Oposición a la evangelización (Hechos 4:1-37)
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Introducción
Introducción
Semana 1: Equipados para la evangelización (Hch 1:1-26). Jesús habla con sus discípulos justo antes de ascender al cielo. Elección de Matías como apóstol en lugar de Judas.
Nuestra base para testificar: lo que Cristo hizo y enseñó, su obra en la cruz y su resurrección.
Nuestro poder para testificar: el poder que recibimos a través del E.S.
Nuestra certeza para testificar: Cristo volverá para traer justicia y juicio.
Nuestro secreto para testificar: comunión, oración y estudio de las Escrituras.
Nuestro fundamento para testificar: la doctrina de los apóstoles.
Semana 2: Prioridades para la evangelización (Hch 2:1-47). Jesús envía el E.S. en el día de Pentecostés. Nacimiento de la iglesia. Primer discurso de Pedro.
Estar controlados por el E.S.: la llenura del E.S. es esencial.
Estar enfocados en la persona de Jesucristo: esto requiere conocerle bien.
Estar conectados con nuestra iglesia local: la comunión es un requisito para ser testigos.
Semana 3: Oportunidades para la evangelización (Hch 3:1-26). Pedro y Juan se encuentran con un hombre cojo en la entrada del templo y Pedro lo sana con el poder del E.S. La gente se reúne para averiguar la causa y Pedro aprovecha la oportunidad para proclamar el Evangelio, enfatizando la figura del Mesías y el rechazo de los judíos, y llamándolos al arrepentimiento y la conversión.
La señal: los apóstoles mostraron compasión por un hombre en una situación miserable. Esto nos recuerda nuestra propia condición antes de recibir la salvación.
El mensaje: Pedro aprovechó la oportunidad para proclamar el Evangelio de una manera entendible para la audiencia que enfrentaba.
La invitación: Pedro hace un llamado al arrepentimiento y la conversión a Jesucristo.
La oposición de las autoridades judías (1-22)
La oposición de las autoridades judías (1-22)
Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.
Mientras Pedro y Juan hablaban a la multitud en el templo, se presentaron tres figuras de autoridad a oponerse:
Los sacerdotes. Representaban la autoridad religiosa y no querían que ellos “enseñasen al pueblo” algo distinto.
La guardia del templo. Estaba conformada por levitas y tenía la responsabilidad de vigilar la seguridad del templo.
Los saduceos. Eran un grupo religioso y político judío. Formaban parte de la aristocracia de Jerusalén y estaban vinculados al sacerdocio del templo. Eran conocidos por su adherencia estricta a la ley de Moisés y rechazo de la noción de la resurrección y de lo sobrenatural. Su nombre quizás derive de la línea sacerdotal de Sadoc, un sumo sacerdote durante la época de David. Se consideraban rivales de los fariseos, que eran más numerosos y legalistas.
Estas autoridades encarcelaron a Pedro y Juan. Como ya era tarde (cerca del fin del día para los judíos), tuvieron que esperar al día siguiente para enfrentar al Concilio, ya que la ley prohibía realizar procesos judiciales nocturnos.
Pero la proclamación de Pedro había producido fruto: muchos creyeron en el Evangelio (y otros lo rechazaron, como siempre ocurre).
Hch 1:15: en la venida del E.S. había 120 personas en el aposento alto.
Hch 2:41: Después del primer discurso de Pedro se añadieron unas 3000 personas.
Hch 4:4: El número total de creyentes ascendió a unos cinco mil hombres (sin considerar mujeres y niños).
El poder que recibieron del E. S. para proclamar el Evangelio estaba dando fruto en Jerusalén.
Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?
Al día siguiente se reunió el Sanedrín, que era el consejo religioso, político y legal judío supremo en Jerusalén. Actuaba como una especie de “corte suprema”, pero no estaba autorizado a aplicar la pena de muerte (esto debía ser hecho por un procurador romano, Jn 18:31). Era presidido por el sumo sacerdote, que previamente había sido Anás (6-15 d.C. pero seguía teniendo gran influencia) y ahora era su yerno Caifás (18-36 d.C.). Ambos tuvieron un papel relevante en el juicio a Jesús (Jn 18:12-13). No hay seguridad de quiénes era Juan y Alejandro, aunque según algunas fuentes Alejandro era hermano del historiador Filón y Juan era un rabino que posteriormente llegó a ser presidente del concilio.
La pregunta del Sanedrín a los discípulos fue similar a la que la multitud se había hecho cuando el cojo fue sanado: “¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?” Ellos vieron en la proclamación del Evangelio una amenaza a su autoridad y al status quo de los judiíos con el gobierno romano, y quisieron tomar medidas inmediatamente.
Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Pedro nuevamente es “lleno del Espíritu Santo” (es decir, dirigido y controlado por el E.S. e investido por su poder para una actividad especial) y habla delante de las autoridades judías. Los puntos principales de su discurso son:
La señal de la sanidad del cojo fue realizada “en el nombre (por el poder, por la autoridad) de Jesucristo de Nazaret”.
“a quien vosotros crucificasteis”: estas mismas autoridades habían participado en el juicio injusto e infame a Jesús y lo habían condenado a muerte.
“a quien Dios resucitó de los muertos”: la resurrección de Jesucristo lo certifica como el verdadero Mesías e Hijo de Dios.
“Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo”: La “piedra angular” es la primera piedra colocada en la construcción de un edificio, en la esquina exterior de dos paredes de mampostería que se cruzan. Pedro identifica claramente a Jesús como esa piedra sobre la que la iglesia es edificada (y no el mismo Pedro ni los “papas”, como afirma la iglesia católica romana malinterpretando Mt 16:18), pero que había sido rechazada por los “edificadores” (las autoridades judías). Él hace referencia al Salmo 118, que Jesús ya había citado en Mr 12:10. Pablo también cita este salmo en su carta a los Efesios y el mismo Pedro lo haría en su primera carta.
La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
De parte de Jehová es esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos.
Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
La piedra que desecharon los edificadores,
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.
Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.Por lo cual también contiene la Escritura:
He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;
Y el que creyere en él, no será avergonzado.
Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,
La piedra que los edificadores desecharon,
Ha venido a ser la cabeza del ángulo;
y:
Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,
porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.
Pedro culmina su discurso proclamando a Cristo como el “único nombre” (el único poder, la única autoridad) en que podemos ser salvos. Al hacer esto, echa por tierra la idea de los religiosos judíos acerca de obtener la salvación por la obediencia a la ley de Moisés.
En resumen: nuevamente Pedro centra su proclamación en Jesucristo como único camino de salvación y en la culpabilidad del hombre (en este caso, las autoridades judías).
Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.
Tanto las palabras valientes de Pedro y Juan (hombres sin formación académica, simples pescadores ) como el reconocimiento de que “habían estado con Jesús”, sumado a la evidencia indesmentible de la sanidad del cojo, eran motivo suficiente para dejar al Sanedrín sin palabras. Nuestras palabras y nuestros actos deben ser coherentes para que la evangelización pueda ser efectiva. La gente debe darse cuenta de que “estamos” con Jesús.
Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.
A pesar de la evidencia (“señal manifiesta”, “notoria a todos”, “no lo podemos negar”), las autoridades judías no quisieron dar su brazo a torcer, sino que les amenazaron para que no siguieran proclamando a Cristo. Prefirieron pelear para conservar su poder político y religioso, en lugar de reconocer a Jesucristo como el Mesías prometido.
Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
Es cierto que los cristianos debemos someternos a las autoridades (Rom 13:1), pero este sometimiento no puede estar por encima de la obediencia a Dios. Los apóstoles habían sido comisionados por Jesús y capacitados por el E.S. para ser testigos (Hch 1:8) y no iban a renunciar a su propósito por la oposición de los gobernantes. Ellos respondieron: “no podemos dejar dejar de decir lo que hemos visto y oído”. Esa misma actitud debe estar presente en nosotros, si en verdad hemos comprendido el Evangelio. La evangelización es algo que un verdadero creyente NO puede dejar de hacer, sin necesidad de ser “presionado”.
Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.
A diferencia de los apóstoles, las autoridades judías tuvieron más temor de los hombres que de Dios. Por lo tanto, decidieron liberar a los apóstoles para evitar problemas con el pueblo.
Aplicación
Aplicación
La proclamación del Evangelio siempre va a enfrentar oposición. Debemos ser valientes y estar dispuestos a obedecer nuestro llamado.
La evangelización es algo natural e inevitable para el creyente: “no podemos dejar dejar de decir lo que hemos visto y oído”.
La oración de los creyentes (v23-31)
La oración de los creyentes (v23-31)
Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste:
¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se reunieron los reyes de la tierra,
Y los príncipes se juntaron en uno
Contra el Señor, y contra su Cristo.
Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.
Los apóstoles inmediatamente se reunieron con la iglesia, y juntos “alzaron unánimes la voz a Dios”. Es interesante ver cómo enfocaron su oración:
Declaran su confianza en la soberanía de Dios. Esto se refleja incluso en el título “soberano Señor” (gr. despotēs, “amo”), que es la manera en que el esclavo reconocía la autoridad de su señor y dueño. Ellos sabían que el rechazo al Mesías era parte del plan perfecto de Dios, “para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” (v28). Citan el Salmo 2, sabiendo que están siendo testigos de su cumplimiento.
¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
Piden valor para seguir proclamando el Evangelio. En lugar de pedir a Dios que los proteja o que los libre de la persecución, su clamor es: “concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (v29). Saben que las señales y prodigios que seguirían viendo serían la forma en que el E.S. certificaba la confiabilidad del mensaje y de los mensajeros.
Dios respondió su oración inmediatamente: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (v31). El resultado visible de la llenura del E.S. no fue hablar en lenguas, tener éxtasis místicos o la realización de actos sobrenaturales (aunque sí hubo una señal física: el temblor del lugar); la evidencia de la llenura fue que ellos hablaron la palabra con valor.
Aplicación
Aplicación
Cuando enfrentamos oposición, pruebas o tribulación, no debemos simplemente pedir a Dios que “resuelva” nuestros problemas. Nuestra prioridad debe ser que Él nos conceda el ser testimonio de su poder y gracia, y que utilice nuestras circunstancias para Su gloria.
Una evidencia de una vida llena del E.S. es la proclamación valiente del Evangelio.
El testimonio de la iglesia (v32-37)
El testimonio de la iglesia (v32-37)
Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.
A pesar de haber crecido enormemente en número, la unidad y armonía de los creyentes seguía siendo una de las marcas principales de la iglesia primitiva (Hch 2:42,46; 4:24). Esto no sólo se manifestaba en pasar tiempo juntos, orar y tener una misma doctrina; también se hacía evidente en la preocupación práctica de los unos por los otros, hasta el punto de vender sus posesiones para ayudar a quienes tenían necesidades; como resultado, “no había entre ellos ningún necesitado”. Esto es una evidencia clara del genuino amor cristiano. Bernabé (un hombre que tendrá mucha importancia más adelante en hechos) fue un ejemplo de esta actitud.
NOTA: Esto no significa que todos los cristianos deban vender sus posesiones y entregar el dinero a la iglesia. Esta fue una situación temporal que respondió a circunstancias históricas específicas, y no hay ninguna enseñanza en otras partes del texto bíblico respecto de repetir este patrón. Pero sí nos da ejemplo de lo que significa tener nuestras prioridades ordenadas y manifestar una preocupación genuina por nuestros hermanos (la “fe verdadera” de Santiago).
Los apóstoles continuaron dando testimonio de la resurrección de Jesús “con gran poder” (en palabra y en señales que confirmaban su mensaje y su autoridad). Y la iglesia disfrutó de “abundante gracia” (con Dios y con las personas, como Jesús en Lc 2:52). Cuando la iglesia obedece el mandato del Señor, Él es el que produce el fruto.
Aplicación
Aplicación
Una iglesia unida y en comunión unos con otros es el lugar en donde Dios derrama su abundante gracia y trae salvación a los perdidos.
Conclusión
Conclusión
Debemos pedir a Dios que despierte en nosotros un deseo ardiente de proclamar el Evangelio.
Debemos pedir a Dios que nos conceda el valor para ser fieles testigos de Cristo a pesar de la oposición que se pueda levantar.
Debemos esforzarnos en la unidad y tener un amor genuino entre nosotros.
