Un siego sanado en Betsaida
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Introducción
Introducción
22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.24 El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
Los milagros que Jesús hizo, no son simples acontecimientos. Él siempre quiere darnos enseñanza en todo. Eso incluye los milagros.
Las Escrituras enseñan que Dios es un Dios de propósitos. En las obras de Cristo nunca hay despropósito alguno. Es decir, el hecho de que Cristo lo hizo de esta manera, aun cuando pudo haberlo hecho con una simple palabra de su boca o deseo de su corazón, muestra que algún propósito sabio tenía. El es infinitamente sabio y por lo tanto, decreta no solo los mejores fines, sino también los mejores medios para llegar a esos fines. (Job 42.2, Proverbios 19:21, Daniel 4:35)
Así que, si este medio fue el decretado para llevar a cabo la sanación, entonces podemos estar seguros que fue el mejor medio.
Al conectar este pasaje con su contexto va arrojarnos mucha luz sobre el propósito.
En el contexto anterior, Jesús había obrado el milagro de la alimentación de los 4,000. Leemos que luego de este milagro, Jesús subió a la barca y fue a una región llamada Dalmanuta (posiblemente situada en tierra de Magdala, junto al mar de Galilea), donde tuvo una acalorada discusión con los Fariseos, quienes le demandaban una señal del cielo, lo que hizo que el espíritu de Jesús gimiera dentro de Si. Luego de la discusión, leemos que Jesús y sus discípulos entraron nuevamente a la barca, pero esta vez, los discípulos se olvidaron de llevar pan, lo que posteriormente comenzó a preocuparles.
Mas adelante, nuestro Señor comenzó a decirles que ellos debían cuidarse de la levadura de los Fariseos y los Herodianos, es decir, de ese espíritu que demanda señal para poder creer, cuando Jesús les había enseñado totalmente lo contrario “si crees, verás la gloria de Dios”. Ellos entonces comenzaron a decirse unos con otros que El decía eso porque habían olvidado llevar pan. Esto entonces le hizo sentir incómodos por algunas preguntas incisivas que Cristo les hizo, siendo una de ellas:
18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?
Y siendo la ultima de ellas: “¿y todavía no entienden?”.
En esta sección Marcos registró dos milagros que no se hallan en los otros Evangelios: La sanidad de un sordo y tartamudo (Marcos 7:31–37) y la sanidad del ciego fuera de Betsaida (Marcos 8:22–26). Tal vez podemos ver en los dos hombres ilustraciones de la condición espiritual de los discípulos descrita en Marcos 8:18. Los lectores judíos harían la relación entre los dos milagros con las promesas mesiánicas de Isaías 35.
