Sanando la Historia 3
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¡Qué Privilegio!
¡Qué Privilegio!
Lo que empezó el movimiento de la iglesia no fue una enseñanza sino un evento histórico: La Resurrección de Jesús. Los testigos llenaron las calles de Jerusalén -la ciudad dónde todo esto pasó-, diciendo que Jesús fue crucificado, después se levantó de la muerte hace sólo 2 meses atrás. ¡Así empieza la iglesia! No es una estructura o algo estático, sino un movimiento que Jesús empieza al venir a este mundo y dar Su vida por los pecados de la humanidad. Todo lo que dijo quedó validado al resucitar de la muerte.
Todas las religiones te dicen lo que debes hacer, las reglas a seguir para que Dios se agrade de ti, el cristianismo es diferente, se trata de ¡Jesús!
El primer día de la Iglesia como movimiento 3 mil se unen, después miles más; para el momento de la historia de hoy, son casi el 10% de la población de Jerusalén. Nadie pudo desmentir lo que se decía, porque ¡no había cuerpo de Jesús! Y todos ellos fueron testigos.
La situación político-social era la siguiente: hay un acuerdo tácito entre Roma y los líderes religiosos judíos. El templo era el centro del poder y de la actividad judía. Los romanos mantienen buena relación con ellos porque eso les permite tener a la región en calma, pero de pronto esa paz se ve perturbada por los seguidores de Jesús y el inicio de la Iglesia.
Hay persecución, Pedro y Juan fueron arrestados, metidos a la cárcel; los líderes los liberan con la condición de que dejen de hablar de “El Nombre de Jesús”. Después de pasar la noche en la cárcel, se reúnen con sus amigos y en vez de decirles que dejen de hablar de Jesús y ser más amables, más neutrales con los líderes, empiezan a orar diciendo:
“Y ahora, oh Señor, escucha sus amenazas y danos a nosotros, tus siervos, mucho valor al predicar tu palabra.” (Hechos de los Apóstoles 4:29, NTV)
La semana pasada vimos que precisamente no tener miedo es lo que los metió a la cárcel y ahora piden más valor.
“Extiende tu mano con poder sanador; que se hagan señales milagrosas y maravillas por medio del nombre de tu santo siervo Jesús».” (Hechos de los Apóstoles 4:30, NTV)
Regresan a las calles y ¡siguen predicando! Sabiendo que eso los puede meter en más problemas, pero ¡no se pueden callar!
Muchas veces nuestra oración es: dame, bendíceme, cuídame. Si los cristianos que viven en países con limitaciones de libertad religiosa escucharan nuestras oraciones quizá dirían: ¿quieres más bendición? ¿no es suficiente lo que tienes? Señor que mi hijo encuentre buen trabajo. ¿De verdad? los míos ni siquiera pueden ir a la escuela porque trabajan.
Somos los que tenemos miedo de predicar la Palabra, cuando somos los que menos miedo debemos tener. Somos los que tenemos miedo de mostrar nuestra fe, cuando tenemos más libertad de hablar de nuestra fe...por ahora.
Hemos dejado que la valentía se diluya ¡por miedo! ¿y si al hablar de Jesús mis amigos se alejan? ¿y si se burlan? Si le dijeras esto a los cristianos de Irán, algunos países de África ¡se reirían de nosotros! Hemos perdido el valor.
Hubo un tiempo que la iglesia era consciente de qué los movía como cristianos, lo mismo que los hizo pedir valor. Sabían que todos los seres humanos viven eternamente ¡en algún lugar! pero ¿dónde? Dios respondió esa pregunta para darnos seguridad de nuestra eternidad a través de Jesús.
La iglesia se movía abiertamente y quienes observaban se sorprendían del amor entre ellos, cómo se tratan y se interesan por las personas. Observan cómo responden al peligro de la persecución ¡con valor!
Lucas dice que tenían el favor de la comunidad ¿cómo nos perdimos? ¿qué nos pasó? Creo que en parte es porque tenemos ¡mucha bendición! No es para sentirnos culpables, sino para ser responsables.
La historia de hoy es importante, el doctor Lucas entrevistó a testigos y documentó el inicio de la iglesia.
Pedro y Juan han predicado, están con los demás discípulos, oran por valor y salen a la calle una vez más a predicar el mensaje de la resurrección. Más gente acepta el mensaje y se unen al movimiento.
La gente de Jerusalén sabe que algo está sucediendo. De las ciudades cercanas llegan a Jerusalén y traen a sus enfermos, ciegos, paralíticos porque se corrió el rumor que un grupo de personas oran por los enfermos y sanan. Jesús les dio poder a sus discípulos para realizar todo tipo de milagros, con el propósito de dar testimonio o evidencia del Poder de Jesús, no es para que sólo sanen, sino dar testimonio en ese momento; porque después esos que sanaron...murieron.
Jerusalén está lleno, es la fiesta de la cosecha. Los líderes tratan de manejar y equilibrar el poder que tienen con Roma ¡ellos tienen el control! Son expertos en la ley de la religión, pero de pronto ya nadie los busca; antes el templo estaba lleno, ahora las sillas vacías y han perdido su autoridad e influencia. Ya no son los importantes y preguntan ¿por qué ya no vienen? y la respuesta que las personas dan es: Pedro sanó a mi mamá, además habla claro y sin rodeos, tú sigues hablando de levítico y cosas que no entendemos.
El orden como lo conocían ¡ha sido perturbado! Lucas dice que esos líderes se pusieron celosos, se sintieron amenazados; por eso envían a los guardias del templo para que arresten ¡a todos los discípulos! Los arrestan por la tarde, para que mañosamente pasen la noche en la cárcel y darles un calambre, suavizarlos.
Al día siguiente los van a obligar a que, dejen de hablar de Jesús. Lucas dice que al estar en la cárcel, alguien o algo por la noche les abre la cárcel y ellos ¡salen libres! En la mañana al buscarlos ¡no los encuentran en la celda! Y se enteran de que están en el templo predicando ¡otra vez de Jesús y de la resurrección!
Se enojan aún más, ordenan que los vuelvan a agarrar. Están a punto de agarrarlos, pero están rodeados de tanta gente que a los soldados les da miedo que la gente los defienda y los apedree. Uno de los guardias le dice a Pedro: “venimos a arrestarte, pero nos da miedo la gente, por favor ¡arréstate a ti mismo y de paso a los demás!
Los discípulos salen del templo, se van con los guardias para reunirse con los líderes religiosos o consejo o Sanedrín, para explicar lo que están haciendo. Aquí empieza la historia de hoy.
“Después llevaron a los apóstoles ante el Concilio Supremo, donde los confrontó el sumo sacerdote. —¿Acaso no les dijimos que no enseñaran nunca más en nombre de ese hombre? —les reclamó—… ” (Hechos de los Apóstoles 5:27–28, NTV)
¡Ni siquiera pueden decir el Nombre de Jesús! En estos tiempos puedes hablar de religión, de Dios, de lo espiritual, pero cuando mencionas a Jesús, ese Nombre incomoda a algunos.
“… En lugar de eso, ustedes han llenado a toda Jerusalén con la enseñanza acerca de él, ¡y quieren hacernos responsables de su muerte!” (Hechos de los Apóstoles 5:27–28, NTV)
Esto es importante, porque sucedió apenas 2 meses después de la resurrección. Le dicen: Pedro, así como narras la historia, pareciera que somos culpables de la muerte de Jesús. Pedro piensa ¡claro que son culpables! yo estuve ahí, ustedes lo arrestaron, lo crucificaron, lo acusaron injustamente, lo mataron ¡son culpables!
“Pero Pedro y los apóstoles respondieron: —Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a cualquier autoridad humana. El Dios de nuestros antepasados levantó a Jesús de los muertos después de que ustedes lo mataron colgándolo en una cruz.” (Hechos de los Apóstoles 5:29–30, NTV)
Por si creen que les tengo miedo ¡no es así! No es secreto, esto es lo que sucedió ¡ustedes lo mataron en una cruz!
“Luego Dios lo puso en el lugar de honor, a su derecha, como Príncipe y Salvador. Lo hizo para que el pueblo de Israel se arrepintiera de sus pecados y fuera perdonado.” (Hechos de los Apóstoles 5:31, NTV)
Esta declaración pone al cristianismo en una categoría diferente. El cristianismo es la culminación de toda búsqueda de Dios, porque no es algo que se escuchó o se cree sólo por fe, sino por lo que muchos testigos vieron y escucharon.
“Nosotros somos testigos de estas cosas y también lo es el Espíritu Santo, dado por Dios a todos los que lo obedecen.” (Hechos de los Apóstoles 5:32, NTV)
Caifás ¡todos lo vimos! Sabemos qué sucedió en esta ciudad y ¿qué hace Pedro? ¡adivinen! ¡predica otra vez! habla de Jesús y de SU resurrección.
“Al oír esto, el Concilio Supremo se enfureció y decidió matarlos;” (Hechos de los Apóstoles 5:33, NTV)
Crucificaron a Jesús, pensaron que podían hacer lo mismo y todo terminaría, pero pasa algo interesante:
“pero uno de los miembros, un fariseo llamado Gamaliel, experto en la ley religiosa y respetado por toda la gente, se puso de pie y ordenó que sacaran de la sala del Concilio a los apóstoles por un momento.” (Hechos de los Apóstoles 5:34, NTV)
Muchachos, antes de matarlos y hacer 12 mártires, hagamos algo, pero sáquenlos para hablar en confianza y dice:
“Entonces les dijo a sus colegas: «Hombres de Israel, ¡tengan cuidado con lo que piensan hacerles a estos hombres! Hace algún tiempo, hubo un tal Teudas, quien fingía ser alguien importante. Unas cuatrocientas personas se le unieron, pero a él lo mataron y todos sus seguidores se fueron cada cual por su camino. Todo el movimiento se redujo a nada.” (Hechos de los Apóstoles 5:35–36, NTV)
No hay registro bíblico o extrabíblico de Teudas, cuando se levantó se le unieron como 400 personas, querían revelarse y Roma no lo permitió, los aplastó y el movimiento desapareció. Los del consejo lo recuerdan y dicen: ¡cierto!
“Después de él, en el tiempo en que se llevó a cabo el censo, apareció un tal Judas de Galilea…” (Hechos de los Apóstoles 5:37, NTV)
De Judas de Galilea o el Galileo se sabe más: vivió en la época que el gobernador hizo un censo, para saber cuánta gente vivía y tener una idea de la cantidad de impuestos que recibiría. Era algo que podía hacer, era legal, pero Judas de galilea no quiso ser parte del censo para no pagar impuestos a Roma y empezó un movimiento, que se les conoció como “Los Zelotes”, pero no los que te consumen. Uno de los seguidores de Judas el galileo, después fue discípulo de Jesús y se le conoció como: “El Zelote”, Simón El Zelote. El consejo recuerda que esto pasó en el año 6 o 7 d. C.
“… Logró que gente lo siguiera, pero a él también lo mataron, y todos sus seguidores se dispersaron.” (Hechos de los Apóstoles 5:37, NTV)
¿Recuerdan lo que sucedió? Roma no lo toleró, envió soldados que aplastaron el movimiento. Lo que Gamaliel está diciendo es: Muchachos ¡Roma se encargó de todos ellos! No tuvimos que meter las manos. Si hubiéramos apoyado a este grupo ¡Roma se nos viene encima! y perdemos todo, pero si hubiéramos apoyado a Roma ¡la gente se nos viene encima y hubiéramos perdido nuestro poder e influencia!
Nos mantuvimos al margen, esos se levantaron, avisamos a Roma y listo. La verdad es que nosotros tampoco queríamos pagar impuestos, pero no nos revelamos. El problema quedó solucionado sin mancharnos de sangre. Roma no va a dejar que esta zona se salga de control.
“»Así que mi consejo es que dejen a esos hombres en paz. Pónganlos en libertad. Si ellos están planeando y actuando por sí solos, pronto su movimiento caerá;” (Hechos de los Apóstoles 5:38, NTV)
Si es sólo otro movimiento subversivo ¡fracasará! Ahora bien, los romanos no estaban contra el cristianismo, estaban contra todo movimiento que se quisiera rebelar contra Roma. Gamaliel tiene razón, si es un movimiento humano contra el poderío romano ¡no hay posibilidad de trascender!
“pero si es de Dios, ustedes no podrán detenerlos. ¡Tal vez hasta se encuentren peleando contra Dios!».” (Hechos de los Apóstoles 5:39, NTV)
La implicación es: lo único que puede derrotar el poder de Roma en la región ¡es Dios! Si este movimiento es diferente, entones es que es una acción de Dios.
En Roma actual hay más cruces que en otra parte del mundo, cruces que representan no la crucifixión, sino ¡Una crucifixión! la de Jesús. Sabemos de ella, porque fue la única en que el crucificado ¡resucitó! Ya no hay Imperio romano como tal, pero es considerado por muchos como el lugar dónde se dio gran impulso al cristianismo.
Gamaliel tenía razón, si hay un poder suficiente para terminar el poderío romano y crear algo más grande que Roma ¡sería un acto de Dios! él no sabía que estaba siendo testigo, en esa ciudad de lo nuevo que Dios hacía ¡La Iglesia! La Iglesia trascendió el Imperio Romano.
El consejo estuvo de acuerdo y pensaron: unos cuántos azotes y se calmarán. Esto lo leemos rápido, pero esos azotes eran con un látigo con varias tiras de cuero con puntas de hierro, vidrio, piedras afiladas en los extremos que, al entrar en contacto con la piel y el jalón, desgarraban la piel, perforaban el músculo de la espalda, hombros y abdomen.
Por horas los discípulos en fila observando a sus amigos ser azotados y esperando su turno. Las cicatrices serían permanentes y todo por lo que vieron y oyeron. Esas marcas serían para toda la vida; al cambiarse de ropa, al dormir, al bañarse en el río se las veían. Era un recordatorio visual de este día.
¿Cómo respondes a esto? Queremos pasar de largo sin meditar las implicaciones. Veamos que pasa horas después que sangraron, de gritar de dolor, horas después de estar sangrando por los azotes por decir lo que no podían callar.
¿Qué habría pasado si hubiéramos sido nosotros? ¡el final del movimiento! El mensaje de Cristo no pasaría el 1er siglo. Veamos su reacción:
“Los otros miembros aceptaron su consejo. Llamaron a los apóstoles y mandaron que los azotaran. Luego les ordenaron que nunca más hablaran en el nombre de Jesús y los pusieron en libertad.” (Hechos de los Apóstoles 5:40, NTV)
“Los apóstoles salieron del Concilio Supremo con alegría…” (Hechos de los Apóstoles 5:41, NTV)
Sus cuerpos marcados con heridas para toda la vida, si por casualidad alguien ve sus heridas ¡van a pensar que son criminales! porque sólo los criminales son azotados.
“Los apóstoles salieron del Concilio Supremo con alegría, porque Dios los había considerado dignos de sufrir deshonra por el nombre de Jesús.” (Hechos de los Apóstoles 5:41, NTV)
Muchas veces tenemos miedo de que algo malo nos pase por ser cristianos. Y los primeros cristianos dicen: sufrir, perder algo, rendirse, ser desfigurado por el Nombre de Jesús es de lo que estoy más orgulloso. ¿Por qué?
Porque ¡ÉL dio Su vida por mí! No me importa dejar la piel en jirones por amor a ÉL. Siendo Hijo de Dios murió por mí. Le doy mi dolor, reputación, trabajo, obediencia ¡todo! No me avergüenzo ¡es de lo que más me gozo! Porque ÉL dio Su Vida por mí.
Aquí estamos, siglo 21, pensando en cómo sufrimos porque la iglesia está muy lejos, porque tengo mucho trabajo que me impide ir, porque mis hijos no quieren ir a la iglesia, porque eso de dar mi ofrenda y diezmo ¡es demasiado! Piensas lo mucho que sufres por no tener el nuevo iphone 20.
Miedo a que, si tus amigos saben que eres cristiano te van a rechazar; miedo a que ya no te inviten a sus fiestas. Lo que debe darnos orgullo es llegar a tu casa y decir: Mi amor, este año no me dieron bono, sabes ¿por qué? Por el Nombre, porque soy cristiano ¡qué privilegio!
Decir: papá mis amigos de la escuela se burlan de mí, por el NOMBRE ¡qué privilegio!
Decir: mi maestro no aceptó mi trabajo porque no rechacé el NOMBRE.
Pero ¿qué nos pasó? tenemos tanta bendición que, en lugar de ser agradecidos, ser buenos mayordomos de esas bendiciones ¡hemos dejado que el miedo nos gane! ¡Hemos dejado de ser valientes! Yo no soy la excepción. Esto habla a todos, a mí en primer lugar, que tengo muchas inseguridades.
“Y cada día, en el templo y casa por casa, seguían enseñando y predicando este mensaje: «Jesús es el Mesías».” (Hechos de los Apóstoles 5:42, NTV)
Después de ser azotados, maltratados en la misma ciudad ¡no se escondieron! no se fueron a otra cuidad ¡en el templo! Otra vez. ¿Cómo respondes a eso? ¿a dónde se fue el valor?
¿Cómo terminar este tema? ¿qué hacer? porque ahora ¡nosotros somos ese movimiento! la iglesia, somos quienes daremos el movimiento a la siguiente generación, un día envejeceremos, moriremos y ¿qué dejaremos? ¿un cristianismo de conveniencia? ¿de sólo recibir, pero no dar?
Hay algo que podemos hacer, hablar sin temor cuándo sea necesario, aunque sea más fácil quedarse callado. Puedes elegir callar o hablar. Invita a alguien el siguiente domingo; vive sin temor de invitar a tus amigos a Casa; pasa por un amigo y no te quedes callado.
Vivir sin temor para aprovechar las oportunidades cuando se te presenten, y ¿sabes qué verás? veras oportunidades y las vas a aprovechar sin temor.
Cuando tus amigos, a quienes aprecias, acepten el Amor de Dios ¿crees que se van a enojar contigo?
Tenemos que ser parte de la historia ¡ya somos parte de la historia! Vivamos sin temor para aprovechar las oportunidades.
Cuando estoy en reuniones, actúo normal como todos, hago amigos, y para cuando se enteran que soy cristiano y ¡pastor! ya somos amigos y es más fácil hablarles del amor de Dios.
Además, alguien no tuvo miedo de invitarte, o tuviste el valor de entrar y ahora creces en comunidad. A muchos quizá se nos ha olvidado hablar sin temor.
Otros están tan ocupados con la bendición que Dios les dio, que se han olvidado de Dios, otros han perdido el valor. Trae un invitado y un día te agradecerá, serás el hermano mayor y te dirá: gracias por compartir conmigo, gracias por no darte por vencido, gracias por hablarme sin temor.
La mayoría se queda callado, si vienes por primera vez como invitado, te aseguro que tienes otros amigos que son cristianos y no lo sabes, quizá hasta familia, tu jefe o algún empleado.
Debes saber que Dios te ama tanto que te dio algo ¡no te pidió! dio a SU Hijo para que el que cree en ÉL, no se pierda, o sea, no desperdicie su vida, porque hay algo más que esta vida ¡Hay eternidad! Eso lo sabes en tu corazón, Jesús vino a resolver el misterio de la eternidad. El que cree en Él tendrá vida eterna, vivirá para siempre con ÉL.
Si al pensar en iglesia, cristianismo, piensas de forma negativa o en las cosas feas, incongruentes que a veces se hacen ¡es nuestra culpa! no de Dios. Si hubiéramos mantenido el espíritu de ese movimiento ¿sabe qué pasaría? que, aunque no fueras cristiano ¡te caeríamos bien! quisieras tenernos de amigos.
Al ver Amor entre nosotros dirías: no creo lo que creen, pero me caen bien. Quiero casarme con uno así, con una chica así, quiero trabajar con ellos ¡quiero estar con esa gente! Y si eso no sucede en tu vida ¡es culpa nuestra! Te pido disculpas ¡no es culpa tuya! No fuimos buenos representantes de Jesús.
Nuestro anhelo es que, gracias a nosotros o a pesar de nosotros te des cuenta de que, en la historia, Dios envió a Su Hijo Jesús a morir por ti.
Si ya eres cristiano ¡vive sin temor! aprovecha cada oportunidad o ¡crea la oportunidad! porque a eso eres llamado. Y así es como la iglesia pasó del primer siglo. Así hemos llegado a este siglo. Ya estamos en la historia, transmitamos una historia sana, porque somos parte de lo que es la Iglesia.
Palabra de Dios
Oremos
