Predicación: "Dios dirige, Dios provee y Dios da la victoria")
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(Éxodo 17:1-16)
I. Dios dirige nuestros pasos (Éxodo 17:1–7)
I. Dios dirige nuestros pasos (Éxodo 17:1–7)
A. Dios nos guía incluso en medio de las pruebas
Israel seguía la nube de día y el fuego de noche, pero Dios los llevó a lugares de escasez para probar su fe (v.1).
La vida cristiana no se trata solo de llegar a la meta, sino de crecer en fe, conocimiento de Dios y carácter piadoso (2 Pedro 3:18
18Antes bien, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
B. Una prueba repetida para un corazón rebelde
Dios los llevó nuevamente a un lugar sin agua (Rephidim) para revelar la condición de sus corazones (v.2-3).
En vez de confiar, se quejaron y desearon regresar a Egipto: símbolo de su falta de gratitud y fe (Hebreos 3:12
12Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo.
C. Nuestra actitud determina el resultado
Cada dificultad es una oportunidad para crecer o una tentación para caer (Santiago 1:2-4
Quejarnos y culpar a Dios nos atrapa en el desierto espiritual; confiar nos lleva a la madurez.
D. Un recurso inagotable: la provisión de Dios
Moisés ora y Dios le ordena golpear la roca; de ella brota agua en abundancia (v.5-6).
La roca simboliza a Cristo, quien fue herido por nosotros para darnos vida (1 Corintios 10:4; Juan 7:37-39
Aplicación: En la sequedad espiritual, Cristo es nuestra fuente viva.
E. El problema de corazones duros
Israel nombró el lugar “Masah” (prueba) y “Meribá” (contienda), porque dudaron del amor y cuidado de Dios (v.7).
Recordatorio: No basta cantar en la iglesia “Confío en ti”, debemos confiar en la sequía, en la dificultad y en el dolor (Lucas 22:42.
II. Dios derrota a nuestros enemigos (Éxodo 17:8–16)
II. Dios derrota a nuestros enemigos (Éxodo 17:8–16)
A. El enemigo siempre ataca después de la bendición
Los amalecitas atacaron cuando Israel estaba cansado y vulnerable, justo después de la provisión milagrosa (v.8).
Satanás también ataca después de grandes victorias espirituales (Mateo 4:1-11; 1 Corintios 10:12
B. La batalla es inevitable en la vida cristiana
No solo somos peregrinos, también somos soldados (2 Timoteo 2:3-4
Desde que somos liberados del mundo (Egipto), el enemigo (mundo, carne, diablo) nos quiere destruir (Efesios 6:10-12
C. La estrategia del enemigo y la preparación del pueblo de Dios
Amalec atacó a los débiles y rezagados (Deuteronomio 25:17-19
Satanás busca nuestros puntos más débiles; por eso, debemos velar y orar (Mateo 26:41
D. El modelo de victoria espiritual
Josué lidera la batalla en el valle, Moisés intercede en el monte (v.9-12).
Tres elementos de la victoria:
La fe activa en la lucha (Josué y su ejército).
La oración persistente (Moisés, Aarón y Hur).
El poder de Dios obrando en todo (Sal 20:7)
E. El costo y la necesidad de la intercesión
Moisés se cansaba de levantar las manos; la oración ferviente es un trabajo espiritual intenso (Colosenses 4:12)
Necesitamos a otros (Aarón y Hur) que nos apoyen en oración y ánimo espiritual (Hebreos 10:24-25)
F. Cristo, nuestro Intercesor y nuestra fuerza
Jesús intercede continuamente por nosotros en el cielo (Hebreos 7:25)
El Espíritu Santo también intercede en nuestras debilidades (Romanos 8:26-27)
III. Dios merece toda la gloria (Éxodo 17:14–16)
III. Dios merece toda la gloria (Éxodo 17:14–16)
A. Un altar para recordar Su fidelidad
Moisés no construye un monumento a sí mismo ni a Josué, sino a Jehová: “El Señor es mi estandarte” (v.15).
Toda victoria espiritual debe apuntar a la gloria de Dios, no al esfuerzo humano (1 Corintios 10:31)
B. La lucha contra el mal es continua
Dios ordenó a Israel recordar y luchar contra Amalec hasta su destrucción completa (v.14, 16).
El pecado, como Amalec, debe ser combatido persistentemente en nuestra vida hasta su total erradicación (Romanos 8:13)
Aplicaciones Finales para la Iglesia:
Aplicaciones Finales para la Iglesia:
¿Estoy confiando en Dios en medio de mis pruebas, o quejándome?
¿Estoy consciente de la batalla espiritual diaria, y estoy peleando en fe y oración?
¿Estoy buscando levantar un altar de gratitud a Dios, dándole toda la gloria en cada victoria?
