mis labios te alabaran

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Lectura Bíblica: “Oh Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán.” Salmo 63:1-3

INTRODUCCIÓN

Hermanos, ¿alguna vez han sentido como que están caminando por un desierto? No me refiero al desierto físico, sino a esos tiempos donde todo parece seco.
Donde uno ora y no siente nada.
Donde uno busca dirección, pero parece que la brújula se rompió.
Tiempos donde el alma se siente como tierra agrietada, sin rastro de agua.
Puede ser que estés atravesando un momento así ahora mismo. Tal vez has estado buscando respuestas sobre tu salud, tu familia, tu matrimonio, o tus finanzas, y nada cambia.
Has ido de médico en médico, de consejo en consejo, y aún no ves la salida. Y lo peor de todo es que, en medio de todo eso, te sientes lejos de Dios.
Como si Él se hubiera alejado… aunque tú sabes que el que se alejó fuiste tú.
Y es que a veces nos pasa, ¿verdad? Seguimos con nuestras rutinas.
Vamos a la iglesia, participamos, hasta servimos.
Pero si somos honestos… algo se ha ido apagando por dentro. Ya no buscamos a Dios como antes.
Ya no hay hambre. Ya no hay pasión. El alma se ha secado.
Aquí en el Salmo 63, David no está en su palacio ni rodeado de comodidades. Él está en el desierto. Literalmente.
Pero más allá de su situación externa, este salmo revela algo poderoso: David seguía buscando a Dios, aun cuando el terreno que lo rodeaba estaba seco.
Esto es algo que nos debe hacer reflexionar.
Porque buscar al Señor cuando todo va bien es fácil. Pero buscarlo cuando no sentimos nada… cuando el dolor o la confusión nos rodean… eso es otra cosa. Y eso es precisamente lo que vamos a estudiar hoy.

Contexto Histórico

Este salmo fue escrito por David durante uno de los momentos más difíciles y dolorosos de su vida.
No estaba huyendo de un enemigo cualquiera, sino de su propio hijo: Absalón. Su hijo había levantado una rebelión en su contra. Lo había traicionado, lo había humillado, y lo obligó a abandonar el trono y salir huyendo al desierto.
Esto es algo que queda bien reflejado en 2 Samuel 15:14 cuando leemos: “Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada.”
David ya había pasado por guerras, persecuciones, y muchas batallas. Pero esta… esta fue diferente. Esta fue personal. Dolorosa. Un hijo rebelde. Un pueblo confundido. Un rey sin trono. Un corazón quebrantado.
Y es en medio de ese dolor, de ese abandono, de esa soledad, que David escribió este salmo.
Un salmo que no comienza con queja, ni con acusación, ni con lamento. Comienza con una declaración que debería sacudirnos el alma: “Oh Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré.”
David no esperó a que las cosas mejoraran para buscar al Señor. Lo buscó en el momento más oscuro, más seco, más difícil de su vida. Lo buscó de madrugada.
Antes de cualquier otra cosa. Antes de comer. Antes de planear. Antes de que el desierto hablara, David buscó a Dios.
Y eso es lo que el Señor quiere enseñarnos hoy. El Señor quiere enseñarnos que aunque estemos rodeados de incertidumbre, de traición, de enfermedad, o de problemas, el alma que busca a Dios en el desierto será saciada por Su presencia.
Así que quiero que se hagan esta pregunta
¿Estoy buscando al Señor como David lo hizo, o estoy esperando que las cosas se acomoden primero?
vamos a ver lo que realmente estaba sucediendo en el corazón de David cuando dijo: “De madrugada te buscaré.”
David no escribió estas palabras para que sonaran bonitas en un himno. Él estaba viviendo una crisis. Estaba en un desierto físico, pero también en un desierto emocional y espiritual. Y aun así, dijo: “De madrugada te buscaré.” Esto no fue casualidad. No fue algo superficial. Fue una declaración de intención profunda.
Un grito del alma que sabe que sin Dios, no hay vida.

A. Buscar A Dios Antes Que Cualquier Otra Cosa

La palabra “madrugada” aquí no debe verse solo como una hora del día. Aunque claramente implica un momento temprano, lo que David expresa va más allá de la hora. Él está diciendo: “Antes que cualquier otra cosa, Señor, yo te busco a ti.” 
Antes que el consejo humano. Antes que la estrategia. Antes que quejarme. Antes que hacer mis propios planes. A ti, Señor, te buscaré.
Buscar al Señor primero no es solo un principio espiritual, es una necesidad vital.
No se trata de legalismo ni de ritual, se trata de prioridad del corazón. Es decirle a Dios: “Tú eres primero, aunque todo lo demás se esté cayendo.”
Y si somos honestos, muchas veces hacemos lo contrario. Buscamos a Dios cuando ya no queda nada más que hacer.
Después de probar con el médico, con el abogado, con el préstamo, con el psicólogo, entonces oramos. Pero David, en el desierto, sin recursos, sin ejército, sin consejo humano, dijo: “Te buscaré.”
La mañana representa el comienzo. Y comenzar el día sin Dios es como querer manejar sin dirección. ¿Cuántos días hemos arrancado sin buscar al Señor, sin oír Su voz, sin presentarle nuestras cargas?

C. La Búsqueda En Tiempos De Sequía Produce Frutos En Lo Secreto

David no estaba en una temporada cómoda. No tenía todo a su favor. Y sin embargo, su deseo era: “Ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario.” Esto nos muestra algo clave: David no buscaba a Dios por lo que podía recibir, sino por quien Dios es.
Dios se revela en los tiempos mas dificiles
Hermanos, en los momentos más secos de la vida, el alma que busca a Dios recibe revelaciones que no se pueden experimentar en los días de abundancia. 
Dios se revela en el desierto de maneras que no se revela en el palacio.
Esto es algo que queda bien ilustrado en Oseas 2:14, cuando el Señor dijo: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.”
¡Mire eso! El desierto no es para destruirnos. Es para hablar a nuestro corazón. Es para reenfocarnos. Para limpiar los oídos. Para deshacernos del ruido del mundo y volver a escuchar la voz de Dios.

A. Buscar Al Señor Cambia Nuestro Enfoque

Algo que salta a la vista en este salmo es que David no se enfoca en lo que ha perdido, sino en quién sigue teniendo: a Dios. No habla del trono que dejó atrás. No habla de la traición de su hijo. No se queja de su situación. Su mirada está fija en el Señor.
Esto es algo que queda bien reflejado en el versículo 2: Para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario.”
David no está anhelando un palacio. Está anhelando la presencia del Señor. Y esa es una de las enseñanzas más grandes de este salmo: que cuando el alma verdaderamente ha conocido a Dios, todo lo demás pierde su brillo.

B. Buscar Al Señor Reaviva Nuestra Adoración

Algo hermoso de este salmo es cómo, en medio del dolor, David sigue adorando. No está cantando porque todo esté bien. Está cantando porque su alma ha encontrado descanso en Dios.
En el versículo 3 leemos: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabaran.”

C. Buscar Al Señor Nos Sostiene Cuando Todo Lo Demás Falla

Finalmente, este salmo nos deja una enseñanza poderosa: Dios es suficiente. Cuando todo se derrumba, cuando los amigos se alejan, cuando la salud falla, cuando los planes cambian, buscar al Señor nos sostiene.
En el versículo 7 leemos: “Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.”
David no está diciendo esto porque ya salió del desierto. Lo está diciendo mientras aún está en él. Y eso nos muestra que cuando aprendemos a buscar al Señor de verdad, encontramos refugio, consuelo, y esperanza, aunque todo a nuestro alrededor siga igual.

CONCLUSIÓN

Hermanos, si algo nos ha dejado claro el Salmo 63, es que buscar al Señor no es una opción ocasional… es una necesidad urgente.
Es lo que sostiene el alma en el desierto. Es lo que renueva las fuerzas cuando el cuerpo no da más.
Es lo que nos devuelve el gozo cuando todo a nuestro alrededor parece oscuro.
David no escribió este salmo desde un palacio ni rodeado de comodidades. Lo escribió huyendo por su vida.
Lo escribió sin saber si iba a ver otro amanecer.
Lo escribió sin tener a su familia cerca, sin templo, sin rituales. Pero aún así, no dejó de buscar al Señor. Y en medio de esa búsqueda, encontró algo que ningún enemigo pudo arrebatarle: la presencia de Dios.
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