El amor de Dios hacia nosotros, Romanos 5:6-8

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1.0 Título

El amor de Dios hacia nosotros

2.0 Texto del Sermón

Romanos 5:6–8 “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

3.0 Acerca del Texto

El apóstol Pablo expone en este pasaje la grandeza del amor de Dios al señalar que Cristo murió por nosotros, no cuando éramos justos o dignos, sino cuando éramos aún pecadores. Se enfatiza la iniciativa divina del amor: no nace de la bondad humana, sino de la misericordia de Dios.

4.0 Propósito del Sermón

Que los oyentes reconozcan la profundidad del amor de Dios manifestado en Cristo, y que respondan a ese amor con gratitud, fe y transformación de vida.

5.0 Declaración del Discurso

Dios nos amó en nuestro estado más miserable y envió a su Hijo a morir por nosotros para mostrarnos la magnitud de su amor incondicional.

6.0 Objetivo del Sermón

Inspirar a la congregación a contemplar, aceptar y vivir conforme al amor redentor de Dios, teniendo confianza y gratitud ante tal misericordia.

7.0 Introducción

Imaginemos hablarle a una congregación diversa, algunos nuevos en la fe, otros maduros, pero todos necesitados de renovación.
"¿Alguna vez alguien ha hecho algo por ti cuando no lo merecías?
Tal vez cuando fallaste, o heriste a alguien, y aun así recibiste amor y perdón. Hoy, vamos a ver algo mucho más grande: el amor de Dios hacia nosotros.
Un amor que no depende de nuestras obras, ni de nuestra justicia, sino de su corazón inmutable. Vamos a descubrir que fuimos amados incluso en nuestros peores momentos."

8.0 Desarrollo del Sermón

8.1 La repugnancia del Pecado

El pecado nos separa de Dios y nos hace repulsivos a su santidad perfecta. No hay nada atractivo en nosotros que motive a Dios a amarnos —su amor es totalmente inmerecido.
Romanos 3:23 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,”
Efesios 2:1 “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,”
Isaías 64:6 “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.”
“El pecado es como una mancha que corroe el alma del hombre.” (Talmud, Yoma 86b) “Cuando Israel peca, es como si ensuciaran el rostro del Rey.” (Midrash Tehillim 18:6)
Según el teólogo R.C. Sproul, el pecado no es simplemente una transgresión moral, sino una "traición cósmica" contra el Rey del universo (Sproul, R. C. "The Holiness of God", 1985).

8.2 Dios nos miró con amor, aun cuando estábamos en pecado

Dios no esperó a que nosotros nos reformáramos; en nuestro estado más depravado, Él decidió amarnos.
Efesios 2:4–5 “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),”
Tito 3:4–5 “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,”
2 Timoteo 1:9 “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,”
“Grande es el amor de Dios, que se extiende aún a los malvados que regresan.” (Talmud, Pesajim 119a) “La compasión del Eterno precede a su ira.” (Midrash Shemot Rabbah 42:1)
El teólogo Dietrich Bonhoeffer explica que la "gracia costosa" es aquella que viene a buscarnos cuando somos enemigos de Dios (Bonhoeffer, D. "The Cost of Discipleship", 1937).

8.3 El amor de Dios

8.3.1 El amor de Dios sobre la creación general

Desde el principio, Dios manifestó su amor en la creación, dando vida, provisión y belleza a todos.
Mateo 5:45 “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.”
Hechos de los Apóstoles 14:17 “si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.”
Colosenses 1:16–17 “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;”
“Cada hoja de hierba tiene un ángel que la golpea y le dice: ¡Crece!” (Midrash Bereshit Rabbah 10:6)
El rabino Jonathan Sacks escribe que el cuidado de Dios por la creación refleja su amor fundamental (Sacks, J. "To Heal a Fractured World", 2005).

8.3.2 El amor especial de Dios sobre sus hijos

El amor de Dios hacia su pueblo es un amor de elección, íntimo, y eterno.
1 Juan 3:1 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.”
Romanos 8:15–17 “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
Gálatas 4:6–7 “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”
“Israel es el hijo primogénito del Santo, bendito sea.” (Talmud, Shabbat 89b)
Karl Barth señala que el amor electivo de Dios es la base de toda revelación cristiana (Barth, K. "Church Dogmatics II/2", 1955).

8.3.3 El juicio de Dios para con los impíos, apóstatas y falsos hermanos

Aunque Dios es amor, su justicia requiere juicio sobre el pecado no arrepentido.
Hebreos 10:26–27 “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.”
Mateo 25:41 “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”
2 Pedro 2:1–3 “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.”
“El Santo, bendito sea, es paciente, pero finalmente lleva juicio sobre los pecadores.” (Talmud, Avodah Zarah 4a)
Leon Morris explica que el juicio es parte del amor de Dios, porque un amor que no actúa contra el mal sería una negación de su propia naturaleza (Morris, L. "The Apostolic Preaching of the Cross", 1955).

8.3.4 Dios siempre está dispuesto a recibir al hombre arrepentido

Dios no desea la muerte del pecador, sino su arrepentimiento y restauración.
2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
Lucas 15:20 “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”
1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
“El lugar donde los penitentes se paran, incluso los completamente justos no pueden estar.” (Talmud, Berajot 34b)
El filósofo judío Abraham Heschel destaca que el arrepentimiento es una renovación de la relación con Dios basada en su infinita misericordia (Heschel, A. J. "God in Search of Man", 1955)

9.0 Conclusión

El amor de Dios no es un concepto abstracto, sino una realidad concreta demostrada en la cruz. A pesar de nuestra miseria, Dios nos amó primero. Nuestro llamado hoy es a vivir respondiendo a ese amor, abrazándolo y compartiéndolo.
Del Midrash Rabba Bereshit 39:1:
"Un hombre estaba caminando en el desierto, hambriento, sediento y cansado. Llegó a un árbol con frutos dulces, sombra placentera, y un arroyo de agua que fluía bajo él. Comió de su fruto, bebió de su agua y descansó a su sombra. Cuando estuvo por marcharse, le dijo al árbol: '¡Árbol, cómo puedo bendecirte? ¿Que tu fruto sea dulce? Ya es dulce. ¿Que tu sombra sea placentera? Ya lo es. ¿Que un arroyo fluya debajo de ti? Ya fluye. Solo puedo bendecirte diciendo que así como tus frutos han sido dulces para mí, así también sean dulces los frutos de tus hijos para los demás.'"
Así también, habiendo recibido tanto amor de Dios, solo podemos responder dando fruto abundante en nuestras vidas.
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