para que estamos velando?
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texto: mateo. 26:41 marcos 14:38 lucas 22: 446
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en este capitulo vamos a fijarnos en la instruccion que el senor jesucristo en manera de exortacion la palabra velad y de entrar en tentacion.
I. Debemos velar en tiempos de prosperidad
Un tiempo de prosperidad inusual es normalmente acompañado por “una hora de tentación”. La prosperidad y la tentación van juntas. De hecho, la prosperidad misma es una tentación, si no es que muchas tentaciones. A menos que Dios dé un suministro especial de gracia, la prosperidad es una tentación de dos formas.
Primero, provee una oportunidad para los deseos pecaminosos del hombre y segundo, el diablo sabe como usarla para ganar alguna ventaja.
En Proverbios leemos: “La prosperidad de los necios los echará a perder”. (1:32) La prosperidad les endurece en su camino y les hace menospreciar la instrucción y las advertencias.
En sus pensamientos, la realidad del día de juicio (la cual debería influir sobre ellos para cambiar sus vidas) está colocada muy lejos. Sin una ayuda especial de la gracia de Dios, la prosperidad puede tener una influencia devastadora sobre los creyentes.
Este es el argumento de Agur quien oraba contra las riquezas debido a las tentaciones que les acompañan (Prov. 30:8–9). Esto es lo que en realidad sucedió con Israel. “En sus pastos se saciaron, y repletos, se ensoberbeció su corazón; por esta causa se olvidaron de mi.” (Os. 13:6) Este es el peligro preciso del cual el Señor advirtió a los israelitas (vea Deut. 8 especialmente vers. 11–14).
El creyente puede regocijarse de prosperidad, (Ec. 7:14) pero nunca debería olvidarse de que la prosperidad trae peligros muy reales que deberían ser vigilados cuidadosamente. Piense por un momento en algunos de estos peligros:
1. En la prosperidad nuestra vida cristiana está en peligro de perder su realidad interna. Esto, como ya señalamos en el capítulo cuatro, puede sujetar el alma a toda clase de poderosas tentaciones.
2. En la prosperidad estamos en peligro de tomar demasiada satisfacción de las comodidades de esta vida.
3. La prosperidad nos vuelve duros e insensibles en nuestra vida cristiana.
Si no tomamos precauciones, esto nos hará un blanco fácil para los engaños del pecado y nos hará propensos a caer en las trampas del diablo.
En tiempos de prosperidad, sea agradecido y consciente de los peligros, y dedíquese a “velar y orar”. Fallar en hacer ésto ha sido el tropiezo de muchos creyentes. La sabiduría exige que tomemos ejemplo de sus tristes experiencias. Bienaventurado el hombre que teme siempre pero especialmente en tiempos de prosperidad.
II. Debemos velar para no caer en un estado de sueño espiritual
Como ya señalamos previamente en el capítulo cuatro, si descuidamos la comunión con Dios y nos volvemos formales en el ejercicio de nuestros deberes cristianos, el peligro está cerca. Este es el tiempo cuando es muy necesario “velar”.
Si usted se encuentra en este estado, despiértese y mire alrededor. Su enemigo está cerca. Usted está en peligro de caer en una condición espiritual la cual lamentará por el resto de su vida. Este estado es suficientemente malo en sí mismo, pero es una advertencia de que un estado peor pudiera desarrollarse. En Getsemaní, los discípulos estaban física y espiritualmente dormidos. Entonces ¿Qué les dijo Jesús? “Velad y orad para que no entréis en tentación.” Sabemos qué tan cerca estaba uno de ellos a la hora amarga de la tentación y no velando como debiera, entró de inmediato en ella. (Mat. 26:40–41, 69–75).
La novia en el libro de Cantares (5:2–8) estaba dormida e indispuesta para abrir la puerta a su amante. Para cuando se levantó, ya su amante se había ido y fue solo después de mucha tristeza y dolor que volvió a encontrarlo. En la misma manera, los creyentes pueden tener sueño espiritual y sentirse muy indispuestos a despertarse y buscar la comunión con Cristo. En tales casos es muy probable que traigan sobre sí mismos mucha tristeza y dolor. En algunos casos el creyente nunca vuelve a recuperar la vitalidad espiritual de la cual antes disfrutaba.
La tarde que “se levantó David de su lecho” (2 Sam. 11:1ss) fue una tarde de sueño espiritual para David y nunca se recuperó completamente de la caída en que resultó. Esta parte trágica de la historia de David es registrada para advertirnos y debería despertarnos a examinarnos y a orar.
Algunas preguntas para el autoexamen:
1. ¿Cuáles beneficios está recibiendo de su lectura de las Escrituras? ¿Está recibiendo provecho tanto como antes lo tenía? De fuera, otros pudieran no ver ninguna diferencia pero ¿está su lectura conduciéndole a la comunión con Dios?
2. ¿Se ha enfriado su celo? Puede ser que sigue haciendo las mismas obras como antes, pero ¿está calentándose su corazón por el amor de Dios? ¿Se calienta su corazón al servir a Dios como al principio? (Apo. 2:2–4).
3. ¿Se está volviendo negligente en los deberes de la oración y en oír la Palabra de Dios? Puede ser que sigue cumpliendo estos deberes, pero ¿los está cumpliendo con la misma vida y fervor que antes? (Vea Luc. 8:18 y Rom. 12:12).
4. ¿Se está cansando de la vida cristiana? o, Si usted sigue firme en la vida cristiana ¿cuáles son sus motivos para hacerlo? ¿Acaso no desea secretamente que la vida cristiana no fuera tan angosta? (2 Cor. 4:16–18, 5:14–15).
5. ¿Está creciendo su amor y deleite en el pueblo de Dios o se está volviendo frío y débil? ¿Está cambiando su amor para con el pueblo de Dios, de un amor espiritual a un amor carnal? ¿Está basado su amor fraternal en las cosas que a usted le gustan de ellos o en los beneficios que usted recibe de ellos o en su semejanza a Cristo? (1 Tes. 4:9–10, 1 Ped. 1:22, 3:8)
En sus respuestas a estas preguntas ¿encuentra alguna razón para preocuparse? Entonces es tiempo de despertar de su sueño, antes de caer en alguna tentación que le dejará espiritualmente cojo por el resto de su vida.
III. Debemos velar en los tiempos de gran regocijo espiritual
Los tiempos de gran bendición espiritual pueden ser y frecuentemente son, por la malicia de Satanás y la debilidad de nuestros corazones, tiempos peligrosos de tentación. Pablo sabía esto. Tan pronto como recibió revelaciones espirituales gloriosas de Dios también fue abofeteado por un mensajero de Satanás (2 Cor. 12:1–9). Los tres discípulos en el monte de la transfiguración experimentaron lo mismo. Pedro dijo, “Señor, bueno es que nosotros estemos aquí.” Sin embargo, al poco rato que ellos bajaron de la montaña, se enfrentaron con una posesión demoniaca y también con los representantes de una “generación incrédula y perversa” (Mat. 17:4, 17:14–17). Jesús mismo experimentó esto. Cuando fue bautizado, escuchó una voz del cielo diciendo, “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia”. De inmediato leemos, “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo” (Mat. 3:17; 4:1).
El diablo sabe que podemos estar tan llenos de gozo que no velamos contra sus maquinaciones. El diablo usa estas oportunidades para su propia ventaja. Si Dios le bendice con gozo espiritual, usted puede regocijarse grandemente. Pero no diga en su corazón, “Nunca seré conmovido” (Sal. 30:6) porque usted no sabe cuán pronto Dios pudiera esconderle Su rostro ni cuando un mensajero de Satanás será enviado a abofetearlo. En tiempos de bendición espiritual, deberíamos ser especialmente vigilantes para que una bendición no se convierta en una maldición.
Debemos señalar otro punto importante acerca de las bendiciones espirituales. Hay bendiciones espirituales genuinas que debemos desear ardientemente, pero nunca debemos olvidarnos de que a veces hay personas que se engañan a sí mismas pensando que están llenas del amor de Dios cuando en realidad es su propia imaginación. Hoy en día es frecuente ver este tipo de engaño en las iglesias católicas, evangélicas y pentecostales. ¡A cuán grandes estragos pueden conducirnos estas falsas experiencias! Si una persona se jacta de sus experiencias del amor de Dios llenando su alma y sin embargo, vive como una persona mundana, se está engañando a sí misma y está en peligro de sufrir una gran decepción.
IV. Debemos velar en tiempos de autoconfianza
En los tiempos cuando una persona está llena de confianza en sí misma, normalmente la tentación está cerca. Pedro nos da una ilustración triste de esto cuando se jactó, “Aunque todos se escandalicen de tí, yo nunca me escandalizaré … Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré.” (Mat. 26:33–35) Fue solamente un corto período de tiempo después de estas palabras cuando Pedro hizo lo que afirmaba que nunca iba a hacer y lloró amargamente por ello. Dios usó esta caída de Pedro para enseñarle a él y a nosotros la soberbia y necedad de confiar en nosotros mismos.
Este mundo está lleno de tentaciones y de enseñanzas falsas. Hay algunas personas necias que parecen confiar en que ellos no caerán aunque otros hayan caído. ¡No sea como ellos! El apóstol dice: “No te ensoberbezcas, sino teme… el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (Rom. 11:20, 1 Cor. 10:12) Si somos sabios, no tendremos confianza alguna en nosotros mismos y pondremos nuestra confianza en el poder preservador de Dios.
La primera cosa acerca de velar es saber para que estamos velando. Estamos velando por los tiempos peligrosos en los cuales somos más propensos a entrar en la tentación. De esta manera, al ser hechos conscientes de los peligros, estaremos mejor preparados para tratar con ellos.
