débiles en su familia, muchos alumnos torpes en su escuela, muchos soldados inexpertos en su ejército y muchas ovejas renqueantes en su rebaño, pero a todos ellos los soporta y a ninguno lo echa de sí. Dichoso el cristiano que ha aprendido a tratar del mismo modo a sus hermanos. En la Iglesia hay muchos que, como Tomás, son débiles y torpes pero que, a pesar de todo, también son creyentes verdaderos como él lo era.
