DE LA INCREDULIDAD A LA FE: TOMÁS Y EL CRISTO RESUCITADO

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 614 views

Lecciones prácticas sobre la transición de Tomás de incrédulo a creyente.

Notes
Transcript

INTRODUCCIÓN

Se encontraban muy ansiosos. El miedo se había apoderado de ellos. Esconderse era la mejor opción. Aunque estaban juntos, no había paz porque se encontraban en duelo; la pérdida había quebrantado totalmente sus corazones. Estaba muy reciente la herida y el dolor era muy profundo. No existirían palabras de consuelo. Todo lo construido se había desmoronado. Pero de repente y sin esperarlo, algo pasó que hace que su presión arterial suba. Sus corazones comenzaron a palpitar rápidamente. ¡No podían creer lo que estaban viendo! Las puertas estaban cerradas y no se explican cómo pudo entrar. Su voz dulce y reconfortadora retumbó en todo el lugar. Lo que estaban viendo no podía ser cierto. No sabían si gritar o reír, si correr o caer a sus pies. ¡Qué hacer! El coctel de emociones y sentimientos alteraron todo su sistema nervioso. Pero esa voz. Esa voz… la conocían. De repente todo comienza a tener sentido y las alteradas emociones toman su lugar poco a poco en la medida que se observa en asombro la maravilla del Cristo resucitado revelándose y compartiendo con todos. Solo faltaba el Mello. ¿Dónde está? No lo sabemos.
Lo anterior puede ser una descripción de lo que estaban experimentando los discípulos cuando se les apareció el Maestro resucitado. Todos tuvieron que luchar con su propia incredulidad para creer que lo nunca antes visto, La resurrección, fuera cierta y real. Tomás no estuvo presente en esta primera visitación, y gracias a esta ausencia, nosotros tenemos la narración de nuestro porción de estudio en este domingo de resurrección Juan 20:24-29. Estaremos abordando este texto bajo el título de “De la incredulidad a la fe: Tomás y el Cristo resucitado”.
Estaremos abordando este tema bajo dos divisiones: una veremos a Tomás y su incredulidad y luego observaremos a Cristo resucitado y cómo lidió con la incredulidad de este discípulo.

LECCIONES DEL INCRÉDULO TOMÁS (VER V. 24-25)

¿Quién fue Tomás? ¿Qué nos revela Las Escrituras sobre él?
Lo primero que tenemos que resaltar sobre Tomás es el significado de su nombre. El nombre Tomás (griego: Θωμᾶς, Thōmâs) proviene del arameo תָּאוֹמָא (T’oma), que significa “gemelo”. En griego, simplemente se transliteró el nombre arameo sin traducirlo, y de ahí pasó al latín como Thomas y luego a los distintos idiomas modernos. En el Evangelio de Juan, se le llama explícitamente “Tomás, llamado el Dídimo” (Juan 11:16; 20:24; 21:2). Dídimo (griego: Δίδυμος) también significa “gemelo”, lo que indica que “Tomás” y “Dídimo” son equivalentes en significado, pero en diferentes lenguas (arameo y griego, respectivamente).
Tomás fue uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús. Aunque no se menciona frecuentemente en los Evangelios, cuando lo hace, deja una impresión clara de su carácter.
Hombre de valentía realista: En Juan 11:16, cuando Jesús decide regresar a Judea para ver a Lázaro, donde ya había habido amenazas contra Él, Tomás dice: “Vamos también nosotros, para que muramos con él.” Esto muestra su disposición a seguir a Jesús, incluso con riesgo de muerte.
Deseoso de claridad: En Juan 14:5, cuando Jesús habla del camino al Padre, Tomás responde: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” Esta pregunta provocó una de las declaraciones más conocidas de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida…” (Juan 14:6).
Famoso por su duda y su fe: Su episodio más recordado ocurre en Juan 20:24-29, cuando inicialmente duda de la resurrección de Jesús porque no estuvo presente en la primera aparición del Resucitado a los discípulos. Dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos… no creeré.” Ocho días después, Jesús se le aparece y le invita a tocar sus heridas. Tomás responde con una de las confesiones más poderosas de fe en el Nuevo Testamento:
Juan 20:28 NBLA
28 «¡Señor mío y Dios mío!», le dijo Tomás.
La tradición cristiana: Después del relato bíblico, la historia de Tomás se enriquece con la tradición:
Misión en la India: Según la tradición más firme, especialmente en la Iglesia siria y la Iglesia india malabar, Tomás llevó el Evangelio al sur de la India. Se cree que llegó a la región de Kerala alrededor del año 52 d.C., fundando comunidades cristianas que aún existen hoy como los “cristianos de Santo Tomás”.
Martirio: La tradición sostiene que murió como mártir en la India, probablemente en la ciudad de Mylapore (actual Chennai), atravesado por una lanza.
Reliquias: Algunas tradiciones afirman que sus restos fueron trasladados a Edesa (actual Turquía) y más tarde a Ortona (Italia), donde se veneran hasta hoy.
Ya que conocemos un poco de Tomás, pasemos a ver algunas lecciones que podemos aprender de su estado de incredulidad.

No estar donde se debe estar (ver v. 24)

La primera lección que me gustaría compartir con ustedes, la encontramos en el v. 24 y tiene que ver con que Tomás no estaba en el lugar correcto a la hora de la visitación del Cristo resucitado. La Biblia no nos revela dónde se encontraba este discípulo. Lo único que nos dice es que “no estaba con ellos cuando Jesús vino”.
Tomás tuvo la bendición de participar en los eventos de mayor trascendencia, como por ejemplo:
Llamamiento y elección como uno de los doce apóstoles (Mateo 10:2–4; Marcos 3:16–19; Lucas 6:13–16).
La resurrección de Lazaro (Juan 11).
La mayoría de los milagros realizados por Jesús.
La última cena.
La ascensión de Jesús (Hechos 1:9-13)
La venida del Espíritu Santo (Hechos 2:1-4)
Pero no estuvo en la primera aparición a los apóstoles. Después de todo lo que estaban experimentando: escuchar las predicciones de Jesus (Mateo 16:21; Mateo 17:22-23; Mateo 20:17-19), participar de la institución de la cena del Señor (Mateo 26:20-30; Marcos 14:17-26; Lucas 22:14-23), ser testigo del arresto del Maestro (Mateo 26:47-56; Marcos 14:43-50; Lucas 22:47-53; Juan 18:1-11), la pasión del Señor y su crucifixión (Mateo 27:27-56; Marcos 15:16-41; Lucas 23:26-49; Juan 19:16-37) y la muerte (Mateo 27:50; Marcos 15:37; Lucas 23:46; Juan 19:30), lo menos que se podía esperar de uno de los escogidos del Señor es que se encuentre con los demás apoyándose unos a otros.
J. C. Ryle, en sus Meditaciones sobre los Evangelios: Juan, dice:

“Por un lado, estos versículos nos muestran todo lo que pueden perderse los cristianos al no asistir con regularidad a las reuniones del pueblo de Dios. Tomás estaba ausente la primera vez que Jesús se apareció a los discípulos tras su resurrección, y por consiguiente se perdió una bendición. Por supuesto, no podemos demostrar con certeza que la ausencia del Apóstol fuera injustificada. Sin embargo, si tenemos en cuenta el momento crítico en que se encontraban las vidas de los Once, parece muy improbable que tuviera algún buen motivo para no estar con sus hermanos, y la balanza se inclina hacia alguna clase de culpa por su parte. Comoquiera que sea, hay algo claro y manifiesto. Por haber estado ausente, se mantuvo en la incertidumbre y la incredulidad durante una semana entera, mientras que todos los que le rodeaban se regocijaban en la idea de un Señor resucitado.”

Al reflexionar sobre este error de Tomás, les comparto un par de aplicaciones prácticas para nosotros hoy:
Una aplicación para nosotros hoy en día es que muchas veces podemos perdernos de grandes bendiciones y experiencias por no estar en el lugar que Dios desea que estemos, como por ejemplo, en los cultos dominicales. También se puede dar el caso opuesto, en el que por estar en el lugar incorrecto podemos ser afectados de manera negativa, como por ejemplo, algún tipo de accidente por estar en un lugar no adecuado para nosotros los creyentes.
Otra aplicación que podemos extraer de este error de Tomás es que en los momentos importantes de que podamos atravesar como iglesia, debemos estar juntos y unidos, como lo estaban los discípulos ese domingo de resurrección, a pesar del miedo y temor ante la muerte del Señor.

Creer bajo mis propias condiciones (ver v. 25)

Existen varios tipos de incredulidad. A continuación les comparto algunos que podemos ver en la Biblia.
Incredulidad por ignorancia: La persona no cree porque no ha oído o no ha entendido el mensaje.
Ejemplo bíblico:
“¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído?” (Romanos 10:14)
Incredulidad por duda sincera: La persona quiere creer, pero lucha con preguntas, temores o experiencias difíciles.
Ejemplo bíblico:
Padre del muchacho endemoniado: “Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24)
Incredulidad por dureza de corazón: La persona ha recibido suficiente luz o evidencia, pero endurece su corazón voluntariamente.
Ejemplo bíblico:
Fariseos que pedían señales a Jesús pero no creían (Mateo 12:38-40).
“Tenían endurecido el corazón.” (Marcos 6:52)
Incredulidad intelectual u orgullosa: La persona rechaza el mensaje de fe porque confía más en su razonamiento, ciencia o sabiduría humana.
Ejemplo bíblico:
“El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden…” (1 Corintios 1:18)
“Profesando ser sabios, se hicieron necios…” (Romanos 1:22)
Incredulidad espiritual (ceguera espiritual): Aun habiendo verdad delante de sí, la persona no puede creer porque está bajo el engaño del pecado o del enemigo.
Ejemplo bíblico:
“El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos…” (2 Corintios 4:4)
Incredulidad práctica: La persona dice creer en Dios, pero vive como si no creyera; su conducta no refleja su supuesta fe.
Ejemplo bíblico:
“¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” (Mateo 8:26)
¿En cuál de estos tipos de incredulidad crees que Tomás está ubicado?
Particularmente creo que nuestro Tomás tiene una combinación de incredulidad por dureza de corazón como de duda sincera. De dureza de corazón, porque el Cristo resucitado lo reprendió fuertemente (v. 27-29) y de dura sincera porque el estaba dispuesto a creer, solo que bajo ciertas circunstancias o condiciones (v. 25).
Al observar el v. 25, la expresión “los otros discípulos le decían” nos permite inferir que a Tomás se le había estado testificando sobre la resurrección del Señor con cierta insistencia, ya que este verbo se encuentra en un imperfecto que la acción se inició pero aun estaba en proceso. Ante esto, la respuesta de Tomás.
Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 17: Juan (3) La aparición a Tomás, 20:24–29.) “El gran error de Tomás comenzó con su duda, y luego con su falta de confianza en el testimonio de sus propios compañeros.”
Evangelio según San Juan (20:24–31) “Tomás ya ha oído demasiado. Tomás desea ver. También desea sentir. Desea ver la señal de los clavos, y desea meter el dedo en el lugar de los clavos … Tomás no se sentirá satisfecho con sólo ver las señales que los clavos han dejado en las manos del Crucificado; no, debe también meter de hecho el dedo en los huecos dejados por los clavos. E incluso esto no bastará. Tomás debe poder meter la mano en la horrible incisión dejada por la lanza.”
¿Qué habría provocado la incredulidad de este discípulo?
Al observar el registro bíblico podemos concluir que lo que pudo haber desatado la incredulidad de Tomás son las siguientes razones:
Falta de fe en lo que el Maestro ya había profetizado.
Su ausencia en la aparición de Cristo a los apóstoles.
Su falta de confianza en el testimonio de los demás discípulos.
Psicológicamente hablando, el duelo por la pérdida del Maestro pudo haber influido en su incredulidad.
Antes de pasar a nuestra siguiente división de este sermón, permítame hacerles algunas advertencias sobre la incredulidad:
No pongas en duda lo que Cristo ha afirmado, aun cuando esto parezca improbable o imposible.
2 Pedro 1:19 NBLA
19 Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual ustedes hacen bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en sus corazones.
No le impongas a Dios condiciones o criterios humanos para creer en lo que él ha dicho o en su resurrección de entre los muertos.
Hebreos 11:6 NBLA
6 Y sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que recompensa a los que lo buscan.
El problema no es la falta de evidencia y testimonio para creer en la resurrección, sino nuestro corazón endurecido que se resiste a creer.
Marcos 16:10–14 NBLA
10 Y ella fue y se lo comunicó a los que habían estado con Él, que estaban lamentándose y llorando. 11 Cuando ellos oyeron que Jesús estaba vivo y que ella lo había visto, se negaron a creerlo. 12 Después de esto, Jesús se apareció en forma distinta a dos de ellos cuando iban de camino al campo. 13 Y estos fueron y se lo comunicaron a los demás, pero a ellos tampoco les creyeron. 14 Después Jesús se apareció a los once discípulos cuando estaban sentados a la mesa, y los reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.

LECCIONES DE LA CORRECCIÓN A TOMÁS POR EL CRISTO RESUCITADO (VER V. 26-31)

¿Cómo lidia Jesús con la incredulidad de Tomás?
Nuestro Señor Jesucristo había dicho que él guardaría a los suyos, sus escogidos, no permitiría que la historia de Tomás quedara de esta manera.
Juan 6:39 NBLA
39 »Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final.
Juan 18:9 NBLA
9 Así se cumplía la palabra que había dicho: «De los que me diste, no perdí ninguno».
Creo que en nuestro texto de estudio, podemos identificar tres cosas que el Maestro hizo para trabajar el caso de este discípulo que se encontraba procesando su trauma de pérdida del Maestro. Posiblemente Tomás estaba experimentando estrés postraumático y ansiedad situacional.

En primer lugar, Jesús se toma su tiempo (v. 26a).

Una de las cosas que más me impresionan de Dios es que nuestras necesidades y urgencias no lo mueven ni desorientan, en el sentido de que, él no actúa desesperadamente ni impulsivamente como nosotros. Cuando la ansiedad nos invade, solemos actuar precipitadamente y sin pensar. En medio del trauma o sufrimiento, solo queremos que termine; no queremos vivir el proceso necesario porque éste no siempre es tan rápido como quisiéramos.
Dios se toma su tiempo para hacer las cosas porque Dios es paciente pero firme en el cumplimiento de sus propósitos.
Se dice de Dios en los tiempos de Noé:
1 Pedro 3:20 NBLA
20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua.
Se dice de Jesucristo en cuanto a Pablo:
1 Timoteo 1:16 NBLA
16 Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda Su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en Él para vida eterna.
Dios fue paciente con Tomás y esperó 8 días para revelarse a él. También será paciente con nosotros y nuestras incredulidades y dudas.

En segundo lugar, Jesús se revela y ministra su paz (v. 26c)

Si comparamos este verso 26 con el v. 19 nos daremos cuenta que son casi lo mismo.
Era domingo.
Los discípulos estaban reunidos.
Las puertas estaban cerradas.
Jesús vino y se puso en medio de ellos.
Les dijo: Paz a ustedes.
¿Cuál era la condición en la que se encontraban, emocionalmente, los discípulos cuando Jesús viene y se les aparece?
Juan 20:19 NBLA
19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo*: «Paz a ustedes».
Lucas 24:36–44 NBLA
36 Mientras ellos relataban estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: «Paz a ustedes». 37 Pero ellos, aterrorizados y asustados, pensaron que veían un espíritu. 38 Y Él les dijo: «¿Por qué están turbados, y por qué surgen dudas en sus corazones? 39 »Miren Mis manos y Mis pies, que Yo mismo soy; tóquenme y vean, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como ustedes ven que Yo tengo». 40 Cuando dijo esto, les mostró las manos y los pies. 41 Como ellos todavía no lo creían a causa de la alegría y porque estaban asombrados, les dijo: «¿Tienen aquí algo de comer?». 42 Ellos le presentaron parte de un pescado asado, 43 y Él lo tomó en las manos y comió delante de ellos. 44 Después Jesús les dijo: «Esto es lo que Yo les decía cuando todavía estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre Mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos».
Especialmente para los apóstoles, la revelación del Cristo crucificado era de vital importancia para los planes de Dios. Estos tendrían la encomienda de ser los testigos oculares de la resurrección; su mensaje tendría como base esta verdad pero también serían los autores inspirados para el fundamento de la iglesia.
Aunque el testimonio de los demás no fue suficiente para Tomás, y en vista de los propósito que Dios ya viene mostrando, la revelación de Jesús a este incrédulo era necesaria.
Esta experiencia de Tomás nos recuerda que no es suficiente el testimonio de los testigos oculares y las evidencias disponibles para persuadir a un incrédulo, se necesita de la obra sobrenatural de Dios para trabajar ese corazón.

En tercer lugar, Jesús trata con las exigencias de Tomás (v. 27-29)

Si nuestro Tomás estaba demandando un nivel mucho más profundo de experiencia para poder creer, no por esto Cristo accede a sus demandas. No podemos ver esto como que a nuestro Señor no le quedaba otra alternativa más que acceder a las exigencias de este discípulo extraviado. ¡No! Nuestro Señor lo confronta personalmente y al hacerlo muestra que el es Omnisciente porque cada una de sus demandas es usada por Jesús en su confrontación amorosa.

La forma condescendiente en que Jesús trató a Tomás indica ciertamente que sigue siendo el mismo Jesús. Su amor no ha disminuido. Pudo haber reprochado duramente a Tomás, pero lo trata con mucha dulzura.

Jesús desarma a Tomás de sus argumentos y exigencias. Solo le queda rendirse y confesar “¡Señor mío y Dios mío!”.
Alguien dijo:
Evangelio según San Juan (20:24–31) “La fe que procede del ver es buena; pero la fe que procede del oír todavía es más excelente.”
Hebreos 11:1 NBLA
1 Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Si bien nuestra fe no es una fe ciega, sino que está basada sobre bases objetivas y comprobables, no podemos caer en el error de Tomás de pedir más allá de lo que se nos es dado, porque la dicha o bienaventuranza la obtienen aquellos “que no vieron pero creyeron.

CONCLUCIÓN

Un día como hoy Cristo se levantó de entre los muertos. Esta verdad sostiene el Evangelio que predicamos y sostiene todo el sistema de fe que confesamos. Sin su resurrección el Cristianismo no existiría.
1 Corintios 15:14 NBLA
14 y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes.
Hoy el Espíritu Santo nos hace una advertencia en contra de la incredulidad. Renunciemos a ella y rindamos nuestros corazones a Dios humildemente. Evitemos imponerle a Dios nuestras exigencias en cualquier cosa y en especial en lo que respecta a la fe en su resurrección. Si existe algo que te produce dudas, no te desesperes. ¡Ora! Dios se tomará su tiempo para traerte luz. Recuerda que más que argumentos necesitas a Cristo mismo y su poder para transformar tu vida.
R. C. Ryle dijo:

Jamás tachemos a las personas de incrédulas e impías simplemente porque su fe sea débil y su amor tibio. Recordemos el caso de Tomás y seamos compasivos y misericordiosos. Nuestro Señor tiene muchos hijos débiles en su familia, muchos alumnos torpes en su escuela, muchos soldados inexpertos en su ejército y muchas ovejas renqueantes en su rebaño, pero a todos ellos los soporta y a ninguno lo echa de sí. Dichoso el cristiano que ha aprendido a tratar del mismo modo a sus hermanos. En la Iglesia hay muchos que, como Tomás, son débiles y torpes pero que, a pesar de todo, también son creyentes verdaderos como él lo era.

Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.