MEJOR CONFESAR QUE COMPLICAR

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Enseñar a mi audiencia lo peligroso de encubrir los pecados y por qué la confesión y el apartarse del pecado es lo que Dios espera de su pueblo.

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INTRODUCCIÓN

¿Alguna vez has roto algo en casa y trataste de esconderlo? ¿O mentiste para evitar meterte en problemas? Muchos hemos hecho eso. Si pudiéramos hacer un viaje al pasado y contabilizar la cantidad de veces que intentamos ocultar un error, un pecado, una travesura o un accidente, la lista sería inmensa. Pero sin temor a equivocarme puedo afirmar que la mayoría de esos intentos de encubrir algo para evitar las consecuencias fueron descubiertos y los pocos que faltan, pues tarde o temprano se destaparán.
La Biblia nos dice que tratar de esconder nuestros errores no nos ayuda. Al contrario… ¡los complica más! Por eso el título de nuestro sermón “Mejor confesar que complicar”. Hoy estudiaremos Proverbios 28:13 para aprender sobre esta gran verdad.

INCUBRIR EL PECADO ES COMPLICARSE MÁS

“El que encubre sus pecados no prosperará”
Ilustración: Imagínense lo que pasaría si al limpiar una habitación, toda la basura las apilamos debajo de la cama. A un un primer vistazo, la habitación podría parecer limpia y ordenada, pero en realidad eso no es del todo correcto. Llegará un momento en el que no cabrá más basura y por supuesto el mal olor que emitirá todos esos desechos debajo de la cama, delatará que algo no está bien en el lugar.
Queridos hermanos, de la misma manera ocurre con nuestras vidas. Cuando pecamos, contra Dios y contra nuestro prójimo, y escondemos esa transgresión, vamos acumulando basura en nuestros corazones. Podemos aparentar que todo está bien. Al parecer nuestras vidas están en orden a la vista de los demás, lucimos como creyentes santos que sirven al Señor, que se congregan con regularidad… un ejemplo a seguir para muchos. ¡Pero todo eso es una ilusión! Nuestros corazones tienen un aglutinamiento de pecados no confesados ni arrepentidos que provocan un mal olor a Dios y que en su debido momento se notará a la vista de todos.
En la Biblia tenemos muchos ejemplos de personas que encubrieron sus pecados y no les fue bien.
Tenemos el primer caso de la historia de la humanidad, Adán y Eva.
Génesis 3:6–12 NBLA
6 Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió. También dio a su marido que estaba con ella, y él comió. 7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales. 8 Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día. Entonces el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. 9 Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?». 10 Y él respondió: «Te oí en el huerto, tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí» 11 «¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?», le preguntó Dios. «¿Has comido del árbol del cual Yo te mandé que no comieras?» 12 El hombre respondió: «La mujer que Tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí»
Otro caso lo tenemos en la historia de Raquel, esposa de Jacob, donde esta robó unos ídolos a su padre cuando Jacob, con todo su casa y lo que tenía se disponía a regresar a Canaan. Esto provocó que ella tuviera que mentir y que ocurriera un altercado entre Jacob y su suegro Labán (Genesis 31)
En el Nuevo Testamento tenemos el caso de Ananías y Safira (Hechos 5:1-11) donde estos vendieron una propiedad y mintieron sobre el monto entregado a los apóstoles, pretendiendo haber dado todo.
Aunque hay muchos otros ejemplos en las Escrituras, estos casos nos recuerdan algunas cosas que tenemos que tener presente:
El ser humano tiende a encubrir su pecado en lugar de confesarlo. Esto fue lo que pasó con Adán y Eva.
Un pecado encubierto engendra otros pecados para poder mantenerlo oculto.
El pecado se puede encubrir a los hombres pero no a Dios.
Ahora bien, me gustaría que observemos algunas consecuencias de encubrir pecados.

Consecuencias de encubrir pecados

Culpa y carga emocional pesada.
Salmo 32:3–4 NBLA
3 Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió Con mi gemir durante todo el día. 4 Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí; Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah)
Endurecimiento del corazón.
Hebreos 3:13 NBLA
13 Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: «Hoy»; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado.
Pérdida de comunión con Dios.
Isaías 59:2 NBLA
2 Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, Y los pecados le han hecho esconder Su rostro para no escucharlos.
Consecuencias pública y vergüenza.
Números 32:23 NBLA
23 »Pero si no lo hacen así, miren, habrán pecado ante el Señor, y tengan por seguro que su pecado los alcanzará.
Disciplina de parte de Dios.
Hebreos 12:6 NBLA
6 »Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo».
Amados hermanos, es una ilusión o un auto engaño pensar que podremos mantener oculto un pecado y que tarde o temprano no se sepa. Si has callado por poco o por mucho tiempo un error, esto te enfermará espiritualmente. Las consecuencias de nuestros pecados nos alcanzan. Y nunca olvidemos que nuestros pecados también afectan a otros y no solo a nosotros.
Ahora bien, si ya hemos pecado contra Dios o contra tu prójimo, el camino correcto a seguir es la confesión.

CONFESAR ES EL PRIMER PASO A LA LIBERTAD

“Pero el que los confiesa”
Confesar es hacer un reconocimiento, o sea, admitir públicamente a algo, usualmente un mal de algún tipo.
Miremos lo que David, en el salmo 32, expresa sobre la confesión:
Salmo 32:1–5 NBLA
1 ¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, Cuyo pecado es cubierto! 2 ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño! 3 Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió Con mi gemir durante todo el día. 4 Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí; Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. (Selah) 5 Te manifesté mi pecado, Y no encubrí mi iniquidad. Dije: «Confesaré mis transgresiones al Señor»; Y Tú perdonaste la culpa de mi pecado. (Selah)
¿Cuál fue la experiencia de David al callar su pecado?
Para David, callar su pecado lo consumió.
Para David, callar su pecado le hacía gemir todo el día.
Para David, callar su pecado provocaba que la mano de Dios pesara sobre él.
Para David, callar su pecado hacía que su vigor o fuerza se desvaneciera.
Partiendo de la experiencia de David al callar su pecado, permíteme hacer algunas preguntas reflexivas:
Al callar tu pecado, ¿sientes que algo te consume por dentro? ¿algo que no te deja tranquilo o que te atormenta?
Al callar tu pecado, ¿gimes en lo profundo del corazón? ¿hay un llanto interno muy adentro que te grita que necesitas confesar?
Al callar tu pecado, ¿sientes algo pesado sobre ti que no te deja avanzar? ¿sientes una carga pesada sobre tu corazón que es como un obtáculo para tu crecimiento?
Al callar tu pecado, ¿experimentas un cansancio que no puedes explicar? ¿algo tan profundo que aunque descanses físicamente, espiritualmente no tienes o recobras fuerzas?
¿Qué hizo David para poder salir de esa condición?
CONFESAR (ver v. 5)
¿Cuál fue el resultado de confesar a Dios su pecado?
PERDÓN
Para David, la salida a su condición de decadencia espiritual solo tenía una salida: venir a la presencia de Dios y confesar su pecado. El salmo inicia exaltando la dicha o bendición de la persona que ha experimentado el perdón de Dios. Pero no todos tiene la bendición de experimentar esto.
“No hay paz más dulce que la que se encuentra en la confesión sincera del pecado y en la aceptación del perdón divino.” Charles Spurgeon
¿Cuántas personas experimentan el perdón de Dios? Permítanme compartir con ustedes algunos datos estadísticos que nos ayudarán a tener una idea de cuantas personas, actualmente, experimentan el perdón de Dios.
Población mundial estimada en 2025: 8,000 millones de personas.
Cristianos en total: 2,640 millones (33% de la población mundial).
Evangélicos o protestantes: 660 millones (25% de los cristianos).
Verdaderos creyentes comprometidos (estimados entre 10% y 20% de los evangélicos):
10% de 660 millones = 66 millones
20% de 660 millones = 132 millones
Estamos diciendo que entre el 0.8% y el 1.65% de toda la población mundial sería, aproximadamente, un verdadero cristiano comprometido. En otras palabras, menos del 2% de la población mundial hoy en día ha experimentado el perdón de Dios genuinamente.
Amados hermanos y amigos, no es saludable para ti y tu relación con Dios pero tampoco para ti y tu relación con otros, encubrir tus pecados. Por eso te invito a confesarlo delante de Dios y a arrepentirte sinceramente delante de Dios. No importa qué tan grave sea tu error, Dios lo perdonará
El hijo pródigo nos recuerda que si te has ido muy lejos de Dios, puedes volver a los brazos de tu Padre celestial.
La conversión del apóstol Pablo nos recuerda que si has sido bien rebelde y antagónico a la causa de Cristo, Él te recibe y te cambia.
La historia de Pedro nos recuerda que no importa cuan religioso seamos, siempre necesitaremos volver nuestros rostros a Dios y confesar nuestros pecados.
1 Juan 1:9 (NBLA) 9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.
R.C. Sproul dijo:
“Confesar nuestros pecados es reconocer que hemos violado la santidad de Dios y que necesitamos su gracia para ser restaurados.”

APARTARSE ES LO QUE COMPLETA EL CAMBIO

Amados hermanos, les tengo una mala noticia. Confesar nuestros pecados no es lo único que se espera de nosotros. Existe algo más que viene a completar y a validar que la confesión realizada realmente es genuina.
“… los confiesa y los abandona hallará misericordia.”
Conozco la historia de un pastor amigo, que desde muy pequeño fue expuesto a un ambiente nocivo y destructivo. Con una familia disfunsional y que eran consumidores y vendedores de drogas, además de otros delitos, pronto mi amigo caminó por esas sendas. Creció, vivió y participó de realidad oscura lo que lo llevó a caer preso en varias ocasiones. Huyendo de la justicia, una vez más es encarcelado y desde la prisión clamó a Dios. Dios, a través de su Palabra fue tratando con él hasta que completó la obra y él fue deportando a su país. Aquí, ya habiendo sido perdonado por Dios, ha dedicado su vida a servir a Dios y a rescatar a los que están atrapados por el mundo del cual Dios le rescató. Se apartó de su pecado y ahora vive para Dios.
Mis amados, esta historia es un buen ejemplo del confesar y abandonar el pecado. Cuando venimos al Señor y confesamos nuestros pecados, se espera que de manera automática no volvamos a los mismos errores de los cuales estamos arrepintiéndonos.
La confesión de los pecados y el abandono de esto es lo que nosotros conocemos como Arrepentimiento.
John Piper dijo: “El arrepentimiento genuino implica no solo alejarse del pecado, sino también volverse hacia Dios con todo el corazón.”
John MacArthur: “El verdadero arrepentimiento no es simplemente sentirse mal por el pecado; es un cambio de mente que resulta en un cambio de vida.”
Me gustaría terminar este tiempo con algunas aplicaciones prácticas para todos nosotros.
En primer lugar, encubrir el pecado o la falta no soluciona el problema sino que lo agrava. No retrases por más tiempo tu pecado a Dios o a tu prójimo. Decídete a confesar y enfrentar las consecuencias de tus acciones.
En segundo lugar, un pecado no confesado es un pecado que aun no ha sido perdonado. Se especifico con Dios al momento de arrepentirte por tus pecado. Confiesa puntualmente con nombre el pecado del que te arrepiente. Lo mismo haz con la persona a quien tienes que confesar y pedir perdón.
En tercer lugar, la confesión sin abandono del pecado, no es confesión verdadera. Tienes que identificar qué fue lo que te llevó a cierto pecado para apartarte de eso y así evidenciar un verdadero arrepentimiento.

CONCLUSIÓN

Amados hermanos, es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo lo que nos lleva a una confesión verdadera de nuestros pecados. Es gracias al evangelio, o sea, lo que hizo nuestro Señor al ser nuestro sustituto en la Cruz del Calvario y recibir el castigo que merecemos todos, haciendo posible que ahora podamos confesar nuestros pecados delate de Dios y recibir el perdón total y absoluto para así experimentar la libertad de la vida en Cristo Jesús. La respuesta al evangelio es el arrepentimiento y la fe; o sea, confesar nuestros pecados delante de Dios y apartarnos de ellos, fijando nuestra mirada en Jesús y solo Jesús.
Romanos 10:9–10 NBLA
9 que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.
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