El poder de la iglesia

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 398 views
Notes
Transcript
Sermón para 10 de Mayo 2025
Iglesia Emanuel - Riosucio
TEXTO BÍBLICO
Marcos 3:14 RVR60
Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,
INTRODUCCIÓN
¡Qué maravilla pensar que Jesús eligió a doce personas comunes y corrientes para cambiar el mundo!
Muchos ven la iglesia como un lugar donde se van a reunir unas cuantas personas los sábados, a cantar, escuchar un sermón, orar y volver a casa. Pero eso es reducir lo que realmente significa la iglesia. La iglesia no es un club social, ni un refugio espiritual, ni un museo de santos: la iglesia es un ejército vivo, una familia en misión, un pueblo con poder para transformar el mundo. ¿Te has preguntado alguna vez por qué Jesús no se quedó solo? ¿Por qué no predicó, sanó, murió y resucitó sin involucrar a nadie más? Porque desde el principio, Su plan fue tener una comunidad de discípulos: una iglesia.
San Marcos 3:14 es una declaración tan sencilla, pero con un poder inmenso. Dice que Jesús “estableció” a doce. No fue una elección al azar, ni una reunión espontánea. Fue una fundación divina. Y dice que los estableció “para que estuviesen con él”, es decir, para vivir en comunión. Y luego, “para enviarlos a predicar”, o sea, con un propósito claro y trascendente. Aquí está el plan maestro de Dios: presencia y misión. Relación con Cristo y acción en el mundo.
Y eso, querido hermano, querida hermana, eso es la iglesia. Y no cualquier iglesia, sino la iglesia del Dios viviente, cuya misión no es simplemente existir, sino sacudir los cimientos del mundo con el poder del evangelio eterno.
La iglesia no comenzó con edificios, sistemas organizativos o denominaciones. Comenzó con personas que caminaron con Jesús, que fueron transformadas por Él, y que decidieron dedicar su vida a continuar Su obra. Personas como Pedro, impulsivo y valiente. Como Juan, apasionado y profundo. Como Mateo, un recaudador de impuestos transformado en testigo fiel.
Jesús los llamó. Los formó. Y los envió.
No los llamó porque eran perfectos, ni porque tenían títulos teológicos. Los llamó porque tenían corazones dispuestos. Y cuando el Espíritu Santo descendió en Pentecostés, esos corazones ardientes se convirtieron en antorchas encendidas, capaces de atravesar culturas, imperios y siglos con el mensaje de la cruz.
La iglesia nació con fuego. La iglesia nació con poder. La iglesia nació para brillar.
Y ese mismo fuego, ese mismo poder, está disponible para nosotros hoy.
ILUSTRACIÓN
Para comprender la fuerza emocional y espiritual de lo que significa "iglesia", permíteme contarte algo que estremeció a muchos en Colombia. En abril de 2024, durante una ceremonia en la Parroquia San Joaquín de Bogotá, algo inusual ocurrió. Mientras los feligreses oraban con fervor durante un rosario de postración, uno de los asistentes notó que la hostia consagrada parecía palpitar. Así es: latía. Como si tuviera vida. El evento fue grabado y compartido en redes sociales, causando conmoción. Algunos lo llamaron milagro; otros, fenómeno inexplicable. Pero todos, creyentes y no creyentes, sintieron una presencia especial.
¿Qué nos dice esto? Que el mundo está sediento de lo sobrenatural, del toque divino, de señales que confirmen que Dios aún camina entre nosotros. Y eso, precisamente, es lo que representa la iglesia: no un sistema humano, sino la evidencia viva de que Dios sigue obrando.
No necesitamos buscar milagros externos cuando el mayor milagro está en la vida transformada de cada creyente comprometido. Y eso es lo que Jesús comenzó con aquellos doce. Y eso es lo que hoy continúa contigo y conmigo.
FRASE INTRODUCCTORIA
“Cuando la iglesia entiende su origen, recupera su propósito. Y cuando recupera su propósito, manifiesta su poder.”
DESARROLLO DEL TEMA
I. El llamado divino: la elección de los discipulos Texto base ampliado: "Y estableció a doce, para que estuviesen con él..." (Marcos 3:14)
a.La palabra usada en el texto griego para “estableció” es ἐποίησεν (epoíēsen), que se traduce literalmente como “hizo, formó, creó”. No es un verbo aleatorio. En realidad, es el mismo verbo que se usa en la Septuaginta para describir la creación en Génesis 1:1. Aquí, Marcos quiere que entendamos que Jesús no solo organizó un grupo, sino que hizo algo nuevo — una nueva creación, una nueva humanidad en torno a su presencia.
Este llamado tiene implicaciones teológicas enormes. No se trata de una elección funcional sino existencial. Jesús no llama primero para una tarea, sino para una relación. Antes de predicar, los llamó para que “estuvieran con Él”. La comunión precede a la misión. Este principio es clave en la teología adventista del discipulado: no podemos representar a Cristo sin haber estado con Él primero.
En el judaísmo del siglo I, los rabinos tenían discípulos, pero los discípulos eran los que elegían al rabino, no al revés. Aquí, Jesús invierte el sistema. Él elige. Él llama. Además, elegir doce no era casualidad: representaba una nueva Israel, un nuevo pueblo de Dios. En una época donde el pueblo judío vivía bajo opresión romana, este acto era también una declaración contra el imperio y contra el formalismo religioso de los fariseos.
Hoy, muchos creen que servir a Dios requiere títulos, habilidades o cargos. Pero Jesús sigue llamando a los dispuestos, no a los perfectos. Él hace discípulos. Si tú estás leyendo esto y piensas que no eres suficiente, ¡te tengo noticias! Tú eres llamado. Dios quiere formar algo nuevo contigo, darte un propósito eterno. No necesitas ser el mejor: necesitas estar dispuesto.
“Cristo no eligió a personas altamente educadas o influyentes para formar su iglesia. Él buscó hombres humildes, de corazón sincero, y los capacitó mediante Su presencia.” — El Deseado de Todas las Gentes, p. 243.
b. Otro término clave en el griego es πρὸς αὐτόν (pros autón), “para estar con Él”. Este “con Él” no es un simple acompañamiento físico; denota íntima cercanía, como un discípulo con su maestro, como un aprendiz con el artesano. Jesús no quería sólo asistentes, sino amigos y testigos.
Teológicamente, esto subraya el concepto de la encarnación vivida: así como Cristo estuvo entre nosotros, ahora nosotros estamos llamados a estar con Él, a vivir como Él vivió. El discipulado no es una teoría; es una experiencia. En el adventismo, esta idea se conecta con el juicio investigador: los que estén con Cristo hoy, estarán con Él por la eternidad.
En el contexto histórico, “estar con un maestro” era un privilegio reservado a pocos. Solo los más capacitados podían acercarse a un rabino. Jesús rompe este paradigma al acercarse Él a los marginados y llamarlos. En una sociedad elitista, el Maestro del universo se volvió accesible.
¿Estás “con Jesús” hoy? No me refiero a saber quién es, sino a caminar con Él, oír Su voz en la Palabra, compartir tiempo de oración, vivir como Él vivió. Estar con Él no es un lujo de los pastores o ancianos; es el privilegio de todo hijo de Dios.
“El mayor deseo de Cristo es morar en el corazón humano. No hay condición más elevada que esta: ser un compañero íntimo del Salvador.” — Reflejemos a Jesús, p. 16.
c. El verbo ἀποστέλλῃ (apostellē), traducido como “enviar”, da origen a la palabra “apóstol”. No significa simplemente mandar, sino comisionar con autoridad. El llamado no es solo a ir, sino a representar a Cristo con poder.
El envío es central en la teología de la misión. No somos espectadores, somos embajadores. Dios no nos salva para que nos sentemos, sino para que nos movamos. El adventismo, con su fuerte enfoque misionero, entiende que el llamado al discipulado es inseparable de la tarea de compartir el mensaje de los tres ángeles (Apoc. 14:6–12).
En el mundo antiguo, un apóstol era un emisario oficial del emperador. Al usarse esa misma palabra para los discípulos, el texto subraya que tenemos autoridad del Rey del universo. En tiempos donde el César tenía emisarios en todas las provincias, Jesús decía: “Yo envío los míos con un mensaje eterno”.
¿A quién estás siendo enviado hoy? ¿A tu familia, tu barrio, tu oficina, tu universidad? No esperes tener “todo listo” para comenzar. Si Cristo está contigo, ya estás capacitado. La iglesia tiene poder porque está en movimiento. ¡No te detengas!
“Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero.” — El Deseado de Todas las Gentes, p. 156.
d. La expresión “doce” en griego es δώδεκα (dōdeka). No es solo un número: es un símbolo poderoso. Representa las doce tribus de Israel, el pueblo de Dios. Con este acto, Jesús está diciendo: “Estoy fundando un nuevo Israel, una nueva comunidad de pacto.”
Aquí vemos una teología de la restauración. Dios no rechaza a Israel, pero establece un nuevo pueblo que vivirá en fidelidad, no por genealogía sino por fe. Esto conecta con la doctrina adventista del remanente: un pueblo fiel que guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús.
En el primer siglo, hablar de “doce” tenía implicaciones mesiánicas. Muchos esperaban que el Mesías restaurara las doce tribus. Jesús lo hace, pero no con armas, sino con discípulos. No en Jerusalén, sino en los corazones.
Ser parte de la iglesia es ser parte de ese nuevo Israel. Tú no estás en cualquier institución. Estás en el cuerpo del Mesías, en la iglesia del fin, el pueblo del pacto eterno. ¡Qué privilegio!
“La iglesia es el objeto supremo del amor de Dios sobre la tierra. Fue establecida para representar Su carácter y proclamar Su verdad.”— Los Hechos de los Apóstoles, p. 9.
II. La misión de predicar: compartiendo el evangelio
Texto base: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.” (Marcos 3:14)
a. La palabra griega para “predicar” es κηρύσσω (kērússō), que significa “proclamar como heraldo”, como alguien que tiene una declaración oficial de parte del rey. No es simplemente hablar: es proclamar con autoridad divina. En el contexto del Nuevo Testamento, esta palabra se usa cuando se anuncia una victoria, un decreto real o un mensaje de salvación urgente.
Predicar no es solo comunicar información espiritual, sino declarar una realidad celestial que cambia vidas. En el modelo adventista, predicar no es entretenimiento religioso, sino una proclamación profética de los mensajes de los tres ángeles (Apocalipsis 14:6-12). Este llamado es urgente, escatológico y universal. Predicar el evangelio eterno es el corazón de nuestra identidad.
En la Palestina del siglo I, los pregoneros eran enviados por el César a anunciar nuevos impuestos, guerras o victorias. Cuando Jesús envía a sus discípulos a “predicar”, les está diciendo: “Ustedes son ahora mis heraldos, no del imperio de Roma, sino del Reino de los Cielos.” ¡Qué revolución tan impresionante! ¡Campesinos, pescadores y cobradores de impuestos llevando el mensaje del Rey del universo!
Hoy tú eres ese heraldo. No necesitas una plataforma gigante ni un micrófono. Cada conversación, cada acto de amor, cada testimonio de tu experiencia con Jesús es una proclamación. ¿Estás predicando con tu vida? La iglesia no tiene poder si calla. El poder viene cuando predicamos con gozo, valentía y claridad.
“La predicación del evangelio no es una opción para el cristiano; es su deber sagrado. Cada hijo de Dios ha sido llamado a proclamar las buenas nuevas.” — El Evangelismo, p. 14.
b. El verbo κηρύσσω no implica diálogo, sino declaración. Esto significa que el evangelio no es algo que se debate: es algo que se proclama. No necesitamos pedir permiso para anunciar lo que Dios ya ha revelado. Cuando predicamos, no estamos sugiriendo: estamos afirmando lo que el Cielo ha dicho.
Esta proclamación es Cristocéntrica. Como dijo Pablo: “predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor. 1:23). El mensaje adventista, aunque incluye profecías y reformas, tiene a Cristo como centro. Su vida, muerte, resurrección, ministerio sumo sacerdotal y pronto regreso constituyen el mensaje que arde en nuestros huesos.
En el siglo I, los pregoneros que hablaban sin permiso imperial podían ser arrestados o ejecutados. Así también, los apóstoles predicaban sabiendo que les costaría la vida. Y así fue: Pedro fue crucificado, Pablo decapitado, Esteban apedreado… ¡pero ninguno se detuvo! ¿Por qué? Porque la pasión por el evangelio era mayor que el miedo a la muerte.
¿Qué tan apasionado eres por predicar? ¿Tu testimonio tiene urgencia? ¿Tu vida proclama a Jesús? No podemos seguir siendo una iglesia silenciosa en medio de un mundo que grita desesperado por sentido. Predicar es encender el fuego del cielo en los corazones de la tierra.
“Nada hay más esencial para el éxito del pueblo de Dios que proclamar el evangelio con el poder del Espíritu Santo.”— Testimonios para la Iglesia, tomo 6, p. 16.
c. Marcos 3:14 usa el infinitivo griego κηρύσσειν (kērysséin) para “predicar”, un tiempo verbal que indica acción continua. No era un evento ocasional, era un estilo de vida. Jesús no llamó a los discípulos a predicar solo los sábados, sino todos los días en cada rincón.
Esta continuidad predicativa representa una vida consagrada. En la teología adventista, entendemos que predicar no es solo hablar, sino vivir el mensaje con fidelidad y coherencia. La proclamación es tanto verbal como vivencial. Una vida consagrada grita más que mil sermones.
En los primeros años del cristianismo, muchos predicadores no sabían leer ni escribir. No tenían Biblias en las manos, pero tenían el testimonio ardiente en su corazón. Iban de casa en casa, por caminos polvorientos, anunciando que Jesús había vencido a la muerte.
Tu estilo de vida predica. Tu trato en casa, tu ética laboral, tu manera de manejar el dolor o la adversidad: todo es predicación. No se trata de tener talento, sino de tener testimonio. ¿Tu vida está predicando el mensaje eterno o está haciendo ruido sin impacto?
“El mundo necesita ver a Jesús en la vida de los creyentes más de lo que necesita oír de Él en sermones.” — El Ministerio de Curación, p. 149.
d. “Predicar” en el griego lleva implícito el concepto de autoridad derivada. El heraldo no tenía poder propio: su autoridad venía del rey. Así también, nosotros no predicamos por mérito propio, sino por la autoridad del Cristo resucitado.
Esto refuerza el concepto de la iglesia como portadora de la autoridad celestial. Predicar el evangelio con poder es proclamar que Jesús reina, que su gracia salva, y que su regreso es inminente. Cuando predicamos, no representamos a una institución, sino a un Reino eterno.
El Imperio Romano se expandía por medio de la violencia, pero el Reino de Dios se expandía por la predicación. La palabra vencía a la espada. Los primeros cristianos no tenían ejércitos, pero tenían fuego en la lengua y en el alma. Y con eso, doblaron al mundo.
Hoy puedes sentirte pequeño o insignificante, pero cuando predicas la verdad del evangelio, hablas con la autoridad del cielo. No te calles. El mundo necesita tu voz, tu historia, tu mensaje. La iglesia no tiene opción: debe hablar, proclamar, rugir con el evangelio eterno.
“Los siervos de Dios hablarán con una autoridad que no puede ser resistida ni contradicha, porque no hablan de sí mismos, sino de Aquel que los ha enviado.” — Eventos de los Últimos Días, p. 211.
e. Finalmente, el verbo “predicar” está vinculado en el NT con la idea de buena noticia, “εὐαγγέλιον” (euangélion). Esta palabra también da origen a nuestro “evangelio”. No predicamos cualquier mensaje, sino el evangelio eterno: la noticia de que Jesús salva, transforma y regresa.
Predicar el evangelio es más que invitar a la iglesia. Es presentar a Cristo como Salvador, Sumo Sacerdote, y Rey que pronto vendrá. Como iglesia remanente, somos llamados a proclamar un mensaje profético y actual, centrado en Jesús y su justicia.
En una cultura pagana como la del Imperio Romano, el “evangelio” era una palabra asociada a los anuncios del emperador. Decían: “Buenas noticias: César ganó otra batalla.” Pero los cristianos decían: “No, las verdaderas buenas noticias son que Jesús venció al pecado y a la muerte.”
¿Estás viviendo y compartiendo esas buenas noticias? No necesitas ser un orador. Sólo necesitas ser un testigo. Alguien que dice: “Esto hizo Jesús por mí.” En tu trabajo, en tu familia, en la calle: ¡predica el evangelio con fuego!
“El evangelio es el único antídoto para el pecado, y el pueblo de Dios ha sido encargado de proclamarlo con amor y poder.” — La Maravillosa Gracia de Dios, p. 30.
III. El poder transformador de la iglesia: de discipulos a reformadores
Texto base: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.” (Marcos 3:14)

a.

(Azul – Idioma original): El verbo griego καθίστημι (kathístēmi) usado para “establecer” implica nombrar con propósito, investir con autoridad y asignar una función concreta. No fue un llamado informal; fue una designación intencional para una transformación personal y comunitaria.
(Rojo – Teología profunda): La transformación comienza con el estar con Jesús. No hay reforma sin comunión. No hay poder sin presencia. La teología adventista subraya que la santificación es obra de toda la vida, pero comienza con una relación viva con Cristo. La iglesia no se forma en la administración, sino en la adoración.
(Verde – Contexto histórico y cultural): En el contexto del judaísmo del primer siglo, los rabinos no “establecían” discípulos con autoridad propia. Simplemente enseñaban, y los discípulos seguían. Pero Jesús los “establece” como representantes. Es un acto revolucionario: transforma aprendices en agentes del Reino, y les da voz profética en medio del imperio romano y del fariseísmo decadente.
(Morado – Aplicación práctica): La iglesia tiene poder transformador porque no es un club social, sino un taller de formación de nuevos hombres y mujeres en Cristo. ¿Estás siendo transformado? ¿O solo asistes a una reunión cada semana? Jesús no llama asistentes, llama discípulos. Y a los discípulos los transforma.
(Amarillo – Elena de White):
“Cristo no elige a sus discípulos por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser en su gracia.” — El Deseado de Todas las Gentes, p. 248.

b.

(Azul): La palabra griega μαθητής (mathētḗs) significa “aprendiz”, “seguidor dedicado”. Jesús no buscaba oyentes casuales, sino personas comprometidas con ser transformadas a su imagen.
(Rojo): La teología bíblica nos enseña que ser discípulo es aceptar morir a uno mismo para que Cristo viva en nosotros (Gálatas 2:20). El discipulado es la vía divina para la reforma personal y la revolución espiritual. Cristo no solo redime, transforma. Esa es la obra del Espíritu Santo.
(Verde): En la cultura rabínica, los discípulos vivían literalmente con el maestro, imitaban su manera de caminar, comer, orar, incluso de hablar. Jesús sigue ese modelo, pero le agrega un elemento clave: los envía a transformar a otros. No los forma solo para que sepan, sino para que reproduzcan discípulos.
(Morado): ¿Cómo estás siendo discipulado? ¿A quién estás discipulando tú? La iglesia no crece por programas, sino por personas transformadas que transforman. Tú eres parte del plan de reforma divina en tu familia, tu barrio, tu escuela, tu trabajo.
(Amarillo):
“Todo verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero.” — El Deseado de Todas las Gentes, p. 162.

c.

(Azul): El verbo “estar con Él” en griego es εἶναι μετ᾽ αὐτοῦ (eînai met’ autoû), que indica una relación continua, íntima, diaria. No es solo un encuentro ocasional, es una conexión constante.
(Rojo): Aquí encontramos la base teológica de la transformación: la presencia de Cristo en nuestras vidas. No somos cambiados por rituales vacíos ni por disciplina personal. Somos transformados por la gloria de Su presencia, que nos transforma de gloria en gloria (2 Corintios 3:18).
(Verde): Los discípulos de Jesús no solo asistían a sermones. Caminaban con Él, comían con Él, dormían bajo las estrellas con Él. La transformación ocurrió en la cotidianidad, no en lo extraordinario. Fue en el camino, en las tormentas, en las comidas sencillas, donde sus vidas fueron cambiadas.
(Morado): Hoy Jesús quiere caminar contigo. Quiere estar contigo en la cocina, en el transporte, en la universidad, en tus lágrimas. Cuando estás con Él, cambias. Tu carácter se pule, tu temperamento se redime, tu visión se amplía. La iglesia es poderosa porque está formada por personas que viven en la presencia del Maestro.
(Amarillo):
“Cuando Cristo mora en el corazón, la vida entera se transforma.” — Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 101.

d.

(Azul): La expresión griega ἀποστέλλω (apostéllō) traducida como “enviarlos” implica mandato con misión específica y empoderamiento divino. No es una salida cualquiera: es un envío con propósito.
(Rojo): La iglesia no es un grupo estático, es una comunidad misionera. Cada miembro ha sido enviado como embajador de Cristo (2 Cor. 5:20). Esa es nuestra identidad profética. Ser iglesia es ser movimiento. Un cuerpo sin movimiento está muerto.
(Verde): En tiempos de Jesús, solo los emisarios reales podían actuar en nombre del rey. Jesús aplica este modelo a hombres comunes. ¡Esto es radical! El pescador se convierte en embajador. La mujer rechazada se convierte en testigo. Esto cambia toda nuestra comprensión de quién puede ser usado por Dios.
(Morado): ¿Estás en misión o solo en reunión? Dios no te ha traído a la iglesia para que ocupes un asiento, sino para que impactes un mundo. Cada discípulo es un agente de transformación social, espiritual y familiar. La iglesia tiene poder cuando deja de mirar hacia adentro y empieza a salir con fuego hacia afuera.
(Amarillo):
“La iglesia fue organizada para servir, y su misión es llevar el evangelio al mundo.” — Los Hechos de los Apóstoles, p. 104.

e.

(Azul): La forma plural usada en el griego para “doce” (δώδεκα) no es solo numérica: representa una restauración simbólica del pueblo de Dios. Así como las doce tribus representaban a Israel, los doce apóstoles representan a la nueva comunidad del Reino, el Israel espiritual.
(Rojo): La iglesia es el nuevo pueblo de Dios, no como reemplazo de Israel literal, sino como cumplimiento de su misión: ser luz para las naciones (Isaías 49:6). La eclesiología adventista reconoce que la iglesia remanente tiene una función profética en estos últimos días. Somos llamados a ser restauradores, no espectadores.
(Verde): En una época donde el judaísmo institucional había perdido su esencia, Jesús forma un nuevo grupo no con los sabios de Jerusalén, sino con pescadores de Galilea. ¡Revolucionario! Esto marca el comienzo de una reforma espiritual que sacudiría al mundo entero.
(Morado): Hoy la iglesia sigue siendo ese grupo transformado y transformador. No somos perfectos, pero sí somos llamados. No somos los más capaces, pero sí los más dispuestos. En un mundo roto, la iglesia es el taller de restauración de Dios. Y tú eres parte de ese milagro.
(Amarillo):
“La iglesia es el objeto supremo del amor de Dios. Es el teatro de su gracia en la tierra.” — La Maravillosa Gracia de Dios, p. 231.
¿Deseas que continúe con la cuarta sección (IV. La autoridad espiritual de la iglesia) siguiendo el mismo estilo, extensión y códigos de color?
4o
Dijiste:
Dale
ChatGPT dijo:
Perfecto. Continuamos con la cuarta sección del manuscrito:

IV. LA AUTORIDAD ESPIRITUAL DE LA IGLESIA: REPRESENTANTES DEL CIELO EN LA TIERRA

Texto base: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.” (Marcos 3:14)

a.

(Azul – Idioma original): La palabra griega κηρύσσω (kērússō), traducida como “predicar”, significa literalmente “proclamar como heraldo real”. No es solo comunicar información, sino proclamar con autoridad un mensaje de parte del Rey.
(Rojo – Teología profunda): Esta proclamación no es humana, es divina. Cuando la iglesia predica el evangelio eterno, no habla en su nombre, habla en nombre del cielo. La iglesia, entonces, es la voz de Dios en la tierra, no por su perfección, sino por su comisión. La teología adventista reconoce esto en la triple misión de Apocalipsis 14:6-12. La autoridad espiritual de la iglesia radica en el mensaje que proclama.
(Verde – Contexto histórico y cultural): En tiempos del Imperio Romano, los heraldos eran voceros oficiales del emperador. La población no podía ignorarlos, porque representaban a César. Jesús adopta esta figura y la aplica a la iglesia. Cada predicación es una declaración del Reino de Dios en medio del dominio del pecado.
(Morado – Aplicación práctica): Cada vez que tú hablas del evangelio, no estás compartiendo una opinión, estás representando a un Reino. No te calles. ¡Predica con poder! Cuando hablas de Cristo, el cielo habla contigo. La autoridad espiritual no viene del título eclesiástico, sino de la presencia del Espíritu en la vida del creyente.
(Amarillo – Elena de White):
“Cuando los que profesan ser siervos de Dios presentan su Palabra con poder, la misma voz del cielo habla por medio de ellos.” — El Conflicto de los Siglos, p. 591.

b.

(Azul): En el mismo versículo de Marcos 3:14, el verbo griego ἀποστέλλω reaparece, indicando que el envío es tanto una misión como una autoridad legal. Jesús los autoriza a actuar en Su nombre.
(Rojo): Esto revela una teología de representación divina. La iglesia no se mueve por cuenta propia: camina, habla, y sirve en el nombre de Jesús. Su autoridad espiritual no es institucional primero, sino espiritual. Es Cristo quien otorga autoridad a su pueblo. Esa autoridad se ve reflejada en la predicación, la oración, y el testimonio.
(Verde): Para los oyentes de Jesús, esto era escandaloso. Solo los fariseos y líderes del templo tenían autoridad espiritual. Jesús rompe ese molde: empodera a pescadores, cobradores de impuestos y mujeres rechazadas para llevar el mensaje eterno.
(Morado): Hoy tú también tienes autoridad espiritual. Si Cristo te ha llamado, te ha empoderado. No necesitas un púlpito para predicar; tu trabajo, tu casa, tu colegio, tu barrio pueden ser el púlpito de Dios. Cree en la autoridad que Él te ha dado.
(Amarillo):
“La iglesia ha sido investida de autoridad divina para cumplir su misión. No debe temer mientras actúe en obediencia al Señor.” — Los Hechos de los Apóstoles, p. 162.

c.

(Azul): El término ἐξουσία (exousía) se refiere a “autoridad delegada”, y aunque no aparece explícitamente en Marcos 3:14, está implícito en el acto de enviar y predicar. La iglesia es portadora de una autoridad conferida.
(Rojo): Esta autoridad tiene implicaciones eternas. No se trata de poder humano, sino de la autoridad que vence demonios, restaura familias, sana heridas y prepara para la eternidad. Cuando la iglesia actúa bajo la dirección del Espíritu, el cielo respalda sus palabras.
(Verde): El judaísmo institucional se había convertido en una estructura sin vida. Muchos tenían posición, pero no autoridad. En contraste, Jesús dio a sus seguidores un poder que transformaba realidades. Ese contraste sigue vigente hoy. Hay muchos con cargo, pero pocos con autoridad del cielo.
(Morado): No te conformes con pertenecer a la iglesia. Sé iglesia con autoridad. Ora con fe. Predica con poder. Vive con propósito. Cuando caminas bajo la autoridad de Cristo, los cielos se abren y la tierra tiembla.
(Amarillo):
“La iglesia que vive en comunión con Dios será investida de poder para hacer frente a los desafíos del tiempo final.” — El Ministerio de la Bondad, p. 12.

d.

(Azul): En griego, el término πνεῦμα (pneûma) se refiere al Espíritu. En Hechos 1:8, Jesús promete poder cuando venga sobre ellos el Espíritu Santo, conectando autoridad espiritual con presencia divina.
(Rojo): La autoridad de la iglesia no reside en sus líderes, ni en sus estructuras. Su poder nace de la presencia del Espíritu Santo. La teología adventista lo declara sin ambigüedad: sin el Espíritu, la iglesia muere; con el Espíritu, la iglesia arde. Esta autoridad no se compra ni se aprende: se recibe en oración.
(Verde): En Pentecostés, los discípulos eran analfabetos, inseguros, temerosos. Pero con el Espíritu, hablaron con poder, predicaron con valentía, y miles se convirtieron en un día. La autoridad espiritual convierte a cobardes en mártires y a pecadores en reformadores.
(Morado): ¿Estás buscando esa autoridad? ¿O te contentas con la rutina? El poder no está en el programa, está en la presencia. Clama por el Espíritu. Rinde tu vida. La iglesia de hoy puede experimentar Pentecostés si sus miembros buscan el poder de lo alto.
(Amarillo):
“La promesa del Espíritu Santo no ha perdido nada de su fuerza. Si no lo recibimos, es porque no lo pedimos con fe.” — El Deseado de Todas las Gentes, p. 671.

e.

(Azul): La frase “para que estuviesen con Él” (ἵνα ὦσιν μετ᾽ αὐτοῦ) en griego indica una relación continua y transformadora. De esa comunión nace la autoridad para predicar.
(Rojo): No hay autoridad sin intimidad con Cristo. Muchos quieren predicar, pero pocos quieren estar con Él. El poder espiritual no es resultado de talento, sino de comunión. La iglesia tiene poder cuando camina con el Cristo vivo.
(Verde): A diferencia de los fariseos, que se basaban en tradiciones, los discípulos predicaban lo que habían vivido. No eran teólogos de libros, sino testigos de carne y hueso. Esa autoridad era evidente. Aún sus enemigos decían: “Han estado con Jesús” (Hechos 4:13).
(Morado): Hoy el mundo necesita ver una iglesia que ha estado con Jesús. No una iglesia famosa, sino fiel. No una iglesia poderosa por fuera, sino llena de poder por dentro. Cuando tú estás con Él, tu vida tiene autoridad.
(Amarillo):
“El mayor testimonio del cristianismo no es una predicación elocuente, sino una vida transformada por Cristo.” — La Educación, p. 57.
¿Deseas que pasemos ahora a la Conclusión y al Llamado final del manuscrito?
4o
Dijiste:
Claro que si
ChatGPT dijo:
Excelente. Cerramos este poderoso manuscrito con la Conclusión y el Llamado final, conforme a todos los lineamientos dados.

CONCLUSIÓN: EL PODER DE LA IGLESIA ESTÁ EN CRISTO

Texto base: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.” (Marcos 3:14)
Durante este recorrido bíblico, teológico y espiritual, hemos descubierto cuatro verdades transformadoras sobre el poder de la iglesia:
La iglesia es llamada por Cristo: No es una idea humana, sino un proyecto divino. Su existencia nace en el corazón del Salvador y su autoridad emana de Su voz.
La iglesia es una comunidad con propósito: No es un club social, sino un cuerpo vivo que respira misión. Está formada para estar con Él y ser enviada con poder.
La iglesia tiene poder transformador: Porque Cristo vive en ella, y a través de ella forma discípulos que reforman su entorno. No se trata solo de conversión, sino de santificación continua.
La iglesia posee autoridad espiritual: Su poder no es institucional sino celestial. Cuando predica, proclama con la voz del cielo. Cuando ora, mueve los cielos. Cuando actúa, sacude la tierra.
(Rojo – Teología): La teología adventista nos recuerda que la iglesia es el remanente del tiempo del fin. Somos parte de una iglesia profética, no por mérito propio, sino por llamado divino. No estamos aquí para adaptarnos al mundo, sino para transformarlo a través del poder del evangelio eterno.
(Verde – Contexto histórico): En medio de un mundo quebrado, de una sociedad secularizada, de religiones sin poder y espiritualidades vacías, la iglesia sigue siendo el faro de Dios. Así como los doce revolucionaron el mundo romano con una fe ardiente, hoy estamos llamados a ser el testimonio viviente del Reino de los cielos en la tierra.
(Amarillo – Elena de White):
“La iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres. Fue organizada para servir, y su misión es llevar el evangelio al mundo.” — Los Hechos de los Apóstoles, p. 13.
(Morado – Aplicación práctica): ¿Estás siendo iglesia o solo asistiendo a una? ¿Estás con Él o solo cerca de Él? ¿Estás predicando con poder o viviendo en silencio?

LLAMADO FINAL: LEVÁNTATE, IGLESIA VIVA DE CRISTO

(Morado): Hoy, en el nombre de Jesús, hago un llamado profundo, directo y personal.
Tú, joven, adulto, niño, mujer, anciano… no fuiste llamado solo a pertenecer a una denominación, sino a ser un discípulo lleno del poder del Espíritu Santo.
No fuiste salvado para quedarte sentado, sino enviado para predicar.
No fuiste redimido para sobrevivir, sino para transformar.
¡Iglesia del Dios vivo! Este es tu momento. No calles más. No temas más. No duermas más. ¡Despierta! ¡Camina! ¡Proclama!
Si alguna vez has sentido que tu vida cristiana está vacía, es porque necesitas estar con Él. Porque solo los que están con Él, son enviados por Él. Y solo los enviados predican con autoridad.
Hoy te invito a ponerte de pie no solo físicamente, sino espiritualmente. A decirle a Jesús: “¡Aquí estoy! Hazme iglesia viva. Hazme iglesia con poder. Hazme iglesia con autoridad!”
¿Quieres eso para tu vida? ¿Quieres dejar de ser un creyente invisible y convertirte en un testigo invencible? Entonces, este es tu momento.
Ven al frente. Rinde tu corazón. Sé parte del remanente, no de la multitud. Porque el cielo está listo para derramar poder sobre ti. Y el mundo está esperando que tú te levantes.
¿Deseas que convierta este manuscrito completo en un formato PDF para impresión o predicación, con todo el código de colores aplicado visualmente?
4owindow.__oai_logHTML?window.__oai_logHTML():window.__oai_SSR_HTML=window.__oai_SSR_HTML||Date.now();requestAnimationFrame((function(){window.__oai_logTTI?window.__oai_logTTI():window.__oai_SSR_TTI=window.__oai_SSR_TTI||Date.now()}))
CONCLUSIÓN
Jesús no vino a fundar religiones. Vino a establecer una iglesia viva. Una comunidad que habita en Su presencia, proclama con poder, forma discípulos y vive como familia celestial. En San Marcos 3:14, Jesús revela un plan estratégico: formar una iglesia que esté con Él y que proclame. Esa sigue siendo nuestra misión como adventistas del séptimo día.
Amar, predicar, discipular y vivir como hermanos. Ese es el poder de la iglesia.
"La iglesia es la fortaleza de Dios, su ciudad de refugio, que mantiene en un mundo rebelde el estandarte de la verdad" (Elena G. de White, Los Hechos de los Apóstoles, p. 11).
LLAMADO
Querido hermano, querida hermana: ¿te das cuenta del privilegio que tienes al ser parte de la iglesia? No eres espectador, ¡eres protagonista! Hoy Jesús te llama, como llamó a los doce, para que estés con Él, para que prediques, discipules y vivas en comunidad. No abandones tu iglesia. Restaura tu compromiso. Participa activamente. ¡Sé iglesia!
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.